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CARTA A IAGO DE LA CAMPA

CARTA A IAGO DE LA CAMPA

27 de febrero, 2019.

Querido Iago de la Campa,

Te escribo para contarte mi viaje a través de tus libros. Así pues, comencemos por el principio, te descubrí hace dos años, una etapa de mi vida complicada en la que necesitaba leer, sentirme identificada con algo o alguien, comprendida y acompañada. Twitter al principio era una opción, ahí te descubrí a ti, pero fue más tarde cuando empecé a hacer tus frases y textos un poco más míos, cuando me descubrí a mí. Entonces me di cuenta de lo que realmente necesitaba, un golpe de realidad, y así fue.

Viajes a Kerguelen fue el comienzo, en seguida cuando leí la contraportada supe que este iba a ser mi refugio, pero, además, hizo que me diese cuenta de que como bien dices “la vida hay que compartirla para que nos den más perspectivas, para ver el mundo a través de otros ojos, para que nos encuentren salidas cuando no tenemos ni puta idea de adónde ir”. No podía seguir cargando una mochila que cada vez era más grande pero que iba tocando fondo y decidí apoyarme en tu prosa, y es de lo mejor que he hecho en tiempo. Porque los cambios son necesarios y equivocarse también, y como con cada texto aprendí algo, con Cambios me animaste a elegir, a vencer ese miedo a la incertidumbre y a dejar a un lado la ignorancia. Que a veces dejarse llevar no es tan bueno y cometer errores sí que lo es. Y sí, los mejores cambios son aquellos que suceden sin que te des cuenta. Y sucedieron, aunque también me equivoqué, pero gracias, porque yo también tuve un mejor acierto por equivocación. Y al final, comencé a confiar en mí misma, porque merecemos todo lo bueno que nos pase, merecemos todo aquello que un día no tuvimos o que quizá nos quitaron. De forma resumida, así fue como sentí este libro, como una evolución en mí. No se trató de una lectura de seguido, sino de momentos, noches de domingo en las que necesitas fuerza para comenzar una nueva semana, pero también noches de sábados en las que cambié las fiestas con amigos por momentos conmigo.

Corazón y tiempo, la segunda parte, no podía esperar para leerlo, mis expectativas eran grandes y lo fueron aún más cuando lo acabé, aunque estos libros nunca acaban, es lo bueno. Su eternidad es lo que hace que tengan esa magia, la de cualquier tarde tonta en la que siempre puedes volver a ellos, porque sí, porque tú cuando escribes te sientes en casa, pero yo también cuando te leo. Este libro ha sido fundamental para valorar el tiempo, para saber con quién no perderlo y a quién regalárselo, para darme cuenta de que yo también necesito que me lo regalen, pero no cualquiera, porque hay quien no debería de irse nunca y lo hacen, pero para ello está el corazón, para retenerlos un poco más hasta que estemos preparados para soltarlos. Pero ahí está, la Problemática del corazón, porque no todo es positivo, siempre hay trabas en el camino, pero Que nadie nos saque del camino, y esto se me quedó grabado: “que nadie te estropee los sueños, nadie tiene derecho a hacerlo, ni siquiera tú mismo”. Y que idílico suena, eso dije cuando lo leí, la verdad, pero qué razón tienes y que pocas veces somos generosos con nosotros mismos.

Y te preguntarás a qué viene ahora toda esta reflexión tan repentina. La verdad, es algo que siempre había sentido desde que comencé a leerte, pero a veces surgen oportunidades y debemos lanzarnos a ellas, y yo tengo la oportunidad de escribirte, así que, aquí estoy.  Basta de perder oportunidades, porque quién sabe, hay trenes que no pasan dos veces. Llegados a este punto, solo puedo darte las gracias, por saber reflejar todo lo que llevamos dentro. Y a pesar de que no te conozco, siento que sí, pues entre esas líneas también me veo a mí.  Finalmente, necesito terminar con una de tus frases que quizá resume lo dicho:

Y aún así vamos a llevar este barco a casa,

vamos a arriesgarnos a intentar salvarnos,

vamos a arriesgarnos a ser felices todo el rato.

Vamos, vamos, voy.


Nos vemos pronto en Casi todo lo que tienes que saber (tú).


Sandra Jiménez.

 

COMENTARIO SOBRE LA ENTREVISTA DE EUROPA PRESS A ANNA CABALLÉ

COMENTARIO SOBRE LA ENTREVISTA DE EUROPA PRESS A ANNA CABALLÉ

En esta entrevista, la autora Anna Caballé ha sido preguntada sobre la situación de la mujer en la actualidad y los avances de ésta a lo largo de la historia, ya que es considerada una experta en la materia por su obra Historia de la misoginia.

En este libro, Anna nos cuenta cuál ha sido la situación de las mujeres en las distintas épocas de la historia, sobre todo centrándose en las mujeres de nuestro país (desde la pésima situación en la Edad Media, pasando por los avances en la Ilustración, los movimientos feministas de principios del siglo XX, la vuelta al pasado tras la Guerra Civil y la recuperación de los derechos llegada la transición).

La entrevista quiere tratar los asuntos más actuales, en cuanto a los temas del avance del feminismo, con motivo de la reciente publicación del libro de Arturo Pérez-Reverte, Los perros duros no bailan. Este último consiste en una crítica al feminismo moderno, en el cual representa a una feminista como una «amargada y una resentida». Esto es lo que la autora califica como un estereotipo mantenido más de 150 años y se plantea cuál es el verdadero problema que tiene Pérez-Reverte con el ascenso de las mujeres.

En la parte final de la entrevista, principalmente se centran en la situación de la mujer en el mundo cultural. Anna declara que éstas han estado bajo la supremacía de los hombres, como en cualquier otro ámbito de la vida. El problema es que es el mundo de la cultura el que más alcance tiene, y muchas mujeres toman como referente lo que ven en el cine, en las novelas, en obras de teatro… y si en estos ámbitos se muestra como algo bueno que las mujeres tengan una situación de inferioridad en temas como la pareja, la sexualidad, la política, lo laboral, el deporte, etc., lo más fácil es que traten de imitarlas, lo que tiene como consecuencia que se sigan considerando inferiores a los hombres.

También enuncia a las autoras y artistas que en muchas ocasiones han sido apartadas por el simple hecho de ser mujeres, pero no todo en la entrevista es una visión negativa porque movimientos como el «#MeToo» visibilizan a todas aquellas que han sufrido discriminación por su género. Especial relevancia ha tenido este movimiento dentro del mundo artístico mostrando al público muchas situaciones de acoso por parte de editores, directores, productores, etc.

A pesar de que hay que admitir que la situación parece que ha mejorado mucho, en los últimos dos o tres años, han aparecido numerosos grupos y organizaciones que tratan de destruir todos esos logros y transportarnos a una época más oscura.

Enlace a la entrevista: https://www.europapress.es/cultura/libros-00132/noticia-anna-caballe-recupera-historia-misoginia-quizas-perez-reverte-le-convendria-enfrentarse-fantasmas-20190318140307.html

Irene Mansilla

CARTA A GLORIA FUERTES

CARTA A GLORIA FUERTES

Madrid, 19 de febrero de 2019

 

Querida Gloria, Gloria Fuertes:

Me aventuro a empezar esta carta con un «buenos días», porque imagino que allí arriba, en el cielo, siempre serán buenos. Acto seguido me presento, ya que mi nombre, a diferencia del tuyo, no es tan conocido por aquí abajo.

Me llamo Aurora Martínez y estudio segundo curso de la carrera de Humanidades y Magisterio en la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid), y soy, y lo digo de todo corazón, una gran admiradora.

Igual has podido ir trazando ya las líneas de convergencia entre tu y yo, o quizá todavía no; por ello hago eco de tan lindas e importantes palabras a las que regresaré más adelante: Humanidades, Magisterio, Madrid…

Empezaré pues por la primera, las Humanidades. La solución y a la vez el problema de todo y para todo. Tu único refugio, mi gran amor. La máxima expresión de tu arte, la vida en sí misma, las entrañas y el corazón del mundo; la más poderosa herramienta de disputa y de reconciliación. Las palabras, más concretamente tus palabras, esas que siempre supiste utilizar como llamamiento a la paz. Tus frases que acarician la retina de quien las lee. Tus rimas que abrazan. Tus poemas que abrasan. Tus libros que enamoran. Y efectivamente esto es una carta de amor. Una declaración por entero hacia tus letras, hacia la vida que con ellas aun das.

Incluso cuando todavía no sabía leer ya te leía, era mi madre quien con su dulce voz canturreaba tus versos y seguía con mi dedito la lectura de tus cuentos. Ahora que soy yo quien lee, me tomo la licencia de volver a empezar cada verso cuando siento no haberlo saboreado lo suficiente, haciendo así de tus poemas una interminable aventura.

Hay quien dice que tu poesía no rima, pero obviamente es porque no entienden de poetas. Tu métrica es de latidos, tú rima de emociones y es por eso que el alma de cualquier niño te entiende mejor que el más experimentado de los lectores. Aquí es cuando entra la segunda convergencia: el magisterio. La vida entendida como vocación, como pasión por las personas más pequeñas del planeta, por quien llora cuando le hieren y canta cuando no tiene razón alguna para llorar; por quien no se achanta ante lo desconocido y hace de tripas corazón cuando una situación le sobrepasa. Ese amor gigante por la infancia que impregna tantas de tus creaciones, esa ilusión por esconder lo que a simple vista se reconoce y por jugar y divertirte con las palabras. Gracias por enseñarme sin darte cuenta que no está mal sentir, que no es un delito jugar y que para nada la emoción es únicamente cosa de niños.

Ahora buceemos en el lugar, en esas seis letras que encierran tanto y ocupan tan poco: Madrid. Musa del artista, escenario de mil vidas y hogar de tantos gatos; ciudad eterna, ciudad que habito, que habitaste, que nos habita… Laberinto de infinitos rincones dormidos que piden a gritos ser despertados y revelar cada secreto guardado. Ese paisaje tan cosmopolita que como el fénix resurge siempre de sus cenizas, ese lugar que viste renacer y convertirse en capital de la gloria y del desastre. Ese Madrid con esas calles, que te prometo, que todavía lloran por ti. Esos árboles de Lavapiés que ya no saben a quién inspirar y esas luces de la Gran Vía que no brillan igual desde que no estás. Ese espacio tan amado y tan odiado, tan inmenso y diminuto, tan coherente y alocado. Ese lugar que nos une.

Hoy te escribe la niña que soñaba con tus tres reinas magas cada cinco de enero a la hora de dormir. La adolescente cuya moda fue no ir a la moda y que dudó si subirse al carro o comenzar a tirar de él. La joven a quien le comienzan a brotar las amapolas y que solo quiere tumbarse, mirar y acariciar sus rojas hojas; esa chica que es tan tú, feminista por convicción, luchadora por elección, pacifista y sentidora empedernida. La futura maestra que sin duda alguna leerá tus poemas y adivinanzas en clase para su alumnado y dejará, que décadas después, sigas abrazando los corazones de grandes y pequeños, corazones tranquilos y alborotados, dulces y salados.

Hoy te escribe mi más sincero yo, desde aquí abajo, por si algún día en un susurro del viento te llegasen mis palabras, mi admiración, o al menos una pequeña parte de esta gran pasión.

Aurora Martínez Hernando.

 

CARTA A ELÍSABET BENAVENT

CARTA A ELÍSABET BENAVENT

Madrid, 20 de febrero de 2019.

Elísabet:

Me llamo Claudia. No me conoces, y yo a ti tampoco. Sin embargo, siento que conozco a ocho Elísabet. Conozco a una Elísabet por cada protagonista que has creado. Si me permites, y a riesgo de parecer pesada, me gustaría contarte una cosa.

Hace algunos años pasé por un período de cambio en mi vida. Me sentí un poco como Maggie cuando tuvo que mudarse a una pequeña isla para cambiar de aires y reencontrarse a sí misma. Cuando todo eso pasó, Valeria fue mi referente, siempre luchando por salir adelante y realizar los proyectos que tenía entre manos, aunque tuviera momentos en los que se planteaba si merecían la pena. Conocí a Martina y me identifiqué con ella desde la primera página del libro. Me veía reflejada con cada altibajo de su relación, me sentí identificada con su manera de disfrutar de las cosas que la apasionan, pero sobre todo me vi reflejada en cada frase, en cada sentimiento, porque Martina es eso, sentimiento, al igual que Sofía. Ay Sofía… qué momentos más buenos me has regalado. Qué bonito fue conocerte, porque me abriste los ojos a un mundo de magia hasta entonces desconocido para mí.

Uno de mis libros favoritos tiene una frase que me ayuda mucho a explicar todo lo que estoy diciendo: “si te llevas un libro a un viaje... Sucede algo muy extraño: el libro empezará a atesorar tus recuerdos. Más tarde, te bastará con abrirlo para trasladarte al lugar donde lo leíste por vez primera”. Los libros son una de mis pasiones, y con los tuyos tengo esta sensación de regreso.

Con esta carta, no solo quiero reflejar mi gratitud y mi admiración por ti. Con esta carta quiero decirte que eres magia. Quiero decirte que me parece muy importante reconocer las cosas especiales, y tus libros lo son. Cuando tenía 13 años, escribí una mini novela. Iba sobre unas hadas que vivían en un mundo de fantasía y corrían toda clase de aventuras. Desde ese día, siento que todas mis fantasías, todas las historias de mi cabeza tienen que ser contadas, pero nunca me paré a escribirlas. Nunca, hasta que leí tus libros, y descubrí que la escritura es una forma preciosa de comunicarse que los libros son puertas a otros mundos, a otras mentes. Por ello, cada día intento escribir un poco, aunque sean un par de líneas. Es posible que nunca llegue a encontrar mi cara en los libros de La Casa del Libro, o de Fnac. Es posible que nunca llegue a publicar nada, y que mis historias sigan siendo mías, y de toda la gente que esté dispuesta a gastar un poco de su tiempo en leerme. Pero, lo que es seguro es que, si miro atrás, veo a una niña de 13 años soñando con hadas, con trolls y con príncipes azules que salvaban a la princesa, y estoy segura de que esa niña de 13 años estaría orgullosa de ver que, siete años después, no le he puerto barreras a mi imaginación.

Hace unos días, dijiste que vivíamos en un mundo de tecnología y es cierto, por eso, supongo que, si lees esta carta, te parecerá raro que te llegue un sobre, con sello y al buzón. Esta carta surge a raíz un taller de una asignatura de la Universidad, pero yo no la siento como tal. Siento que esta carta no es un taller, es una oportunidad. Una oportunidad a mí misma, porque me la merezco. Una oportunidad a la literatura juvenil, infantil, romántica o de terror. Una oportunidad a todas las personas, hombres y mujeres que quieren escribir, que quieren contar sus historias y que quieren compartirlas con la gente.

No quiero terminar esta carta sin darte las gracias por abrirme los ojos y sin decirte que eres inspiración.

“Los libros amaban a todo aquel que los abría, dispensaban recogimiento y amistad sin exigir nada a cambio, nunca se marchaban, nunca, aunque los tratasen mal”

Sigue desprendiendo magia, como Sofía.

                        Con muchísimo cariño, Claudia.

LA VERDAD SOBRE LA TITANOMAQUIA

LA VERDAD SOBRE LA TITANOMAQUIA

Corría el siglo III d. C. en Nimes, una localidad situada en la zona de la Galia que pertenecía por aquel entonces al Imperio Romano. Allí vivía Admes, un joven estudioso y pensador de unos veinte años de edad. Toda su vida y su carrera estudiantil se regía por el legado religioso que procedía de la Antigua Grecia. El Imperio Romano no sólo adoptó su religión, sino también su literatura, intentado emular su forma de hacer escritura.

Admes, sin embargo, siempre sintió gran admiración por el conocimiento y el origen de la religión politeísta que reinaba en el Imperio, y sobre el cómo el dios dominante sobre todas las cosas, Zeus, había llegado al poder. Hasta aquel entonces se sabía, gracias a los escritos, que Cronos (hijo de Urano y Gea) destronó a su padre para lograr el poder absoluto sobre el Universo. Pero, ¿entonces cómo llegó Zeus al poder? Se sabía que tuvo lugar la Titanomaquia, cuando los dioses olímpicos y los titanes se enfrentaron en dos bandos por el control total. La historia que Admes y el resto de la civilización latina sabían era que, en la batalla, ambos bandos se lanzaban rocas y trozos de montañas hasta que finalmente Zeus logró el poder con la ayuda del resto de dioses.

Sin embargo, Admes no estaba satisfecho con esa información, pues creía que faltaban datos, que algo más ocurrió en la Titanomaquia para que Zeus lograra dicho poder. Es por ello que comenzó a investigar. Rastreó bibliotecas y bibliotecas, pero nada de información, por lo que decidió acudir al “Templo de Cronos” situado a unos 700 km de Nimes, ya que creía que allí encontraría más información sobre su derrota. Tras un largo camino, una vez allí consigue hablar con el Sacerdote mayor del Templo, que se negó en rotundo a ayudar al joven. Pero tras una larga insistencia y tras hacer ver al Sacerdote mayor que sus intenciones eran buenas, fue llevado a una sala oscura y profunda del templo, donde nadie más podía pasar a excepción de dicho Sacerdote. Allí fue guiado hasta una estantería, vieja y roñosa con una serie de códices. El Sacerdote denominó a la estantería como “la estantería de los libros prohibidos”, y dio total libertad a Admes para leerlos. Tras más de 12 horas buscando y leyendo, no encontró nada. A punto de tirar la toalla y agotado por la situación, se incorporó para volver a colocar todos los libros que había cogido. Ahí fue cuando encontró uno, llamado Τιτανομαχία. En ese momento y sin pensárselo dos veces decidió leerlo, pues estaba seguro que podría encontrar más información de la que se sabía por todo el Imperio Romano.

Al acabar su lectura, pudo confirmar sus sospechas, Zeus logró el poder gracias a la astucia de su madre, Rea. El libro decía que Rea, ante la situación en la que se encontraba el mundo y decidida a que su hijo Zeus ganara, decidió intentar pactar con alguien partidista de Cronos, por lo que acudió a negociar con Gea. En un primer momento Gea sospechaba de las intenciones de su hija, pues deseaba que Cronos siguiese en el poder. Pero Rea, con gran astucia y labia, le propuso un pacto de paz, pues consideraba que aquella batalla solo traería desgracias para todos. Gea estaba de acuerdo en eso, pero sin embargo no iba a dar su brazo a torcer para que su nieto Zeus llegase al poder. Rea, astuta y consciente del pensamiento de Gea, le propuso que la guerra acabase si Zeus y Cronos compartiesen el poder del universo entre ambos. Gea y Rea quedaron en convencer a ambas partes de que la mejor opción para el universo era la unión de los dioses olímpicos con los titanes y así conseguir parar de alguna forma la batalla.

Pero lo que Gea no sabía eran las intenciones de Rea, pues su único objetivo era que Zeus llegase al poder y destronara a su padre. Si recordamos la profecía que le mencionó Urano a Cronos era que “sus propios hijos, se aliarían con el enemigo, para así destronarle”. Y ¿Quién era el enemigo de dioses y titanes? Pues unas criaturas inmortales y por tanto imperfectas, que solo traían a las divinidades dolores de cabeza, es decir, los seres humanos.

Mientras Gea hablaba con su hijo, el cual se negó en rotundo a una negociación con los olímpicos, pero su madre le convenció de que seguramente la mejor opción para preservar el poder sería compartirlo con Zeus, pues ella estaba segura de que la profecía se cumpliría. Cronos habló con sus hermanos, los cuales, cansados de luchar, accedieron al pacto. Por lo que Cronos estaba dispuesto a hablar con Zeus y así mantenerse en el poder.

Sin embargo, Rea bajó a escondidas de nuevo al mundo de los mortales, y allí comenzó a hablar con Corintio, el rey de una civilización griega. Ella le convenció para que sus habitantes les ayudaran en el destronamiento de Cronos, y a cambio, si Zeus ganaba, obtendrían algo. No fue nada difícil, pues los hombres y mujeres del mundo vivían descontentos con los titanes, pues abusaban de su poder sobre ellos. La labor de estos hombres y mujeres era conseguir distraer la atención de los titanes, pues ellos seguían estando bajo su poder. Una vez que estuviesen distraídos, los dioses olímpicos aprovecharían el momento para ganar terreno en la batalla.

Tras las negociaciones con Gea y Corintio, Rea acudió a su hijo Zeus para comentarle lo sucedido. Ante esto, Zeus se sorprendió por la astucia y la valentía de su madre por acudir a dichos encuentros. Por lo que ese mismo amanecer, los hombres y mujeres, siguiendo el plan establecido por Rea, distrajeron a los Titanes simulando una batalla en la que masacraban los templos y estatuas dedicados a ellos. Ante esta situación, Cronos y el resto de Titanes que lo apoyaban cesaron en su batalla de lanzar piedras y observaron cómo los hombres destrozaban todo. Esto produjo gran enfado en ellos, hasta tal punto que desviaron toda su atención hacia los mortales mientras que planificaban cómo castigarles por tal hecho.

Este fue el instante en el que los dioses olímpicos aprovecharon para lanzar a la vez todo el monte Tirano sobre los titanes. Ante tal impacto, todos ellos quedaron sepultados bajo los escombros del monte haciendo que ninguno de ellos pudiese salir. Por lo que los dioses olímpicos lograron ganar la Titanomaquia y Zeus se proclamó como el dueño y señor del Universo. Tras esto, Zeus les prometió a los hombres y mujeres que no abusaría de su poder por haberle ayudado, haciendo que así mejoraran sus condiciones en la tierra.

Por lo que, tras esta lectura, Admes verificó que no solo la Historia de su religión estaba incompleta, sino que la sociedad o los eruditos conocedores de la historia real no quisieron hacer saber la gran importancia que tuvo Rea en la victoria de los dioses. Algo totalmente esperado, pues por aquel entonces la figura de la mujer se encontraba en un segundo plano tras el hombre. Por lo que no era digno decir que el dios supremo del Olimpo había logrado todo su poder gracias a una mujer. Tras esto, Admes decidió hacer pública toda la información que había recogido en la Biblioteca prohibida del Templo de Cronos.  Ante tal hallazgo, Admes se convirtió en uno de los eruditos más importantes de su época, fundando así una biblioteca en Nimes con más de mil libros que le habían donado de la Biblioteca prohibida de Cronos, para que así toda la sociedad romana pudiese leer dichos textos.

Marta Navas Ajenjo

DANIELLE

DANIELLE

Montmartre, París, 17 de enero de 1941. Gran parte de la zona norte de Francia se encontraba ocupada por el ejército alemán. En este barrio bohemio de París vivía una joven de 15 años de origen judío. Creo que todos podemos imaginar la vida de cualquier persona durante la Segunda Guerra Mundial. Danielle, era una niña que durante toda su vida había creído ciegamente en su posibilidad de cambiar el mundo y las injusticias a través de la cultura y la educación. Sin embargo, llevaba un año sin poder ir a la escuela o simplemente realizar cualquier tipo de lectura personal. Danielle no aguantaba más esta situación. Cerca de su casa, o más bien cerca del refugio en el que ella y toda su familia se encontraban, había una librería abandonada que había pertenecido a una familia judía que había sido arrestada por los alemanes. Danielle adoraba esa librería, recordaba cómo se pasaba horas y horas en el patio interior con Lía, la hija de los dueños, leyendo cuentos y libros de todo tipo. Una mañana, Eva, la madre de Danielle decidió salir a buscar comida ya que todo parecía muy tranquilo y pensó que no sería peligroso salir. ¡Esta era la oportunidad perfecta para poder ir a la librería abandonada y poder coger unos cuantos libros! Al llegar, Danielle quedó petrificada, realmente parecía que un huracán había arrasado con todo… Continuó por el pasillo central y a mano derecha observó la mesa donde los dueños de la tienda cobraban y atendían a los clientes, realmente parecía que seguían allí… Con los ojos llenos de lágrimas, Danielle avanzó hasta el último pasillo de la librería, hacia su sección favorita: Fantasía. El pasillo se encontraba iluminado completamente por la luz del patio interior de la librería, donde Danielle solía pasar día tras día leyendo con Lía. De pronto, observó cómo un pequeño rayo de luz iluminaba un libro de la estantería, algo dentro de ella le dijo que debía coger ese libro… ¡¡¡¡¡PUMMMMM!!!!! Danielle escuchó un gran estruendo. Asustada, se metió el libro en el abrigo y salió corriendo hacia su casa. Dos soldados del ejército alemán sostenían a su madre y a su hermana Emma mientras ellas gritaban desconsoladas, al otro lado de la acera, tres alemanes habían logrado capturar a su padre y meterlo en un camión. La capturaron. Los cuatro miembros de la familia Paradis fueron capturados y llevados a Auschwitz. Nada más bajarse del tren, Danielle sintió que algo le aprisionaba con fuerza el pecho… ¡Lo había olvidado! Llevaba con ella el libro de la librería de Montmartre. Corriendo echó un vistazo para ver que todos los capturados se ponían en fila para ser registrados y separados por sexo, raza y edad. No perdió la oportunidad y corrió hacia una esquina en la que había un pozo tapado por unas piedras y unos matorrales, y escondió allí el libro. Al día siguiente, Danielle fue al pozo y se percató de que a primera vista era imposible ver el libro. No era un pozo, descubrió que era un túnel sin salida que los nazis habían tapado por posibles fugas. Danielle cogió su libro y comenzó a leer día tras día, el libro relataba miles de historias donde los seres humanos, seres mitológicos, fantásticos, en diferentes lugares de la tierra vivían aventuras luchando contra el mal, o aquello que para ojos de Danielle eran injusticias. La vida en el campo de concentración era muy dura, Danielle apenas tenía tiempo de escaparse para leer o para poder descansar, había sido separada de su madre y de su padre. Sin embargo, aún contaba con la compañía de su hermana Lía. La lectura era lo único que conseguía distraerla de todo aquel horror, se llevaba todos los días a su hermana pequeña al túnel, una leía y la otra escuchaba asombrada la historia que tocaba ese día. Esto las mantenía vivas, y en muchas ocasiones conseguían comparar historias con la realidad que estaban viviendo. Realmente se metían en todas sus lecturas, y ambas se dejaban transportar a aquellas historias y lugares lejanos. Danielle soñaba con salir de Polonia, conocer otros países y otras personas a las que poder ayudar y leer esas historias para enseñarles la belleza y la libertad interna que significaba para ella leer. Además, al final de cada historia que leía, anotaba una moraleja o un recordatorio de cómo se podría mejorar el mundo con algún punto positivo sacado del cuento. Día tras día Danielle fue leyendo estas historias que la ayudaron a sobrevivir psicológicamente y hasta físicamente en el campo de concentración y sobre todo ayudó a Lía a nunca sentirse sola y a tener esperanza. Lo más importante comenzó cuando, poco a poco, más niños, niñas y adolescentes del lugar, comenzaron a reunirse con ellas para las lecturas en las que todos se olvidaban por un rato de su presente en Auschwitz, cerraban los ojos y se imaginaban cómo podrían cambiar el mundo y ayudar poco a poco a la humanidad a mejorar como seres humanos. Entre todos, cada día que pasaba apuntaban una solución para cada historia, y esta fue la gran misión de Danielle durante su estancia en el campo de concentración hasta que fue liberada. Más tarde se convirtió en maestra. Una maestra que nunca olvidó su experiencia y ni cómo los libros pueden ser una gran vía de escape y de ayuda en momentos insoportables.

M ª ISABEL CUBILLOS DE ARCOS

LOS LIBROS MÁS INFLUYENTES DE LA HISTORIA

LOS LIBROS MÁS INFLUYENTES DE LA HISTORIA

A lo largo de la historia, el ser humano ha utilizado la escritura como medio de difusión de sus conocimientos y sus anhelos, así como para entretenerse en sus tiempos de ocio. En esta entrada me gustaría exponer las que para mí son las obras más importantes a lo largo de la historia del ser humano.

El primero que he de destacar son los Diálogos de Platón. Estos textos son la base del pensamiento occidental tal y como lo conocemos. Estos Diálogos se presentan, no como el pensamiento del propio Platón, sino como los de su maestro Sócrates. Este último estaba en contra de que el pensamiento se transmitiera de manera escrita, y por ello, su discípulo Platón, no los dio a conocer hasta la muerte de su mentor.

Tras éste, nos encontramos con la obra más vendida de toda la historia, más de 6.000 millones de copias, La Biblia. No hace falta decir que seguramente, ésta sea una de las obras más importantes que se han publicado en la historia y que ha guiado una gran parte del pensamiento durante casi dos milenios, además de que, actualmente, una gran parte de la humanidad lo sigue considerando como la obra más importante jamás escrita.

A continuación, quisiera resaltar no una obra, sino a su autor, William Shakespeare, uno de los dramaturgos más importante de la historia.

En cuanto a literatura científica, destaco Principios matemáticos de filosofía natural, escrita por Isaac Newton. En ella encontramos los principios de la física moderna y, en mi opinión, uno y otro son la obra científica más importante y el científico más importante de la historia.

Ahora enunciaré la obra de Adam Smith, La riqueza de las naciones, la cual sienta las bases del liberalismo moderno, sistema económico en el que nos encontramos actualmente.

En el ámbito filosófico me quedo con La crítica de la razón pura de Immanuel Kant. Esta obra pretende dar respuesta a la cuestión de si la metafísica puede considerarse una ciencia.

Como crítica al pensamiento de Smith, nos encontramos a Karl Marx y a Friedrich Engels con su obra El Manifiesto Comunista. Esta obra supone el establecimiento de un nuevo sistema económico mediante el cual los trabajadores se liberarían de la opresión. Inspirados en esta obra, se han conseguido gran parte de los derechos laborales que se tienen actualmente.

Diez años después de la anterior obra, el científico Charles Darwin publica El origen de las especies, el libro científico más vendido de la historia, y que rompe las ideas creacionistas imperantes hasta entonces y establece el evolucionismo como nueva corriente.

Otros diez años después, aparece la obra La interpretación de los sueños de Sigmund Freud, que influyó notoriamente en campos como la psicología, la sociología, la pintura, la literatura, el cine, etc.

Por último, querría mencionar El segundo sexo de Simone de Beauvoir. Una de las obras sobre feminismo más influyentes de todos los tiempos. En ella se revisa el papel de la mujer en la historia y en muchos ámbitos sociales.

A modo de conclusión, me gustaría aportar una reflexión personal sobre el mundo de los libros y la lectura: la evolución de la lectura está ligada a la evolución del pensamiento humano, y a medida que aumenta el número de lectores y lectoras, van cambiado los temas sobre lo que se escribe acorde a los nuevos gustos que éstos y éstas aportan.

Irene Mansilla Aguadero

El proceso de alfabetización en la URSS.

El proceso de alfabetización en la URSS.

Me gustaría aprovechar este espacio para indagar en el cambio producido en la primera mitad del siglo XX en la zona este del continente europeo con motivo de la revolución socialista de 1917.

Para contar en qué consistieron esas mejoras cuyo principal objetivo era que todo ciudadano de la URSS independientemente de su sexo, raza, idioma o etnia, pudiera llegar a tener las herramientas que le permitiera conocer sus derechos y obligaciones como obreros y también que desarrollaran una visión crítica ante la sociedad para que esto les permitiera cambiarla.

El contexto en el que se encuentra Rusia antes de 1917 es que en torno al 80% de su población es analfabeta, con una clarísima diferenciación entre sexos, los hombres 60% no sabían ni leer ni escribir y en las mujeres ese porcentaje subía al 88%. La diferencia principal era que las personas ricas eran alfabetizadas y las clases trabajadora no. Rusia era el país de Europa en esa época donde más diferencias se percibían en el tema de alfabetización. Es cierto que, tras la intentona revolucionaria de 1905, el Zar promulgó ciertas leyes en las que hacía concesiones en muchos campos y uno de ellos era el educativo, pero a pesar de ello el futuro gobierno socialista se aseguró de que estas concesiones no tuvieran un impacto real, aunque fuentes cercanas a las posiciones zaristas hablan de que descendió el número de personas analfabetas al 60%.

Tras la revolución, se establece que todo ciudadano de la URSS tiene derecho a adquirir una educación libre y gratuita, y sobre todo se hace hincapié en fomentar la inclusión al sistema educativo a las personas de etnias cuya lengua no era el ruso, dado que en estos casos sus niveles de alfabetización eran inferiores en muchos casos al 5%.

Todas estas mejoras provocaron que en 1926 solo el 57% de las mujeres no supieran leer ni escribir, algo que visto desde el punto de vista actual es un porcentaje muy alto, pero hay que tener en cuenta que diez años antes era el 88%. Este periodo también está marcado por desligar totalmente la educación de la iglesia y por tratar de integrar en el sistema educativo a los niños huérfanos que en esa época eran cientos de miles, esto último se hizo proporcionando alimentos gratuitos en los centros escolares.

Tras la muerte de Lenin y con la llegada de Stalin, se trató de que no simplemente se promulgaran leyes, sino de que se pusieran en práctica, lo que queda claramente reflejado en el establecimiento constitucional de la obligatoriedad de recibir estudios durante 8 años y en que tanto las mujeres como los hombres tenían los mismos derechos. Esto se vio reflejado muy claramente en que en 1939 solo el 16% de mujeres eran analfabetas y menos del 4% de los hombres (es cierto que sigue habiendo una diferencia muy grande principalmente producida por las personas mayores que no accedieron a la educación).

En las épocas posteriores, que son las pertenecientes a la Guerra Fría, los gobiernos soviéticos venideros trataron de superar a EEUU en el plano educativo, por lo que invirtieron hasta un 20% del presupuesto del estado en educación. Esta medida, a pesar de tener un objetivo propagandístico, hizo que por ejemplo el 92% de las mujeres tuviesen estudios secundarios o superiores, un porcentaje superior al de los hombres, y que el 55 de los estudiantes fuesen mujeres.

En definitiva, hay que analizar estos datos en comparación con el resto de potencias del mundo. El gobierno socialista llevó en 30 años al país más atrasado en materia educativa a ser una de las principales potencias mundiales.

Luis Barrio

La fotografía en prensa.

La fotografía en prensa.

Anteriormente a la existencia de las cámaras fotográficas, la sociedad no tenía más remedio que hacer uso de su imaginación para crear una imagen en su cabeza. Si un aedo de la Antigua Grecia recitaba una epopeya delante de un público, estas personas no tenían más remedio que imaginarse dichas escenas, recrearlas a su gusto y deseo.

Pero la cosa va más allá, ¿sabían los romanos cómo era la imagen de su emperador? Ya que cualquier ciudadano de Hispania, no tenía por qué haberle visto nunca. Sin embargo, los emperadores tendían a encargar una serie de esculturas –retrato con el fin de expandir su figura por todo el Imperio-, como es el caso de Octavio Augusto, que sabemos que mandó crear infinidad de bustos y esculturas de él mismo, con el fin de llevarlas a todas las partes del Imperio y difundir su imagen y su poder absoluto de manera propagandística. La idea en aquel entonces debía de ser brillante, pero debemos tener en cuenta que es algo no inmediato, pues desde que el emperador decide la idea, hasta que esas esculturas llegan a su lugar de origen, pueden pasar meses, y en ese espacio de tiempo podría pasar de todo, incluso que el emperador hubiese muerto. Por lo que los romanos tenían bustos y esculturas nada actualizadas y sobre todo: idealizadas. Este aspecto es muy importante, pues el emperador no va a mandar a crear imágenes en las que se le vea la voluptuosa barriga, o el aspecto encorvado de su cuerpo, sino que se muestra como una persona totalmente idealizada a la altura de cualquier dios. Es decir, los habitantes del imperio no veían más que una imagen idealizada de un señor, que podría no corresponder en absoluto con la realidad.

Sin embargo, en nuestra era y con la importancia de la prensa, debemos tener en cuenta cualquier factor que influya y complemente a esta. Pues sabemos que vivimos en unos tiempos en los que la prensa ha dirigido a las masas, a la par que las ha informado. Se intenta mantener un estilo que sea verídico y ameno para el lector, si se trata de formato papel o digital legible. Es por eso que aquellas personas encargadas de hacernos llegar unos textos, noticias, informaciones, etc., lo hagan acompañados de fotografías. Es decir, unas imágenes que captan un instante de un momento determinado. Esto quiere decir que nos van a aportar información real, actualizada e inmediata, igual que cualquier otro texto. Ya que no se trata de un dibujo inverosímil sino de una realidad que está siendo retratada de inmediato por el fotógrafo. Además, actualmente, en el siglo XXI, nos costaría concebir un periódico o unos informativos sin la presencia de imágenes, pues gracias a esas imágenes podemos identificar una realidad. Hasta tal punto trasmiten información al receptor (o lector), que con la simple visión de una imagen o fotografía somos capaces de recibir información sobre todo lo que está ocurriendo en ella.

Por lo que podemos decir que la fotografía no solo ha supuesto una revolución en el mundo de la prensa, sino que ha hecho una gran aportación al mundo de la lectura y de los lectores, aportándonos un extra de información, valiéndose de escenas vividas y, por tanto, reales.

Marta Navas Ajenjo

LIBROS QUE DAN TECHO

LIBROS QUE DAN TECHO

Cerca de la estación de Avenida de América, en Madrid, hay un espacio donde los libros equivalen a abrazos. Me refiero a la sede de Bokatas y, a partir del mes de septiembre, también de Amaqtedu, dos organizaciones sin ánimo de lucro que intentan acompañar y dar un sentido a aquellos de nuestro alrededor que sufren la desigualdad. Con este objetivo, en Amaqtedu hay un espacio singular, un espacio reservado para un amigo que nos ha ido acompañando a lo largo de nuestra vida, el libro. Algunas personas no han tenido tanta suerte como nosotros, y notan que ese compañero que siempre había estado ahí ahora falta. Los fines de semana, cuando los voluntarios se reúnen con ellos en la sede, pueden coger un libro, decírselo a la coordinadora y devolverlo a la semana siguiente. Algunos cogen libros de tres en tres, ya que según dicen, las horas en la calle se hacen eternas y los libros tienen la capacidad de trasladarte a otro mundo, a otra realidad. De esta forma, semana tras semana, los usuarios de dicha biblioteca reciben abrazos, ternura y calor en forma de palabras, y no solo eso, sino que también pueden continuar su formación ya que la biblioteca dispone de libros académicos, así como apuntes universitarios o libros para aprender idiomas. Resulta curioso cómo tan sólo un “simple” objeto puede llegar hasta donde los seres humanos movidos por su egoísmo no pueden (me incluyo como la primera). Después de leer este artículo, te animo a que, si ves a una persona que está pasando necesidad, pienses que hay necesidades más allá de la ropa y los alimentos. Hablo de la inquietud, de la necesidad de saber, de una buena discusión, en definitiva, de humanidad.

Paula Alonso Lorente.

LEER EN DIBUJOS

LEER EN DIBUJOS

El verano pasado conocí por casualidad la obra del ilustrador alemán Quint Buchholz (http://www.quintbuchholz.de/), y desde ese día me encanta navegar en internet buscando nuevos dibujos que admirar. En cierta manera son hipnotizantes y hacen volar mi imaginación de una forma que ningún otro artista había conseguido hasta entonces. Además, las historias escondidas tras estos bellos dibujos son infinitas, solo hay que dar rienda suelta a nuestra fantasía personal.

La razón de esta cierta obsesión por sus imágenes nace del modo en que presenta los libros y la lectura como una forma de vida, como un medio de viajar y de ver el mundo. De niños, los lectores somos exploradores, policías, detectives…, y cuando crecemos y abrimos un libro, volvemos a esa esencia imaginativa de la niñez. Quienes hemos crecido entre historias y relatos sabemos que nos dan la posibilidad de vivir un número infinito de vidas, aventuras, amores, asesinatos y huidas. Son como pequeñas máquinas de viajes en el tiempo y en el espacio que nos hacen las personas más poderosas del mundo.

Estas ilustraciones representan los sentimientos que puede generar la lectura, y quien las vea puede sentirse profundamente identificado con ellas, como me sucedió a mí. Además, imaginar cómo es la relación de los protagonistas de estas ilustraciones con los libros es un ejercicio que nos hace creadores de sus historias, que nos permite ir más allá del acto lector y traspasar ese fino límite, porque algunos libros están para leerlos y otros para escribirlos.

 

CARTA A VANESA PÉREZ-SAUQUILLO

CARTA A VANESA PÉREZ-SAUQUILLO

Querida Vanesa:

“Bajo la lluvia equivocada” llegó a mí por casualidad. Era de esas tardes sofocantes de agosto en las que el sol baña los adoquines y las ciudades están vacías. De camino a la biblioteca imaginé a la gente que dormiría la siesta en sus casas, en cuartos frescos y oscuros o salones con aire acondicionado. ¿Conoces esa sensación de caminar ligera por la calle? Cómo si solo arrastrases contigo el peso de una tela vaporosa y dos sandalias… Ese mediodía olía a brea caliente, y llevaba las mejillas encendidas.

Zamora tiene suelos de piedra cálida, pizarra y teja. Sólo hay una biblioteca, que tiene una única estantería de poesía, con una única línea para la colección Hiperión, que contiene el único ejemplar de tu libro. Con los ojos cerrados, pasaba los dedos por una línea cualquiera… libro tras libro, esperando esa sensación, esa energía que te dice: para.

Allí estaba, signatura simple, “per”, por tu apellido, número 122. Premio de poesía joven, azules pastel.

Me llamo Cristina, las cosas por aquí están más o menos bien… encontrar una naturaleza humana tan pura en versos fue algo extraordinario. Me importas porque me hiciste sentir, y además me enseñaste a Dylan Thomas. Yo acababa de leer a Walt Whitman y Dylan fue como volver a nacer.

Leí tu libro sentada en el Duero, al paso sereno de su curso, y sentí que las palabras me mecían esa tarde. Yo también quisiera, como la prisa, exacta. Lloré con garabatusa blanca, y me imaginé los ojos claros de un pequeño animal que parpadea. Hallé tacto, y no sé quién puso definitivamente su mano en mi silencio. Escribí sobre mi hermana en una casa de montaña meses después, recordando ese “Sólo sé que me llevas / del último cabello”. Marison Catherine me removía las entrañas… y el secreto de los vasos canopes me llenó por completo, aún me quedo a mirar cómo florece la tormenta… La verdad es que también me quedé suspendida en tu naturaleza salvaje que aprieta pero no asfixia, porque yo también rodeo siempre la poesía de leche y miel. De la piedra ciega, el crujir de la hoja y el bosque hondo. En realidad, las cosas no van tan bien… pero es que esta tierra es ajena y no hablo sólo de la sociedad. Pero la poesía es paz, que cura y contiene. Como aquella frase de tu traducción de Dylan Thomas…

“Algunos me dejan crearte en los discursos del agua”.

Un fuerte abrazo,

Cristina.

 

CARTA A J.K. ROWLING

CARTA A J.K. ROWLING

Querida J.K. Rowling:

Le escribo desde la España muggle, con la intención de agradecerle el mundo que ha creado y en el que me ha permitido vivir. Sí, me refiero a Hogwarts. Ese internado cerca de Escocia donde se aprenden encantamientos, pociones y defensa contra las artes oscuras. Donde cada época del año se volvía una temática para decorar el gran salón y donde cualquier niño querría vivir.

Me has hecho vivir partidos de Quidditch con tanta emoción que incluso me levantaba mientras leía como si lo hiciese viendo el partido. Tener tanta vergüenza como si llevase el traje de Ron al baile. Y miedo, como si viese a un Dementor en persona…

Sus personajes me han acompañado siempre. Creciendo conmigo, creciendo a mi lado. Desde ser unos críos que se conocieron con once años, pasando por la adolescencia con sus dramas amorosos, hasta ser adultos que acompañan a sus hijos al andén 9¾ por primera vez.

Has transformado las calles de Londres, creando magia en ellas. Con autobuses noctámbulos y callejones donde se compraban materiales mágicos. Todos hemos deseado esperar en la estación de King's Cross a que pasase el tren que nos llevase a donde hacer amigos y jugar a comer grajeas mágicas. 

Aun así, también he aprendido que, como en todas partes, no todo el mundo desea hacer el bien. Que todo conlleva responsabilidad y trabajo. Que las cosas no salen por si solas (¡cuántas veces habrán necesitado los conocimientos de Hermione!). Y que debemos actuar desde la bondad, con buen corazón.

También he aprendido que tu familia no tiene por qué ser solo de sangre, sino que también son aquellas personas de tu día a día, que darían todo por ti.

Todavía hoy recuerdo cuando leí Harry Potter y la piedra filosofal… Me lo dejó mi hermana mayor, con la esperanza de que me gustase tanto como a ella… y lo consiguió. Con esa 1ª edición, donde aparecía un dibujo de un niño con una escoba y un rayo dibujado en la frente. Y no solo lo leí una vez, sino muchas. En distintos lugares, tratando de llevarme esa magia conmigo. Cerrando los ojos e imaginándome los lugares descritos, los personajes, añadiendo diálogos y anécdotas que pudiesen tener… Haciéndoles más cercanos.

Sinceramente, me gustaría ser capaz de expresarle mejor lo que siento al leer cada página. Es como ir a un mundo nuevo. Como un sueño del que no quieres despertar.

Con cariño, Paula de Lucas Barquero.

P.D.: siempre esperaré mi carta de admisión a Hogwarts.

 

CARTA A CARLOS RUIZ ZAFÓN

CARTA A CARLOS RUIZ ZAFÓN

A Carlos Ruiz Zafón.

Hola Carlos, después de pensarlo mucho he decidido que la mejor manera de empezar esta carta es presentándome. Me llamo María, tengo diecinueve años y estudio el segundo año del Doble Grado de Humanidades y Magisterio en la universidad de Alcalá de Henares.  La carta forma parte del primer trabajo de una de las asignaturas que curso este cuatrimestre, Historia de la Lectura. La idea es intentar hacer que llegue a tus manos, teniendo la esperanza de que si la recibes decidas contestar. Me resulta paradójico imaginarte leyendo algo que yo haya escrito, pero también me hace sentir muy ilusionada. Supongo que el último detalle importante que debes saber de mí antes de entrar en materia es que me declaro una gran admiradora, hasta el punto de que te seguiría leyendo aunque decidieses publicar un libro de cocina.

Tú no lo sabes, pero nos conocimos hace ya varios veranos, cuando una tarde de julio, en el jardín de casa de mi abuela, abrí Marina por primera vez. No sé si podrás creerme o no, pero juro que en cuanto leí ese “Marina me dijo una vez que sólo recordamos lo que nunca sucedió” tuve claro que no iba a poder dejar el libro hasta que lo terminara. No voy a intentar describirte la sensación de quedarse atrapado dentro de un libro y no poder dejar de pensar en él, porque no podría hacerlo mejor de lo que tú lo has hecho ya. Al día siguiente a esa misma hora había ya acabado de leerlo. Desde este primer encuentro he leído con ansia todo lo que tienes publicado. Ojalá pudieses hacerte una idea de la cantidad de horas que me has tenido en vilo frente a una de tus novelas, a ratos con una sonrisa, a ratos con cara de sorpresa y a ratos entre lágrimas; pero siempre disfrutando. Pocas cosas me hacen más feliz que seguir a tus personajes por las calles de Barcelona, viendo cómo reconstruyen las historias de otros y cómo construyen las suyas propias. Consigues con las descripciones que haces que les dibuje en mi cabeza con un detalle que no deja de sorprenderme.

Podría halagar tu escritura a lo largo de varias páginas sin inmutarme, pero seguramente no voy a poder decirte nada que no te hayan dicho ya en algún momento, porque para algo eres uno de los escritores en español más leídos del mundo, que merecido lo tienes. Según iba repasando los tres mil borradores anteriores de la carta me he dado cuenta de que seguir señalando lo evidente convertiría mi carta en impersonal, por lo que, después de darle muchas vueltas, he decidido que voy a terminar la carta explicando cómo acabé de leer tu último libro.

Son aproximadamente las dos de la mañana, y llevo con el libro desde las siete de la tarde de ayer, como siempre se me ha hecho tarde y mañana tengo que levantarme para ir a clase, pero me da igual. Cuando leo que Daniel no es hijo biológico del señor Sempere (el mejor padre del mundo, por cierto) mis ojos se vuelven vidriosos y me entran unas ganas terribles de llorar. No puedo parar de leer, necesito saber cómo acaba la historia que me acompaña desde hace más de cinco años. Por otra parte soy consciente de que la despedida va a ser triste para mí. Llego a la última página y me doy cuenta de que hace rato que mi cara está algo mojada. Cierro el libro y me despido del Cementerio de los libros olvidados.

Muchas gracias por todo.

María López Martín.                                                                                                           

 

CARTA A ENRIQUE JARDIEL PONCELA

CARTA A ENRIQUE JARDIEL PONCELA

Estimado Don Enrique Jardiel Poncela:

Soy una estudiante del Grado de Humanidades en la Universidad de Alcalá de Henares. Mi nombre es Ana González del Villar y el motivo por el que me dirijo a usted es el siguiente:

En primer lugar, me gustaría expresar la enorme admiración que siento por usted y por su obra. Con la lectura de ellas he pasado momentos muy gratificantes. Me han sorprendido, me han hecho sonreír y también reír a carcajadas. Sus páginas me han transportado a lugares, situaciones maravillosas, inverosímiles y fantásticas a veces… y siempre me han hecho soñar.

Sólo el hecho de pronunciar su nombre me hace sonreír y sentir una gran felicidad. A mi mente viene el recuerdo de las horas que tanto he disfrutado con su lectura. Sus personajes son tan entrañables que es muy fácil encariñarse con ellos, cobran vida y han llegado a formar parte de todos los que hemos tenido el privilegio de leer sus historias.

Sus relatos sentimentales, románticos y a la vez divertidos me han dado un enfoque nuevo de la vida, del amor y de las relaciones. Cada momento de lectura ha sido único. Como usted dijo de sí mismo: “Con respecto al carácter, soy un sentimental y un romántico incorregible”. “Pertenezco, aun cuando tal declaración produzca cierta extrañeza, al grupo de los de - la vieille boutique romantique”.El humor y el estilo que nos ha aportado su obra siempre quedará con nosotros; un sentido del humor tan especial que nos transforma y ya después nada es igual. En mi opinión, deberíamos conservarlo como una joya porque hoy en día no es muy frecuente. Se trata de un humor personal, único e inédito que nos ayuda a mirar el mundo con otros ojos.

La primera obra suya que leí fue “Eloísa está debajo de un almendro”; yo tenía trece años, me encantó y me atrapó porque estaba llena de misterio. Conocí esta obra porque me pidieron que la leyera en la asignatura de lengua cuando estudiaba en la E.S.O., por lo que estoy muy agradecida. A partir de entonces continué leyendo más obras suyas. Me gustó particularmente “¡Espérame en Siberia, vida mía!” por sus aventuras e inquietante suspense que capta la atención del lector hasta la última de sus páginas. No puedo dejar de nombrar “Amor se escribe sin hache”, “Usted tiene ojos de mujer fatal” y otras con las que tanto he disfrutado.

Finalmente, sólo me queda agradecerle el magnífico legado que ha dejado a la literatura española.  En nombre mío y en el de todos sus lectores nuevamente le doy las gracias por las horas de lectura tan estupendas y divertidas que nos ha proporcionado.

Un afectuoso saludo.

Ana González del Villar

 

REFLEXIONES SOBRE LA LECTURA EN LA ERA DIGITAL

REFLEXIONES SOBRE LA LECTURA EN LA ERA DIGITAL

Nunca me había parado a pensar en la historia de la lectura. Lo que hoy conozco como un proceso íntimo y solitario no ha sido así a lo largo de nuestra cultura, tanto por la forma de leer, por sus contenidos y por el acceso a los libros. Gracias a la entrevista realizada por el diario digital de la Universidad de Alcalá al profesor D. Antonio Castillo Gómez sobre la lectura (http://portalcomunicacion.uah.es/diario-digital/entrevista/leemos-mas-leemos-mejor?n=6), he podido reflexionar sobre cuál es el momento en el que se encuentra el lector contemporáneo.

Me considero una lectora frecuente, mis lecturas van desde las más banales, como la etiqueta de un producto, a las de entretenimiento, actualidad y/o académicas. Entre mi círculo más cercano hay lectores frecuentes, habituales (sólo leen en determinados momentos, como vacaciones), y no lectores (personas que saben leer pero no practican el acto de leer).

 La revolución de internet ha proporcionado un acceso rápido y a mayor escala de la cultura. Además, en la actualidad, con los teléfonos inteligentes tenemos todo lo que deseamos a golpe de pulgar. La información nunca ha estado tan disponible como hoy la conócenos. ¿Este medio favorece que haya nuevos lectores? Sí y no, si bien es cierto como indica el profesor Castillo, que se ha producido un aumento de la lectura y casi todas pasan por las modalidades digitales: desde redes sociales, blogs y libros electrónicos a periódicos. Pero, ¿realmente se lee? En mi caso, a veces voy leyendo la prensa camino de la universidad en mi teléfono o si veo una noticia que me interesa en alguna red social busco más información, pero lo considero una lectura banal, ya que suelo estar pendiente de las cosas que pasan a mi alrededor. Una vez leí en un libro que los periódicos son la mayor mentira del mundo occidental porque la información se edita para un futuro cuando ya es pasado. Era aquella época en la que para tener un periódico en las manos había que esperar una noche. No hace ni treinta años de eso, tener un periódico en las manos y mancharse las manos de tinta o que tu madre usara los periódicos viejos los domingos para cubrir la paella. Con esto no quiero decir que estoy en contra de la era digital, ni mucho menos, ya que gracias a ella estoy conectada con otros tipos de lenguaje.

El artículo hace una buena reflexión, la lectura digital es menos reflexiva, y no sólo porque la información se actualiza de manera vertiginosa, sino porque un proceso que requiere concentración se encuentra constantemente interrumpido o se diversifica la atención más fácilmente hacia otros sitios (por ejemplo, en los soportes digitales casi siempre hay publicidad en los laterales) y por tanto es menos introspectiva. Estoy de acuerdo, y siempre desde mi experiencia, en que algunos de mis libros están escritos, subrayados o con notas que hacen referencia a dónde los leí o qué sentí. Algunos de ellos incluso tienen algún dibujo. Tener un libro en la mano es experimentar con uno mismo. Puede que estés con esa ansia de ver qué va a pasar, o que te sientas identificado con la historia o algún personaje, debatir con el propio autor si estás o no de acuerdo, o darte cuenta de que llevas un rato leyendo y estás en un diálogo contigo mismo y no tiene nada que ver con lo que tus ojos estaban viendo. Es una sensación tangible. Puedes volver a sentir la textura del papel y situarte donde lo habías dejado.

Considero que una sociedad que no valora leer está en peligro. Leer es importante, es el vehículo que tenemos para desarrollar un pensamiento critico. Requiere de un momento con uno mismo y en soledad (tan poco habituados en la actualidad). Se necesitan buenas guías que te sugieran qué libros pueden ser interesantes según el momento en el que estés (escuela, familia y amigos). La imposición de leer no funciona, porque por lo general nos mueven más las cosas que nos dan placer o están prohibidas. Tanto en mayores como en pequeños, la lectura se fomenta viendo a alguien con un libro y hablándole sobre lo que viene escrito en él, reuniéndose en torno a este objeto, a veces deseado o a veces prohibido, que provoca por un lado, intimidad, y por el otro, el contacto con nuestros semejantes.

Andrea Castro Iglesias

LA MESA

LA MESA

Cuando era pequeña, mi madre siempre nos regañaba a mi padre y a mí por dejar libros encima de la mesa del salón, entorpeciendo así la decoración de la misma. Ahora, años más tarde, es una batalla que ya da por perdida ya que la mesa siempre está inundada con torres de libros e incluso alguno que otro es suyo. Ayer llegué a casa para pasar las vacaciones de Semana Santa y lo primero que hice fue sacar de la maleta el libro que me estoy leyendo. Al ir a dejarlo en la mesa del salón, comprobé que mi padre había cambiado de libro. Tiene gracia, pero en mi casa solemos hacer cadenas de libros, me explico: las cadenas de libros en mi familia consisten en que alguien compra o coge de la biblioteca un libro y si está bien, va pasando por todos los miembros de la casa. Es muy entrañable cuando en las comidas nos ponemos a debatir sobre lo que hemos leído, y ahora que estoy fuera es una de las cosas que más echo de menos.

En estas fechas me acuerdo mucho de mi abuelo que murió hace un año. Gracias a él empecé a ver en los libros a auténticos amigos, confidentes mediante los cuales puedes convertirte en otro personaje sin necesidad de moverte de casa. En sus últimos momentos, El médico de Noah Gordon se convirtió en un compañero que alivió su dolor. 

Es curioso como hay libros que recuerdan no sólo a personas, sino también a lugares, experiencias y aventuras. Simplemente combinando palabras pueden hacerte sentir diversas emociones. Para nosotros, que nos creemos los reyes del mundo, qué contraste nos supone que unas cuantas hojas nos moldeen a su antojo.

 

LLAMAS

LLAMAS

Estaba desangrándome en una casa en ruinas del distrito Pankow. Los rojos nos habían estado presionando desde comienzos de año. ¿Cómo diablos les dejamos avanzar hasta Berlín? -me pregunté- No importa, ahora eso ya no importa Marcus, sobrevive -me respondí de manera melancólica-. Berlín estaba en llamas por culpa de los rojos, y la pierna me abrasaba a causa del disparo recibido esa mañana. Me levanté a duras penas y logré caminar hasta la única silla en pie del salón dejando un fino rastro de sangre tras de mí. Pensé en el dueño y supuse que no le importaría que un soldado manchase el suelo de su salón. Sentado, conseguí aliviar parte del dolor, pero otra herida me quemaba. Una llama de culpa sea de la forma que sea nunca se apaga del todo, siempre quedará una ceniza que la avive. ¿Cuándo la encendí y qué la avivó? -pregunté al vacío-. Sueños, fama, ser un héroe para la patria y el Führer o simplemente acabar siendo un imbécil en esa maldita guerra, como todos los demás, como el Führer, los rojos, los nuestros o los americanos, todos unos perfectos imbéciles que abrieron las puertas del infierno -respondí al vacío-. Hablar no me preocupaba, el sonido de las bombas a lo lejos tapaba mi voz y los rojos todavía estaban a 4 km de mi posición. Pero aún así, sabía que iba a morir y creí que sería buena idea pensar en otra cosa mientras llegaba el momento. Me pregunté en qué momento abrí yo las puertas de mi propio infierno, y supuse que fue aquel día de 1933.

Era un 10 de mayo y yo estudiaba en la universidad de Humboldt. Era un buen chico, un estudiante de ciencias sociales competente con un alto espíritu de camaradería estudiantil por aquella época. Los buenos tiempos -pensé en la casa en ruinas-. Quizá fueron los discursos del Führer, quizá fuera la camaradería de los nacionalsocialistas, o simplemente fuese el hecho de que no era más que un chiquillo que no sabía nada del mundo, lo que me llevó a unirme al Deutsche Studentenschaft, la DTs, en la universidad. Los primeros meses fueron muy agradables, me lo pasé muy bien, hice cosas buenas por una universidad y conocí a mucha gente que posiblemente estuvieran muertos cuando llegué a la casa en la que pensé todo esto. De toda esa gente, la persona más cercana a mí fue Adler Sheider, el típico ario alemán de la propaganda del partido. Fue mi mejor amigo hasta que murió en Stalingrado. Fue uno de los líderes de la DTs y quien me empujó a abrir mi puerta al infierno, a mí y a todos los chicos de la DTs.

Las semanas previas al día diez, Adler y otros lideres de la DTs nos pidieron que recogiésemos libros que atentasen contra los principios morales alemanes, libros judíos, comunistas y toda la porquería de izquierda que pudiéramos encontrar. Yo acompañe a Adler a requisar los libros de la biblioteca de la universidad. El bibliotecario, el viejo Jool, era un maldito viejo judío que no nos perdonaba ningún retraso con la devolución de libros, un tacaño que muy posiblemente acabara gaseado. Siempre me cayó mal, y la propuesta de Adler me gustó. Esos días fueron muy felices en comparación con los de ahora.

La mañana del diez de mayo nos dijeron que tendríamos que desfilar para que el pueblo viera el orgullo de la juventud alemana y que habría festejos que finalizarían con un discurso del mismísimo Goebbels. El atardecer de aquel día y todo lo que ocurrió en él se me quedaron grabados a fuego en mi mente. Al atardecer, nos dirigimos a la Plaza de la Opera y allí vi la llave de mis puertas del infierno, columnas y columnas de libros apilados para arder. Estas columnas tenían libros contra la nación y todas las buenas ideas del espíritu ario, pues eran basura comunista, judía y contraria a nuestros buenos principios, y al fondo estaba la tarima donde Goebbels daría su discurso. Adler, antes de entrar en la biblioteca de la universidad, me dijo que requisaríamos libros, pero aquel diez de mayo me di cuenta de que requisar significaba algo más. Parecía un funeral vikingo, pero sin ningún tipo de emotividad, solo odio y desprecio en el ambiente, yo lo notaba porque en el fondo lo sentía… -Nada- le dije en voz alta a la nada en la casa ruinosa-, y solo le faltaba una chispa para prender. Llegaron los jefes de la DTs con las antorchas que harían prender las llamas. Estaba embobado, no sabía qué hacer ni qué decir, por lo que no hice nada…y las columnas de libros ardieron. Esas fueron las primeras que yo vi arder en Berlín, y después vería muchas más. Tras la quema, Goebbels nos incendió el corazón con un magnifico discurso. En el fondo, dentro del odio que sentía por esos libros sentía un poco de lastima por su incineración, por el alma de todos los autores en esas columnas ardiendo en un grito sin ruido. Yo tenía parte de culpa, yo requisé esos libros. Pero quemar libros me llevo más tarde a quemar muertos, y de quemar muertos pasé a quemar vivos y de quemar vivos a ver Berlín ardiendo en la silla de la casa en ruinas desde donde muy posiblemente acabaría viendo el verdadero infierno. Me levanté y fui al corredor de la entrada, la sangre del suelo todavía seguía fresca, y a ella se le unió más sangre que todavía emanaba de mi herida, no le di más importancia tras ver y alcanzar la puerta. Entonces la abrí para ver las llamas de los edificios extendiéndose por Berlín, quizá ya estaba viendo el infierno.

Kevin Merinero Rodríguez

 

REFLEXIÓN PERSONAL EN TORNO A LA PELÍCULA FAHRENHEIT 451, DE FRANÇOIS TRUFFAUT (1966).

REFLEXIÓN PERSONAL EN TORNO A LA PELÍCULA FAHRENHEIT 451, DE FRANÇOIS TRUFFAUT (1966).

Para un espectador de 2018, sin referencias previas sobre esta película, lo primero que llama la atención es su estética futurista que se percibe en elementos como los trajes de los bomberos, el tren elevado, la pantalla interactiva, que conviven con otros objetos que a día de hoy ya consideramos trasnochados como el tipo de teléfonos, los archivadores metálicos o la indumentaria y peinados de las mujeres. Me surge entonces la duda sobre qué elementos eran actuales para el espectador de 1966 y cuales asociaba al mundo del futuro.

Tras este primer impacto visual, los temas tratados resultan, absolutamente vigentes o más bien atemporales. El estado autoritario que controla a los ciudadanos y hace de ellos entidades impersonales con la justificación de conseguir un «mundo feliz» está ampliamente presente en la literatura y en la historia. Fahrenheit 451, trata la quema de libros como una actuación asociada al control de los poderes autoritarios, pero también muestra otras formas de control. La pantalla mural representa el control estatal de los medios de comunicación limitando los contenidos a aquellos que ensalzan la imagen del estado-familia, que aporta al ciudadano todo lo que precisa y le protege contra el sufrimiento, pero a la vez anula su individualidad y borra sus referencias al pasado personal o colectivo. El entretenimiento ofrecido tiene una sospechosa tendencia a igualar a la audiencia en el desconocimiento y la incultura. El programa televisivo que se puede ver en la película recuerda sorprendentemente a los actuales «realities» que fingen introducirse en el ámbito privado de los espectadores y darles una participación en las situaciones presentadas, pero que están absolutamente manipulados para conseguir mayor audiencia o para crear la imagen de la sociedad que desea el medio.

La pérdida de individualidad como pérdida de libertad se muestra de diversas formas en la película. La sociedad dirigida rechaza todo lo diferente. Las viviendas son modulares, bien en bloques que recuerdan a la unidad habitacional, realizada por Le Courbusier en Marsella entre 1947 y 1952 por encargo del estado francés, o viviendas unifamiliares alineadas construidas también por repetición de un módulo. La vivienda de Clarisse es, sin embargo, un reflejo de su personalidad. Es diferente a todas las de su entorno, parece una casa de cuento y no tiene antena de televisión, lo que extraña y casi asusta a sus vecinos. Aunque no se indica claramente cuál es el motivo de la expulsión de Clarisse de su trabajo en el colegio, es evidente que tiene que ver con una manera distinta de comportarse con los niños y con unas opiniones que difieren de las generalmente aceptadas y asustan a sus compañeros.

Respecto al control específico de la lectura, la película es una clara alusión a las quemas de libros que han tenido lugar en distintos momentos de la historia y en distintos ámbitos culturales, siempre con el objetivo de restringir la libertad de pensamiento. La más cercana temporalmente y con la que se ha identificado la película es la quema de libros realizada en 1933 en Alemania por miembros del partido nazi. La persecución sistemática de los libros se muestra en la película como una herramienta eficaz para eliminar el pensamiento individual y conseguir una población cuyas referencias procedan únicamente de las consignas del estado dominante. Los elementos de resistencia a este dominio tienen también una apariencia histórica. Los rebeldes deben pasar desapercibidos en su entorno y formar parte de una red de apoyos personales que les permita escapar u ocultarse si son denunciados. El refugio de los perseguidos en el bosque, en la naturaleza, podría ser un símbolo del peligro que suponen frente a esta naturaleza las estructuras rígidas de los estados, y su tendencia a derivar en autoritarismos.

Por último, el mantenimiento de los libros en la memoria parece un guiño a periodos en los que grandes civilizaciones como la egipcia o la griega usaron ese «soporte» para sus obras. Los rebeldes confían en el carácter cíclico de la historia que traerá nuevos tiempos en que los libros que ellos han conservado en la memoria puedan estar al alcance de toda la sociedad.

Susana Martín Zaforas.

 

LOS LIBROS MÁS DEVUELTOS DE ESTAS NAVIDADES

LOS LIBROS MÁS DEVUELTOS DE ESTAS NAVIDADES

Mi madre siempre me dijo que, en cuestión de regalos, los libros son como los perfumes. Son algo muy personal. No puedes regalar uno cualquiera a una persona. Tienes que conocer sus gustos. Y aún así siempre es muy difícil acertar. Por eso, en mi casa, siempre que regalamos una colonia o un libro, es porque estamos entre un 90% y un 100% seguros de que esa persona lo quiere o le va a gustar mucho. Pero en mi casa hay otra norma muy importante también respecto a los regalos. No se cambian excepto por causas mayores. Y aun menos si es un libro. Un libro en mi casa siempre es bien recibido, sobre todo si es porque alguien se ha tomado la molestia de comprarlo y regalárselo a alguien. Y está muy feo rechazarlo solo por su portada. Mi madre siempre nos ha obligado a leer un libro regalado porque «no sabes si te gusta hasta que lo lees». Así que en mi familia la política respecto a los libros y los regalos está bastante clara.

Pero el otro día, navegando por Twitter y procrastinando mis obligaciones, me topé con un hilo muy curioso escrito por la librera Silvia Broome @SilviaBroome. Se trataba del ranking de los libros más devueltos de estas Navidades en su librería.  Este hilo me llamó mucho la atención, en primer lugar, por esta especie de política de los libros a la que estoy acostumbrada y, en segundo lugar, porque no es muy habitual encontrar este tipo de listas. De hecho, esta lista podría sugerir «el ranking de los libros que menos éxito han tenido estas Navidades».

Pero aún más interesante me resultó la comparación que hizo esta librera al finalizar su lista. Resulta que su ranking de libros más devueltos coincidía exactamente con las listas de los 10 libros más recomendados o los Best Seller de los meses anteriores.

¿Resulta contradictoria esta situación? A primera vista, puede ser. Pero si pensamos un poco en cómo funciona el mundo editorial, realmente puede tratarse de una simple consecuencia más del sistema capitalista. Las editoriales -sobre todo las grandes editoriales- no son seres de luz que buscan espíritus valientes y creativos para tenderles la mano y ayudarles a difundir sus creaciones con el mundo. Las editoriales son empresas. Y el objetivo principal de una empresa es ganar dinero. Apostar por un autor o autora conlleva una gran inversión, y esta no se realizaría si la editorial no estuviera segura de que esa inversión les proporcionará ganancias. Además, en la planificación de esa inversión se incluye toda una campaña de promoción de la obra destinada a convertila en un superventas. En la dinámica de todo esto, se podría decir que «un Best Seller no nace, se hace» con todas las implicaciones que ello conlleva. Antes de que se venda un solo ejemplar de un Best Seller, este ya es anunciado como el número uno en ventas. La obra, pues, se edita con el objetivo de que sea uno de los libros más vendidos del año. Y al final, por toda la campaña de publicidad que se hace seguramente acabe siéndolo. Es como una mentira que de tantas veces decirla se acaba haciendo realidad.

Reflexionando en torno a esto y al ranking de los libros más devueltos de Silvia Broome me pregunto sobre la efectividad de esta especie de efecto placebo editorial. Dado que estos libros se crean para que sean un super ventas, acaban siendo un comodín para las personas que quieren regalar algo en Navidades y no saben bien qué. Saben que a la persona en cuestión le gusta leer pero no conocen sus gustos concretos, por lo que no se arriesgan y escogen uno de los libros que en las librerías colocan a primera vista, generalmente en escaparates o mesas expositoras (muy estratégicamente en términos comerciales). «Si es el más vendido, por algo será, es que debe ser muy bueno», piensan. Por lo tanto, nos podemos encontrar con la situación de que muchísimas personas hayan comprado el mismo superventas y esto podría ser uno de los motivos de tantas devoluciones, ya que fácilmente podría ser un regalo repetido. Otro motivo de devolución podría ser que, simplemente, no haya sido del agrado del lector, lo que no sería de extrañar si tenemos en cuenta la engañosa estrategia de publicidad que hay detrás de estos superventas.

Pero también me pregunto si podría ser que los lectores ya no cayeran en estas trampas editoriales y estuviesen cansados de la literatura prefabricada, o si lo que ocurre es que a nadie ya le interesan los libros y directamente se deshacen de ellos...¿o podría tratarse de la revolución digital? Si, por ejemplo, estos lectores que devuelven los libros pensaran algo así como «Bah, esto puedo descargármelo en el e-book, para qué quiero esto que ocupa espacio». Podría pensar muchas otras hipótesis, pero prefiero dejar la cuestión abierta e invitaros a reflexionar sobre la paradoja del hilo que ha inspirado este post:

https://twitter.com/silviabroome/status/958744739771240449

Irene del Barrio.