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Leer y reflexionar

Lo invisible habla

Lo invisible habla

Guardado en un cajón tengo un boli de tinta invisible. Quizás debería volver a usarlo como hacía cuando era pequeña para escribir mis mayores secretos. Pero ¿dónde van las palabras cuando no las vemos?

El emperador romano Cayo Tito una vez dijo: “verba volant, scripta manent” (“las palabras vuelan, lo escrito se queda”). No obstante, yo no creo que tuviese razón, porque a las palabras de hoy siempre se las acaba por llevar el viento.

La realidad de la palabra escrita ha cambiado drásticamente. Las palabras aparecen y desaparecen, los bits de las páginas borran y reescriben nuevas historias a velocidades inimaginables para alguien de la Antigüedad, como Cayo Tito. Hoy en día, plasmamos nuestras ideas en tipos de soportes nuevos, desde libros electrónicos hasta ordenadores portátiles. Todos ellos ofrecen amplias ventajas porque hacen que el mundo gire más rápido: que la información llegue antes a más sitios y que se produzca más. En cambio, al mismo tiempo, cada vez escribimos menos “a fuego lento” y, al apagar los leds de nuestras pantallas, nuestras palabras se van sin dejar cicatriz.

Esta falta de permanencia no es necesariamente negativa. Antes de que me dejasen escribir con bolígrafo, intentaba no apretar el lápiz para poder borrarlo con la goma. Recuerdo que me daba respeto escribir mal una carta o un examen porque siempre quedaba un ligero rastro de mis errores. En la universidad escribo con un teclado, pero tengo la mente desordenada y osada. No tengo miedo a equivocarme porque sé que siempre lo podré borrar y editar. Mimo mis palabras de otra forma y rara vez escribo de manera lineal.

Los soportes digitales han hecho que el proceso de escribir pase de ser cauteloso a ser móvil. La escritura ha pasado a ser un puzzle creativo, donde intentamos cuadrar las piezas allí donde encajan: haciendo primero los bordes, grupos de imágenes que encuentras, conectando piezas arriba, abajo, a la izquierda, a la derecha… El problema surge cuando queremos hacer un puzzle sin paciencia. Cada vez vivimos más rápido, y nos vemos tentados a usar las sugerencias automáticas de las inteligencias artificiales o, como a mí me gusta llamarlas, negligencias artificiales.

Bajo esta realidad, diría que la tinta invisible es la forma más pura de escritura humana que tenemos en la actualidad. Es poética. Cuando escribimos en las hojas de nuestros diarios íntimos, nos enfrentamos al vacío del papel solos, sin ayudas de algoritmos que rellenen nuestras frases inconclusas y corrijan nuestros titubeos. Con ella equivocarse no supone ningún problema ni vergüenza y la escritura vuelve a fluir al ritmo del pensamiento. Además, tus palabras tampoco se borran, simplemente permanecen escondidas en tu memoria hasta ser vistas bajo la luz adecuada.

Me encantaría saber vuestra opinión, pero, la verdad, confieso que estoy cansada de leer textos con guiones chatgepetianos. En el caso de querer escribirme, solo aceptaré cartas en tinta invisible, en tinta humana.

Laura Maestre Escudero

De la revolución sentimental al ocaso del adjetivo: ¿maestros o arqueólogos de cerebros fritos?

De la revolución sentimental al ocaso del adjetivo: ¿maestros o arqueólogos de cerebros fritos?

Como bien señala Antonio Castillo Gómez en su Historia mínima del libro y la lectura (2004), el libro es un objeto y un producto cultural que muta con las prácticas de sus lectores. Si en el siglo XVIII la revolución de la lectura sentimental permitió que el lector movilizara su sensibilidad hasta romper la distinción entre el mundo del texto y su propia realidad, hoy, con la era de la digitalización, parece que estamos viviendo la deshumanización del acto de leer.

Al hilo de las múltiples entrevistas de quienes dicen que las humanidades han muerto de aburrimiento y están destinadas a desparecer con la llegada de la IA, la realidad es que las estamos enterrando nosotros bajo una montaña de eufemismos pedagógicos. El futuro de la figura del maestro y de la profesora aterra, augurando que su labor ya no será enseñar a leer, sino realizar excavaciones en los cerebros de las personas para encontrar restos de lo que alguna vez fue la capacidad de atención.

Estamos criando a la generación del swipe, sujetos que confunden la lectura digital con el bombardeo de estímulos que no dejan huella. Nos obsesionamos con la digitalización de las aulas como si una tablet fuera a obrar el milagro de la comprensión lectora, cuando lo único que estamos logrando es que el niño vea el libro como un muro de papel.

Como colaborador del departamento de Filología, Comunicación y Documentación de la Universidad de Alcalá, pienso que la paulatina desaparición del adjetivo se asemeja a esta falta de atención. Me resulta cínico ver cómo simplificamos el lenguaje en los libros de texto bajo el pretexto de la legibilidad. Estamos desnudando a los sustantivos, quitándoles sus matices, sus colores, su capacidad de calificar la realidad, convirtiendo al niño en un analfabeto con estudios. Esta falta de atención es similar a no entender la lectura, a no conocer el adjetivo. Una persona que no sabe matizar el mundo solo entenderá de blancos y negros tradicionalmente, o de likes o bloqueos actualmente. Estamos fabricando los robots que la sociedad demanda, alejándonos de esa función de la lectura que mencionaba Manguel, la de respirar.

Los manuales recuerdan que el aprendizaje es un proceso integral de mente y cuerpo. La verdadera utilitas —ya no de un maestro, sino de toda persona— no es rellenar fichas, sino ser guía que se pierde en la selva de los libros, enseñando a los que están a su cargo que leer es el acto más subversivo y humano que nos queda.

Si las humanidades son aburridas es porque hemos olvidado leer, a resolver un enigma, a jugar un juego de misterio y suspense donde el premio es una construcción de nuestro propio YO. El día que se entre en un aula y los alumnos dejen de mirar la pantalla por debajo de las mesas, para empezar a mirar diferentes mundos en un párrafo será como la profundidad que da un adjetivo bien puesto. Porque, al final, no estamos destinados a ser another brick in the wall de Pink Floyd.

Christopher Jiménez Martínez

Palabras escritas en un papel

Palabras escritas en un papel

Un buen día de sol iba yo caminando por las calles de Madrid cuando me comencé a fijar en todas las personas que tenían un aparato en su mano. Ese al que la gente llama “teléfono” o “móvil”, ese del que somos incapaces de despegarnos incluso cuando el día está soleado y las calles hablan por sí solas.

Otro día tuve que entrar en el metro y me comencé a fijar en cómo empleaba la gente el tiempo hasta llegar a su destino. De nuevo, la mayor parte se encontraba absorbida por una pantalla, llenándose de estímulos que seguramente no recordarían al día siguiente y que, por lo tanto, no les aportarían nada. En cambio, encontré a un número más reducido de personas con un libro en la mano, y me pregunté si era eso lo que hacía la gente en sus tiempos muertos antes de la invención del móvil.

Curiosa, le pregunté a mi madre si era así como ocurría en aquellos tiempos, y ella me confirmó lo que yo había intuido. La gente antes del móvil leía. Leían antes de irse a dormir, en el metro, esperando a la persona con la que habían quedado e, incluso, en sus tardes libres en casa. La gente leía, no solo para enriquecer su conocimiento, sino para entretenerse, simplemente para disfrutar de las palabras de un texto escrito en un papel. Algo curioso que mi madre me contó fue cómo su madre, mi propia abuela, le solía esconder el libro que se estuviera leyendo en ese momento cuando tenía que estudiar, ya que, si no, ella, en vez de estudiar, se ponía a leer. Y es que algo así puede parecernos incluso irónico en el mundo actual, pero nos demuestra la forma en la que concebían los libros entonces y nos hace reconocer la diferencia con cómo lo hacemos hoy en día.

Dándole vueltas a todo esto, se me vino una gran pregunta a la cabeza: ¿Está la lectura en decadencia?  Las nuevas generaciones no leen tanto como las anteriores e incluso mi madre, que forma parte de esas generaciones pasadas, me admitió que ya no lee ni un cuarto de lo que solía antes de tener un móvil. La realidad es que a la gente se le está olvidando lo que es el leer; cada vez más jóvenes lo ven como algo aburrido, algo que nunca harían durante su tiempo libre, para disfrutar. Pero la lectura es algo único, irremplazable.

Un libro te hace sentir más que una tarde entera viendo videos cortos en el móvil y, lo más importante, te hace estar presente en el momento; parar por unos instantes en una sociedad en la que nos movemos continuamente. Para mí esta es precisamente la razón por la que la lectura nunca desaparecerá, sino que sólo evolucionará hacia los nuevos contextos de la sociedad, como lleva haciéndolo toda la historia. Hoy en día, por ejemplo, una forma en la que ciertos libros se están expandiendo es mediante su publicidad por redes sociales. Estas, pese a que pueden tener aspectos negativos, son una gran forma de difundir información y productos de una manera rápida y sencilla. La llegada de los aparatos electrónicos está suponiendo un gran cambio en nuestra sociedad y en nuestras vidas, por lo que no debemos tener miedo a que la lectura se acabe, sino aprender a adaptarnos a ella en este nuevo mundo.

De esta manera, quizás la inteligencia artificial y la tecnología puedan replicar el conocimiento que obtienes de un libro, pero nunca podrán reemplazar la satisfacción de leer como acto. Porque leer es uno de los actos más elementales del ser humano, es una de las cosas que nos diferencian de otros seres vivos, y que nos ayuda a mantener nuestra humanidad.

Lucía Caramazana de Paz

LA LUZ EN LA VENTANA

LA LUZ EN LA VENTANA

Hay libros que nos transforman, libros que nos interpelan, que parece que dialogan con nosotros, que no olvidamos. Hay libros, en definitiva, que son como un amigo que nos aconseja y acompaña. En mi caso, creo que ese libro sería Rojo, blanco y sangre azul, de Casey McQuinston.

Esta novela romántica relata la historia de amor entre dos hombres. Uno de ellos es el heredero al trono del Reino Unido y el otro es el hijo de la presidenta de los Estados Unidos. Determinadas situaciones los llevarán a pasar tiempo juntos y desarrollarán su amor con bastantes altibajos mientras se dan cuenta de las vueltas que puede dar la vida. Recuerdo la ternura que me provocó el momento en el que ambos se confiesan por primera vez su amor, de una forma que hemos visto representada en varias historias conocidas y que me pareció muy real, al estar un personaje borracho y triste.

Uno de los principales sentimientos que me despertó la obra podría decirse que fue una envidia sana, ya que yo nunca he llegado a experimentar algo similar a lo que ocurre en sus páginas. Aunque, obviamente, es ficción y las cosas no suelen ser como se representan en este tipo de obras, sí que me gustaría estar en algunas de las situaciones en las que se ven los personajes. También destacaría la emoción, ya que su historia pasa por bastantes baches que hacen que no sepas muy bien cómo va a acabar, ya que muchas historias de categoría LGTBIQ+ suelen tener un final bastante negativo.

No llegaría a decir que el libro ha cambiado mi vida, pero sí que lo veo como una lectura que te hace desear estar en el lugar de los protagonistas y que te lleva a fantasear con cómo sería tu vida si experimentases lo mismo que los personajes. A su vez, te hace sentir o pensar cosas que quizás no te habías replanteado, como el qué haría yo si estuviera en esa situación. ¿Haría lo mismo que ellos?, ¿seguiría otro camino?, ¿sería un buen novio? Lo que te hace madurar si no has pasado por esas preguntas antes y ver el mundo de otras maneras o con otras perspectivas.

Imagino que a algunas personas las llevará a ver la vida de una forma más fantasiosa, mientras que a otras las traerá a la realidad. En mi caso, confieso estar en el primer grupo… sin dejar de sentir, cuando llegué finalmente a la última página, cierta decepción de lo que es y será la realidad en sí.

Roberto Simón Guillén Coto

UN ALTO EN EL CAMINO

UN ALTO EN EL CAMINO

Si tuviera que elegir el libro que más me ha conectado a nivel emocional y empático en los últimos tiempos, este es, sin lugar a dudas, El regalo de Eloy Moreno. Desde la primera página, sentí que no solo leía una historia ajena, sino que alguien me hablaba directamente a mí, a mis miedos y frustraciones. Fue una lectura que me hizo detenerme, mirar hacia dentro y cuestionarme cosas que solía evitar. Es un libro que no solo me conmovió, sino que me interpeló profundamente, haciendo que la lectura se convirtiera en una experiencia sentimental. 

El regalo narra la historia de una persona que, de manera inesperada, se ve obligada a hacer un alto en el camino. Su vida, dominada por la rutina, el estrés y la desconexión con lo esencial, da un giro cuando pierde su coche y termina viajando con un guitarrista desconocido hacia un lugar enigmático llamado “la Isla”. Durante este viaje forzado, el protagonista comienza a reencontrarse con aspectos de sí mismo que había olvidado o dejado atrás: su infancia, sus sueños, los vínculos auténticos y la belleza de lo cotidiano. Ya en la Isla, conoce a distintos personajes que representan formas alternativas de vivir, lo que lo lleva a cuestionarse su modo de vida y a abrirse a una nueva mirada del mundo. El regalo es una metáfora sobre la importancia de detenerse, escuchar y reconectar con lo que realmente importa. Más que una simple narración, es una invitación a despertar, a recuperar la ilusión y a valorar lo esencial que, muchas veces, dejamos de lado por vivir con prisa. 

Uno de los momentos que más me impactó fue cuando el protagonista sufre el robo de su coche y, a lo largo del día, ve cómo le arrebatan también el resto de sus pertenencias. Esta secuencia tiene una gran carga simbólica, porque se conecta con el final del libro de una manera profunda. Si nada de esto hubiera ocurrido, si el protagonista no hubiera experimentado ese golpe de realidad, probablemente no habría sido capaz de hacer el cambio que necesitaba.

Después de leerlo, se lo recomendé inmediatamente a una amiga muy cercana con la que suelo hablar de libros. A los pocos días ella también lo había leído, y recuerdo que nos pasamos horas discutiendo sobre él. Fue una conversación muy sincera, en la que salieron temas personales que normalmente no tocamos. Después de leerlo también lo comenté con mi primo, que me lo había prestado. Fue una conversación muy honesta, hacía mucho que no nos sincerábamos tanto.   

Creo que El regalo no solo cambió mi forma de leer, sino también mi forma de mirar la vida. Me ayudó a frenar en un momento en que todo iba demasiado rápido. Me empujó a recuperar pasiones olvidadas, a valorar más el presente, a pasar tiempo con las personas que quiero sin esperar a que “haya tiempo”. Me enseñó, o más bien me recordó, que vivir no es solo cumplir con obligaciones, sino también disfrutar, sentir, estar presente. Fue, como su título indica, un verdadero regalo. 

Marta Justicia Rodríguez

 

UN LIBRO QUE ME HA CAMBIADO LA VIDA: "CRIAR CON SALUD MENTAL"

UN LIBRO QUE ME HA CAMBIADO LA VIDA: "CRIAR CON SALUD MENTAL"

Criar con salud mental de la escritora María Velasco es un libro que habla de la importancia de cuidar la salud mental tanto de los hijos como de los padres. La autora aborda temas tan importantes como las necesidades emocionales que pueden tener los niños, la construcción de apegos seguros o el manejo de conflictos cotidianos en el entorno familiar.

Leí el libro a mediados del año 2024, en un momento importante para mí: acababa de nacer mi hermano pequeño. Mi nuevo hermanito, mis numerosos primos pequeños y mi vocación docente provocaron que me interesara muchísimo. Como hermana y prima, sabía que quería ayudar a que crecieran en un entorno estable y empático y, como futura docente, deseaba que mis futuros alumnos puedan crecer con confianza, amor propio y autoestima.  

Leerlo me generó sentimientos encontrados, me hizo recordar mi infancia y reflexionar sobre cómo me criaron. Me di cuenta de que mi madre, sin saberlo, aplicó varios de los consejos del libro: siempre estuvo atenta a nuestras necesidades emocionales, fomentando un apego seguro que hoy nos permite confiar en ella y ser independientes. Aunque hubo dificultades durante la adolescencia, mis padres hicieron todo lo posible para que mi hermano y yo creciéramos felices, incluso cuando ya no estaban juntos.

Al terminar el libro, lo comente con mi padre y mi tía, a los que, al tener niños pequeños, creí que les vendría bien leer este libro. Nada me gustaría más que mis familiares puedan saber cómo criar a sus niños de la mejor manera posible para que lleguen a ser en el futuro personas seguras y responsables.

La lectura de Criar con salud mental ha tenido un gran impacto en mí. Ya que me hizo replantear las creencias sobre la crianza, valorar más las emociones y priorizar el vínculo con los niños por encima de la obediencia. Me ayudó a poder sanar aspectos personales y a prepararme para ser una adulta y futura madre más consciente y comprensiva con mis hijos.

Ainoha Plasencia Barrantes

LA ROSALÍA

LA ROSALÍA

A veces escuchamos canciones que resuenan en todo el mundo. Las cantamos, conocemos al intérprete, pero no sabemos que hay detrás de ellas.

El Roman de Flamenca es una novela de autor anónimo del siglo XIII, que se desarrolla en Francia. En ella se narra como la bella Flamenca es prometida a Archimbaud en un matrimonio de conveniencia. Por desgracia, cuando la madre de Flamenca informa a Archimbaud de que su hija es deseada por muchos hombres, este, llevado por sus celos, la encierra en una torre. Solo se le permite salir para ir a misa, donde conoce a Guillem, un caballero que quiere rescatarla. Se las ingenian para verse a escondidas y surge el amor. El tema principal de la obra son los celos.

Esta historia, anónima y desconocida, es en la que se basa “El mal querer” (2018), disco de la famosísima cantautora española Rosalía, que ha dado la vuelta al mundo. Todos conocemos alguna de sus canciones, pero quizá ignorábamos que, como muchas otras, vienen de un libro.

CAP. 3. CELOS: PIENSO EN TU MIRÁ

ROMAN FLAMENCA 

CELOS 

Por su gran sufrimiento se retorcía las manos,

y poco le faltaba para romper a llorar.

Y no veía el momento

de ir al encuentro de su mujer

a su habitación para zurrarla

 

Me da miedo cuando sale’

Sonriendo pa’ la calle

Porque todo’ pueden ve’

Los hoyuelitos que te salen 

 

CAP. 8. ÉXTASIS: DI MI NOMBRE

ROMAN FLAMENCA

DI MI NOMBRE

Ojos, boca, manos no cesan,

sino que el uno al otro se besan y se estrechan.

Nada finge uno a otro,

sino que toda duda

ha desaparecido entre ellos,

Y hazme rezar sobre tu cuerpo

y en la esquina de tu cama

y en el último momento

dime mi nombre a la cara

y en el último momento

dime mi nombre a la cara

Miguel Ángel Sanz García

LAS HUELLAS DE MI BIBLIOTECA

LAS HUELLAS DE MI BIBLIOTECA

Una biblioteca es algo muy personal, es un reflejo de nuestra identidad, de nuestros intereses, experiencias y aspiraciones. A través de los libros que poseemos en ella, dejamos huellas de nuestras preocupaciones y momentos vitales. Si en un futuro alguien encontrara mi biblioteca seguramente podría intuir varios aspectos de mi vida.

En mis estanterías algunos géneros destacan de manera evidente, mostrando lo que es de especial interés para mí. Encontramos libros como Ana Karenina de Lev Tolstói, Cumbres borrascosas de Emily Brontë u Orgullo y prejuicio de Jane Austen, que manifiestan mi apreciación hacia los grandes clásicos de la literatura.

Desde la perspectiva profesional, mi biblioteca refleja un interés por la educación y la enseñanza, lo que confirma mi formación en el Doble Grado de Humanidades y Magisterio de Educación Primaria. Novelas como Nada de Carmen Laforet o La ladrona de libros de Markus Zusak, muestran un trasfondo educativo y social, así como mi firme creencia en la literatura como herramienta esencial para la enseñanza y reflexión en el aula. Además, títulos como Una habitación propia de Virginia Woolf, entre otros, manifiestan mi sensibilidad hacia cuestiones de género y mi cierta preocupación por que se realce la importancia de la voz femenina en la literatura, pero sobre todo en la sociedad.

Un género que también me apasiona es el thriller y el misterio; de hecho, ocupa un espacio muy importante en mi biblioteca, destacando a Jöel Dicker, uno de mis escritores favoritos del momento, con libros como La verdad sobre el caso Harry Quebert. Además, encontramos otras obras de misterio como Los renglones torcidos de Dios de Torcuato Luca de Tena, que muestran un gusto por el suspense y la complejidad de la naturaleza humana a través de los giros inesperados y las historias bien construidas.

Por último, la novela histórica también tiene un lugar relevante en mi biblioteca, como se puede observar en títulos como Sin novedad en el frente de Erich Maria Remarque y La enfermera de Auschwitz de Mario Escobar. Estos manifiestan mi curiosidad hacia los acontecimientos del pasado y su impacto trascendental en la humanidad, así como una sensibilidad hacia los relatos de lucha y resiliencia.

En resumen, mi biblioteca personal no muestra simplemente mis gustos literarios, sino que también es un reflejo de mi identidad. A través de sus páginas, se puede distinguir a una estudiante que será futura docente, con inquietudes intelectuales y sus propios valores, los cuales han guiado su vida, y su manera de comprender el mundo. A pesar de que cada persona vive la lectura de una forma distinta, para mí, los libros son mucho más que una simple distracción, son una huella de mi recorrido personal.

Mercedes San Miguel González

¿CRECEMOS PARA LEER O LEEMOS PARA CRECER?

¿CRECEMOS PARA LEER O LEEMOS PARA CRECER?

Leer implica descubrirse a uno mismo, descubrir el mundo que nos rodea a través de la lectura. Leer, casi tanto como respirar, es nuestra función esencial. Desde la antigüedad, la lectura y la escritura han sido fundamentales para la vida. En el Antiguo Egipto, solo una minoría de la población tenía acceso a la alfabetización y los escribas pasaban por un proceso de formación especializado. Así como los escribas egipcios dedicaban años al estudio para dominar la lectura y la escritura, nosotros también crecemos a través de los libros. Desde que somos pequeños, aprendemos a leer para comunicarnos, para entender el mundo que nos rodea y para cumplir con las exigencias de la sociedad.

Sin embargo, hay una pregunta que va más allá de la simple adquisición de esta capacidad: ¿leemos solo porque crecemos y nos vemos en la necesidad de hacerlo, o es la lectura la que nos permite evolucionar, expandir nuestra mente y crecer? Leer no es solo descodificar palabras; es adentrarse en mundos nuevos, cuestionar ideas, conocer otras perspectivas y, sobre todo, desafiar nuestra propia forma de pensar. Los libros nos permiten viajar en el tiempo, explorar universos inalcanzables y comprender realidades distintas a la nuestra.

Cada libro que leemos deja una huella en nuestra mente y en nuestro corazón, moldeando nuestra forma de ver el mundo y de interactuar con él. En la infancia, la lectura suele ser una actividad obligatoria, parte del proceso de aprendizaje escolar. Sin embargo, conforme crecemos, descubrimos que la lectura también puede ser un acto de placer y crecimiento personal. Hay quienes ven los libros como simples herramientas académicas y quienes los consideran puertas a nuevas dimensiones del conocimiento. Leer es como viajar a mundos desconocidos sin necesidad de moverte de tu asiento.

Hemos podido observar que, en los últimos años, ha surgido una tendencia a romantizar la lectura, presentándola como una actividad casi mágica, asociada a imágenes idílicas de lectores con tazas de café, estanterías repletas de libros y momentos de absoluta tranquilidad. Esto hace que quienes no ven la lectura como algo especial se sientan motivados y la disfruten, dejando de verla como una tarea aburrida para convertirla en un momento de aprendizaje y entretenimiento. Hay lectores que, al igual que sus precedentes humanistas, organizan su propio studiolo, un espacio de lectura donde se pueden seleccionar obras o explorar lecturas placenteras, entre otras tareas, y en el que el silencio y la soledad adquieren un valor esencial.

Algo en lo que rara vez nos paramos a pensar, pero que nos define al leer, son las emociones que la lectura nos despierta, como cuando los personajes nos hacen reír o nos transmiten sus deseos sintiéndonos identificados, o cuando nos conmovemos por una trágica historia ante un final inesperado o, simplemente, la satisfacción, o a veces nostalgia, de cerrar las últimas páginas de un libro que anhelabas terminar.

A todos los que me estáis leyendo desde este maravilloso blog, os animo a seguir descubriendo el inmenso poder que tiene la lectura y dejaros descubrir por ella. Que cada libro os inspire, os enseñe y os haga crecer, no solo en el tiempo, sino también en conocimiento. Leer, casi como respirar, es algo natural, esencial y lleno de vida.

Leyla Akalay Acdhi

DISCORDIA POR EL ESPECIAL

DISCORDIA POR EL ESPECIAL

Hoy en día vivimos en una sociedad capitalista en la que el postureo puede más que el interés genuino. Cuando era pequeña era muy ingenua y pensaba que solo había un par de ediciones diferentes de cada libro. Evidentemente, al crecer me di cuenta de que no era así y me chocó mucho que se hicieran tantas ediciones diferentes de algunas obras en la misma editorial. Claro que esto, en su momento, tampoco me parecía un tema de tanta trascendencia.

Sin embargo, últimamente parece que leer se ha vuelto popular. Yo me acuerdo de que cuando estaba en el colegio y me quedaba leyendo en los recreos, el resto de niños me miraban fatal y me llamaban rara o friki. Ahora ya no es así, ahora todo el mundo lee. Y, por desgracia, cuando algo se pone de moda en España, hay gente de más que se sube al carro.

No puede ser que se haya vuelto tan frecuente que de cada libro popular se haga una edición especial. Plataformas como Instagram y TikTok fomentan el coleccionismo y la competencia. En el lanzamiento de un libro hay gente apostada frente a las tiendas horas antes de su apertura, lista para arrasar con las ediciones especiales (e ignorar las normales) en cuestión de horas. No puede ser que haya personas que, con toda la ilusión, hayan buscado la edición especial y no solo se encuentren con que está agotada, sino que, encima, vean cómo estas son revendidas en plataformas como Wallapop y Vinted a precios desorbitados.

Este fenómeno ocurre con infinidad de libros, entre ellos los que aparecen en la foto. Son los tres primeros tomos de la saga Empíreo de Rebecca Yarros, titulados Alas de Sangre, Alas de hierro y Alas de Ónix. Son ediciones especiales y la única diferencia entre estas y las ediciones normales de tapa dura son los cantos. Donde en una edición normal vemos el blanco de las hojas, en las ediciones especiales tenemos los cantos de colores y decorados con siluetas de dragones. Por este pequeño (aunque bonito) detalle, hay gente peleándose por el último ejemplar, o vendiendo una sola de estas ediciones por 50, 70 o 150 €. Las dinámicas de las ofertas no son ajenas al mundo del libro: en el caso de comprar dos, puedes encontrarlos por 200 €, mientras que, si deseas adquirir los tres, he llegado a verlos por más de 400 €.

Estos libros, cuyo precio de 25 € en la tienda yo ya consideraba caro, se vuelven totalmente inaccesibles en la reventa. Este fenómeno es muy curioso, porque solo pasa en España. En Italia, el mismo libro podría costar, en un formato caro, sobre 18 €, mientras que en nuestro país estos productos se encarecen por encima de la media de Europa, principalmente por la protección de los valores culturales del mercado del libro.

Personalmente creo es una lástima que para algunas personas las ediciones se hayan convertido únicamente en un producto de compraventa y que solo se valoren en función de cuánto dinero de ellas se pueda sacar. Es una pena, porque, para mí (y para muchos otros), relajarse y leer un buen libro es un grandísimo placer que, por los precios desorbitados de los últimos tiempos, no todo el mundo puede permitirse.

Carla Palacios

 

¿A QUIÉN NOS DIRIGIMOS CUANDO ESCRIBIMOS UN DIARIO?

¿A QUIÉN NOS DIRIGIMOS CUANDO ESCRIBIMOS UN DIARIO?

Hace un tiempo, mi familia y yo nos reunimos para celebrar el cumpleaños de mi primo. Le regalaron un cuaderno precioso, de tapa dura, con una portada decorada con motivos vintage, para que lo usara como diario. Él agradeció el obsequio, pues le encanta escribir (siempre dice que de mayor quiere publicar un libro), pero después de dar las gracias, dijo que el cuaderno era demasiado bonito: “total, en cuanto empiece a escribir en él, no voy a permitir que nadie lo vea”, añadió. 

Esto último se me quedó grabado en la cabeza toda la tarde. ¿Para qué escribe o para quién escribe mi primo en su diario? Al intentar dar respuesta a esta pregunta, una se encuentra primero reflexionando sobre sus propias experiencias. Por desgracia, esto no resultó fructífero en mi caso: a pesar de los múltiples intentos a lo largo de mi vida por empezar un diario, nunca he sido capaz de llevarlo a cabo durante más de tres días seguidos. Al comentarlo con más personas, me di cuenta de que esta es la experiencia general cuando se trata de redactar las propias memorias. Y es que, para la mayoría de la gente, escribir algo que nadie va a leer (a menudo, ni siquiera nosotros mismos) resulta un tanto absurdo.

Probablemente haya gente cuya opinión entre en conflicto con la afirmación anterior. Con ella, para nada se pretenden negar los beneficios terapéuticos que llevar un diario pueda tener. No obstante, para muchas personas, una característica intrínseca de lo escrito es su función última de ser leído. Si un texto no se lee, entonces carece de sentido.

Algo parecido se creía ya en la Antigüedad clásica, época en la que se tenía la concepción de que las producciones escritas cobraban vida únicamente cuando eran leídas. Esa lectura, además, se solía realizar en voz alta, pues la lectura en silencio se hacía complicada con un idioma como es el griego antiguo, escrito sin espacios ni pausas mediante la scriptio continua. Esta noción del texto otorgó al mismo un carácter “mágico”, en tanto en cuanto el propio objeto que contuviera el escrito debía “apoderarse” de quien lo leyera para convertirse así en algo, hasta cierto punto, animado (creencia de la que viene el concepto de los llamados objetos parlantes).

Hoy en día, hay algunos ejemplos que demuestran que esta concepción antigua no se ha perdido del todo. Uno de los más sonados, que seguro a más de un lector le viene a la cabeza, es el Diario de Tom Riddle, objeto clave en la famosa saga de literatura infantil Harry Potter, que consiste precisamente en un diario que adquiere vida a medida que es leído por otra persona. No es este, ni mucho menos, el único ejemplo. En la época contemporánea existen otros muchos diarios, tanto reales como ficticios, que demuestran que las memorias pueden tener un sentido más trascendental: el subversivo o político. Es el caso del famosísimo Diario de Ana Frank, o el cuaderno en el que hace sus anotaciones el protagonista de 1984, Winston. En esta obra, George Orwell expone de manera clara el poder que pueden tener los pensamientos y, por ende, los escritos que de ellos surgen (aunque sean, supuestamente, solo para nuestra vida privada). En este caso, en su diario el protagonista apela directamente a las personas del futuro que puedan llegar a leer lo que escribe, utilizándolo como una forma de comunicación con generaciones venideras.

Estos ejemplos demuestran que, quizás, no sea cierto que escribamos solo para el momento presente. Tal vez, cuando escribimos en nuestros diarios, tenemos, en el fondo, el anhelo de que nuestras historias sean descubiertas por alguien en el futuro o, incluso, por una versión mayor de nosotros mismos en un momento de reminiscencia. A lo mejor esperamos que, de algún modo, el paso del tiempo otorgue a nuestras memorias, que desde el presente nos parecen deslavazadas, una consistencia mayor. Pero, para ello, alguien tiene que leerlas.

Andrea Sánchez García

ADICTOS AL "TRUE CRIME"

ADICTOS AL "TRUE CRIME"

En esta era del entretenimiento digital nos encontramos con el auge imparable de las series de true crime, aquellas que nos sumergen en los entresijos de los delitos reales más espeluznantes. Desde documentales como Conversaciones con asesinosLas cintas de Ted Bundy, hasta la actual serie El caso Asunta, pasando por distintos podcasts, estas producciones han capturado la atención del gran público, generando debates, teorías y una imparable necesidad de conocer más sobre los oscuros recovecos de la mente criminal.

Pero ¿qué es lo que nos atrae tanto de estas narraciones? La respuesta podría encontrarse en nuestra propia historia como seres humanos. Antes de la era de Netflix y los podcasts de true crime, existían unos escritos de temática similar que cautivaban a las masas: las coplas de ciego, que, a su vez, formaban parte del género conocido como literatura de cordel.

Las coplas de ciego eran relatos populares impresos en pequeños folletos y vendidos en las calles, que narraban crímenes reales, tragedias y sucesos sensacionales. Así como las series de true crime nos sumergen en los detalles más íntimos de los crímenes contemporáneos, las coplas de ciego ofrecían una ventana al lado oscuro de la sociedad en épocas pasadas. Se llegó, incluso a hacer adaptaciones de algunos de estos textos. ¿Quién no conoce la obra Bodas de Sangre de Federico García Lorca inspirada en el crimen de Níjar de 1928?

Pero esto no es todo, la conexión entre las series de true crime y las coplas de ciego va más allá de la temática compartida. Ambas formas de narrativa exploran la psicología humana, examinando las motivaciones detrás de los actos más atroces y, en muchos casos, dando lecciones de moralidad al receptor. Además, este tipo de relatos satisfacen una necesidad innata en las personas de acceder a narrativas impactantes y emocionantes, incluso morbosas. Desde tiempos inmemoriales, los seres humanos hemos buscado historias que nos hagan reflexionar sobre nuestra propia condición, que nos mantengan al borde del asiento y que nos dejen con un sinfín de preguntas sin respuesta. Compartimos el deseo de entender lo inexplicable, de adentrarnos en lo desconocido y de encontrar un sentido en el caos que nos rodea.

Así que, mientras nos sumergimos en la última temporada de nuestra serie de true crime favorita, o mientras hojeamos una antigua copla de ciego, recordemos que, en última instancia, somos aficionados a la exploración de la condición humana en todas sus facetas, incluso las más oscuras y perturbadoras. Y quizás, a través de estas historias, podamos arrojar un poco de luz sobre los rincones más sombríos de nuestra propia existencia.

Por último, pero no menos importante, para aquellos interesados en explorar más sobre las coplas de ciego y su impacto cultural, recomiendo el libro Ensayo sobre Literatura de Cordel de Julio Caro Baroja, una obra fundamental que arroja luz sobre esta fascinante forma de narrativa popular.

Teresa Trinidad

"EL LECTOR": MEMORIA HISTÓRICA, ANALFABETISMO Y LECTURA

"EL LECTOR": MEMORIA HISTÓRICA, ANALFABETISMO Y LECTURA

En 2008 se estrenó El lector, una película dirigida por Stephen Daldry basada en la novela homónima del escritor Bernhard Schlink.

Ambientada en la Alemania de la posguerra, se trata de una cinta realmente interesante no solo por el contexto histórico en el que se desarrolla su trama, sino también por explorar temas y emociones tan profundas y universales como la culpa, la vergüenza o el secreto a través de una conmovedora y trágica historia de amor, la de sus protagonistas, Michael Berg y Hanna Schmitz.

Daldry nos narra la vida de Michael en varias etapas, comenzando en 1958, cuando es un estudiante de Derecho. En este momento es cuando entabla contacto con Hanna, una mujer misteriosa y considerablemente mayor que él. Durante su breve pero intensa relación, Michael descubre que Hanna disfruta enormemente cuando él le lee en voz alta, lo que se acaba convirtiendo en un ritual entre ellos. Sin embargo, todo lo que juntos (y al margen del mundo real) han construido termina abruptamente cuando Hanna desaparece sin dejar rastro.

Años después, cuando Michael está realizando las prácticas de su carrera, debe asistir a un juicio y ve a Hanna entre los acusados. Al parecer, Hannah había trabajado como guardiana en un campo de concentración nazi. A lo largo del juicio, Michael descubre que es analfabeta, lo que, sin duda, podría haber cambiado la sentencia, ya que su incapacidad para leer y escribir le eximen, en cierto modo, de haber participado consciente y voluntariamente en los crímenes del nazismo de los cuales se le acusa. Hanna carga con la culpa, a pesar de que se demuestra que no sabe leer cuando se le entregan como prueba y se le pide que los lea en voz alta unos informes que supuestamente ella misma había redactado ordenando la ejecución de varios prisioneros.

El lector revela, como lo hacen pocas películas recientes, la importancia de la lectura y parte de la historia de esta. Resulta conmovedor ver cómo en un momento en el que la propaganda nazi lo inundaba todo, ocultaba información, censuraba libros, perseguía a intelectuales, quemaba bibliotecas e impedía el progreso de la sociedad alemana y casi del mundo entero, leer fue un arma de resistencia clave para miles de personas y el único medio de conocer la verdad.

La atención que se presta al analfabetismo va más allá de la denuncia del acceso desigual a la cultura entre hombres y mujeres, o entre clases sociales, que ha existido a lo largo de la historia, pues ser analfabeto en esta película representa mucho más que la falta de habilidad para leer o escribir, simboliza una barrera emocional y ética que impide a los personajes enfrentarse a su pasado y también a ellos mismos.

Por otro lado, El lector nos permite reflexionar en torno a los modos en los que se puede leer, incluso sin estar alfabetizado o, dicho de otro modo, a la inmensidad de tipos de lectores que existen. Hannah es analfabeta, pero lee escuchando leer a Michael. Asimismo, el acto de leer se nos muestra como un acto íntimo, capaz de unir a dos personas completamente distintas por su edad, su nivel sociocultural, sus ideas, sus aspiraciones, etc., y al tiempo como un acto de poder, pues quedan expuestas y a la vista de todos las barreras que el analfabetismo impone en la vida de Hanna, afectando este a sus decisiones morales y a las consecuencias legales de sus actuaciones, y también a su manera de entender el amor, de amar y de ser amada.

Finalmente, El lector aborda de una manera tan magistral como delicada la complejidad de la memoria histórica, mostrando cómo las generaciones posteriores al Holocausto han luchado y luchan por comprender tal horror y porque se haga justicia. En esto, la cultura escrita juega también un papel fundamental. Hace falta saber leer e interpretar los documentos conservados para evitar versiones únicas de la historia y llegar a la verdad, y hace falta preservar los recuerdos de las víctimas y honrar su memoria inscribiéndola en placas, monumentos, etc., que reparen el daño sufrido y dignifiquen sus nombres. A ello contribuye, sin duda, esta extraordinaria película que todos/as deberíamos ver.

Paula Manzanero Marcos

LEER EN PAPEL

LEER EN PAPEL

En nuestra era digitalizada, rodeados como estamos constantemente de pantallas iluminadas, es fácil olvidarse de la belleza de adentrarse en las páginas de un libro impreso y de las sensaciones que de ello se desprenden. Sentir el peso del libro en las manos, el olor del papel (nuevo o viejo), de su suavidad o de su aspereza, de la emoción de abrir y cerrar el soporte, escuchar el paso de una página a otra, de anotar en los márgenes o en el interlineado aquello que nos viene a la mente al leer, de marcar con un punto de lectura (sea cual sea este) el lugar por el que hemos de proseguir esta… En este mundo tan cambiante, tan ruidoso, tan agitado, tan líquido e inmaterial, leer en papel es algo que debemos reivindicar y practicar.

La lectura es una experiencia intelectual y sensorial, y ese proceso físico que leer implica cuando tenemos ante nosotros un libro impreso dota de significado también a la misma y nos permite comprender su milenaria historia, que no es sino la historia de todos los lectores, desde los que por vez primera pasaron las páginas de los códices del Imperio romano hasta los que gustan de buscar entre las estanterías de las librerías o los anaqueles de las bibliotecas hoy los libros que se sumarán a su bagaje personal y/o profesional.  

Frente a la lectura que realizamos en los ordenadores y los dispositivos electrónicos, la  lectura en papel nos aleja de las abundantes y repetitivas distracciones modernas y de la celeridad del mundo digital. Leer en papel es un acto que nunca podrá imitar la tecnología, porque no hay refugio sereno o cálido tras una fría y movediza pantalla; solo lo hay y podrá haberlo en las páginas de los libros, en donde el bullicio o el caos no tienen cabida, y entre las que resulta posible evadirse de las realidades (también de las virtuales) y encontrarnos con nosotros/as mismos.

Lucía Guerrero Ávila

LECTURA CON PATAS: NUESTROS AMIGOS CANINOS NOS AYUDAN A LEER

LECTURA CON PATAS: NUESTROS AMIGOS CANINOS NOS AYUDAN A LEER

En 1973, Pierre Bourdieu y Jean-Claude Passeron acuñaron en su libro La reproducción el concepto de “capital cultural”, entendido como la acumulación y transmisión de saberes, símbolos y lenguaje, mediante diversos agentes, entre los que destaca el núcleo familiar. Pese a la importancia que le otorgan a la familia, los autores consideran que esta no determina por completo el capital cultural de una persona, sino que es esta misma la que puede desarrollarlo a lo largo de su existencia a partir de las decisiones que tome, de las relaciones que teja o de las vivencias que atesore.

Cada niño, al iniciar su etapa escolar, ya lleva consigo sus saberes y experiencias, y, evidentemente, estos son únicos y distintos a los de los demás compañeros de clase. Los niños y adolescentes que tienen un capital cultural bajo son más vulnerables y necesitan de una mayor atención y ayuda. Todo esto tiene su reflejo, por ejemplo, en su contacto con los libros, sus hábitos de lectura o su comprensión lectora. Son numerosos los programas que existen que tratan de fortalecer ese nexo con los libros y la lectura o que animan a leer a estos niños y jóvenes, y que consiguen que ninguno se quede atrás. Muchos de estos programas se desarrollan a través de la música, como el proyecto #LunáTICos, están aquellos que se promueven a gran escala, como los financiados por el Ministerio de Cultura y Deporte, tales como #LecturaInfinita, y también los hay que resultan ser completamente originales y que surgen de iniciativas particulares, como el de Reading Education Assitance Dogs (READ) España, “Perros y Letras”, del que trata este post (https://www.perrosyletras.com/). 

Se trata este de un programa que cuenta ya con unos cuantos años a sus espaldas, pues nació en 1999 en Estados Unidos gracias a una organización llamada Intermountain Therapy Animals (ITA), cuyo objetivo es contribuir a mejorar la vida de las personas a través de la interacción con los animales. Entre sus actividades, la de desarrollar o fortalecer las habilidades lectoras con la ayuda de perros adiestrados que leen con quienes participan en el mismo es una de las que más difusión han tenido a nivel internacional, estando presente y practicándose hoy en múltiples países del mundo, como Australia, Sudáfrica, Canadá, Alemania, Francia, Italia y España.

Aunque “Perros y Letras” se dirige sobre todo a la infancia y a la adolescencia, también está pensado para la tercera edad. Se divide, por ello, en dos proyectos, “Mayores muy conectados” y “Leer para crecer en igualdad”. Este último no solo está enfocado en niños y adolescentes en situaciones vulnerables, sino que también atiende a otros alumnos con necesidades educativas especiales.

Ambos proyectos tienen una regularidad semanal, pero divergen en los espacios en los que se llevan a cabo. Aunque no es extraño encontrarlos en bibliotecas, librerías, centros sociales y culturales dependientes de las municipalidades, fundaciones de diferente tipo o centros de ocio, como, por ejemplo, Micropolix (San Sebastián de los Reyes, Madrid), lo habitual es que tengan lugar en residencias de mayores, en el caso de “Mayores muy conectados”, o en los colegios e institutos que lo solicitan, en el de “Leer para crecer en igualdad”.

Los centros educativos participantes destacan la gran mejora de los niños y jóvenes que el programa consigue en diversos aspectos, como el ritmo de lectura en voz alta, el nivel de comprensión de lo que leen, el incremento en el interés y, por ende, en la motivación hacia la lectura, en particular, y el estudio, en general, o el aumento en la seguridad y la confianza en sí mismos, lo que repercute satisfactoriamente en su grado de socialización.

“Perros y Letras” tiene especial éxito entre los más pequeños porque, además de compartir tiempo con su compañero “peludo” de lectura, este no les juzga y, cuando cometen algún error o se trastabillan, solo les mueve la pata para que se den cuenta de ello y, acto seguido, les dedican una mirada bonachona y complaciente.

Por su parte, las familias están encantadas de que sus hijos lean y de que la lectura constituya para ellos una terapia tan eficaz. También resaltan la excelente conducta de los perros y la alegría que estos despiertan en los niños, ya que ese día de la semana van mucho más contentos al cole porque saben que podrán pasar un rato con ellos. Les acaban cogiendo mucho cariño y aprenden a comprenderlos y a cuidarlos.

Obviamente, todas las iniciativas que conduzcan a la adquisición del hábito lector y que aumenten el amor por la lectura siempre van a ser más que bienvenidas. En el caso de “Perros y Letras” lo es con mayor motivo si cabe, porque no solo revierte en igualar las oportunidades de futuro del alumnado y en mejorar su rendimiento académico, independientemente de su situación socioeconómica y de sus problemas o necesidades concretas, sino que, además, fomenta el respeto hacia los animales. No es de extrañar, por tanto, que hayan sido numerosos los reconocimientos que READ España ha tenido, entre ellos el Premio a la Innovación Social que en 2018 le otorgó la Obra Social de “La Caixa”.

Irene Peñalver Sanz

¿ES LA MÚSICA POESÍA O LA POESÍA ES MÚSICA?

¿ES LA MÚSICA POESÍA O LA POESÍA ES MÚSICA?

La música se ha considerado a lo largo de la historia algo distinto a la literatura, como otra arte, como otra forma de expresión. Sin embargo, ha estado siempre ligada, como esta, a la tradición y a la cultura, facilitando la comunicación y contribuyendo a la socialización del ser humano. Es bien sabido que un poema leído o recitado no es recordado igual que un poema cantado; el ritmo y la melodía juegan un papel crucial para la memoria. De esta forma, han sido muchos los poemas que han llegado a nuestros días gracias al acompañamiento de la música, o a su musicalización, sin la necesidad de que nuestros ancestros tuviesen las facultades de la lectura y/o de la escritura. De hecho, la palabra utilizada como símil de poesía lírica alude directamente al instrumento de la lira, bien conocido en la Antigüedad como aliado de los aedos y ampliamente usado en la Edad Media por juglares y poetas para acompañar a la recitación de los versos.

Tanto en la Grecia antigua como en el periodo medieval (y no solo) la música era indispensable para la danza, el teatro y la poesía. Así, cuando no se podía expresar con las palabras todo lo que se necesitaba, era la música lo que ayudaba a alcanzar ese objetivo. Esta es una honrosa función que ha mantenido hasta nuestros días, donde las notas son capaces de provocarnos y hacernos comprender sentimientos que las letras no pueden muchas veces trasladarnos o explicar.

Cabe pensar que, como muchos críticos literarios afirman que está ocurriendo con la literatura, no tengamos hoy obras musicales de la talla de Imagine de John Lennon, Nací en el Mediterráneo de Joan Manuel Serrat, La vie en Rose de Édith Piaf, etc., por no hablar de las creadas por los grandes compositores “clásicos”. Hoy en día las letras de las canciones no “se sujetan” por sí mismas. Y sí, es cierto esto en parte. Existen numerosas canciones con rimas fáciles, sin muchos artificios compositivos y que simplemente están destinadas a divertir a quien las escucha, rozando la ridiculez.

Es llamativo, sin embargo, que esta crítica relacionada con la falta de calidad o de profundidad se dirija fundamentalmente a la música contemporánea, hacia géneros como el pop o el reguetón. Hay, incluso, quienes se refieren a ellos como la “decadencia de la música”. Pero esta forma de componer no es en absoluto nueva, siempre ha existido. Por no irnos muy lejos en el tiempo, pensemos, por ejemplo, en el Dj Chimo Bayo y su exitoso Así me gustan a mí que tantas pasiones desató en la España de la década de los 80.

Contrariamente, nuestra generación presenta grandes letristas, como es el caso de Taylor Swift, una de las cantantes más aclamadas de las últimas dos décadas. En la obra de Swift encontramos álbumes ensalzados por los más entendidos debido a su complejidad lírica, como es el caso de su octavo disco, Folklore, donde apela al recuerdo de esas historias y de esas personas -sus fatídicos amores- que no quiere olvidar o que se olviden. Este disco, al que luego siguió Evermore, con la misma estética, muestra cómo los jóvenes actualmente no estamos tan alejados de la literatura como muchos se creen y vuelve a poner sobre la mesa el debate de si la composición musical debe ser concebida o no como una composición literaria o, dicho de otro modo, si escuchar una canción es o puede ser como leer un texto.

¿Leer un disco es leer poesía? Pues en muchos de los casos me atrevería a afirmar que sí lo es. Algo de verdad debe de haber en esta afirmación porque si no, es evidente que no tendríamos a Bod Dylan con un Premio Nobel de Literatura en la estantería de su casa. Pese a que la música siempre ha estado ligada a la poesía, hoy en día las tornas han cambiado, y nos encontramos justamente con el caso contrario, que la poesía está vinculada a la música o que poesía y música son (o pueden ser) una o la misma cosa. No toda la música que consumen los jóvenes es necesariamente mala, hay muchos, en los que me incluyo, a quienes nos gusta leer complejidades compositivas. Hoy en día, la música es una de las principales fuentes de transmisión cultural con la que contamos, como antiguamente pudieron serlo otras artes. Dejémonos llevar por el sentimiento y permitamos que cada persona decida qué género musical quiere escuchar, de la misma manera que lo que importa es leer y no lo que leemos. Al fin y al cabo, en la diversidad está la riqueza.

Diego Torrero Vadillo

LA GENERACIÓN "Z" SÍ QUE LEE. SOBRE LA SUPUESTA PÉRDIDA DEL HÁBITO DE LECTURA EN LOS JÓVENES

LA GENERACIÓN "Z" SÍ QUE LEE. SOBRE LA SUPUESTA PÉRDIDA DEL HÁBITO DE LECTURA EN LOS JÓVENES

Durante mis años como lectora algo que no he parado de escuchar es cómo los jóvenes ya no tenemos interés en leer, porque las nuevas tecnologías se han llevado toda nuestra atención. He visto como mi generación, la llamada generación “Z”, era tachada de ignorante, de poco curiosa, de pasota y desinformada. Sin embargo, frente a esta lluvia de críticas, leyendo el otro día eldiario.es me encontré con una noticia de Mariona Jerez, titulada “La literatura tiene futuro entre la generación Z: Hay una comunidad enorme de lectores y escritores jóvenes”, respaldada por datos y estadísticas actuales, que nos muestra que un elevado porcentaje de la juventud (casi un 75% según el Informe de hábitos de lectura y compra de libros de la Federación de Gremios de Escritores de España) lee en su tiempo libre: https://www.eldiario.es/catalunya/literatura-futuro-generacion-z-hay-comunidad-enorme-lectores-escritores-jovenes_1_11303486.html

Como podemos ver, sí que hay, por tanto, un gran grupo lector joven en la actualidad, pero lo que pasa es que, a nosotros, los jóvenes, nos han intentado obligar a lo largo de nuestro proceso educativo a leer libros que no nos interesaban. ¿Alguien pensó alguna vez en preguntar a los niños y adolescentes qué querían leer? A más de uno le resultará familiar el momento en el que el o la docente entraba en clase y sin preguntar o explicar nada te mandaba de lectura obligatoria un libro que a ti como joven ni te iba ni te venía, propiciando que le cogieras animadversión al hecho mismo de leer.

Entonces, ¿qué leemos los jóvenes de hoy? Pues leemos de todo. Si bien es verdad que las novelas de fantasía o ciencia-ficción son, entre los adolescentes, las que más éxito tienen, muchos se sorprenderían al ver cómo los de tratados filosóficos o los libros de poesía se agotan con facilidad, porque también los compramos quienes se supone que no leemos. Leemos de todo porque elegimos qué leer, no hay una imposición. Si hay algo que caracteriza a la juventud es que no le gustan las imposiciones. Por ello lanzo desde aquí una propuesta muy fácil de llevar a las escuelas y centros escolares: en vez de que los y las docentes elijan los libros que su alumnado ha de leer, les pido que hablen con sus alumnos y alumnas sobre sus preocupaciones, intereses y sueños, y que, en función de ello, les ofrezcan una lista de libros que se ajusten a ellos, además de que, si corresponde, puedan aceptar propuestas de los propios estudiantes, que pueden ser igual de útiles e interesantes que las suyas.

Como conclusión final, quisiera decir que los grupos literarios que se generan en torno a las redes sociales, como Booktok o los Booktubers, son el foco donde miles de lectores, de edades parecidas, se juntan para discutir obras y sagas que han despertado en ellos pasiones. Son lugares, aunque virtuales, donde podemos ver a ese alto porcentaje del que habla el artículo de Mariona Jerez interactuando a partir de sus lecturas, y que demuestra que los jóvenes lectores estamos aquí, que sí que leemos y que, incluso, lo hacemos mucho más que nuestros padres. Con una mejora del ánimo a la lectura en la escuela, podemos llegar a ser todavía más los jóvenes lectores y asegurar que las generaciones venideras desarrollen un genuino interés por la lectura, manteniendo así vivo uno de los hábitos más bonitos y saludables que hemos desarrollado como sociedad a lo largo de nuestra milenaria historia.

Paula González Guerra

El movimiento Riot Grrl y los fanzines

El movimiento Riot Grrl y los fanzines

El movimiento Riot Grrl nace en la década de los 90. Es un movimiento feminista, punk y anticapitalista que surge gracias a varias jóvenes feministas en Estados Unidos.

Aunque el punk había nacido en los años 70, la música punk rock todavía estaba en pleno auge en los 90. El punk fue y es un movimiento contracultural que se caracteriza por su actitud desafiante ante distintos aspectos de la sociedad. Lucha por la igualdad y por la abolición de las jerarquías; es la identidad de la ira y la rebelión. Sin embargo, hay un tema que los cantantes y grupos punks, mayoritariamente formados por hombres, no se atrevieron a cuestionar: la desigualdad de género. Podría pensarse que, ya que la esencia de la filosofía punk es rebelarse contra el orden establecido, este iría de la mano del feminismo. No obstante, si hablamos de la escena musical, apenas se hacía mención de esta lucha, y tampoco se observaba gran esfuerzo por parte de los hombres para incluir a las mujeres que, como siempre, eran vistas como meras espectadoras.

Es en este contexto cuando, en los años 90, grupos de chicas jóvenes comienzan a organizarse para generar conciencia feminista, y son ellas mismas las que forman sus propios grupos de música punk para transmitir su mensaje. Toda esta actividad tuvo lugar gracias a un sentimiento de comunidad fuertemente vinculado al mundo de la cultura, pues actuaban desde la filosofía del DIY, una de sus principales señas de identidad (Do It Yourself = Hazlo tú mismo). Entre otras cosas, se creaban exposiciones de arte, clubs de lectura, reuniones de militancia política…Pero lo más importante para nosotras hoy es la relevancia que los fanzines tuvieron en este movimiento.

Un fanzine es una autopublicación de tema libre, en la que no existen la censura ni la presión de tener que apegarse a criterios específicos de las editoriales comerciales. Suelen ser revistas con tiraje limitado, a menudo publicadas con métodos de impresión económicos y rudimentarios, y son los/as creadores/as de los fanzines quiénes trabajan en todos los aspectos de la publicación: tanto en el diseño como en la distribución. El término “fanzine” proviene de los términos “fan” y “magazine” y está asociado a creaciones realizadas por entusiastas del arte, la música, la cultura… y a impresiones realizadas con el objetivo de difundir ideas políticas. Aunque el género de los fanzines apareció muchas décadas antes, a partir de los años sesenta comenzó a adoptar temas políticos y de protesta.

Los fanzines desempeñaron un papel fundamental en el movimiento Riot Grrl, pues es el medio que las chicas usaron para dejar por escrito sus ideas y difundirlas. Si reflexionamos sobre lo que hemos estudiado este año, creo que hay temas muy relevantes que podemos conectar con todo esto. Por ejemplo, sabemos que durante la mayor parte de la historia de la humanidad, la lectura de las mujeres estaba prohibida o controlada, ya que existía el miedo de que aprendiesen a pensar por sí mismas o de que la información del exterior generase ideas en ellas que fuesen en contra de los roles que se les habían asignado. También me parece importante el tema de la censura en la lectura, que ocurre desde los tiempos de Augusto y que sigue ocurriendo hoy en día. La existencia de la censura es una muestra de la conciencia del poder que tiene la palabra escrita, pues si surge la necesidad de censurar obras que desafían las ideologías establecidas, es porque se sabe que pueden generar y difundir pensamientos diferentes, de manera que los libros se convierten en armas peligrosas.

Creo que es esencial relacionar todo esto con el surgimiento de los nuevos lectores del siglo XIX y con la lectura militante de los proletarios, que crearon su propia cultura lectora e hicieron de la lectura una vía de formación para conseguir la emancipación de la ignorancia y de la dependencia. El punk feminista tuvo lugar en una época y en un contexto en que las mujeres tenían acceso a la palabra escrita y les fue posible propagar sus ideas y pensamientos. Es por todo esto que considero fundamental el papel de los fanzines en la historia del feminismo y de la lectura.

Laura Muñoz Félix

Top 3 libros que recomiendo para niños de Primaria, ESO y más allá (desde el punto de vista de una futura docente)

Top 3 libros que recomiendo para niños de Primaria, ESO y más allá (desde el punto de vista de una futura docente)

Este post está destinado a aquellos/as interesados en la labor docente y en la lectura infantil. Los libros son una herramienta pedagógica muy importante para la educación, con ella los niños/as (y no tan niños) desarrollan su imaginación, aprenden vocabulario, conocen el mundo que les rodea, les ayuda a su concentración y aumentan sus conocimientos y su cultura. Por todo ello, os voy a recomendar libros adecuados a distintas etapas del desarrollo infantil y que nos van a permitir acercar a los niños/as al maravilloso mundo de la lectura.

 

El principito, de Antoine de Saint-Exupéry

¿De qué trata El Principito?

Esta historia trata de un aviador que, durante un trayecto, sufre una avería y cae en un desierto, donde conoce a un niño, El principito, que dice ser de un planeta muy diminuto, el asteroide B-612. Poco a poco el niño narra diversas aventuras que ha ido viviendo a lo largo del universo, en las que conoce a personajes tan peculiares como el rey vanidoso, el hombre de negocios, el bebedor, el farolero y el geógrafo, pero en ninguno de esos planetas encuentra amigos como en la tierra.

¿Por qué recomiendo esta obra?

Es una obra que reflexiona acerca de valores como la amistad, el amor, la inocencia, la empatía… y además, es una obra que cuenta con distintas ilustraciones del propio autor que pueden llamar la atención de los más pequeños/as. Asimismo, fomenta la imaginación infantil y les enseña a valorar tanto las pequeñas cosas, como el gran mundo que les rodea. Por tanto, es una obra cargada de valores positivos, que no solo puede ser disfrutada por los niños/as, sino también por el resto de la familia.

¿A quién está destinada?

Esta obra está destinada a niños/as de a partir de los 10 años hasta la edad adulta, puesto que es una obra en la que hay algunas ideas que requieren de un cierto grado de madurez y de capacidad de reflexión.

 

Las venas de la Montaña Negra, de Alfredo Gómez Cerdá

¿De qué trata Las venas de la Montaña Negra?

Nuestros dos protagonistas, Nico y Marga, están en Machu Picchu cumpliendo uno de sus viajes soñados. Allí, encuentran a un niño aparentemente vagabundo llamado Eric Modesto recogiendo algunas monedas de los turistas. Poco a poco la pareja de amigos se interesa por la vida de este joven, lo que les llevará hasta una mafia que utiliza a niños para que trabajen en la mina.

¿Por qué recomiendo esta obra?

Es una obra que va a permitir a los niños/as descubrir y reflexionar acerca de las distintas realidades de nuestro mundo. Con él van a ver que no todos los niños/as están en su misma situación acomodada, por lo que van a ser más empáticos y valorarán en mayor medida su entorno.

¿A quién está destinada?

Es una obra sencilla de leer, aunque no se caracteriza especialmente por sus ilustraciones, debido a que cuenta más bien con pocas. He de añadir que es una obra que en cierta parte les va a acercar a la lectura más adulta, por tanto, la recomiendo a partir de los 11 o 13 años.

 

La cala del muerto, de Lauren St John

¿De qué trata La cala del muerto?

Laura, que es una adolescente huérfana que recibe la noticia de que por fin va a poder abandonar el orfanato e irse a vivir con su tío a Cornualles. Allí, dado que es una amante de los libros de espías, descubre que un niño del condado no tiene una situación fácil y que su tío realmente oculta algo.

¿Por qué recomiendo esta obra?

Es una obra cargada de valores como la amistad, aventura, protección de los derechos infantiles… Además, al igual que la anterior, esta obra va a permitir a los niños/as descubrir, desde el punto de vista de una niña muy curiosa, que no todos los niños/as están en la misma situación que ellos, y que los misterios no esconden siempre algo positivo.

¿A quién está destinada?

Esta obra está destinada a niños de entre 8 y 9 años, puesto que aún no es extremadamente adulta, pero se aleja poco a poco del género más infantil.

Espero que este post te haya gustado, y que valores estos libros como futuras opciones de lectura para tus pequeños y pequeñas.

Lucía Barrajón Cabrera

El desarrollo de la enseñanza de la lectura

El desarrollo de la enseñanza de la lectura

La historia de la lectura ha presentado cambios a lo largo de los siglos, evolucionando a la par que lo hacían los sistemas educativos y el aprendizaje de la lectura y de la escritura. En el pasado, la enseñanza en general, y en especial la de la lectura, se basaba en la repetición. Principalmente se enseñaba a memorizar palabras y su respectivo significado en lugar de diseccionarlas y enseñar a comprender. Hoy en día, se emplea para la alfabetización infantil el llamado método fonético, un sistema que permite que los/as estudiantes reconozcan los sonidos de las letras y sus posibles combinaciones. Para poder leer con fluidez es necesario que primero se comprenda lo que están leyendo, por lo que tener una base fonética es fundamental. De igual manera, la enseñanza de la lectura actualmente es explícita, por lo que se proporciona una instrucción clara y estructurada que se enfoca en los componentes críticos del lenguaje. Dentro de esto, incluimos la enseñanza de las habilidades necesarias para leer y comprender, como la identificación de palabras o la identificación y la comprensión del significado y de las estructuras de las oraciones y párrafos.

Hoy en día, la comprensión es fundamental, por lo que la enseñanza de la lectura se enfoca en ella. En el pasado, la lectura se basaba en la identificación de palabras, pero no es solo eso, sino que hay que comprender lo que estamos leyendo. Por lo que los maestros enfatizan en la importancia de enseñar estrategias de comprensión, como hacer inferencias, hacer conexiones entre lo que se lee y la experiencia del lector/a e identificar la estructura de un texto. Además, a través de esta comprensión estamos enseñando a tener criterio propio sobre lo que se está leyendo.

En este sentido, uno de los grandes avances de este proceso es la enseñanza diferenciada. Actualmente, la enseñanza de la lectura se adapta a las necesidades individuales de los/as estudiantes, de modo que los maestros/as están formados para disponer de estrategias que les habiliten a ajustar el contenido que deben impartir en función de su alumnado, para satisfacer así las necesidades específicas de cada uno/a de ellos/as. Dentro de estos recursos se puede incluir la proporción de instrucción adicional a los alumnos/as que lo necesiten o desafíos adicionales para motivarles.

En suma, considero que la enseñanza de la lectura ha evolucionado positivamente en los últimos años, destacando el desarrollo del método fonético, la comprensión, la enseñanza explícita y la diferenciada. Estos nuevos enfoques ayudan a los alumnos/as a desarrollar y mejorar sus bases para tener una capacidad lectora basada en la comprensión y no en la mera repetición.

Algunos recursos bibliográficos sobre el tema:

Gallego, M.: «Evolución de los métodos lecto-escritores (1970-2013)», Riuma: https://riuma.uma.es/xmlui/handle/10630/11555

«La enseñanza de la lectura. Cursos de la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación», INEE: https://www.inee.edu.mx/wp-content/uploads/2019/01/P1C710.pdf

«El problema de la enseñanza de la lectura en educación primaria», Redalyc: https://www.redalyc.org/pdf/356/35631103015.pdf

 

Candela Pérez Rot