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AEDO

MI LUGAR

MI LUGAR

Cuando era pequeña odiaba leer. Se me hacía tedioso, horrible y, casi siempre, una experiencia que no quería repetir. Cada vez que me mandaban un libro en el colegio evitaba a toda costa leerlo. Cualquiera que me conozca se quedaría bastante asombrado con esta anécdota, pues los libros son un factor muy importante en mi vida. Que la lectura se convirtiera en algo fundamental fue gracias a lo que a mí me gusta llamar «Mi lugar».

Mis abuelos tienen una casa en el campo que para mí es mi segundo hogar. He pasado la mayoría de dias de fiesta y veranos de mi vida en ella. Al igual que muchas de las viviendas de nuestros abuelos, carece de ordenadores o de Internet, por lo que si no hacía bueno y no se podía utilizar la piscina, había pocas cosas con las que entretenerse. El salón es bastante amplio, tiene dos sofás colocados a modo de «L» cerca de una ventana que da al huerto de la casa y en el lado opuesto de la estancia hay otro sofá pegado a otra ventana por la que se puede ver el campo y las montañas.

Un día mi primo que vivía bastante cerca me trajo un libro para que estuviese entretenida, aunque no me gustase leer. Decidí ponerme en el sofá que da al campo y quedé asombrada por la luz que entraba por la ventana. Las horas transcurrieron y permanecí enfrascada en la lectura, cosa que nunca imaginé que pasaría. Mi familia tiende a hacer vida en el porche de la casa, por lo que no tenía que preocuparme por ningún tipo de ruido o interrupción. Aquel sofá se convirtió en mi lugar, el rincón en el que leer se volvió maravilloso y donde me pasé el resto de veranos leyendo.

Hasta ese momento, siempre había leído en mi cama, algo bastante común y cómodo, pero con varios inconvenientes. Mi casa está situada en una plaza, mucha gente se congrega en los bancos, alrededor del parque y siempre hay niños corriendo seguidos por los gritos de padres preocupados porque sus hijos no vayan detrás del balón que, de algún modo, ha acabado en la carretera colindante. En general, el ruido siempre ha sido un factor que ha hecho que leer en mi propia casa fuese algo incómodo o que tuviese que depender de la música para poder concentrarme.

A día de hoy puedo leer en más sitios como mi habitación, pero sigo necesitando la música de fondo. Llevo sin poder ir a casa de mis abuelos desde este verano y es posible que incluso pierda «Mi lugar», pues se está negociando su venta. Pero incluso si en el futuro ya no puedo estar allí, nunca perderé la sensación y el amor por la lectura que algo tan simple como un espacio con buena iluminación y silencio me otorgaron. 

Sandra Gómez Ortiz.

DONES VALIENTES, DE TXELL FEIXAS TORRAS

DONES VALIENTES, DE TXELL FEIXAS TORRAS

Dones valentes (Ara Llibres, 2020) es el último libro de la periodista Txell Feixas Torras (Igualada, 1979). La autora, corresponsal en Beirut para la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (CCMA), ha cubierto diferentes conflictos internacionales en los últimos años. 

Su libro nace precisamente de su experiencia en Oriente Medio y de la necesidad que siente la autora de visibilizar, contextualizar y completar aquellas historias que en los noticiarios se quedaban reducidas a unos pocos minutos de gloria a los que seguía el olvido de los telespectadores.  

En concreto, Feixas Torras da voz a trece historias de mujeres que la han acompañado a lo largo de sus años de corresponsal en Beirut. Relatos que le dan nombre a mujeres luchadoras que han tenido el valor de romper las reglas en países como el Líbano o Siria. Mujeres que han apostado por elegir defender sus derechos, aún poniendo en riesgo su integridad física, jugándose la vida por su revolución, por derrotar al patriarcado secular de la sociedad y por abrir el camino a las mujeres que vienen detrás de ellas.

La autora nos narra la realidad de la otra mitad de la población, a la que no estamos acostumbrados a ver abriendo la cabecera de las noticias con grandes titulares, puesto que protagonizan noticias que normalmente no tienen cabida en los medios de comunicación o están infrarrepresentadas. 

Esta obra es un espejo, a la vez que un pequeño homenaje, de todas las mujeres que reivindican el Feminismo. Ese Feminismo que para muchas no es opcional o un estilo de vida, sino que es un acto de resistencia, una manera de no morir por el simple hecho de ser, existir y vivir como mujeres.

Paula Camarasa López. 

EL MILAGRO DEL EVANGELARIO

EL MILAGRO DEL EVANGELARIO

Esta historia que aquí regalo, sea escuchada por todo el orbe pues, fue de tal milagro el misterio que esconde, que no solo al rey nuestro señor tuvo en sorpresa noble, si no que al descreído conde, quien de Dios nada sabe, volvió a la fe de nuevo.

Estando en rezos los frailes, que de maitines se trataba, oyó de pronto uno de ellos, fray Martin de Torquemada, el sonido de un estruendo, que de sonar no cesaba.

Fue a avisar al prior, santo varón que el convento guarda, y este dejando el rezo, hacia el ruido se desplaza. 

En la sala entrando, nube de incienso le aguarda, el libro de los evangelios que tan encendido como llama, entre querubines descansa, y no solo incienso se palpaba, sino una obra de coros que al señor ensalzaba.

El fraile franciscano, erizado de sorpresa, se hizo enseguida presa de tal fascinante milagro. Pues fue el evangeliario, rodeado de plata y oro, exaltado sobre los brazos de ángeles tan elevados y santos.

Este hecho prodigioso demuestra a todo cristiano que los evangelios son divinos, por Dios inspirados y al hombre por su misericordia dados, que su lectura recomienda siendo el libro santo, de devoción y cuidado, desde ese día decorado de tal enjoyadas criaturas.

Vaya pues vuestra merced al ofertorio en su día, que escuchará el evangelio milagroso, y pida en pos de sus plegarias a Jesús hermoso, un responso para esta alma mía.

(*) Relato en rima inspirado en las clases teóricas de la asignatura. 

Francisco Javier Izquierdo Vega. 

PEQUEÑOS NAUFRAGIOS CON BOTE SALVAVIDAS

PEQUEÑOS NAUFRAGIOS CON BOTE SALVAVIDAS

Las personas a veces necesitamos parar y desconectar, porque nos sentimos perdidos sin saber muy bien qué hacer. En esos momentos, coger y leer un libro de nuestro gusto deja un margen de error muy pequeño en lo que atañe a cumplir su función: dejar de ser nosotros mismos y nuestras circunstancias.                                           

Todo reside en comenzar a deleitarse entre sus líneas, dejarse llevar, sumergirse en el libro hasta ser otra persona, el/la protagonista de nuestro libro.

Para mí la mejor parte es cuando ya llevas más de medio libro leído y empiezas a crear posibles finales. La peor parte llega cuando lo finalizas y realmente no sabes qué hacer con tu vida. Incluso puedo suceder algo peor: ser consciente de una continuación de ese libro y no tenerla. No obstante, durante el transcurso de la lectura se incrementa el diálogo interno o al menos a mí me pasa eso. Esto es beneficioso para la gestión de las emociones. Otro recurso con el que identificar tu estado emocional es pensar en una canción y la primera que suene en tu cabeza es la que define ese momento.                                                                     

Los libros pueden ser una herramienta muy útil para muchas cosas, no solamente son una fuente de conocimiento, un libro puede ser el billete de viaje que andabas buscando, esa escapada ansiada donde conocer gente y lugares nuevos. Un libro puede ser la medicina que necesitas. Al fin y al cabo, las ideas y los gustos que nos definen reflejan también la forma que tiene cada ser humano de afrontar la vida y de vivirla, así como los libros que leemos definen nuestra forma de ser y de vivir, son esos botes salvavidas que nos rescatan de los naufragios. 

Clara M.ª García Jiménez.

NOSOTROS Y VOSOTROS

NOSOTROS Y VOSOTROS

Me sentía solo y algo sucio. El polvo iba cubriendo los bordes de mis páginas y cada día me sentía más cansado, menos esperanzado. De cuando en cuando, la misma mano, cuyo tacto había tenido el placer de sentir cerca en más de una ocasión, se acercaba a nosotros y, aunque dubitativa, siempre acababa decantándose por alguno de los compañeros que descansaban junto a mí.

Había perdido la cuenta de los días que llevaba adormilado en esa estantería de madera. Recuerdo como los mismos dedos que ahora parecían evitar rozarme, acariciaban llenos de ilusión la tapa que cubría mi cuerpo el día que me sacó de una caja repleta de otros tantos ejemplares como yo en una mañana soleada y alegre de mercado. Creo que ella iba acompañada y repetía constantemente la emoción que sentía al mecerme entre sus brazos. Decía que llevaba meses buscándome. Pensaba que la yema de sus dedos resbalaría por los pliegues de mis hojas en el mismo momento en el que llegásemos a casa. Nos sentaríamos en un sofá y compartiríamos juntos cada una de las aventuras que llevo escritas en mi interior.

Sin embargo, tras una larga espera ella siempre acaba escogiendo a otros. Entonces, me apenaba y pensaba que quizás, nunca llegaría a ser lo suficientemente bueno como para que alguien hablase a los cuatro vientos de lo fascinante que era mi historia, de lo interesante que era yo mismo.

Pero, como alguien dijo una vez: “el tiempo todo lo cura” y, abrazando a mi soledad, comprendí que quizás los libros y las personas no somos tan diferentes. Como ellas, nosotros deseábamos ser descubiertos, descifrados y queridos en mitad de una noche oscura. Como ellas, nosotros escondíamos nuestros defectos -como alguna que otra falta de ortografía o unas descripciones demasiado breves- tras los arbustos de las virtudes. Así, comprendí la razón por la que las personas y los libros se necesitan mutuamente: somos compañeros de un largo trayecto a quienes algunos llaman vida. En este camino existen diferentes etapas, en las que priman diferentes necesidades, gustos e, incluso, emociones. De esta manera, cada individuo escoge a la obra que mejor se adapte al pequeño hueco de su corazón y la trata con cariño, dejando que se convierta en una parte de él o ella.

Entonces entendí que, al igual que las personas, yo era válido y digno de afecto e interés a pesar de mis imperfecciones, solo debía esperar mi momento. Primero debía aprender a amar cada una de mis propias letras para que así, alguien pudiese adorarlas después.

Como alguien dijo una vez, el tiempo me curaría y yo descansaría feliz en esas viejas baldas hasta que llegara el momento de hacer volar la imaginación de alguien en su recorrido personal.

Ayla Chasco Arriarán.

LOS LIBROS NOS CUIDAN

LOS LIBROS NOS CUIDAN

A lo largo de la historia, los libros y la lectura se han empleado con fines terapéuticos, de enriquecimiento personal y de empoderamiento, entre otras cosas. Hay estudios realizados por diversos especialistas en la materia que demuestran que al leer se generan unas interconexiones neuronales concretas, que son beneficiosas para nuestra salud (Raymond A. Mar, David Lewis, etc.).

Así, la biblioterapia contribuye a la mejora de la vida personal y de nuestra salud, y se muestra como instrumento en el combate de las tensiones de la vida diaria.

Un  ejemplo de ello, es el que el pasado 25 de marzo de 2021 en el Webinar "Biblioterapia: otra forma de curar", celebrado en el marco de nuestra asignatura, nos mostró Ana María Ruiz López, enfermera del servicio de urgencias médicas de Madrid y una gran amante y defensora de los libros.

Ella creó, organizó y puso en marcha, con la ayuda de sus compañeros y compañeras, la biblioteca Resistiré en el Hospital de campaña de IFEMA durante los momentos más duros de la pandemia global producida por la COVID-19. Su objetivo estaba claro: combatir la soledad de estos pacientes aislados en este hospital de campaña. 

Esta biblioteca ha sido un claro ejemplo de solidaridad y entrega, porque cada una de las personas que colaboraron con la misma aportaron su granito de arena para intentar mejorar la situación crítica a la que todos nos estábamos enfrentando en esos momentos. 

Debido a la situación desbordante que los sanitarios estaban viviendo, no podían acompañar a cada paciente como solían hacer. Por esta razón, a Ana se le ocurrió la idea de buscar esa compañía, consuelo y cuidado en los libros.

A través de estos, y gracias a ellos, consiguió que sus pacientes se sintieran menos solos a pesar de su aislamiento. Utilizó la lectura como un rescate asistencial, útil para calmar los nervios, para evadirse de los problemas cotidianos, y para que pudieran aprender y viajar a otros lugares, fuera de la enfermedad, del dolor o de la soledad.

Termino con una frase que Ana María Ruiz pronunció en el Webinar y que creo que recoge muy bien cómo los libros fueron capaces de cuidar a los enfermos de COVID-19 en IFEMA: “Los libros ocuparon el lugar de la familia que te abraza o del amigo que te habla”.

Laura Sánchez Esteban.

LOS AMIGOS LECTORES

LOS AMIGOS LECTORES

Hace mucho tiempo, en un pequeño pueblo del reino de Castilla, había dos niños que eran muy amigos, jugaban siempre juntos y se llamaban Rodrigo y Juan. Rodrigo era hijo de un caballero muy famoso que le había enseñado a leer. Juan, sin embargo, había perdido a sus padres siendo apenas un bebé y había sido criado por su tía y su tío, quienes enseñaron a robar al niño para poder comer. Rodrigo aprendió a leer muy rápido, gracias a la ayuda de su padre, y se convirtió en escudero. Juan, por el contrario, empezó a robar cada vez de manera más frecuente y nunca le cogían.

Un día, Juan y Rodrigo se encontraron en el mercado del pueblo. Juan llevaba una gran bolsa llena de monedas de oro y Rodrigo le preguntó de dónde las había sacado, pero antes de que su amigo pudiera responderle, llegaron varios soldados armados y les atraparon y acusaron de haber robado al obispo cien monedas de oro. Rodrigo intentó convencer a los soldados de que él no las había robado y que no sabía que el otro chico había robado al obispo, pero no le creyeron. Al final ambos fueron condenados a arder en la hoguera.

Cuando ambos estuvieron atados en los palos en los que iban a ser quemados, Rodrigo rezó una oración que había leído en un libro que le había enseñado su padre y entonces el ángel Gabriel descendió desde los cielos, liberó a Rodrigo de sus ataduras y les dijo a las personas que allí estaban que él no había robado nada. Después de que Rodrigo bajara de la pira y de que el ángel Gabriel regresara a los cielos, se prendió fuego a la pira en la que estaba Juan. Juan intentó repetir las palabras que había dicho su amigo antes, pero no fue capaz. Lo intentó varias veces, pero nada ocurrió. Entonces, Juan juró a Dios que si le salvaba se haría monje mendicante, que nunca más volvería a robar y que aprendería a leer. Cuando las llamas estuvieron tan cerca de Juan que habían empezado a quemarle los pies, el ángel Rafael descendió de los cielos y liberó a Juan recordándole a Juan lo que había jurado y Juan cumplió con su palabra. Y así fue como los dos amigos consiguieron salvar sus vidas gracias a la lectura. Rodrigo se convirtió en un caballero y leía aquellos libros que los monjes le dejaban leer y Juan se convirtió en un monje y empezó a leer todos los libros que caían en sus manos.

Daniel Varela Sánchez. 

CARTA DE UNA DESCONOCIDA, STEFAN ZWEIG

CARTA DE UNA DESCONOCIDA, STEFAN ZWEIG

El famoso novelista R. regresó a Viena después de una refrescante salida a la montaña. Se reclinó en su butaca y cogió una carta a la que no había prestado ningún tipo de atención hasta ese momento: “A ti, que nunca me has conocido”.

El lector/a se encuentra con una carta de una mujer desconocida, de quien ni si quiera sabemos el nombre. No es una carta de amor, puesto que no es amor, es obsesión. Pero si es cierto que el amor es el tema central de la misma. Es un amor unidireccional, sin límites, eterno e incluso enfermizo. Es un amor por el que llegamos a condicionar toda nuestra vida. Un sentimiento inexplicable e incluso injustificable. Las personas necesitamos querer y que nos quieran, aunque eso suponga hacer cualquier cosa por aquello que verdaderamente amamos. Pero, ¿merece la pena si aquello a lo que amamos no nos corresponde?

Para nuestra desconocida si la merece: “Adiós, querido, adiós, gracias… A pesar de todo no ha estado tan mal que las cosas hayan ido de esta forma… te lo agradeceré hasta mi último suspiro. (…) Te lo agradezco… te quiero… te quiero… adiós”. Así concluye su carta en la que nos narra su trayectoria vital, sus sueños incumplidos y todo el amor que experimentó a lo largo de su vida hacia alguien que ni si quiera llegó a conocerla. Imaginad que quien amas no te reconozca. Imaginad el dolor del olvido. ¿Puede un amor tan fuerte y sin reciprocidad sobrevivir para siempre? Estoy segura de que si conociéramos a nuestra desconocida nos diría que sí, sin ni si quiera dudarlo.

Stefan Zweig nos presenta a través de una carta y de una prosa sencilla toda la vida de una desconocida. A pesar de la dificultad de resumir todas sus experiencias en unas pocas hojas, el autor consigue que te adentres en una historia profunda a la par que sencilla. Una historia donde el dolor, el olvido y el amor sin límites son los verdaderos protagonistas.

“- Lo bueno no se olvida, a ti no te olvidaré jamás. 

No fue así; nunca me reconociste ni me conociste”.

Laura Berzal Gómez.

A LA VEJEZ, VIRUELAS...

A LA VEJEZ, VIRUELAS...

Estoy segura de que para todos nosotros leer es algo sencillo y que hacemos todo el tiempo, casi de forma inconsciente. Para nosotros se ha vuelto algo cotidiano y tenemos estímulos constantes para hacerlo. Pero, ¿de verdad es así para todas y todos?

Históricamente hace relativamente poco tiempo que la idea de escuela o colegio como hoy lo conocemos se volvió algo obligatorio y sin distinción de género. Probablemente a nuestros padres o a las personas de nuestro alrededor les ocurra lo mismo que a nosotros en cuanto a la lectura, la consideren algo cotidiano y sencillo. Pero no hace falta indagar en muchas generaciones atrás para encontrar a gente que se sale de este paradigma. Muchas de nuestras abuelas o tías son analfabetas. Nunca nadie les enseñó a leer y mucho menos a escribir. Ni que decir tiene que a ellas, y digo a ellas a conciencia, nunca se les preguntó o se les dio la opción de escoger ir a la escuela. Directamente se asumió que esta actividad suponía una pérdida de tiempo y algo innecesario cuando verdaderamente eran útiles trabajando, por ejemplo, en el campo o en tareas propias del hogar como limpiar, cocinar, coser, cuidar a los pequeños y/o a los mayores, etc. Esto a muy temprana edad y cuando aún eran muy jóvenes se casaban y formaban una familia. Un círculo vicioso que se retroalimentaba, y que también afectó a muchos niños, generalmente de clase baja, que por necesidad tenían que trabajar para poder ayudar en casa. En el caso de las niñas se le sumaba que eran niñas y, por tanto, tenían aún menos opciones.

También estoy segura de que muchos de nosotros hemos escuchado o directamente nos han dicho que no perdamos el tiempo y que, cuanto antes, en cuanto a la edad, estudiemos mejor. Es decir, siendo jóvenes es más fácil estudiar.

Pues tomando de referencia lo que he contado al principio y he unido a esta segunda idea, encontramos a Jacinta Ortiz Mesa que contra todo pronóstico ha derribado barreras y no solo literarias (La campesina y el marqués o Cuentos y fábulas de la Campesina son algunos de los títulos de sus obras). Y es que aquel dicho de: “a la vejez, viruelas…” le viene muy bien a Jacinta, que tras una dura vida y a la edad aproximada de 70 años aprendió a leer y no solo eso, sino que devoró los libros que encontró y posteriormente se postuló como escritora. Concretamente es poetisa y firma sus libros como “La Campesina”.

No sé a vosotros, pero a mí me parece un hecho fascinante, digno de admiración y sobre todo de reconocimiento. Un reconocimiento que personalmente hago mediante este post y con el cual os insto a conocer más sobre su historia.

María de la Calle de Jesús.

UN REFLEJO DE LA VIDA: LA COLMENA

UN REFLEJO DE LA VIDA: LA COLMENA

Uno de los objetivos de la pintura ha sido siempre el de representar la realidad. Durante el Impresionismo el deseo de los pintores fue recrear a través de trazos de color un instante. Convertir lienzo en ventana. Leer La colmena se asemeja a contemplar un cuadro impresionista trazado con letras negras. Al igual que los pintores impresionistas, Camilo José Cela aspira (y consigue) reflejar un momento. Este momento se sitúa en el Madrid de la posguerra. 

Observa la calle y fíjate en el ajetreo de la gente, lo que contemplas es lo que Cela intenta captar en su obra. Cela retrata personas de diferentes clases, ideologías y moral. Poseedoras de distintas esperanzas, motivaciones, objetivos e intereses. Entre los casi infinitos personajes no hay ninguno al que se pueda considerar protagonista de la obra. Tiene cierto sentido pues en la vida real no hay protagonistas más allá de nosotros mismos.

Pensándolo mejor, puede que sí haya un personaje principal. Es un personaje tan evidente que es fácil pasarlo por alto pero es al que se describe con mayor profundidad. No hablo sino de la vida. Una vida formada por momentos cotidianos y rutinarios y por encuentros casuales e inesperados. 

Al inicio de la obra se intenta inocentemente recordar a cada uno de los personajes que progresivamente van apareciendo. La tarea es prácticamente imposible. Cela obliga al lector a rendirse y dejarse llevar porque, irremediablemente, los personajes acaban por confundirse y entremezclarse en la historia. 

Es interesante que, pese a la casualidad que determina nuestra realidad, todos los personajes de la obra están unidos entre sí, ya sea de manera directa o indirecta a través de otros. Hay algunos enlazados por vínculos familiares o de amistad, otros a los que les une el trabajo y otros que lo único que tienen en común es compartir un lugar en un momento determinado. 

Recomiendo la lectura de este libro por la habilidad de Cela para reflejar la cotidianidad y por su forma de eludir la estructura literaria que parece dominar la literatura. No hay nudo ni desenlace, solo personas y situaciones, solo realidad.

 

Y la obra no es más que eso. Como la vida misma. Gente que viene y va y el esbozo de un instante dibujado con palabras de tinta.

María Herrera Becerra.

DE AYLA CHASCO PARA LOUISA MAY ALCOTT

DE AYLA CHASCO PARA LOUISA MAY ALCOTT

Querida Louisa:

Mi nombre es Ayla Chasco. Imagino que no soy la única persona que se dirige a usted para escribirle acerca de su obra Mujercitas; no obstante, no he podido resistirme a hacerlo.

Lo cierto es que hacía años que sabía que tenía que leer su libro, puesto que soy una amante de los clásicos literarios, más aún cuando estos gozan de un carácter romántico y revolucionario al mismo tiempo. No obstante, no fue hasta hace un año cuando supe que era el momento de hacerlo. Una famosa editorial sacó una colección de obras clásicas escritas por mujeres, cuya presentación era preciosa y me transmitió toda la belleza y la calma que puede presentarse en apenas una portada. Desde el primer momento me cautivó y, aunque quería dosificar la obra para disfrutarla durante un tiempo, fue imposible tratar de resistirme a leerla en menos de dos o tres semanas. Recuerdo que me costaba salir de la habitación o visitar a mis amigos cuando solo quería quedarme atrapada por un breve, aunque intenso instante, en la vida de las hermanas March.

En primer lugar, la descripción de los personajes y el trabajo invertido en ellos es tan preciso, que una puede llegar incluso a empatizar con aquellas figuras con quienes menos simpatiza (como es mi caso con Amy). El ritmo parece armonizar a la perfección con las descripciones, y hace que las páginas pasen mientras que nos encontramos en un espacio histórico y temporal completamente distinto al nuestro, aunque sumidos en una inmensa comodidad. El lector puede llegar no solo a imaginar los rasgos físicos más característicos de los protagonistas, sino que puede sentirse cerca de los personajes, como si su historia sucediese en su propia piel.

En segundo lugar, los valores que transmite la historia son, en mi opinión, trascendentales. La fortificación del vínculo familiar en momentos de escasez; el amor y comprensión a través de la simple, pero a su vez complicada acción de escuchar; encontrar la felicidad incluso en los rincones más pequeños o la importancia de luchar por aquello que nos apasiona. La forma de tratar estos principios es sutil durante todala obra y, a su vez, estos logran bucear bajo la piel de las hermanas March y hacer más que visible una evolución personal en todas ellas.

Seguidamente, he de hablar del que ha sido el personaje más fascinante de su obra: Jo. No debemos olvidar que su obra fue redactada en 1868, donde ya las actuaciones eideas de Josephine podrían considerarse revolucionarias. Deshacerse del cabello y vestir pantalones pueden parecer acciones sin importancia, pero debemos de tener presente el papel que la mujer desempañaba en dicha época, así como debemos tener en cuentala presión social a la que estaba (y está sometida). A su vez, Josephine March explotará su potencial como escritora a lo largo de la historia, donde lucha por conseguir un lugar en un ámbito donde predominan los hombres, a pesar de los cientos de imposibles que se han ido tejiendo en su cabeza. Finalmente, no solo escribirá una obra que será encuadernada y editada, sino que se siente orgullosa de ella misma, al igual que lo estamos todos los lectores. Josephine sabe escuchar a su corazón y es dueña de sus propias acciones, pensamientos y decisiones. Es una chica fascinante a la par que inspiradora.

A pesar de toda mi admiración, he de admitir que me siento descontenta con el final del libro. En mi opinión, Amy no debería de haber acabado con Laurie, pues son dos personas con corazones e intereses completamente diferentes, si bien es cierto que Amy tiene una gran evolución a nivel personal durante la obra. No obstante, Jo y Laurie comparten una conexión especial, tal y como este último le confiesa a Josephine y ella, aunque tarde, corresponde ese sentimiento. Si he de ser sincera, esperé toda la novela a que su amistad concluyese en un épico romance, no la clase de amor propio de 1868 o el de ese amor de hoy en día basado en principios y costumbres más bien dañinas, sino en un amor basado en la admiración mutua y el respeto recíproco mediante el que fue floreciendo su amistad.

En definitiva, Louisa, su obra es una de esas historias que logra llegar al corazón de cualquier persona y, por consiguiente, hace que volteemos la última página sumidos en un mar de lágrimas. Como lectora, he de decirle que esas son las mejores obras, aquellas que nos hacen sentir cada palabra redactada con cada uno de nuestros sentidos, aquellas que nos dejan una extraña sensación de vacío y tristeza cuando cerramos la tapa por última vez. El tiempo seguirá escapándose de nuestras manos eternamente, pero su libro siempre perdurará en nuestra memoria.

Un fuerte saludo,

Ayla Chasco Arriarán.

PALABRAS PARA ALFONSINA STORNI

PALABRAS PARA ALFONSINA STORNI

Querida Alfonsina:

Me llamo Julia Tierno. Soy una estudiante española, tengo 19 años y crecí en un pueblo de la Comunidad de Madrid que se llama Torremocha de Jarama.

Empecé a estudiar mi carrera el año pasado, y creo que nunca imaginé que una de las actividades fuera escribir a un escritor. Yo no podía no escribirte. Tu historia me acompaña todos los días de mi vida.

No sé si lo sabes, pero tras tu muerte Félix Luna, un escritor argentino, te escribió una canción a la que puso voz Mercedes Sosa. Yo te conocí gracias a esa canción, que me cantaba mi madre todas las noches cuando era pequeña. Tengo un recuerdo muy bonito de mi abuela, mi tío y mi madre cantando esa canción juntos, y supongo que en parte es gracias a ti.

Aunque creo que la canción idealiza mucho el momento de tu muerte (a veces creo que suena muy fuerte la palabra muerte, pero creo que es porque siento que es algo real), es una canción preciosa que no me cansaré de escuchar jamás.

El caso es que yo descubrí tus poemas y tu historia cuando estaba en cuarto de la ESO. Una profesora maravillosa que tuve (y que seguro que te encantaría) dio la misma importancia a los escritores masculinos y femeninos de la historia, y tu nombre es uno de los más importantes dentro de la poesía del siglo XX, no creo que fueras consciente de ello cuando vivías.

Me encantaría poder hablar contigo. No sé si te han hecho alguna vez la pregunta de con quién hablarías si pudieses hacerlo con alguien muerto, yo lo haría contigo. ¿Por qué el mar? Siempre que viajo y lo veo me acuerdo de ti.

Algo en lo que pienso mucho es en el amor. En todas sus formas, no solo amor romántico. Sé que tenías una relación con Horacio Quiroga, que se suicidó antes que tú, pero también sé que vivías del “amor libre”, es decir, que hacías un poco lo que querías. Y creo que, si ahora hacer lo mismo que hacías tu es difícil, que lo hicieras en ese momento es digno de admirar. Volviendo al amor, he leído que muchas personas cercanas a ti y con las que mantenías relaciones (de amistad o románticas) se suicidaron mientras tu vivías. Entiendo que, cuando no tienes a quien dar amor, te sientes vacía. Supongo que es lo que te pasó a ti.

Algo que no creo que te haga mucha gracia saber, es que quería mandar la carta a la casa donde viviste, pero la demolieron hace años. También busqué el lugar donde te suicidaste. Han construido un balneario (todo ese paseo marítimo está lleno de balnearios). De ti solo queda un monumento que han puesto en el paseo (y la gran mayoría de tu obra, que poco a poco se va haciendo más conocida).

Cuando sea profesora (es mi intención), enseñaré tus poemas. Contaré tu historia. No sé si eras consciente, pero fuiste una de las precursoras de un movimiento literario que ahora estudiamos como Modernismo. ¡Una mujer precursora de un movimiento en un mundo donde solo importan los hombres! Enhorabuena.

También he leído sobre ti que luchaste por incluir contenidos de educación sexual en la enseñanza. Siento comentarte que seguimos intentándolo sin mucho éxito.

Fuiste profesora de arte dramático. Mi intención es enseñar arte dramático también, y me encantaría representar alguno de tus poemas. Cuando estaba en bachillerato (yo estudié el bachillerato de artes escénicas), representamos un fragmento de una obra que se llama Desde Desdémona, y uno de tus poemas, Indolencia.

No sé muy bien qué más contarte. Cuando necesito despejarme te leo a ti. Eres mi fuente de inspiración. Igual en algún momento nos llegamos a conocer (si existe el cielo o el infierno, que no lo sé ni lo creo, espero que podamos charlar).

En la memoria nadie muere. Y tu memoria sigue presente.

Julia Tierno.

UNA CARTA PARA ANTOINE DE SAINT-EXUPÉRY

UNA CARTA PARA ANTOINE DE SAINT-EXUPÉRY

Sr. Antoine De Saint-Exupéry

Soy Laura Berzal, una Principita de 20 años a la que le hace mucha ilusión poder comunicarse con usted y agradecerle en primera persona la gran lección de vida que nos ha dado a cada uno/a de los/as lectores de su libro. Sé que todos/as los que lo hemos leído guardamos un trocito de él en nosotros/as.  

No sé cuántas veces he leído su libro, pero sí sé que es el primero que guardo en mi memoria. Me lo regaló mi abuelo cuando era pequeña y hasta hace unos años, no comprendí la gran lección de amor que me estaba proporcionando. En cuanto lo recibí, me encontré cautivada por la sencillez y el valor de sus ilustraciones. Y es justo por ello, por lo que he decidido que yo tampoco quiero ser una persona grande, así que he cogido mis ceras de colores y he querido plasmar lo que sentía. No soy muy buena dibujando, pero no quería olvidarme de lo verdaderamente importante. Las personas grandes siempre necesitan explicaciones para entenderlo todo, así que sé que para usted van a ser innecesarias.

Recuerdo que desde pequeña he pensado que El Principito era una carta de amor que se encontraba escondida en un cuento para niños/as. Ahora sé que también es una alegoría a la imaginación, pero sobre todo a la vida. A lo verdaderamente importante. Es un relato que refleja el conflicto existente entre la claridad de los niños/as y los problemas de los adultos. De hecho, es un libro que está formado por cada uno de nosotros/as. En algún momento de nuestra vida todos/as hemos sido El Principito, pero ¿eso implica que después todos/as seremos “personas grandes”? Y lo más importante, ¿todos/as seremos como aquellas “personas grandes”?

A medida que vamos creciendo, nuestra “imaginación” disminuye, de modo que acabamos conociendo únicamente aquello que podemos ver, sentir o tocar. No somos capaces de ver más allá. Sin darnos cuenta nos convertimos en eso que tanto odiábamos de pequeños/as, eso que jurábamos que nunca seriamos. De repente, el raciocinio de los adultos se apodera de nosotros/as y únicamente nos limitamos a ver la vida de dos maneras posibles, o blancas o negras.

Antoine, sé que usted entenderá el peligro de este asunto, y en parte le escribo para expresarle mi miedo. Como usted sabrá, la experiencia que nos convierte en personas independientes y adultas nos amenaza poco a poco con eliminar de nuestra percepción aquello que consideramos posible o imposible. Nos hace sumergirnos en un mundo lleno de cosas que, hasta entonces, no nos parecían importantes, privándonos del poder disfrutar de los pequeños detalles. Nos hace decir adiós a nuestra imaginación y debemos actuar siempre con raciocinio, apariencias y explicaciones. Pero Antoine, yo sé que en determinadas ocasiones no tiene nada de malo imaginarse un elefante dentro de una boa en vez de un simple sombrero. Y eso me hace preguntarme, ¿qué podemos hacer para tratar de mantener lo verdaderamente importante?

Sin darnos cuenta estamos construyendo un mundo en el que priman las cifras, el egoísmo, las apariencias y la avaricia. Estamos rodeados de monarcas, hombres de negocios, y de bebedores, pero de muy pocos zorros, rosas y Principitos. Y como bien sabemos, esto es un como baobab, si no se arranca a tiempo esta manera de vivir y pensar, ya no será posible deshacernos de ella, pues invadirá todo el planeta.

Imagino que, conociendo el planeta en el que vivimos, pensará que por poco que nos guste, esto es algo normal. Habitamos en un mundo en el que para sobrevivir, tenemos que estar pendientes de las cifras, del tiempo y de ser personas lo suficientemente serias para encajar en este sistema. Eso también lo sé yo, créame. Pero el problema no reside ahí. Para que se imagine la gravedad del asunto, tan solo le diré que mucha gente ni si quiera conoce el significado del término “domesticar” y mucho menos todo lo que implica. ¿No es algo realmente serio? Solo se conocen las cosas que se domestican, y las personas grandes ya no tienen tiempo de pararse a conocer nada. Ni si quiera tienen paciencia para hacerlo.

Es por esto por lo que estoy preocupada, Antoine. No sé qué clase de sociedad estamos dejando a las generaciones futuras. Me preocupa que los niños/as que están por venir, se encuentren rodeados de personas preocupadas por ser y formar a ciudadanos ejemplares. En lugar de únicamente dejarles ser. Ser, que sencillo y que difícil al mismo tiempo. Deberíamos observar más a los niños/as, a veces solo ellos/as tienen la solución. Citando una frase extraída de su libro: Solo los niños aplastan sus narices contra los cristales, solo los niños/as saben lo que buscan. Tienen suerte.

No sé qué sociedad estaremos dejando, lo que si sé es que todos/as los lectores de este libro tratamos de vivir el día a día a través de los ojos del Principito. Es muy bonito ver como un libro puede cambiar tanto nuestra perspectiva sobre algo tan importante como es la vida. Gracias Principito, gracias, Antoine. Gracias por hacerme valorar aún más si cabe cada puesta de sol, y por agradecer cada día más a las rosas y zorros que he ido encontrando. Es cierto eso de que lo esencial es invisible a los ojos.

Gracias por la lección, la llevaré allá donde vaya.

Ha sido un placer ponerme en contacto con usted y compartir esta pequeña reflexión. Gracias por su tiempo.

Un saludo,

Laura Berzal Gómez.

PD: Nunca he estado en el desierto de África, pero sé que cada uno/a de nosotros/as encontrará a su propio Principito. Hasta entonces, nos conformaremos con estrellas, estrellas que saben reír.

SECRETOS DE POLVO

SECRETOS DE POLVO

Nahar sacudió el polvo que se acumulaba sobre el enorme volumen. Era un libro tan grande como el atril en el que se encontraba reposando, los brazos del armatoste de hierro casi parecían tambalearse con el peso del libro. La encuadernación era de un cuero desgastado y roído, carcomido por las esquinas y cubierto por una capa imperecedera de polvo. La luz le llegaba oscilante y perpendicular, proveniente del candelabro que sujetaba con su mano izquierda: un naranja pálido que oscilaba con el viento que se colaba por las rendijas de la ventana. Ni siquiera los contrafuertes de madera eran capaces de impedir que se colaran ráfagas heladoras.

Había tardado mucho en conseguirlo, pero por fin lo tenía delante de él. Se lo había imaginado de otro modo. Más colorido, o por lo menos, sin tanto desgaste. Pero ni por asomo se lo imaginaba tan grande. ¿Cómo se supone que tan siquiera iba a poder pasar una de esas enormes hojas? Casi era tan grande como la extensión de su brazo, y eso que había crecido mucho ese otoño: más de dos palmos.

Dejó el candelabro apoyado en el soporte y sopló la cubierta. No fue la mejor de sus ideas. El polvo revoloteó hacia sus ojos, provocando un remolino de toses y lágrimas. Pero cuando logró enfocar la vista, la cubierta que se escondía apareció mucho más brillante. Ahora sí que era el libro prometido. Tenía una fina película de lo que parecía ser pan de oro, casi tan fina que se perdía con las sombras del sótano, pero para sus ojos expertos no se le escapaban los detalles. Las letras aparecían y desaparecían, según la luz que las iluminaba. Pero él se sabía el título de memoria. ¿Qué persona de Ashyr no había oído hablar de él? Dejó la portada a un lado y pasó de página. Quién iba a pensar que la magia podría empezar por leer un simple libro. 

Sergio Durango Arias

UN SACO DE CANICAS

UN SACO DE CANICAS

La historia de este libro se centra en la Segunda Guerra Mundial, más concretamente en 1941 en el París ocupado. Es en ese momento cuando conocemos a los hermanos Maurice y Joseph, quienes juegan a las canicas antes de correr a casa a la barbería de su padre. Ese día cambiará sus vidas para siempre. Tras la ocupación alemana esta familia judía está en peligro y los padres de los niños deciden que Maurice y Joseph deben huir hasta el lugar en el que se encuentran sus hermanos mayores en la zona franca.

Sobrevivir a este peligroso y largo viaje los llevará a echar mano a toda la inteligencia y coraje que puedan reunir. Para ello, deberán cumplir una regla fundamental: bajo ningún concepto deberán admitir ser judíos.

Esta obra es una autobiografía narrada por uno de los hermanos, el pequeño, Joseph Joffo. Desde su inocente visión vivimos las aventuras, las penurias y la persecución que ambos hermanos sufren al huir de un París invadido por los nazis. Poco a poco vamos viendo cómo se produce su marcha y cómo en el transcurso de la misma se desarrolla el ingenio de ambos.

Este libro es una mezcla de ternura y crueldad debido a la época en la que se centra y en la lucha de estos dos hermanos por sobrevivir y conseguir su libertad.

La obra está narrada siempre en primera persona, exponiendo los sentimientos y pensamientos del resto de personajes, lo que te permite conectar muy bien con la historia, ponerte en la piel de los protagonistas y acompañarlos en sus peripecias.

Desde mi punto de vista, me parece un libro muy interesante que, aunque se centre en el relato de la huida de los hermanos, tiene un ritmo dinámico con sucesos que te hacen estar en tensión y tener el corazón palpitando sin cesar.

La fotografía de la portada es real, son Maurice, el mayor, y Joseph, el pequeño. Ver su imagen me ha hecho reflexionar, ya que te preguntas cómo es posible que dos niños tan pequeños e inocentes hayan podido vivir una etapa tan dura. Gracias a este libro es inevitable pensar en algunos aspectos: la injusticia del Holocausto, la crueldad de los nazis, la brutalidad del fanatismo debido a la adoración de un líder…etc.

Una obra que todo el mundo debería de leer para poder echar la vista atrás sobre una etapa tan impactante y señalada como fue la Segunda Guerra Mundial.

Noelia Expósito Ruiz.

LA LIBRERA Y EL LADRÓN

LA LIBRERA Y EL LADRÓN

Laura Loire, propietaria de una librería familiar, está a punto de cerrar la venta de un manuscrito del Inferno de La Divina Comedia de Dante, cuando misteriosamente desaparece. Ella atribuye el robo a Pol, su exnovio y ladrón profesional de libros. Sin embargo, este aparece en una lista de pasajeros que acaban de fallecer en un accidente aéreo. Para conseguir su manuscrito de vuelta, tendrá que conseguir encontrar otra reliquia sin saber muy bien cómo. Laura, ayudada por un viejo anciano ciego, emprende una aventura llena de acertijos y muchos misterios.

Esta novela, dedicada a los amantes de Dante y La Divina Comedia, fue publicada en junio de 2020 y consta de unas 336 páginas. 

Nada más leer la sinopsis de este libro, supe que debía ser una de mis siguientes lecturas pues me atrajo de inmediato la temática relacionada con el mundo de los libros y misterios. Al leerlo, supe que no me había equivocado al escogerlo. Se trata de un libro muy adictivo lleno de acción, amor, intriga, etc. 

Sin duda alguna lo que más me gustó fue que está repleto de muchísima información de libros traspasando épocas y lugares. Por ello, incluye citas, referencias a otros libros y autores, etc.

He de decir que he tenido sentimientos contradictorios con esta obra, ya que había desenlaces que ya me los esperaba desde un principio, sin embargo, y pese a ello, el libro engancha, y no puedes parar de leerlo.

Hasta ahora no había encontrado una historia que fuera capaz de abordar el mundo de la bibliofilia desde un punto de vista serio y verosímil (da gusto leer a alguien que sabe lo de que habla) pero a su vez entretenido e interesante.

Se ve claramente reflejado el grado de especialización que tiene su autor, Oliver Espinosa, sobre el desconocido y atractivo mundo de los ladrones de libros, coleccionistas y bibliófilos.

Judith Hernández Fernández.

LA IMPORTANCIA DE LA LITERATURA

LA IMPORTANCIA DE LA LITERATURA

Una vez inventada luz, y en la era de internet, de los ordenadores, de las máquinas que trabajan por nosotros: el bienestar y la comodidad total del hombre… todo se para, y el mundo nos embiste, y nos preguntamos, creyéndonos originales: ¿Qué es el hombre? 

¿No es acaso eso lo que se preguntaron Sócrates, Aristóteles, y Platón? ¿No es eso lo que trataba de descubrir Descartes, o lo que buscaba Ovidio con cada una de sus Metamorfosis? ¿No es tal vez esa la búsqueda desesperada de Homero, Virgilio, o Cicerón?

Simplificar la literatura al entretenimiento, o al aprender como si de un manual se tratara, es cómo ver la punta de un iceberg y creer conocerlo entero. Es la búsqueda ansiosa e impaciente del hombre por encontrarse a sí mismo lo que le lleva a leer, escribir, esculpir. No es tan sólo belleza: el hombre es mucho más que simple fachada.

Y es por eso por lo que libros viejos, resquebrajados, y llenos de polvo, nos siguen llamando a gritos en el siglo XXI. Es por eso por lo que un “millennial” se siente Ulises navegando por el Mediterráneo, o Aquiles librando mil batallas, porque la literatura no nos cuenta historias, sino que rescribe nuestra historia con cada palabra, haciéndonos humanos. Y es por eso por lo que, como decía Heinrich Heine: “Allí donde se queman los libros, se acaba por quemar a los hombres”.

Los libros nos ayudan a entendernos, conocernos, encontrarnos. Nos ayudan a entender el mundo con ojos nuevos, a redescubrir cada mota de polvo, y a tener perspectivas distintas. En definitiva, los libros nos hacen humanos, porque nos encaminan en la búsqueda desesperada que todos vivimos como Frodo caminando por los Puertos Grises. Es por eso por lo que la literatura es vital: porque nos hace humanos y, como afirmaba Viktor Frankl en El Hombre en Busca de Sentido: “cuando el hombre se olvida de quién es el hombre, comete atrocidades”.

Alberto Díaz-Moreno Sánchez.

LOS QUE ROBAN NO LEEN Y LOS QUE LEEN NO ROBAN

LOS QUE ROBAN NO LEEN Y LOS QUE LEEN NO ROBAN

Nos encontramos en Bagdad con una noticia que me sorprendió gratamente y que a la vez me hizo reflexionar sobre el civismo de mi país o de los llamados países desarrollados. En la foto se puede ver un mercado nocturno de libros en Bagdad, ordenados estos en pilas y sin ninguna vigilancia, ya que como indica el título, los iraquíes creen que los lectores no roban y los ladrones no leen.

En primer lugar, decir que me parece extraordinario que la cultura, la información, la formación, la educación, la reflexión, el entretenimiento… se encuentren a pie de calle, pues esta puede ser perfectamente la definición de un libro. Es maravilloso que, en un país curtido por la guerra, por el hambre y por la pobreza, haya gente que se aferra a la cultura y sobre todo a permitir que el resto de población tenga acceso a ella en la calle como podemos ver a través de esta foto.

El que lee no roba, el que roba no leey me pregunto ¿por qué en países más desarrollados sigue existiendo el robo de libros? Desde grandes empresas a las librerías más pequeñas, existe una tendencia a robar este hermoso e incomparable objeto. Roban los estudiantes, si carecen de recursos para adquirirlos, los roban hombres y mujeres en grandes superficies o en las librerías más pequeñas, donde parece que no importa que se roben libros. 

Esto solo es un claro ejemplo de la lejanía que existe en países poderosos, ¿qué diferencia hay entre robar una prenda de ropa o robar un libro? Uno te hace bello y el otro solo te abriga, uno te hace mejor y te lleva a realizar viajes fantásticos y a disponer de aventuras y el otro solo es algo externo. 

Me gustaría remarcar esta hermosa frase: si lees no robas, si robas no lees. En el país de la foto, Irak, donde la mujer ve reducidos sus derechos diariamente, en el que las libertades están limitadas, en el que la pobreza y el hambre mata gente, encontramos un rincón mágico en el que los libros, gratis y para todos, les hacen crecer como personas y encontrar la libertad que solo a través de la lectura consiguen obtener.

Alejandro Torres Moreno.

LA NIÑA QUE SE ENAMORÓ DE LA LECTURA

LA NIÑA QUE SE ENAMORÓ DE LA LECTURA

Hace no mucho tiempo vivía una niña alejada del resto de la sociedad, en Suburbia. Su madre, quien no tenía estudios, pero sabía lo básico de leer y escribir, había enseñado a la pequeña para que estuviera preparada para cuando fuera al colegio. Sin embargo, no le servía de nada saber leer si no tenía nada con lo que practicar, lo único que tenía eran unas enciclopedias que se dedicaban a coger polvo en una estantería solitaria. La niña era demasiado pequeña como para leer aquello, además de que le llamaban poco la atención, pero es que en esa casa no había demasiado dinero y menos para gastarlo en libros.

Cerca de la casa en la que ella vivía había una cantera, en ella muchas personas tiraban objetos que no les servían, que no querían o que estaban rotos, de vez en cuando sus padres y ella iban andando hasta allí para ver si lo que a alguien ya no les servía a ellos sí. Un día, al llegar allí, se encontraron con lo que sería la sorpresa más agradable que una niña podría imaginar. Alguien había tirado montones y montones de cuentos, había tantos que era muy difícil contarlos. Sin pensarlo demasiado, la niña fue corriendo y empezó a cogerlos, eran los típicos cuentos infantiles: Caperucita roja, Los tres cerditos, El patito feo… En ese momento nació una devoradora de libros.

Sus padres cargaron una carretilla con tanto libros como podían, pues sabían que para ella era muy importante, así que cuando llegaron a casa la niña cogió todos los libros y los llevó a su habitación, los colocó y empezó a leer. Algunos los leía ella sola, otros, le pedía a su madre que se los leyera antes de dormir. De cualquier forma, al final la niña no podía estar un solo día sin leer, no podía irse a la cama sin leer, no podía vivir sin los libros.

Esa niña se hizo mayor, aunque sigue siendo igual de libre cuando se encuentra sumergida entre las páginas, sigue sin poder dormir si no lee antes de meterse en la cama, sigue devorando los libros como si se tratasen del oxígeno que necesita para respirar, pero mucho más importante que eso, se propuso enseñar su amor por los libros para que todo el mundo pudiera ser libre, para que todo el mundo pudiera aprender. Porque no hay nada más bonito que un libro que hace que durante un tiempo dejes de ser tú y puedas vivir otra vida aparte de la tuya, porque, al final, quien se enamora de la lectura, vive enamorado todas sus vidas.

Ian García Cuesta.

ENTRE LIBROS

ENTRE LIBROS

"...ese tiempo especial que circula por las bibliotecas municipales, como un

caminante solitario entre los árboles del bosque".

John Berger.

 

John Berger describe a la perfección en tan pocas palabras la sensación que te inunda cada día en la Biblioteca. Habla de un tiempo especial, que parece que envuelve a todos los que allí se reúnen, pero quizás lo que más me llamaba la atención a mí era el silencio. Un silencio agradable, reconfortante, lleno de paz, como si no existiera el exterior tras las puertas de cristal de la entrada. Tan solo las estanterías plagadas de libros, todos los que iban allí cada día a sumergirse en los textos, lectores empedernidos, opositores concentrados en su estudio, y todos los compañeros, personal de limpieza y bibliotecarios, creo que, en determinados momentos, aun sin darnos cuenta, todos participábamos de esa atmósfera sosegada cada mañana.

Era agradable comenzar a reconocer algunas caras, según pasaban los días; los mismos que habían venido el día anterior a llevarse un par de ejemplares volvían al siguiente a la sala de lectura, o quizás a llevarse algún otro libro. A veces se hacía inevitable comenzar a imaginar qué les habría llevado allí a cada uno, pero cada cual, por sus motivos, todas esas personas estaban unidas por una sola cosa: los libros. En este tiempo en que Internet parece ir haciéndose con el monopolio de nuestro entretenimiento y tiempo de ocio, los libros siguen teniendo el gran poder de mover a tantas personas, de edades y condiciones tan diversas. Me sorprendió, no voy a mentir, pensé que la Biblioteca estaría mucho menos concurrida de lo que realmente estaba.

Pero sin duda alguna, no fue el silencio apacible ni la cantidad de gente movida por la lectura lo que más me llevo de mi paso por la Biblioteca Municipal. Fue algo que tampoco esperaba encontrar allí. Me sorprendió enormemente la gran labor social que allí se estaba llevando a cabo. Era en la sala reservada a la Hemeroteca donde, cada día sin excepción, llegaban varias personas en situaciones difíciles, desfavorecidas, muchas de ellas sin hogar. Allí llegaban muy temprano, nada más abrir y se quedaban hasta el último momento, ojeando revistas, utilizando los ordenadores de mesa que proporciona la Biblioteca, o, la mayoría de ellos, leyendo el periódico. Pronto me di cuenta de que la Biblioteca formaba un papel esencial en la vida de estas personas, funcionaba como lugar en el que poder pasar las horas de sus largos días, quizás la única forma que tienen de acceder a la información diaria de lo que ocurre en el mundo, o de evadirse de su propia situación. La Biblioteca les sirve de refugio en invierno, cuando hace demasiado frío para estar en la calle, y en verano cuando el sol de mediodía impide sentarse en los bancos de la Plaza Cervantes.

También a ellos les llegaba el silencio tan característico de la Biblioteca, y me gustaría pensar que les proporciona un lugar agradable donde permanecer. Porque a pesar de que la educación necesaria para poder leer, el gusto por la lectura o el tener cierto nivel cultural no es, por desgracia, algo accesible para todas las personas en nuestra sociedad, la Biblioteca sí es un lugar que abre sus puertas a todos y todas, un refugio para muchos, de una u otra manera.