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Historias de lectores

COPLAS CONTRA EL TIEMPO

COPLAS CONTRA EL TIEMPO

Anabel era una niña de 7 años muy alegre y risueña. Ese día se despertó emocionada porque por fin iban de viaje al pueblo de sus padres, Villamanrique. Después de las casi tres horas de viaje en coche, que a ella se le hacían como veinte horas, llegaron al pueblo. Aparcaron al lado de la casa de su abuelo, Modesto. Anabel llamó a la puerta con la aldaba. Siempre era ella quien llamaba. Abrió su abuelo.

—    ¡Moza! ¡Qué mayor estás!

Modesto siempre recibía así a su nieta. Se saludaron todos y metieron las maletas en casa. De comer, migas. ¿Qué mejor forma de llegar al pueblo? Luego Anabel se fue a jugar con Jorge, su hermano pequeño, mientras sus padres y su abuelo se echaban la siesta.

Pasado un rato, Anabel salió de su habitación a ver qué hacían los mayores. Su abuelo estaba en la mecedora leyendo.

—    ¿Qué lees, abuelo?

—    Este es mi poemario de Jorge Manrique, Anabel. ¿Sabes quién es?

—    No. ¿Quién es?

—    Jorge Manrique fue un poeta del siglo XV. Gracias a su padre, Rodrigo Manrique, nuestro pueblo hoy es independiente. Antes pertenecía al pueblo de al lado, ¿sabes? Se llamaba Belmontejo, pero en su honor le cambiaron el nombre a Villamanrique. Ambos vivieron aquí, y Jorge escribió unas preciosas coplas cuando su papá murió.

—    Hala, no sabía que este pueblo tuviera tanta historia, ¿y es eso lo que estás leyendo?

—    Sí, eso es. Me emocionan mucho las coplas que escribió, me recuerdan a los que ya no están. ¿Quieres que te lea un poquito?

—    Sí, porfi.

—    “Recuerde el alma dormida,

avive el seso y despierte

contemplando

cómo se pasa la vida,

cómo se viene la muerte

tan callando;

cuán presto se va el placer,

cómo después de acordado

da dolor,

cómo, a nuestro parecer,

cualquiera tiempo pasado fue mejor” —recitó Modesto. Anabel se quedó perpleja.

—    No has entendido nada, ¿eh?

—    La verdad es que no, pero suena bonito. Lees muy bien, abuelo.

—    ¿Sabes qué? Su casa aún está en pie en el pueblo, ¿quieres ir a verla? Es muy vieja, pero es la típica casa manchega, te va a encantar—. Modesto sabía que su nieta era muy curiosa y que le encantaban estas cosas, por lo que no se iba a poder resistir a esa oferta.

—    Pero, ¿cómo vamos a entrar?

—    Tu abuela vivió con su familia en una parte de esa casa cuando era niña. Como era muy grande, la dividieron en muchas partes para que la gente pudiera vivir allí. Su parte ahora es nuestra.

—    ¡Hala! ¿La casa de Jorge Manrique es nuestra? ¡Qué guay!

—    Sí, vamos antes de que se haga de noche.

Modesto y su nieta fueron al centro del pueblo. Resulta que la casa de Jorge Manrique era la casa grande que había al lado de los bares. Modesto abrió la puerta de fuera y la volvió a dejar cerrada.

—    Mira Anabel, este es el patio. Está muy desgastado por culpa de la humedad, pero es un patio típico manchego, con sus columnas y soportales.

—    ¡Qué bonito! Me gusta mucho. ¿Y cuál es nuestra parte?

—    Mira, ven por aquí.

Se dirigieron a la derecha de la puerta de entrada y abrieron otra puerta. La casa de su abuela tenía dos plantas. Era bastante grande para ser solo una de las muchas partes de esa casa.

—    Si esto solo es enorme, ¡ese tal Jorge vivía a cuerpo de Dios!

—    Sí, Anabel, es lo que tiene pertenecer a la nobleza. —dice Modesto, riéndose.

—    ¡Eh! ¿La bebé de esa foto de la pared soy yo? — pregunta Anabel al ver una foto de sus abuelos con una niña de pocos meses en brazos.

—    Sí, es una foto de tu bautizo. Tu abuela y yo pasábamos aquí mucho tiempo y decidimos poner aquí esa foto que nos mandaron tus padres.

—    Lo que menos me esperaba encontrar en casa de una persona famosa era una foto mía— dijo Anabel entre risas. —Oye, cuántos libros tienes aquí, ¿no? ¿Puedo mirar?

—    Claro.

Anabel se puso a rebuscar en la estantería, leyendo los títulos de los libros. Nada llamaba demasiado su atención, pero de repente creyó leer “Jorge Manrique” en un libro. Volvió la mirada y allí estaban: las coplas a la muerte de su padre de las que le había hablado su abuelo.

—    Abuelo, aquí tienes otra copia del libro de Jorge Manrique.

—    Ah, sí, no me acordaba. ¿Sabes que esa copia perteneció al padre de la abuela Isabel? Este libro tiene más años que yo y mira que soy mayor.

—    ¿En serio? ¿Cuántos años tiene?

—    Compruébalo tú misma.

Anabel abrió el libro, pasó una página en blanco y en la siguiente página descubrió que el libro fue impreso en 1918.

—    Abuelo, ¡si tiene casi 100 años!

—    Sí, es una reliquia… ¿Sabes qué? Te lo regalo. A partir de ahora te pertenece. Pero cuídalo bien y dentro de unos años léelo y seguro que ya lo entenderás.

Ese libro se convirtió en el mayor tesoro de la niña. Al volver a Madrid lo colocó en su estantería. Lo leía a pesar de no entender nada. Con ese libro fue perfeccionando su forma de leer, de recitar. Y cuando fue más mayor y estudió a Jorge Manrique en el instituto, lo volvió a leer y no solo lo entendió, sino que le emocionó tanto que se convirtió en su poema favorito. Su abuelo ya había fallecido unos años atrás, por lo que los versos de ese poema le recordaban a él enormemente. Gracias a su abuelo y a ese libro Anabel se convirtió en una amante de la lectura, y cuando recuerda a su abuelo lo lee para sentirle cerca.

Ana Isabel Nieto Alfaro.

NO IMPORTA QUÉ VINCULE, SINO QUE VINCULE

NO IMPORTA QUÉ VINCULE, SINO QUE VINCULE

La lectura es algo personal. Cuando leemos, viajamos a mundos paralelos, sentimos emociones indescriptibles, nos adentramos en pieles ajenas y el papel trasciende los cinco sentidos.  Ese paseo a velocidad de crucero es, además, un momento de desconexión e introspección. Por eso es algo tan íntimo, porque nos permite conocer otras realidades, pero, sobre todo, nuestra verdadera realidad. Esa conexión con uno mismo, al igual que no lo consiguen todas las canciones, no lo consiguen todos los libros. En mi caso, la relación lector-libro es algo curiosa, ya que podría diferenciar dos etapas en ella.

Que la educación escolar implemente la lectura obligatoria tiene sus ventajas, obvio, como crear el hábito de lectura, mejorar el vocabulario o ganar en expresión. Sin embargo, también tiene sus inconvenientes como ver la lectura como tarea y no como ocio o placer. Precisamente, son estos inconvenientes los que arrastro en esta primera etapa en mi relación con la lectura. La educación primaria y secundaria me hicieron ver la lectura como un mero trámite teórico para la examinación posterior. Esta aversión hacia la lectura cambió, afortunadamente, en bachillerato. Mi profesor de euskera (lengua vasca), una vez más nos mandó lecturas obligatorias. Esta vez, sin embargo, en euskera (anteriormente, solo tenía como obligatorias lecturas en castellano). Ya tenía la lectura cruzada, y las expectativas con las que cogí el primer libro no fueron nada positivas, pero a medida que iba leyendo, notaba cómo se me cambiaba la cara, cómo mi cabeza entraba en la de los personajes, cómo en vez de leer las historias parecía que las viviera. Tanto fue así, que me llegué a emocionar, algo que nunca me había pasado antes ni pensaba que nunca me fuera a pasar. Desde entonces, cada vez que el profesor proponía una lectura opcional, yo la cogía sin ninguna duda ya que leer en euskera me hacía sentir, vivir, lo sentía mío, algo único a lo que pocos podíamos llegar, me sentí privilegiado. Fue increíble. Esta es la segunda etapa de mi relación con la lectura, donde por fin y sin siquiera buscarlo ni esperarlo pude vincularme al mundo de la lectura. Tras esta experiencia tan positiva con la lectura en euskera, probé con el castellano, pensando que una vez forjado el vínculo y voluntariamente, podría adentrarme también en los libros a través de otra lengua. Al probarlo, no pude sentir la lectura mía. Ni se acercaba a lo que me hacía vivir y sentir el euskera. En ese momento entendí lo que era el lazo lectura-lector.

No soy capaz de vivir todos los libros que leo ni me gustaría poder hacerlo. No sería ni me sentiría tan especial. Esa es la verdadera razón de la lectura, el lazo que se crea entre mente y papel vinculados por letras que te susurran al oído poniéndote los pelos de punta. A algunos les pasa con ciertos autores, a otros con tramas o tipologías. A mí, con el idioma. No importa en qué nos basemos para crear el vínculo, lo importante es crearlo. Animo desde mi experiencia a todo aquel que sienta que la lectura no es lo suyo, a buscar, a indagar y a no darse por vencido. Cuando menos te lo esperas, ahí aparece la puerta a TUS nuevos mundos. Descúbrela.

 Xabier Gutierrez Zamakona.

 

LA LECTURA EN EL TIEMPO

LA LECTURA EN EL TIEMPO

La lectura cambia con el tiempo al ser las hojas un pasatiempo desde la niñez hasta la vejez sin tener un volver.

La lectura puede ser solitaria o acompañada pero siempre alimentada desde la ignorancia de la infancia hasta la madurez de la adultez.

La lectura nos otorga la sabiduría sin importar el papel o la tecnología y como un sabio decía no importa si se lee de noche o de día.

 

La lectura va desde la niñez con el cuento que es un gran descubrimiento hasta la vejez con las batallas que contamos sin ponernos medallas.

En la infancia como en la adolescencia leemos con los demás para terminar en un pispás sabiendo que algún día te autoeditarás.

En la madurez como en la adultez leemos a nuestros descendientes como lo hicieron nuestros parientes compartiendo nuestras lecturas para descubrir nuevas aventuras.

 

La lectura en el tiempo es el pensamiento desde la niñez hasta la vejez, sabiendo que este gran invento perdura en el descubrimiento de un mundo que es vivido sin que esté perdido.

Porque lo perdido desparece como el mal que habita en nuestro cuerpo desierto, hasta el momento en que despierto de un sueño sin diseño, que acaba con el tiempo de la lectura convertida en cultura.

 

Irene Villoria Menéndez

UN VIAJE DE 40 AÑOS

UN VIAJE DE 40 AÑOS

Cada vez que llama mi hermano es como si nos adentráramos en un capítulo de una serie de misterio y aventuras. Siempre nos cuenta historias inverosímiles que le han ocurrido, impregnadas siempre de un halo de fantasía. Pero hubo una de esas historias que no nos quedó más remedio que creer.

En mi familia somos muy aficionados a la lectura, pero también nos gusta ahorrar, algo que resulta bastante complicado si te gusta leer libros actuales. Por ese motivo, solemos hacernos con nuevas historias en mercadillos o tiendas de segunda mano. Una mañana de domingo, mi hermano decidió pasear por el famoso Rastro de Madrid. En el Rastro puedes comprar cualquier cosa, desde vestidos que jamás encontrarías en tiendas comunes o centros comerciales hasta cuadros pintados por artistas de los que jamás conocerás su nombre.

Entre todos estos artilugios y tenderetes se pueden encontrar libros, por supuesto. Estos se venden en pequeños puestos o, por el contrario, en grandes naves llenas de pilas de libros que escalan el espacio disponible desde el suelo hasta el techo. En ese bosque de libros, mi hermano compró “Facundo. Civilización y barbarie”, de Domingo F. Sarmiento, sin ninguna razón aparente, simplemente porque le llamó la atención. Comenzó a leerlo unos días más tarde y al llegar a la página 133 encontró un papel con una fecha y una firma: “30-3-79, A. Benito”. Entonces resolvió llamar a mi padre para preguntarle si ese libro era suyo, pues mi padre se llama Ángel Benito y tiene la costumbre de firmar sus libros junto a la fecha en la que los compró.

Al describirle la portada del libro y señalarle la fecha, mi padre recordó que cuando estaba en la universidad perdió ese mismo libro que mi hermano había comprado entre cientos de libros y cientos de puestos en el Rastro, 40 años después. Aquel día me quedé pensando en las múltiples historias que escondería aquel libro de segunda, o quizás tercera o cuarta mano, e imaginé cada uno de los viajes que debió recorrer desde que salió de la tienda por primera vez hasta llegar de nuevo a nuestras manos.

Lucía Benito Mercado.

 

 

 

THOT, EL MAESTRO DEL HOMBRE

THOT, EL MAESTRO DEL HOMBRE

Se encontraba Thot navegando por el Nilo, una lluviosa tarde en período de precipitaciones. Se contemplaba desde su barca un grupo de jóvenes muchachos que se encontraban refugiados dentro de una improvisada cabaña a la orilla del río. Éstos, estaban mirando hacia el lado oeste de la ribera del Nilo con evidentes signos de aburrimiento.

Apiadándose de estos jóvenes, Thot comenzó a pensar que debía de ayudarlos, debía crear algo para que los seres humanos pudieran pasar estos días de lluvia de manera más amena y distraída. Contactó con su compañera Uadyet, diosa de la tierra fértil y del papiro, y le pidió que hiciese crecer al lado de esos jóvenes una inmensa planta de papiro y que a cambio de esto, Thot (hasta el momento dios de la música y el tiempo) le compusiera la más bella canción jamás escuchada. La canción fue:

“Que llueva, que llueva,

la diosa de la cueva,

los pajaritos cantan,

las nubes se levantan.

¡Que sí! ¡Que no!

¡Que caiga un chaparrón!”

En honor al poder de fertilidad de Uadyet.

Se acercó entonces el dios Thot a los ociosos jóvenes y les dijo:

−       Cortad esta planta que acaba de brotar, secadla, y entrelazad las hebras. Por último, dejad secar el producto final.

A lo que éstos preguntaron:

−       ¿Y qué hacemos con el resultado de esa elaboración, dios Thot?

Thot se acercó al niño que le acababa de realizar la pregunta, y con un simple gesto, tocándole la frente con el dedo, le transfirió la capacidad de escribir sus pensamientos, con el objetivo de que pudiera plasmar historias en la hoja de papiro y después contárselas a sus amigos, para que, en días como aquel, gris y lluvioso, pudiera entretenerlos contándoles sus maravillosas historias.

Este gesto no era gratuito, el dios Thot les había legado la escritura a cambio de que a partir de ese momento, se le comenzara a venerar como el dios de la escritura junto a sus anteriores atribuciones divinas, y debían de transmitir ese regalo al resto de seres humanos a lo largo del tiempo.

Tras esto, se subió a su barca y navegando desapareció por el horizonte.

Irene Mansilla.

EL MANIFIESTO OBRERO

EL MANIFIESTO OBRERO

Carlos se despertó por la mañana y como todos los días se vistió y caminó dos manzanas hasta la fábrica de Adolfo. Carlos tenía como oficio el de soldador en una empresa dedicada a la producción de máquinas de vapor. Cuando llegó a la fábrica, preguntó por su camarada Federico, ya que, tras su llegada al trabajo, no se lo había encontrado por el camino.

José, un joven aprendiz, que hacía pocas semanas que había comenzado a trabajar en la fábrica, le comentó que había sido despedido a causa de haber sido visto en compañía de radicales socialistas y sindicalistas. Esta noticia provocó que Carlos comenzara a sudar, por haber sido él mismo quien le había introducido en estos círculos. Pero a su vez, le inundó una sensación de rabia hacia Adolfo. ¿Cuál es el problema de pedir una jornada más reducida para poderla conciliar con la crianza de sus hijos?

A la salida del trabajo fue a casa de su amigo para ver cómo estaba. La sorpresa fue que, al verlo, no estaba decaído por haber perdido el trabajo, sino todo lo contrario, se le veía con muestras de esperanza entremezcladas con muestras de coraje. Le habían ofrecido un puesto de trabajo mejor como periodista en el periódico obrero de la ciudad, y había una plaza más, en la cual había recomendado a su amigo Carlos. Así, ambos podrían continuar dentro del partido, sin miedo a represalias por parte de ningún patrón.

En muy poco tiempo los dos amigos se convirtieron en los periodistas más prestigiosos de todo el periódico gracias a sus artículos sobre la situación de los obreros en la actualidad. Con motivo de la publicación centésima del periódico, encargaron a Carlos y a Federico la escritura de una pequeña obra que describiera la situación histórica de las clases desfavorecidas y dar unas pequeñas putas sobre cómo poder salir de la situación de explotación en la que vivían. Esta obra tuvo un gran éxito y sirvió como inspiración a cientos de personas entre las que se encuentran Vladimiro, Ernesto, su antiguo compañero José y muchos más.

Luis Barrio.

MI CAJÓN DE LOS LIBROS INTOCABLES

MI CAJÓN DE LOS LIBROS INTOCABLES

Dicen que hay libros cuya historia te absorbe y otros que simplemente te limitas a leer.

Cuando era pequeña nunca me gustaba leer. Mi tiempo libre no lo dedicaba a ello, a no ser que me obligaran en el colegio. Tal vez por ello le cogí manía a la lectura, pues lo que leía no me gustaba, era géneros que personalmente consideraba “aburridos”, hasta que un día encontré el género indicado para mí, el género que de verdad me enganchó y me marcó la vida.  Descubrí que podía pasar horas y horas leyendo el mismo libro y que leer no era tan aburrido como creía. Ahí entendí el verdadero valor de los libros, cuando una cosa te gusta mucho no quieres que nada lo dañe ni que nadie lo toque, es lo que me pasa ahora con mis libros. Mi cajón contiene un total de 17 libros, pero no están en un cajón cualquiera si no, en el “cajón de los libros intocables”. El nombre viene dado porque me cuesta prestarlos o simplemente no quiero que nadie los toque, son mi pequeño tesoro. Dicen que hay libros que te marcan la vida… es verdad, cada uno tenemos nuestros libros intocables, los que de verdad nos han llegado al corazón o simplemente nos han hecho ver la vida con otros ojos.

Patricia Tejedor Santos

LA VERDAD SOBRE LA TITANOMAQUIA

LA VERDAD SOBRE LA TITANOMAQUIA

Corría el siglo III d. C. en Nimes, una localidad situada en la zona de la Galia que pertenecía por aquel entonces al Imperio Romano. Allí vivía Admes, un joven estudioso y pensador de unos veinte años de edad. Toda su vida y su carrera estudiantil se regía por el legado religioso que procedía de la Antigua Grecia. El Imperio Romano no sólo adoptó su religión, sino también su literatura, intentado emular su forma de hacer escritura.

Admes, sin embargo, siempre sintió gran admiración por el conocimiento y el origen de la religión politeísta que reinaba en el Imperio, y sobre el cómo el dios dominante sobre todas las cosas, Zeus, había llegado al poder. Hasta aquel entonces se sabía, gracias a los escritos, que Cronos (hijo de Urano y Gea) destronó a su padre para lograr el poder absoluto sobre el Universo. Pero, ¿entonces cómo llegó Zeus al poder? Se sabía que tuvo lugar la Titanomaquia, cuando los dioses olímpicos y los titanes se enfrentaron en dos bandos por el control total. La historia que Admes y el resto de la civilización latina sabían era que, en la batalla, ambos bandos se lanzaban rocas y trozos de montañas hasta que finalmente Zeus logró el poder con la ayuda del resto de dioses.

Sin embargo, Admes no estaba satisfecho con esa información, pues creía que faltaban datos, que algo más ocurrió en la Titanomaquia para que Zeus lograra dicho poder. Es por ello que comenzó a investigar. Rastreó bibliotecas y bibliotecas, pero nada de información, por lo que decidió acudir al “Templo de Cronos” situado a unos 700 km de Nimes, ya que creía que allí encontraría más información sobre su derrota. Tras un largo camino, una vez allí consigue hablar con el Sacerdote mayor del Templo, que se negó en rotundo a ayudar al joven. Pero tras una larga insistencia y tras hacer ver al Sacerdote mayor que sus intenciones eran buenas, fue llevado a una sala oscura y profunda del templo, donde nadie más podía pasar a excepción de dicho Sacerdote. Allí fue guiado hasta una estantería, vieja y roñosa con una serie de códices. El Sacerdote denominó a la estantería como “la estantería de los libros prohibidos”, y dio total libertad a Admes para leerlos. Tras más de 12 horas buscando y leyendo, no encontró nada. A punto de tirar la toalla y agotado por la situación, se incorporó para volver a colocar todos los libros que había cogido. Ahí fue cuando encontró uno, llamado Τιτανομαχία. En ese momento y sin pensárselo dos veces decidió leerlo, pues estaba seguro que podría encontrar más información de la que se sabía por todo el Imperio Romano.

Al acabar su lectura, pudo confirmar sus sospechas, Zeus logró el poder gracias a la astucia de su madre, Rea. El libro decía que Rea, ante la situación en la que se encontraba el mundo y decidida a que su hijo Zeus ganara, decidió intentar pactar con alguien partidista de Cronos, por lo que acudió a negociar con Gea. En un primer momento Gea sospechaba de las intenciones de su hija, pues deseaba que Cronos siguiese en el poder. Pero Rea, con gran astucia y labia, le propuso un pacto de paz, pues consideraba que aquella batalla solo traería desgracias para todos. Gea estaba de acuerdo en eso, pero sin embargo no iba a dar su brazo a torcer para que su nieto Zeus llegase al poder. Rea, astuta y consciente del pensamiento de Gea, le propuso que la guerra acabase si Zeus y Cronos compartiesen el poder del universo entre ambos. Gea y Rea quedaron en convencer a ambas partes de que la mejor opción para el universo era la unión de los dioses olímpicos con los titanes y así conseguir parar de alguna forma la batalla.

Pero lo que Gea no sabía eran las intenciones de Rea, pues su único objetivo era que Zeus llegase al poder y destronara a su padre. Si recordamos la profecía que le mencionó Urano a Cronos era que “sus propios hijos, se aliarían con el enemigo, para así destronarle”. Y ¿Quién era el enemigo de dioses y titanes? Pues unas criaturas inmortales y por tanto imperfectas, que solo traían a las divinidades dolores de cabeza, es decir, los seres humanos.

Mientras Gea hablaba con su hijo, el cual se negó en rotundo a una negociación con los olímpicos, pero su madre le convenció de que seguramente la mejor opción para preservar el poder sería compartirlo con Zeus, pues ella estaba segura de que la profecía se cumpliría. Cronos habló con sus hermanos, los cuales, cansados de luchar, accedieron al pacto. Por lo que Cronos estaba dispuesto a hablar con Zeus y así mantenerse en el poder.

Sin embargo, Rea bajó a escondidas de nuevo al mundo de los mortales, y allí comenzó a hablar con Corintio, el rey de una civilización griega. Ella le convenció para que sus habitantes les ayudaran en el destronamiento de Cronos, y a cambio, si Zeus ganaba, obtendrían algo. No fue nada difícil, pues los hombres y mujeres del mundo vivían descontentos con los titanes, pues abusaban de su poder sobre ellos. La labor de estos hombres y mujeres era conseguir distraer la atención de los titanes, pues ellos seguían estando bajo su poder. Una vez que estuviesen distraídos, los dioses olímpicos aprovecharían el momento para ganar terreno en la batalla.

Tras las negociaciones con Gea y Corintio, Rea acudió a su hijo Zeus para comentarle lo sucedido. Ante esto, Zeus se sorprendió por la astucia y la valentía de su madre por acudir a dichos encuentros. Por lo que ese mismo amanecer, los hombres y mujeres, siguiendo el plan establecido por Rea, distrajeron a los Titanes simulando una batalla en la que masacraban los templos y estatuas dedicados a ellos. Ante esta situación, Cronos y el resto de Titanes que lo apoyaban cesaron en su batalla de lanzar piedras y observaron cómo los hombres destrozaban todo. Esto produjo gran enfado en ellos, hasta tal punto que desviaron toda su atención hacia los mortales mientras que planificaban cómo castigarles por tal hecho.

Este fue el instante en el que los dioses olímpicos aprovecharon para lanzar a la vez todo el monte Tirano sobre los titanes. Ante tal impacto, todos ellos quedaron sepultados bajo los escombros del monte haciendo que ninguno de ellos pudiese salir. Por lo que los dioses olímpicos lograron ganar la Titanomaquia y Zeus se proclamó como el dueño y señor del Universo. Tras esto, Zeus les prometió a los hombres y mujeres que no abusaría de su poder por haberle ayudado, haciendo que así mejoraran sus condiciones en la tierra.

Por lo que, tras esta lectura, Admes verificó que no solo la Historia de su religión estaba incompleta, sino que la sociedad o los eruditos conocedores de la historia real no quisieron hacer saber la gran importancia que tuvo Rea en la victoria de los dioses. Algo totalmente esperado, pues por aquel entonces la figura de la mujer se encontraba en un segundo plano tras el hombre. Por lo que no era digno decir que el dios supremo del Olimpo había logrado todo su poder gracias a una mujer. Tras esto, Admes decidió hacer pública toda la información que había recogido en la Biblioteca prohibida del Templo de Cronos.  Ante tal hallazgo, Admes se convirtió en uno de los eruditos más importantes de su época, fundando así una biblioteca en Nimes con más de mil libros que le habían donado de la Biblioteca prohibida de Cronos, para que así toda la sociedad romana pudiese leer dichos textos.

Marta Navas Ajenjo

DANIELLE

DANIELLE

Montmartre, París, 17 de enero de 1941. Gran parte de la zona norte de Francia se encontraba ocupada por el ejército alemán. En este barrio bohemio de París vivía una joven de 15 años de origen judío. Creo que todos podemos imaginar la vida de cualquier persona durante la Segunda Guerra Mundial. Danielle, era una niña que durante toda su vida había creído ciegamente en su posibilidad de cambiar el mundo y las injusticias a través de la cultura y la educación. Sin embargo, llevaba un año sin poder ir a la escuela o simplemente realizar cualquier tipo de lectura personal. Danielle no aguantaba más esta situación. Cerca de su casa, o más bien cerca del refugio en el que ella y toda su familia se encontraban, había una librería abandonada que había pertenecido a una familia judía que había sido arrestada por los alemanes. Danielle adoraba esa librería, recordaba cómo se pasaba horas y horas en el patio interior con Lía, la hija de los dueños, leyendo cuentos y libros de todo tipo. Una mañana, Eva, la madre de Danielle decidió salir a buscar comida ya que todo parecía muy tranquilo y pensó que no sería peligroso salir. ¡Esta era la oportunidad perfecta para poder ir a la librería abandonada y poder coger unos cuantos libros! Al llegar, Danielle quedó petrificada, realmente parecía que un huracán había arrasado con todo… Continuó por el pasillo central y a mano derecha observó la mesa donde los dueños de la tienda cobraban y atendían a los clientes, realmente parecía que seguían allí… Con los ojos llenos de lágrimas, Danielle avanzó hasta el último pasillo de la librería, hacia su sección favorita: Fantasía. El pasillo se encontraba iluminado completamente por la luz del patio interior de la librería, donde Danielle solía pasar día tras día leyendo con Lía. De pronto, observó cómo un pequeño rayo de luz iluminaba un libro de la estantería, algo dentro de ella le dijo que debía coger ese libro… ¡¡¡¡¡PUMMMMM!!!!! Danielle escuchó un gran estruendo. Asustada, se metió el libro en el abrigo y salió corriendo hacia su casa. Dos soldados del ejército alemán sostenían a su madre y a su hermana Emma mientras ellas gritaban desconsoladas, al otro lado de la acera, tres alemanes habían logrado capturar a su padre y meterlo en un camión. La capturaron. Los cuatro miembros de la familia Paradis fueron capturados y llevados a Auschwitz. Nada más bajarse del tren, Danielle sintió que algo le aprisionaba con fuerza el pecho… ¡Lo había olvidado! Llevaba con ella el libro de la librería de Montmartre. Corriendo echó un vistazo para ver que todos los capturados se ponían en fila para ser registrados y separados por sexo, raza y edad. No perdió la oportunidad y corrió hacia una esquina en la que había un pozo tapado por unas piedras y unos matorrales, y escondió allí el libro. Al día siguiente, Danielle fue al pozo y se percató de que a primera vista era imposible ver el libro. No era un pozo, descubrió que era un túnel sin salida que los nazis habían tapado por posibles fugas. Danielle cogió su libro y comenzó a leer día tras día, el libro relataba miles de historias donde los seres humanos, seres mitológicos, fantásticos, en diferentes lugares de la tierra vivían aventuras luchando contra el mal, o aquello que para ojos de Danielle eran injusticias. La vida en el campo de concentración era muy dura, Danielle apenas tenía tiempo de escaparse para leer o para poder descansar, había sido separada de su madre y de su padre. Sin embargo, aún contaba con la compañía de su hermana Lía. La lectura era lo único que conseguía distraerla de todo aquel horror, se llevaba todos los días a su hermana pequeña al túnel, una leía y la otra escuchaba asombrada la historia que tocaba ese día. Esto las mantenía vivas, y en muchas ocasiones conseguían comparar historias con la realidad que estaban viviendo. Realmente se metían en todas sus lecturas, y ambas se dejaban transportar a aquellas historias y lugares lejanos. Danielle soñaba con salir de Polonia, conocer otros países y otras personas a las que poder ayudar y leer esas historias para enseñarles la belleza y la libertad interna que significaba para ella leer. Además, al final de cada historia que leía, anotaba una moraleja o un recordatorio de cómo se podría mejorar el mundo con algún punto positivo sacado del cuento. Día tras día Danielle fue leyendo estas historias que la ayudaron a sobrevivir psicológicamente y hasta físicamente en el campo de concentración y sobre todo ayudó a Lía a nunca sentirse sola y a tener esperanza. Lo más importante comenzó cuando, poco a poco, más niños, niñas y adolescentes del lugar, comenzaron a reunirse con ellas para las lecturas en las que todos se olvidaban por un rato de su presente en Auschwitz, cerraban los ojos y se imaginaban cómo podrían cambiar el mundo y ayudar poco a poco a la humanidad a mejorar como seres humanos. Entre todos, cada día que pasaba apuntaban una solución para cada historia, y esta fue la gran misión de Danielle durante su estancia en el campo de concentración hasta que fue liberada. Más tarde se convirtió en maestra. Una maestra que nunca olvidó su experiencia y ni cómo los libros pueden ser una gran vía de escape y de ayuda en momentos insoportables.

M ª ISABEL CUBILLOS DE ARCOS

LIBROS QUE DAN TECHO

LIBROS QUE DAN TECHO

Cerca de la estación de Avenida de América, en Madrid, hay un espacio donde los libros equivalen a abrazos. Me refiero a la sede de Bokatas y, a partir del mes de septiembre, también de Amaqtedu, dos organizaciones sin ánimo de lucro que intentan acompañar y dar un sentido a aquellos de nuestro alrededor que sufren la desigualdad. Con este objetivo, en Amaqtedu hay un espacio singular, un espacio reservado para un amigo que nos ha ido acompañando a lo largo de nuestra vida, el libro. Algunas personas no han tenido tanta suerte como nosotros, y notan que ese compañero que siempre había estado ahí ahora falta. Los fines de semana, cuando los voluntarios se reúnen con ellos en la sede, pueden coger un libro, decírselo a la coordinadora y devolverlo a la semana siguiente. Algunos cogen libros de tres en tres, ya que según dicen, las horas en la calle se hacen eternas y los libros tienen la capacidad de trasladarte a otro mundo, a otra realidad. De esta forma, semana tras semana, los usuarios de dicha biblioteca reciben abrazos, ternura y calor en forma de palabras, y no solo eso, sino que también pueden continuar su formación ya que la biblioteca dispone de libros académicos, así como apuntes universitarios o libros para aprender idiomas. Resulta curioso cómo tan sólo un “simple” objeto puede llegar hasta donde los seres humanos movidos por su egoísmo no pueden (me incluyo como la primera). Después de leer este artículo, te animo a que, si ves a una persona que está pasando necesidad, pienses que hay necesidades más allá de la ropa y los alimentos. Hablo de la inquietud, de la necesidad de saber, de una buena discusión, en definitiva, de humanidad.

Paula Alonso Lorente.

LA MESA

LA MESA

Cuando era pequeña, mi madre siempre nos regañaba a mi padre y a mí por dejar libros encima de la mesa del salón, entorpeciendo así la decoración de la misma. Ahora, años más tarde, es una batalla que ya da por perdida ya que la mesa siempre está inundada con torres de libros e incluso alguno que otro es suyo. Ayer llegué a casa para pasar las vacaciones de Semana Santa y lo primero que hice fue sacar de la maleta el libro que me estoy leyendo. Al ir a dejarlo en la mesa del salón, comprobé que mi padre había cambiado de libro. Tiene gracia, pero en mi casa solemos hacer cadenas de libros, me explico: las cadenas de libros en mi familia consisten en que alguien compra o coge de la biblioteca un libro y si está bien, va pasando por todos los miembros de la casa. Es muy entrañable cuando en las comidas nos ponemos a debatir sobre lo que hemos leído, y ahora que estoy fuera es una de las cosas que más echo de menos.

En estas fechas me acuerdo mucho de mi abuelo que murió hace un año. Gracias a él empecé a ver en los libros a auténticos amigos, confidentes mediante los cuales puedes convertirte en otro personaje sin necesidad de moverte de casa. En sus últimos momentos, El médico de Noah Gordon se convirtió en un compañero que alivió su dolor. 

Es curioso como hay libros que recuerdan no sólo a personas, sino también a lugares, experiencias y aventuras. Simplemente combinando palabras pueden hacerte sentir diversas emociones. Para nosotros, que nos creemos los reyes del mundo, qué contraste nos supone que unas cuantas hojas nos moldeen a su antojo.

 

LLAMAS

LLAMAS

Estaba desangrándome en una casa en ruinas del distrito Pankow. Los rojos nos habían estado presionando desde comienzos de año. ¿Cómo diablos les dejamos avanzar hasta Berlín? -me pregunté- No importa, ahora eso ya no importa Marcus, sobrevive -me respondí de manera melancólica-. Berlín estaba en llamas por culpa de los rojos, y la pierna me abrasaba a causa del disparo recibido esa mañana. Me levanté a duras penas y logré caminar hasta la única silla en pie del salón dejando un fino rastro de sangre tras de mí. Pensé en el dueño y supuse que no le importaría que un soldado manchase el suelo de su salón. Sentado, conseguí aliviar parte del dolor, pero otra herida me quemaba. Una llama de culpa sea de la forma que sea nunca se apaga del todo, siempre quedará una ceniza que la avive. ¿Cuándo la encendí y qué la avivó? -pregunté al vacío-. Sueños, fama, ser un héroe para la patria y el Führer o simplemente acabar siendo un imbécil en esa maldita guerra, como todos los demás, como el Führer, los rojos, los nuestros o los americanos, todos unos perfectos imbéciles que abrieron las puertas del infierno -respondí al vacío-. Hablar no me preocupaba, el sonido de las bombas a lo lejos tapaba mi voz y los rojos todavía estaban a 4 km de mi posición. Pero aún así, sabía que iba a morir y creí que sería buena idea pensar en otra cosa mientras llegaba el momento. Me pregunté en qué momento abrí yo las puertas de mi propio infierno, y supuse que fue aquel día de 1933.

Era un 10 de mayo y yo estudiaba en la universidad de Humboldt. Era un buen chico, un estudiante de ciencias sociales competente con un alto espíritu de camaradería estudiantil por aquella época. Los buenos tiempos -pensé en la casa en ruinas-. Quizá fueron los discursos del Führer, quizá fuera la camaradería de los nacionalsocialistas, o simplemente fuese el hecho de que no era más que un chiquillo que no sabía nada del mundo, lo que me llevó a unirme al Deutsche Studentenschaft, la DTs, en la universidad. Los primeros meses fueron muy agradables, me lo pasé muy bien, hice cosas buenas por una universidad y conocí a mucha gente que posiblemente estuvieran muertos cuando llegué a la casa en la que pensé todo esto. De toda esa gente, la persona más cercana a mí fue Adler Sheider, el típico ario alemán de la propaganda del partido. Fue mi mejor amigo hasta que murió en Stalingrado. Fue uno de los líderes de la DTs y quien me empujó a abrir mi puerta al infierno, a mí y a todos los chicos de la DTs.

Las semanas previas al día diez, Adler y otros lideres de la DTs nos pidieron que recogiésemos libros que atentasen contra los principios morales alemanes, libros judíos, comunistas y toda la porquería de izquierda que pudiéramos encontrar. Yo acompañe a Adler a requisar los libros de la biblioteca de la universidad. El bibliotecario, el viejo Jool, era un maldito viejo judío que no nos perdonaba ningún retraso con la devolución de libros, un tacaño que muy posiblemente acabara gaseado. Siempre me cayó mal, y la propuesta de Adler me gustó. Esos días fueron muy felices en comparación con los de ahora.

La mañana del diez de mayo nos dijeron que tendríamos que desfilar para que el pueblo viera el orgullo de la juventud alemana y que habría festejos que finalizarían con un discurso del mismísimo Goebbels. El atardecer de aquel día y todo lo que ocurrió en él se me quedaron grabados a fuego en mi mente. Al atardecer, nos dirigimos a la Plaza de la Opera y allí vi la llave de mis puertas del infierno, columnas y columnas de libros apilados para arder. Estas columnas tenían libros contra la nación y todas las buenas ideas del espíritu ario, pues eran basura comunista, judía y contraria a nuestros buenos principios, y al fondo estaba la tarima donde Goebbels daría su discurso. Adler, antes de entrar en la biblioteca de la universidad, me dijo que requisaríamos libros, pero aquel diez de mayo me di cuenta de que requisar significaba algo más. Parecía un funeral vikingo, pero sin ningún tipo de emotividad, solo odio y desprecio en el ambiente, yo lo notaba porque en el fondo lo sentía… -Nada- le dije en voz alta a la nada en la casa ruinosa-, y solo le faltaba una chispa para prender. Llegaron los jefes de la DTs con las antorchas que harían prender las llamas. Estaba embobado, no sabía qué hacer ni qué decir, por lo que no hice nada…y las columnas de libros ardieron. Esas fueron las primeras que yo vi arder en Berlín, y después vería muchas más. Tras la quema, Goebbels nos incendió el corazón con un magnifico discurso. En el fondo, dentro del odio que sentía por esos libros sentía un poco de lastima por su incineración, por el alma de todos los autores en esas columnas ardiendo en un grito sin ruido. Yo tenía parte de culpa, yo requisé esos libros. Pero quemar libros me llevo más tarde a quemar muertos, y de quemar muertos pasé a quemar vivos y de quemar vivos a ver Berlín ardiendo en la silla de la casa en ruinas desde donde muy posiblemente acabaría viendo el verdadero infierno. Me levanté y fui al corredor de la entrada, la sangre del suelo todavía seguía fresca, y a ella se le unió más sangre que todavía emanaba de mi herida, no le di más importancia tras ver y alcanzar la puerta. Entonces la abrí para ver las llamas de los edificios extendiéndose por Berlín, quizá ya estaba viendo el infierno.

Kevin Merinero Rodríguez

 

AVENTURA EN ZAPATILLAS

AVENTURA EN ZAPATILLAS

Amanecía en Tobago. Olía a café y a sábanas limpias. Entraba aire azul por la ventana abierta. La casa aún con los ojos abiertos estaba en calma. Se puso las zapatillas. Empezaba una nueva aventura. Bajó a la playa y sobre él se abría una inmensa manta color turquesa, era el mar, la mar, que tantas pasiones durante siglos había suscitado. Arena y agua virgen, allí no había nadie, salvo él para perturbar su serenidad y el despertador que de pronto apareció apagando su frágil ilusión.

Era lunes por la mañana, y al igual que en su sueño, también olía a café, pero esta vez soluble. Al abrir la ventana vio que sobre el campo se extendía una inmensa sábana blanca, era nieve. Aquella noche había nevado por primera vez en Toledo. Ismael recodaba pocas nevadas, y las que había presenciado habían sido todas fuera de la capital, en pueblos cercanos. Se puso el traje y emprendió camino a la oficina.

De camino se encontró con un gran atasco propiciado por la nevada. Los toledanos no estaban acostumbrados a la nieve y en cuanto caían cuatro copos entraban en modo pánico. Ismael aprovechó el parón para imaginar, le encantaba delirar inmerso en sus propios pensamientos mientras hacía algo tan rutinario como conducir, limpiar o ir a hacer la compra. En sus pensamientos siempre aparecía él como protagonista. Esta vez, se decantó por volver a Tobago, había descubierto un paraíso mental para sus puntuales delirios, así que regresó. Su piel se inundó de agua y su boca de aire. Estaba nadando entre los corales. De pronto, notó que el coche que tenía delante avanzó así que tuvo que moverse. No pudo volver a Tobago en todo el trayecto.

Al llegar a la oficina, Ismael se dio cuenta de una cosa y es que no necesitaba hacer viajes constantemente a Tobago, sino que podía hacer lo que hacen los grandes escritores, vivir permanentemente en la atmosfera de su obra. Las escaleras para ascender hasta su despacho serían palmeras a las que tendría que llegar a por cocos, la tranquilizante y cálida luz del sol sería el flexo situado en su mesa y el mar, el delicado y transparente mar, sería esa preciosa sábana blanca que recordaba haber visto situada junto a su casa. Sin embargo, se le olvidó que en Madrid el paisaje está tomado por asfalto y calles por lo que la nieve se situaba en pequeñas islas donde la acción del hombre no podía llegar.

A pesar de todo, Ismael estaba feliz, era feliz por haber descubierto que lo cotidiano también puede ser extraordinario si utilizamos las herramientas adecuadas.  

Paula Alonso Lorente

LAS MUJERES Y LA NOVELA: UN DISCURSO FICTICIO DE UNA LECTORA DECIMONÓNICA

LAS MUJERES Y LA NOVELA: UN DISCURSO FICTICIO DE UNA LECTORA DECIMONÓNICA

¡Buenas a todos/as, chicos/as!

Os quiero dejar una especie de "discurso" ficticio que he escrito y que bien podría ser obra de una de esas nuevas lectoras decimonónicas de las que hablamos la semana pasada en las clases de "Historia de la lectura". Como vimos, fue en el siglo XIX cuando la mujer comienza a transformar sus gustos lectores al tiempo que va cambiando de mentalidad, de intereses, de expectativas, etc., gracias al despertar de la conciencia de género y a su inserción en el mundo laboral.

He escrito este "discurso" releyendo "Una habitación propia" de Virginia Woolf (¿os acordáis de que la profesora dio mucha importancia a las habitaciones propias en relación a esa conquista de la lectura femenina que empieza a hacerse realidad en este siglo?).

Me gustaría, pues, que os imaginaseis a una de esas mujeres, como la retratada en este lienzo de la artista australiana Florence Ada Fuller, “Mujer leyendo” (1900), que se dirige a otras mujeres que, como ella, están inmersas en ese proceso de luchar por la "peligrosa relación" entre la mujer y la lectura, y por ello deciden rebelarse. Las frases en cursiva son de Virginia Woolf. 

¡Disfrutadlo!

LAS MUJERES Y LA NOVELA

Las mujeres y su modo de ser; o las mujeres y las novelas que escriben; o las mujeres y las fantasías que se han escrito sobre ellas; o quizá estos tres sentidos inexplicablemente unidos (Virginia Woolf).

Las mujeres y la novela seguiremos siendo problemas sin resolver. Este collar que nos habéis atado al cuello, nos hace bajar la cabeza. La vida se nos apaga sutilmente sobre las manos que sujetan un libro.

A nosotras, las mujeres pasionarias de rubor carmesí en las mejillas, de espléndidas lágrimas que las recorren al crecer entre las verjas. A nosotras, las que tenemos corazones pájaro-cantores, cáscaras de arcoíris que chapotean sobre nuestros labios subterráneos. A nosotras, ¡sí, nosotras! Nuestros maridos nos están quitando a Tólstoi y a Flaubert, nos desaconsejan leer cualquier cosa que no sea La cuisinière bourgeoise ¡Y estamos hartas de leer consejos sobre la cocina y el hogar o los buenos modales! ¡Tenemos que dejar actuar a la revolución, que para nada es catástrofe! No deberíamos estar llenas de hilos ni de cuerdas como si perteneciésemos al corazón de un avaro. Aquí estamos, pensando en todas las mujeres, y un millar de estrellas relampaguean por los desiertos azules del cielo... Releo cualquier novela por entregas y se me salta desde un precipicio el corazón excitado, ¡qué pasión! Yo estoy harta, no quiero que me prohíban leer en voz baja cualquier amorío en mi propia habitación con la luz y los cantos de los pájaros por la ventana… Pero os estoy viendo las caras, y lo comprendo… Seguimos con miedo al veneno. Sigue resultándonos difícil abrazar a aquellos instintos e ilusiones más primarios que son desagradables para otros que lo único que quieren es que no nos apartamos del camino correcto.

Pero, mujeres, que estáis aquí presentes, ¿acaso no seguimos teniendo nuestras manos, nuestras mentes? Abrid las palmas, poco a poco y hacia arriba. ¿Veis vuestras manos? Las vuestras. Vuestros dedos, vuestras plumas, y vuestra libertad escondida entre las uñas. Ahora, enganchemos mano con mano, punta con punta, y ¡rasguemos esta tela de araña por el medio! ¡Ardamos como faros en esta sociedad machista, burguesa y patriarcal!

¡Somos heroicas, mezquinas, espléndidas y sórdidas, infinitamente hermosas y perfectamente libres! ¡Somos tan grandes como los hombres, de esquina a avenida, de un par de páginas de revista de moda a libro sobre carpintería o anatomía! Somos recipientes derramados para dejar fluir todas las fuerzas que nos acompañan en esta noche de reunión.

Vale, ahora calmaos. No os agobiéis por no estar viviendo la vida que queréis. Yo hablo de defender nuestra igualdad al hombre, a todos los hombres. ¡Hablo de poder tener una habitación propia! ¿No lo entendéis? Yo lo sé. Somos raras, desequilibradas, pero sobre todo, somos reales. Sí, reales. Imperfectas. A veces escondemos un guiño, una sonrisa o quizás una lágrima, pero desde nuestro corazón y siempre hacia el vuestro -mujeres y hombres luchadores- no podemos escondernos. Mujeres que estáis aquí presentes, os miro directamente y os digo: Quien quiera censurarnos, que lo intente. Que nosotras, poco endebles, hemos consumido todos los obstáculos volviéndonos incandescentes, que no caeremos por injusticias ni tampoco deberán esperar que carezcamos de intereses. Nuestra esperanza de éxito nunca, jamás, debería volver a no-superar los temores, ¡pues el fuego arde de calor en nuestro interior!

No somos culpables, amigas, compañeras. Somos mujeres. Somos mujeres. ¡Ahora bien, levantaos! ¡Vamos a correr como si tuviésemos alas en los talones y pudiésemos volar después! Vamos a hacerlo, amigas, compañeras, mujeres; sí, porque, aunque nos las quieran cortar, las tenemos.

Sofía Morante Thomas

VIAJAR EN UN "BARCO DE VAPOR"

VIAJAR EN UN "BARCO DE VAPOR"

Realmente nunca sé cómo empezar a escribir y creo que compartir ese pensamiento con quienes me leéis es lo más indicado para empezar este post que es, como podéis ver por el título, una invitación a viajar juntos. No será un viaje en avión, ni en coche, ni siquiera en tren… Vamos a viaja en un barco... En un "Barco de Vapor".

Estoy seguro de que este viaje será nostálgico para muchos de vosotros, como lo es para mí. En las líneas que siguen intentaré que en vuestros recuerdos aparezcan esos pequeños libros que tantísimas horas se han llevado de nuestra vida, ya sea de forma voluntaria o incluso medio forzada (más adelante explicaré esto), aunque es obvio que a tiernas edades hay que dar una especie de “empujoncito” al niño para que entre en el maravilloso mundo de las letras. Esas letras que forman palabras, y esas palabras que forman imágenes en nuestras mentes y nos hacen vivir mil y una historias, recorrer mundos reales o ficticios, conocer y comprender a personas y personajes, distintos o parecidos a nosotros, de cualquier parte del mundo. De todo esto y de muchísimo más tiene la gran culpa esa colección de libros que seguro todos, antes o después, hemos tenido en nuestras manos: la colección de literatura infantil y juvenil "El Barco de Vapor" de la editorial SM.

En mi caso fue en los años noventa, cuando tenía aproximadamente unos siete u ocho años, cuando por vez primera uno de esos libros cayó en mis manos. Estaba cursando el primer ciclo de EGB (Educación General Básica) y la profesora alzó la voz para proponernos una actividad que iba a ser semanal: cada alumno tenía que comprar 4 libros, cada uno de diferente color (blanco, azul, naranja y rojo), y los libros que comprase, además, no podían ser los mismos que los que comprasen los demás compañeros. El porqué de estas instrucciones lo descubriría más tarde. Gracias una lista elaborada por la profesora, y previo sorteo de los títulos consignados en ella, cada uno supimos cuáles iban a ser nuestros 4 compañeros de viaje.

En fin, la actividad era la siguiente: tenías una semana para leer el libro blanco. Una vez pasaba la semana, el viernes, rellenábamos una ficha en la que, si la memoria no me falla, debíamos anotar el título del libro, el nombre del personaje principal, contar qué era lo que sucedía y, por último, darle una puntuación del 1 al 10. Una vez hecho esto, teníamos que cambiar nuestro libro por el de otro compañero, y así sucesivamente, hasta leer todos los libros blancos de la clase.

En ese momento no era consciente, pero ahora, como futuro maestro de primaria y humanista, me doy cuenta de lo que la profesora consiguió gracias a esta actividad: convertirnos en lectores. Empezamos a leer un libro cada semana, pero al poco tiempo ya fueron dos, tres… ¡Creo recordar que llegamos hasta 5 libros semanales! Tenemos que tener en cuenta que la colección blanca estaba destinada a niños que se iniciaban en la lectura: en cada página no había más de cinco ó diez líneas y eran libros profusamente ilustrados con numerosas imágenes muy coloridas y explicativas.

Uno de los aciertos de la colección de "El Barco de Vapor" fue, creo yo, la codificación de sus libros por colores en función de la edad de los lectores. El primer nivel, como acabo de señalar, era el blanco, para niños de entre seis y ocho años de edad, como El domador de monstruos de la gran Ana María Machado. Sin duda, este es uno de mis libros favoritos. Prácticamente llegué a aprendérmelo de memoria, era maravilloso leerlo… Siguiendo con el recorrido de la gama cromática de estos libros, nos detenemos en el color azul. Los libros azules tenían un texto más extenso y un vocabulario mucho más variado y complejo. Recuerdo tener que preguntar alguna palabra a mis padres y apuntarla después en la ficha por no saber aún su significado. Esto me gustaba mucho: me hacía sentir que había aprendido algo nuevo que la mayoría de mis compañeros seguramente desconocían. Ya me entendéis, la competitividad de los niños… Las historias de los libros azules están protagonizadas por personajes muy canónicos, cuya peculiaridad es que viven muchas y diferentes aventuras. De esta serie azul recuerdo especialmente el libro La fábrica de nubes de Jordi Sierra i Fabra.

El tercer nivel de lectura correspondía a los libros de color naranja. Cuando llegabas al color naranja era increíble, ¡porque leías libros de mayores! Te enfrentabas, de este modo, a historias que se volvían cada vez más completas y complicadas en las que aparecían multitud de personajes, escenarios... No puedo dejar de mencionar aquí Fantasmas de día, de Lucía Baquedano. Y finalmente llegamos a la serie roja, compuesta por libros para niños de 10 a 12 años. Es lo que podríamos ya denominar como novelas hechas y derechas, historias que reflejaban la sociedad en la que vivíamos por aquel entonces. En este caso, resulta curioso, no recuerdo ningún título de manera especial. A esas edades ya empiezas a leer más y quizás por ello no retengamos en nuestra memoria de la misma manera títulos, nombres de autores, de personajes...

Me consta que la misma profesora sigue introduciendo a la lectura de este modo a sus alumnos de primaria año tras año con los libros de "El Barco de Vapor". Guardo de ella un recuerdo especial y nunca la olvidaré, aunque seguramente ella ya no se acuerde de mí después de haber dado clases a tantos niños tantos años. Inevitablemente los niños crecen y cambian; sin embargo, ella sigue igual, con la misma sonrisa de hace dos décadas, esa sonrisa con la que nos decía: "Chicos, hoy es el día de la lectura, hoy es el día de las fichas". Metafóricamente, estas fichas simbolizaban para nosotros el billete para emprender la siguiente aventura.

Cada vez que vea un libro de "Barco de Vapor", te recordaré. Y ese recuerdo me llevará a difundir estos libros y tu labor generación tras generación. Espero saber transmitir tu pasión por las letras, tu pasión por las historias, tu capacidad de imaginar con nosotros, de crear aventuras, de inventar finales.

Simplemente y para terminar quiero desde aquí hacerle llegar mi gratitud eterna a esa MAESTRA con mayúsculas. Gracias “seño”. Gracias por hacerme entender que la primera palabra que leemos en una hoja es el primer paso para emprender un nuevo viaje. Por poner la primera piedra de las letras en mí y hacerlo de tal forma que, aun habiendo tomado un pequeño rodeo por las ciencias, hoy estoy aquí, preparándome para ser futuro maestro de primaria y humanista. Si es así, es por ti.

Y cómo no, no podría acabar este post sin dar las gracias a "Barco de Vapor" y a la editorial SM por todas estas aventuras que nos han regalado y nos siguen regalando, por apostar por y confiar en los niños como lectores, por brindarles la oportunidad de leer a grandes escritores nacionales y extranjeros, por hacerles entrar en este maravilloso mundo de la lectura.

Yo voy a continuar con este legado, con esta responsabilidad, con este compromiso. Voy a seguir viajando por las páginas de los libros y a invitar a viajar a otros... ¿Cuál será la siguiente parada?

José Corchero García

¿DESTRUIDA, DESAPARECIDA, SALVADA? LA LEYENDA DE LA BIBLIOTECA DE ALEJANDRÍA

¿DESTRUIDA, DESAPARECIDA, SALVADA? LA LEYENDA DE LA BIBLIOTECA DE ALEJANDRÍA

En un pequeño barrio del norte de África, más concretamente en Zamalek, en la poblada ciudad de El Cairo, Egipto, se narran mil historias, cuentos y leyendas que, acompañadas de los olores exóticos tan característicos del mundo árabe, como el jazmín, el incienso y numerosas variedades de especias, hacen disfrutar a niños y mayores. Si algo hace especiales y distintas estas naraciones es, sin duda, la potente voz interminable de “El astro de Oriente”, de "La señora del canto árabe”, de la grandiosa diva Oum Kalthoum.

Recuerdo perfectamente que estábamos en el sagrado mes de Ramadán, en la noche del 27 de agosto, rodeados de un ambiente caluroso y húmedo tan agobiante que apenas dejaba respirar, y que provocaba un cansancio continuo que solo apetecía acostarse en la cama. Sin más. Pero esa noche era especial, era la “Noche del Decreto” o “Leilat al Qadr”, una noche en la que el sagrado libro islámico del Qoran fue revelado al profeta Muhammad por el arcángel Gabriel o Yibril. Esta noche, más que nunca, es nuestra oportunidad para arrepentirnos de los pecados o “harams” cometidos a lo largo del año. Pedimos paz, aprobados, suerte, éxitos, alejarnos del mal… Mientras mi padre me convencía para ir a la mezquita a rezar durante toda la noche con él, como es costumbre, me fijé en una estantería situada en el salón, repleta de libros, libros que probablemente nadie haya leído. Entre ellos encontré uno muy curioso, en árabe, que hablaba del Egipto antiguo. Decidí cogerlo, pero mi padre no hacía más que meterme prisa para que subiéramos al coche y poder llegar, así, puntuales al rezo nocturno en la Mezquita voladora (donde se cuenta que el día del Juicio Final todo aquel que se encuentre en ella ascenderá al Paraíso o "Firdaws").

Mientras íbamos de camino, le pregunté al taxista, conocido de la familia, sobre cuál era su pensamiento respecto al Egipto faraónico, qué era lo que él creía acerca de las pirámides, los faraones o la mismísima Biblioteca de Alejandría… Me miró un tanto entusiasmado y a la vez sorprendido, pero rápidamente me contestó: “Todo es por culpa de los extraterrestres y los genios malignos", me dijo. En el Islam son conocidos como jinns y son entes demoníacos, invisibles, que te vigilan en todo momento para dar constancia de tus actos el día en que fallezcas y debas rendir cuentas ante Dios. No supe qué hacer en ese momento porque, aunque ahora sea una de las cosas más comunes entre los adolescentes, no creo en los aliens o extraterrestres; sin embargo, su respuesta, la de un hombre cincuentón, me resultó tan curiosa que quise indagar más, por lo que le dije que, por favor, siguiera y desarrollara su respuesta.

Elías, el taxista cincuentón, en resumidas palabras me dijo que mirase las pirámides y que, si yo era capaz de creerme que eso es una obra de la humanidad, de nuestros antepasados, hecha por esclavos hebreos y comandada por egipcios, era un iluso. Me dijo que observase muy atentamente los jeroglíficos y los misteriosos seres que aparecen representados en ellos, que me fijase en sus cuerpos zoomorfos, mitad hombres, mitad animales, sirenas, seres con cabezas de chacal o águilas… ¿Acaso es eso normal para nosotros? ¿Te encuentras eso por la calle? Claramente NO.

Esto me dio mucho que pensar... A la semana siguiente decidí ir a la pequeña biblioteca de un amigo de mi padre a ver sus interminables estantes con libros de historia nacional, geografía y religión (obras acerca de las teorías del trono de Iblis, de la existencia de los ángeles, etc.). En estos libros encontré lo que buscaba, y pude observar lo que Elías me comentó… Seres con cabezas de animales, sirenas, glifos, matanzas de niños hebreos que eran lanzados a los cocodrilos para mantenerlos en sus aguas... Pero lo más curioso para mí fueron los cráneos, la forma de las cabezas; cabezas alargadas como si de verdaderos alienígenas se tratara, con un cráneo casi interminable… Entonces, ahí estaba el amigo de mi padre para contarme las historias interminables tan características de los cafés árabes, acerca de nuestros antepasados, historias entre las que destacó la Biblioteca de Alejandría.

Todos sabemos hoy, “a ciencia cierta”, que la biblioteca pereció en el incendio del 391 ordenado por Teodosio el Grande y llevado a cabo por el cristiano Teófilo de Alejandría; sin embargo, una minoría intelectual egipcia considera que esto no fue así, es decir, que la biblioteca no ardió, sino que fue salvada.Todos, o al menos casi todos, conocemos la historia de la Atlántida... Pues algo parecido ocurrió con nuestra célebre biblioteca, según el hombre que me contó la historia, es decir, se cree que los propios habitantes de Alejandría sumergieron la biblioteca en las aguas para evitar que algo tan bello cayese en manos de los cristianos y lo destruyeran, como hicieron con toda la cultura pagana.

Al parecer, antes de sumergir la biblioteca, se tomaron y repartieron las obras más importantes que se encontraban dentro de ella… Unas se vendieron a comerciantes árabes que se dedicaban a ir de ruta en ruta, otras sirvieron como trueque, se exportaron a Roma, a Grecia... Lo más curioso fue lo que vino después... Un sector muy reducido de la sociedad egipcia, y que yo considero surrealista, prefiere creer que los propios extraterrestres que se encontraban en Egipto en aquel entones huyeron con ella a un lugar desconocido donde no se pudiera destruir. La verdad es que me cuesta creer esta última versión, aunque hay películas de ciencia ficción en las que se ve cómo las pirámides son meros OVNI que algún día despegarán...

Desgraciadamente, y por mucho que me duela, la biblioteca ardió, y ahí están las pruebas, no hay más que ir al norte de Egipto, a la ciudad que le da nombre, para comprobar que todas estas historias no son más que cuentos y leyendas que sirven para provocar misterio y duda, pero que se quedan en eso, en meras fantasías. Sin embargo, que estas historias existan creo que ayuda a que sigamos haciéndonos preguntas. Os planteo algunas de las que me he hecho yo: ¿Qué creéis que hubiera sido del mundo si esta biblioteca hubiera permanecido intacta hasta nuestros días? ¿Acaso hubiera cambiado algo? ¿Tendríamos obras de referencia que ahora ni siquiera sabemos de su existencia? ¿Nos veríamos obligados a cambiar nuestra visión sobre la Filosofía, las Matemáticas o la Geometría?

Rida Ezzahif Chahinaoui

LAS MUJERES QUE INVESTIGAN LA LECTURA SON PELIGROSAS

LAS MUJERES QUE INVESTIGAN LA LECTURA SON PELIGROSAS

Piii…. Pii… Pii… Pii...

¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado? Son las preguntas que rondan mi mente... No me acuerdo de lo sucedido aquella noche... Únicamente recuerdo la sensación de dolor permanente en mis ojos y un sonido muy tenue, parecido al que hacen las sábanas al sacudirlas. Un vaivén de imágenes inunda de repente mi cabeza y no me deja pensar con claridad. Solo tengo que abrir los ojos para hallar una respuesta a mis preguntas, pero tengo miedo... Y si... Mis pensamientos se detienen ahí, mi cuerpo se estremece, noto cómo una suave brisa acaricia mi blanca piel, cómo la luz atraviesa mis párpados. Oigo unos pasos y unas voces muy apagadas y roncas, pero no llego a entender lo que dicen. En ese momento, mi curiosidad gana a mi miedo. Abro lentamente los ojos y observo a mi alrededor... Puedo ver una ventana por la que acaba de salir el sol. Está abierta de par en par. Me encuentro en una cama, en una habitación rectangular; a mi derecha hay una carpeta sobre una mesa, en la carpeta hay un sobre con un papel encima. Ese papel me resulta peligrosamente familiar... No pueden haberlo encontrado. Me inclino para leerlo y confirmar mis sospechas. Justo en ese momento entran dos personas a la habitación.

Rápidamente cierro los ojos y me quedo muy quieta esperando poder encontrar respuesta al porqué de mi estancia aquí. El corazón me late muy rápidamente, espero que no se den cuenta de que me he despertado...

- Alexander, ¿crees que se habrá despertado?

- Debería, lleva inconsciente ya tres días...

Al oír esas voces me siento tranquila y reconfortada, como si esas personas me estuvieran protegiendo de alguien o algo superior. Pero también noto alivio debido a que empiezo a recordar, aunque eso me puede perjudicar…

Me llamo Myra Printon, tengo 19 años y vivo en una acogedora casita con una valla verde y un buzón azul en la calle Weston, en Londres. Aquella noche estaba muy emocionada, ya que ese día era esencial para mi vida, iba a presentar mi gran descubrimiento ante un gran número de intelectuales. Todo gracias a un trabajo de investigación en la Universidad y a mi gran suerte. Llevaba meses preparándome para ese gran día. Antes de acudir al evento pasé por casa de mi mejor amiga para despejarme un poco y ensayar la exposición. Recuerdo que ella estaba muy inquieta, no paraba de dar vueltas por la habitación, murmurando cosas en un idioma desconocido para mí. Estuvo así más de media hora, hasta que de repente cesó. Yo no sabía qué pasaba, pero no me gustaba. Ver a Sophie de aquella manera no era normal, pero inquietantemente en los días anteriores ya se había hecho habitual. Hasta ese momento su estado no me dio tanto miedo. Me gritó que me fuera, que algo malo iba a pasar muy pronto, que me pusiera a cubierto porque me perseguían. Me asustó... Decía que había descubierto su secreto y que no lo podían permitir. Yo no entendí nada, pero aún así la hice caso y me fui al auditorio.

Durante el camino fui dándole vueltas al tema, ¿qué he descubierto que pueda molestar a alguien tanto? Me pasó por la cabeza que podría ser por la investigación que había realizado... ¿Hasta qué punto los soportes de lectura que utilizamos actualmente son novedosos? Mi investigación había consistido en observar si a lo largo de la historia se han utilizado soportes que cayeron en el olvido, pero que nosotros los hemos vuelto luego a reutilizar, soportes que surgieron de experimentos clandestinos. Por ello no encontramos información clara y directa sobre ellos, sino que se debe cambiar el punto de vista y buscar errores en la propia Historia de la lectura. Pero de todos modos, no pensada que nadie fuera a interesarse tanto por mi investigación y muchos menos perseguirme por lo resultados obtenidos.

Lo que pasó después fue muy confuso. Me encontré en una calle por la que nunca había pasado. Notaba cómo mis músculos se contraían y cómo mis ojos miraban hacia todos los lados sin ver nada, pero aún así me sentía observada. Algo o alguien me miraba. En ese mismo instante una sombra negra se arrojó hacia mí. Yo me encontré gritando y girando sobre mí misma, y en el momento en el que estaba dando gracias a Dios por la vida que había tenido, una figura perfecta, que hacía daño a la vista, salió a mi rescate. Este héroe era irreal, tan perfecto como un ángel, tanto que incluso llegué a pensar que lo era. Mientras yo estaba en el suelo mojado la noche caía y el tiempo pasaba, aunque yo no me daba cuenta. No podía retirar la mirada de esos dos seres asombrosos. Pude apreciar que no tenían miedo, como si esa batalla la hubieran librado más veces... Y lo que más me llamo la atención fue que en la mirada de mi salvador no había furia, solamente paz y dolor, y esto me dejo desconcertada...

De repente volví en mí, intenté moverme, irme de allí, pero recibí un golpe en la cabeza y justo en ese momento el ser luminoso debió vencer porque me cogió en brazos... Intenté descifrar quién podía ser, pero solo llegue a ver su hermoso rostro, tenía unos ojos muy bonitos... Antes de perder la consciencia conseguí oír cómo mascullaba mi salvador, decía algo de que hay temas por los cuales es mejor no interesarse… Algo de Grecia… De personas adelantadas a su tiempo… De visionarios… Y entonces me desmayé. Caí en la cuenta de la causa del pitido y del dolor de cabeza que siento, algo me golpeó...

Al recordar me sobresalto y las dos figuras de la habitación siguen conmigo. En ese momento abro lentamente los ojos, como alguien que no quiere despertar de un bonito sueño y entonces me topo con dos pares de ojos que me miran con interés, como si intentaran descubrir lo que pienso, abrir mi mente. Lo primero que me preguntan es cómo he conseguido la información, mientras que señalan a la carpeta y al papel que tanto me sonaba. Definitivamente es mío. Qué poco tacto por su parte, me han dado un golpe en la cabeza, estoy en un sitio desconocido para mí y me preguntan por mi investigación. Cuando se lo cuente a la Decana para excusar mi asistencia a la exposición… Insisten de nuevo:

- ¿Cómo has conseguido encontrar el material necesario para fundamentar tu teoría? ¿Eres consciente de lo que has descubierto? ¿Lo has hecho público? ¡Respóndenos de una vez!

Creo entonces que lo más adecuado es contestar con monosílabos. Esta gente es muy extraña. ¿Por qué visten como si fueran romanos? Me acabo de dar cuenta que llevan una vestimenta propia del mundo antiguo, esto tiene que ser una cámara oculta. Carraspeo y les contesto:

- Investigando en libros y otras fuentes. Creo que sí soy consciente. Y no, lo iba a hacer público la noche que…

Pero me interrumpe un hombre joven, creo que es el que me salvó la otra noche:

- Menos mal, se te nota por tu cara de desconcierto que en verdad no tienes ni idea de lo que has descubierto. Voy a explicártelo rápidamente y de forma muy breve: has encontrado un problema en la Historia, nunca se ha hecho algo novedoso debido a que los griegos y romanos se encontraban mucho más evolucionados que nosotros. Durante años se ha estado ocultando, incluso se cambiaron los libros de historia para que no se produjera ninguna revuelta y mantener el equilibrio. Nadie en su sano juicio hoy en día creería que nosotros, griegos y romanos, ya conocíamos hace miles de años la existencia de muchos avances que estáis realizando hoy en día. 

No sé ni qué contestar, este hombre está loco. Se cree griego, dice que son anteriores en cuanto a tecnología… Tengo que reconocer que yo he encontrado manifestaciones de nuestra tecnología en la Edad Antigua… pero en ningún momento he pensado que funcionaran como hoy en día, yo pensaba que era solo en diseño, la funcionalidad… No también en su funcionamiento. Yo creo que me están tomando por tonta y quieren algo de mí, dinero por ejemplo. Cada vez me duele más la cabeza, mis ojos no quieren seguir abiertos. Reparo en que tengo colocada una vía, están intentando dormirme. La mujer comienza a hablar:

-Bueno, vamos a hacer como que todo esto ha sido un sueño y mañana te despertarás en tu casa como si no hubiera pasado nada. No vas a recordar esta conversación ni tampoco tu investigación. Nosotros nos encargamos de presentar otro trabajo en su lugar y de que te pongan el 10, pero tú pensarás que ese ha sido tu trabajo. Si vuelves a mostrar el más mínimo interés por este tema actuaremos. Piensa que es por tu bien, no podemos permitir que nadie conozca este secreto, mucha gente lo ansía.

Quiero replicar, pero no me da tiempo, un segundo después ya estoy totalmente dormida...

- ¡Buenos días por la mañana! ¡Ya son las ocho de la mañana!

Ya está el despertador sonando… Parece que hace buen día. Estoy muy orgullosa por el día de ayer, me han dado un reconocimiento por mi trabajo de investigación sobre las causas del fracaso escolar, quién me lo iba a decir. Sabía que era un tema muy recurrente y muy conocido, pero parece que he hecho algo novedoso que les ha gustado. Me siento con ánimos de empezar un nuevo día....

Alicia María Calderón González.

ANIMAR A LEER

ANIMAR A LEER

Con motivo del Día del Libro me parece más que oportuno reflexionar sobre el fomento de la lectura en la actualidad. En numerosas ocasiones oímos a padres, madres y profesores/as decir que los niños/as no tienen interés por leer y, a su vez, escuchamos a niños/as, adolescentes y jóvenes cómo confirman dicha falta de interés porque nadie les ofrece lo que necesitan. Pero, ¿por qué es así? ¿Y si en vez de quejarnos todos tanto comenzáramos a hacer algo? Reflexionar, por ejemplo. Saber cómo ha sido nuestro primer contacto con la lectura, cómo hemos aprendido a leer, cómo se ha despertado en nosotros el gusto por los libros, cómo ese gusto puede perderse si no se fomenta a través de iniciativas adecuadas...

El primer contacto que tenemos con la lectura es anterior a lo que podríamos pensar, pues se produce por parte de otros que nos leen, generalmente en el entorno familiar, a muy temprana edad, o en algunos casos más tardíamente con la incorporación a la escuela, en los primeros años de la Educación Infantil. Este es el momento de generar en el niño/a el gusto por los libros y por la lectura. Cuando yo era pequeña, mis padres me leían siempre cuentos. En la escuela Hontanar, todos los niños/as esperábamos con gran ilusión al “hada de los cuentos” que cada miércoles por la tarde venía a clase y nos escondía uno... Al encontrarlo, nos lo contaba...  Dedicar en la escuela un día a leer ayudaría a generar expectación, entusiasmo, deseo, ganas de libros en los niños/as... Cualquiero cuento bien contado es capaz de llamar la atención de los más pequeños. Sólo hace falta encontrar el momento...

En los últimos años de Educación Infantil y en 1º de Primaria se despierta ya la lectura personal: la descodificación de signos, del significado de las palabras y sus relaciones, todo ello con la práctica continuada de la lectura, que permite adquirir una velocidad de lectura media. Si no se dominan estas destrezas, la tarea resultará una actividad dura y aburrida. Soy consciente de que muchas veces el profesor/a se ve solo a la hora de enseñar a leer y que no se puede centrar en cada alumno/a de forma individualizada, pero ahí es donde entra en juego la familia o, en su defecto, con voluntarios (como se hace, por ejemplo, en algunas asociaciones como Pueblos Unidos).  Si un rato al día el niño/a puede leer con alguien, eso supondrá ya un gran avance en su formación y experiencia lectora. No hace falta que lea todo el libro, pues puede resultarle cansado. La persona que le acompañe puede leer algunos fragmentos para ayudarle e incluso desarrollar juegos en torno a la lectura, como el de “Tu boca se equivoca”, que consiste en cometer pequeños errores al leer para que el niño/a oyente se dé cuenta y los corrija, logrando de este modo que mantenga una atención constante.

A la vez que el niño/a aprende la lectura de manera mecánica, es necesario cultivar la lectura comprensiva. Para ello es importante, según han confirmado estudios recientes, pasar del concepto de lectura como un proceso de naturaleza predominantemente pasiva al de la lectura como un proceso de búsqueda de significado en el que los lectores sean eficaces, activos. Es por ello necesario trabajar la prelectura, que consiste en efectuar una preparación preliminar activando conocimientos previos, determinando las expectativas del niño/a sobre el contenido del texto, generando interrogantes y conjeturando respuestas a los mismos. Todo esto ayudará a mejorar la comprensión de los pequeños lectores/as.

Ahora bien, es necesario comprobar lo que el niño/a ha entendido y animarle a ser crítico con su aprendizaje. Las actividades que habitualmente se desarrollan en el aula para adquirir esta destreza solo conducen a respuestas que se pueden obtener extrayendo información del texto sin que realmente haya habido una comprensión real. Propongo, por tanto, que se hagan otro tipo de actividades enmarcadas en un aprendizaje de carácter cooperativo. Por ejemplo, divididos en grupos, los niños/as pueden leer distintos fragmentos y contárselos a los demás, o bien pueden escribir ellos el fragmento -desarrollando así su escritura creativa- y a continuación intercambiarlo con sus compañeros/as para que éstos participen en el proceso modificando algunas frases. Finalmente tendrán que explicar, en voz alta, en qué sentido ha cambiado la historia tras introducir en el texto original las modificaciones realizadas en común.

Cuando el niño/a ya sepa leer sin dificultades, a lo largo de Primaria, es importante seguir fomentando en él/ella el placer de la lectura. Ésta no ha de verse como algo impositivo, sino como algo lúdico. Es bueno contar con diversos recursos en el aula para lograr este fin. Por ejemplo, en mi colegio, el Arquitecto Gaudí, había un proyecto llamado “El club de lectura”, al que considero, en buena medida, responsable de que a mí me fascine leer. En una habitación decorada y acondicionada con suelo almohadillado y cojines, y con las paredes repletas de estanterías con todo tipo de libros, los alumnos/as podíamos acceder a todo tipo de libros en nuestro tiempo libre y en algunas horas pautadas por el centro para el desarrollo de la lectura fuera del aula. Algunos viernes podíamos quedarnos a pasar la noche en la habitación leyendo y comentando libros con otros compañeros/as.  Recuerdo que esta pequeña biblioteca no tenía solo libros, sino también cómics, que atraían a los más recelosos (los que no querían libros sin dibujos). Al compartir nuestras lecturas unos con otros con tanto entusiasmo al final acabábamos leyendo lo que había leído el de al lado...  

Por último, me voy a centrar en los adolescentes, etapa en la que disminuye el ritmo y el hábito lector. Creo que las razones pueden ser varias, en concreto dos: que al aumentar los contenidos curriculares se reduce su tiempo de lectura en los centros educativos; y que los adolescentes rechazan todo lo que sea una imposición y, a menudo, lo que se les obliga a leer les resulta totalmente ajeno a su mundo. Parece mentira que no hayamos interiorizado todavía la idea de que en la adolescencia se presta mucha más atención al grupo de iguales... Esto es algo que debemos saber aprovechar. Una forma de hacerlo es aplicar la iniciativa del Bookcrossing en el propio Instituto. La idea sería que los alumnos/as tuvieran un lugar donde compartir los libros que más les han gustado dejando, por ejemplo, un post-it pegado encima con una breve explicación de por qué lo recomiendan; de este modo, durante todo el curso sus compañeros/as podrían disfrutar de él. Además, cada lector/a podría ir añadiendo más información con sus propios comentarios. Otra iniciativa podría ser el contacto con autores/as participando en debates, recitales, redes sociales, etc. 

Para finalizar, quiero realizar una última invitación. Estoy segura de que todos hemos vivido situaciones relacionadas con la lectura que nos han hecho desarrollar un mayor gusto por ella o, a veces, todo lo contrario, que nos han hecho odiarla. Como futuros maestros/as, padres y madres considero que compartir esas experiencias lectoras podría resultar muy útil para saber qué hacer y qué no. Aunque, por supuesto, cada persona es diferente y entrará en el mundo de la lectura a su manera, hay que conseguir siempre que entre, porque si no se va a perder una de las cosas más fascinantes del mundo... LEER.

 

Helena Gonzalo Badia.

EL FESTIVAL DE LA PALABRA

EL FESTIVAL DE LA PALABRA

El Festival de la Palabra es una convocatoria para la creación literaria y la lectura que tiene como actividad principal la entrega del Premio Cervantes en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá. Es un tiempo para la reflexión y el debate en torno a la lengua española y la difusión de la obra del autor/a premiado con este importante y prestigioso galardón.

Este festival comenzó el pasado 31 de marzo y finalizará el próximo 2 de mayo. Podéis ver el programa completo de actividades simplemente pinchando en este link: https://drive.google.com/file/d/0B21V_b5Nb_6Dc2V6MmE1S3MzOUE/view. Echadle un ojo, porque aún estáis a tiempo de ir, y es algo que os recomiendo mucho hacer, ya que es una experiencia bonita. Hay presentaciones de libros, encuentros con autores/as, mesas redondas, obras de teatro, cuentacuentos, talleres, microrrelatos en Twitter, recitales de poesía... ¡y hasta una Feria del Libro!  

El otro día asistí a la presentación del libro de un muy buen amigo mío, Guillermo Martínez, y de otros tres chicos. El libro, titulado Cinco segundos, es una antología de poemas. Cada autor recitó sus poemas, y aunque todos lo hicieron muy bien, la verdad es que mi amigo destacó por encima de los demás. Él ya tiene un poemario publicado, La razón de mi locura, y ha colaborado en revistas (como OMNIA) y periódicos (como 20 Minutos) publicando en sus páginas algunos versos. Os copio el link a su blog, por si alguno/a estáis interesados en leer algo suyo: http://guille8martinez.blogspot.com.es.

Espero que os gusten mucho tanto la breve entrada que he realizado como los poemas de Guillermo. ¡Y no olvidéis asistir a algún acto de este maravilloso Festival de la palabra!.

 

Sara Fernández de la Peña.

ESTIMADO D. TORCUATO

ESTIMADO D. TORCUATO

Estimado Torcuato Luca de Tena:

En la contracubierta de uno de sus libros, concretamente "Los renglones torcidos de Dios", se le define a usted como "periodista y escritor de gran prestigio, que se ha convertido en uno de los autores más importantes de nuestro país, con cientos de miles de ejemplares vendidos de todas sus obras".

Me gustaría que supiese que este libro, "Los renglones torcidos de Dios", fue una de las primeras obras que realmente disfruté leyendo, analizando cada parte y cada personaje. Solo tenía 16 años cuando mi abuelo, que es un lector activo, me recomendó que la leyese sin decirme apenas de qué trataba. Solo me dijo que me iba a gustar, y no se equivocó, puesto que es una obra muy bien estructurada no solo por su carácter adictivo, sino también porque sé que usted entró en numerosos manicomios en los que me supongo conoció los distintos grados de "locura" y, lo mejor de todo, supo quedarse con cada uno de esos matices para escribir una obra ficticia, pero a la vez extremadamente real.

Este libro me abrió la puerta del gusto por la Psicología y la Psiquiatría. Gracias a él pude aprender cómo se comportan los distintos enfermos, porque los lectores, gracias a usted, podemos hacernos una idea de lo que ocurre en la cabeza de una persona enferma, ya que no solo define al enfermo por fuera, físicamente, lo que se ve, sino que también es capaz de contar cómo se comporta e incluso cómo piensa. Una de las preguntas que me vienen a la cabeza es si usted tuvo miedo en algún momento en esos manicomios o si pensó abandonar su investigación. Creo que a mí me hubiera pasado.

En cuanto a la famosa frase de Henrich Heine, me parece que se trata de una cita totalmente perfecta para introducir el libro y un consejo estupendo para la vida de cualquiera. Sin duda, hay que estar un poco loco para poder vivir. La cordura y la locura deben ir de la mano, porque esta vida ya de por sí es una verdadera locura: "La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca".

Para terminar, solo decirle que ojalá algún día pueda llegar a leer una carta como esta que hoy le escribo, pero sobre mí, puesto que creo que el arte de la lectura y el placer de un buen libro no pueden morir jamás, porque leer es vivir y si es un autor es bueno, leer es la locura más maravillosa que una persona puede experimentar.

Un saludo y gracias por proporcionarme horas de lectura sin igual.

Marta Montero.