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VIAJE AL INFINITO

VIAJE AL INFINITO

Mi primer viaje fue a un lugar mágico y misterioso, lleno de princesas y hadas, de flores que desprendían aromas que no podías encontrar ni en el más exótico de los jardines, de ogros con aliento oxidado por el tiempo y el rencor, y pequeñas criaturas que rozaban mi piel con su vuelo fugaz y ligero. Recorrí estas tierras acompañada por un pequeño ratón que decía ser escritor, muy temeroso de todo lo exterior, pero con el mayor espíritu aventurero que he encontrado jamás.

De esto han pasado ya demasiados años y, de alguna manera, aquel extraño ratón dejó de invitarme a sus viajes. Su última invitación llegó justo en aquel horrible momento en el que descubrí lo que era sufrir por amor, o, mejor dicho, cuando entendí que, con un lenguaje anticuado y palabras tiernas, el amor más puro podía llevar a la más grave de las tragedias. ¿Acaso puede alguien librar a los enamorados de despedirse con sangre, dejándose en su inevitable final hasta el último aliento?

Aunque estaba segura de que jamás podría recuperarme de aquello, llegó entonces cierto chico con gafas y una cicatriz en la frente para enseñarme que, entre todo ese dolor que podía sentir en la mundanidad del día a día, todavía existía un pasadizo secreto a un mundo lleno de magia, donde podías ser como quisieras ser. En ocasiones, nos encontramos por el camino con personas que no nos respetan tal y como somos, pero es justo ante estas personas cuando debemos defender nuestros valores, mantenernos seguros en ellos. Esta es la única manera de llegar a entender cuál es nuestro propósito en este (u otros) mundos.

Un tiempo después de mi rescate, me di cuenta de que mis amigos estaban viajando a lugares más serios, más tangibles, más de… Sí, más de adultos. A pesar de que yo disfrutaba de mis viajes con aquella gente extraña que habitaba los libros que leía, algo en mí me dijo que quizá debería emprender otros rumbos. Así fue como acabé en una tierra remota llamada Macondo, donde viví por primera vez con una familia muy diferente a la mía, con costumbres distintas y aficiones dispares. Pude conocer lo que eran la guerra, el hambre, la necesidad. Entendí el odio, el amor, la tristeza, el sentido de pertenencia y el sentimiento del apátrida, y volví a mi casa en aquel largo tren cuyo recorrido parecía no acabar nunca y cuyo destino parecía ir marcándose a merced del paso del tiempo.

Los libros, como si se tratase de un gran consejero o la personificación del futuro que nos aguarda, me han preparado para vivir sintiendo al máximo, para exprimir cada vivencia hasta que sobren adjetivos para definirla.

María García Flores

TESOROS ENCUADERNADOS, IMÁGENES INOLVIDABLES: EL ARTE INMORTAL DE LOS LIBROS

TESOROS ENCUADERNADOS, IMÁGENES INOLVIDABLES: EL ARTE INMORTAL DE LOS LIBROS

Desde la Antigüedad, los libros han sido venerados como objetos artísticos. Más allá de su contenido textual, su factura material nos habla de quiénes pudieron ser sus lectores y de las funciones que pudieron cumplir. Aquellos libros cuyas encuadernaciones resultan caras, resistentes y exquisitas y cuyas ilustraciones son ricas y de gran calidad, es evidente que no fueron leídos ni coleccionados ni conservados por cualquiera, sino que fueron propiedad de personas de cierta relevancia socioeconómica, política, religiosa y/o cultural. En este post vamos a centrarnos en estos dos elementos que han hecho y hacen de los libros verdaderas obras de arte.

 La encuadernación de libros es un arte antiguo que combina habilidades técnicas con otras relacionadas con la creatividad y el diseño. Desde los manuscritos medievales hasta las obras contemporáneas, cada libro encuadernado cuenta una historia propia. A lo largo de los siglos, la encuadernación ha evolucionado reflejando los gustos estéticos y técnicas de cada período histórico. Durante la Edad Media, estaba principalmente ligada a la funcionalidad y la durabilidad. Los artesanos trabajaban minuciosamente con cuero y tela para elaborar cubiertas que protegieran los manuscritos de la humedad y el desgaste. Sin embargo, en el Renacimiento, la encuadernación comenzó a considerarse como una forma de expresión artística en sí misma. Los encuadernadores renacentistas, especialmente en ciudades como Venecia y Florencia, crearon cubiertas elaboradamente decoradas con herramientas doradas, cueros repujados y diseños ornamentales inspirados en la iconografía clásica y en los patrones decorativos imperantes en su tiempo. Más adelante, el Barroco llevó el rococó también a los libros, ornamentando aún más sus encuadernaciones al dotarlos de cubiertas de terciopelo, seda y brocado, decoradas con encajes, bordados y piedras preciosas. Tras un breve periodo en el que primaron estilos más simples y funcionales que reflejaban los gustos de la burguesía dieciochesca, con la llegada del siglo XIX tuvo lugar un resurgimiento del interés por el arte medieval y la artesanía más tradicional, dando ello lugar a una etapa esplendorosa para la encuadernación artística. Movimientos vanguardistas, como el Arts and Crafts y el Art Nouveau, abogaron por la integración de la decoración y el diseño en todos los aspectos y objetos de la vida cotidiana, incluidos los libros, transformando para siempre sus cubiertas.

Por lo que respecta al arte de la ilustración, la evolución que este experimentó a lo largo de los siglos fue, en muchas ocasiones, a la par de la vivida por las encuadernaciones. Desde los manuscritos iluminados de la Edad Media hasta las ilustraciones a todo color que poblaron los libros infantiles decimonónicos (y el resto en adelante) gracias al desarrollo de la litografía, las imágenes han enriquecido la experiencia de la lectura de millones de lectores. Tenemos constancia documental de la existencia de esta profesión, la del ilustrador de libros, desde la Grecia Clásica, pero fue a partir de la creación del códice cuando estos artesanos de la imagen trabajaron mano a mano con los autores, los libreros -luego impresores y editores- y los encuadernadores para crear libros que fueran tanto visualmente impactantes como narrativamente ricos. Las ilustraciones no solo complementan y amplifican el texto, añadiendo profundidad emocional y visual al contenido del libro, sino que también particularizan las obras, las dotan de significado e influyen notablemente en la lectura e interpretación que de ellas realizamos. Aunque la imagen ha tenido siempre mucho peso en el mundo del libro, y resultaría difícil establecer grados en función de las épocas, quizás sean los libros medievales y los libros electrónicos los que ostentan el protagonismo. En evidente por qué las ilustraciones fueron tan importantes en los primeros: sin ellas resultaba imposible, para la inmensa mayoría, “leer”. En la era digital, que es también la era de la imagen, las ilustraciones de los libros electrónicos ofrecen nuevas oportunidades creativas, permitiendo integrar elementos multimedia y efectos visuales dinámicos que enriquecen como nunca antes la experiencia de lectura. A través de la tecnología digital, los ilustradores pueden crear imágenes interactivas, animaciones y efectos visuales que van más allá de las limitaciones de la página impresa, desafiando las convenciones tradicionales de lo que constituye una ilustración en un libro.

Encuadernaciones e ilustraciones, por tanto, hacen posible que los libros transciendan su función como portadores de palabras. Los convierten en obras de arte de inmenso valor, pero también en testigos del ingenio y de la pasión de los seres humanos, fusionando la destreza técnica con la creatividad artística para crear objetos que deleitan los sentidos y alimentan la vista, sí, pero sobre todo el alma.

Mariam Arnanz Fernández-Gallardo

SINTIENDO LAS PALABRAS: LA HISTORIA DEL BRAILLE

SINTIENDO LAS PALABRAS: LA HISTORIA DEL BRAILLE

A lo largo de la asignatura de Historia de la lectura hemos aprendido cómo han existido diversos tipos de lectores, cómo han desarrollado estos distintas capacidades y características que definen y diferencian sus formas de leer y de relacionarse con los libros, cuáles han sido los soportes que a lo largo de los siglos se han empleado para escribir y leer, y cómo su materialidad ha influido en los modos de lectura, o en qué medida han evolucionado los sistemas de escritura desde que nacieron los primeros en Egipto y en Mesopotamia y hasta que las letras de hoy en día se han codificado en lo que llamamos bitios (o bits).

Sin embargo, no todos los libros ni todos los géneros ni tampoco todos los lectores han recibido un tratamiento igualitario por parte de quienes se dedican a estudiar y a historiar la lectura. Entre esos lectores menos atendidos por la historiografía, generalmente marginados en los manuales académicos y en las obras especializadas, nos encontramos, por ejemplo, con las personas ciegas.

¿No han leído los ciegos acaso? ¿Cómo ha sido su relación con los textos en las distintas épocas históricas? ¿Cómo han hecho frente a su discapacidad y han logrado acceder a la lectura y a la escritura en cada momento? Todas estas (y otras) preguntas son las que me hice al observar esta falta de atención hacia las personas ciegas en la Historia de la lectura y sobre las que me informé para poder ofrecer en este blog algunas respuestas al respecto.

En el pasado, como en cualquier otro aspecto de la vida, la relación de las personas ciegas con la lectura si no imposible fue muy difícil, problemática y complicada. Durante siglos su falta de visión las marginó de la cultura, pero también de la sociedad, siendo, incluso, esclavizadas o demonizadas. Consideradas como incapaces e inútiles, se las negaba reiteradamente el acceso a la educación y también el ejercicio de determinadas profesiones y, por ende, la ocupación de ciertos puestos o cargos públicos, manteniéndose siempre lejos de las esferas de poder y confinándose al ámbito privado.

Sin embargo, todo esto no quiere decir que antes de que se inventaran sistemas adaptados de lectura y de escritura para las personas ciegas estas no aprendieran a leer y a escribir o no leyeran ni escribieran. Aunque rudimentarios y limitados, inventaron sus propios métodos y estrategias para acceder a la lectura y a la escritura, sirviéndose, por ejemplo, del marcaje en relieve de letras o de símbolos en objetos cotidianos, o sirviéndose de otras personas que les leyeran o que escribieran en su nombre. Desarrollaron, además, una capacidad de memoria muy superior a la de otros lectores, siendo capaces, como revelan muchas obras literarias antiguas y modernas, y numerosos testimonios, de aprenderse libros enteros de arriba abajo.

Con el paso del tiempo, comenzaron a surgir sistemas de escritura y lectura destinados a las personas ciegas. Uno de los primeros intentos documentados fue el alfabeto en relieve diseñado por Vatentin Haüy, un educador francés que fundó en 1784 la primera escuela para ciegos en París, el Instituto Real de Jóvenes Ciegos. Este alfabeto, compuesto por letras de grandes dimensiones que se imprimían en relieve, permitía que los alumnos las tocaran y reconocieran con facilidad. Aunque el alfabeto en relieve de Haüy fue un gran avance para la educación de las personas ciegas, su costosa producción lo hizo poco eficaz y no permitió su difusión a gran escala.

Otra iniciativa memorable fue la protagonizada por Charles Barbier, un oficial militar también francés que inventó un sistema táctil de lectura y escritura llamado Écriture Nocturne o "escritura nocturna", tras ser solicitado para ello por el mismísimo Napoleón Bonaparte, quien andaba empeñado en crear un código secreto para que sus los soldados pudieran comunicarse de noche (en silencio y sin luz) sin ser advertidos o avistados por el enemigo. Se trataba de una cuadrícula de cartón de seis por seis casillas con una serie de puntos que se correspondían con las letras y los sonidos del alfabeto francés. Se requerían al menos doce puntos para representar un solo símbolo/sonido. Su dificultad (los soldados tardaban mucho en aprender a manejarlo y cometían continuos errores) hizo que los mandos militares lo rechazaran rápidamente.

Aunque el de Barbier fue un sistema pensado para el Ejército, y no para las personas ciegas, hoy en día está fuera de toda duda de que inspiró a Louis Braille para crear su método, que sigue siendo en la actualidad el más conocido y utilizado.

A causa de un accidente sufrido a los tres años, Braille perdió la vista cuando contaba tan solo con cinco, pero, aun así, fue un gran y destacado alumno. Aprendió, al parecer, a leer y a escribir con el sistema de Haüy, pero enseguida se dio cuenta de que los caracteres en relieve empleados por este no eran muy adecuados para el tacto, por lo que se basó en el sistema de Barbier, reduciendo los puntos a seis, y organizándolos en dos columnas de tres filas. De esta forma logró simplificar la lectura y el aprendizaje no solo de las letras/palabras, sino también de los números, de los signos de puntuación y de hasta las notas musicales. Así nació en torno a 1825 el sistema Braille.

El Braille se difundió como la pólvora desde Francia a numeroso países de todo el mundo en las décadas posteriores a su creación. No fue el único que en su momento tuvo éxito, pues en 1845 apareció, por ejemplo, la letra Moon Type. Su inventor, William Moon, un impresor y activista británico, dedicó buena parte de su vida a ayudar a las personas ciegas. Similar al de Haüy, este sistema de escritura modificaba y simplificaba las letras del alfabeto empleado por aquel, que se imprimían igualmente en relieve, pudiendo ser reconocidas fácilmente mediante el tacto. Fue utilizado sobre todo por personas que desarrollaban ceguera con el tiempo (que no nacían ciegas) y que se habían acostumbrado desde niños o jóvenes, o ya de adultos, a dicho tipo de letra y al mencionado alfabeto.

Gracias a todos estos creadores y benefactores, y a muchos más cuyas aportaciones no se pueden repasar en este breve post, millones de personas ciegas han podido acceder a la educación y a la lectura, mejorando notablemente su calidad de vida.

Salma Toto Dalia

UN VISTAZO A LA ERA DIGITAL DE LA LECTURA

UN VISTAZO A LA ERA DIGITAL DE LA LECTURA

En las últimas décadas hemos sido testigos de grandes transformaciones en el mundo del libro y de la lectura debido a la expansión de las nuevas tecnologías, un fenómeno que refleja la interacción dinámica entre la revolución digital y la cultura literaria contemporánea. Desde la popularización de los e-readers hasta la proliferación de audiolibros y podcasts, la lectura digital constituye otro modo de leer que está, a su vez, remodelando la manera en la que nos relacionamos con los libros (analógicos o no) y el modo en el que interpretamos aquello que leemos. La introducción en nuestro día a día de nuevos dispositivos electrónicos para leer ha generado, por otro lado, una nueva forma de consumir los textos que dista mucho de la lectura tradicional, alterando la fisiología del lector, pero también las normas que durante siglos han guiado la actividad lectora.

Como afirmó, entre otros, el escritor Neil Gaiman, “los libros son los amigos más silenciosos y constantes; siempre están ahí cuando los necesitas”; pero lo cierto es que esa relación intrínseca entre la constancia y la lectura que definía bien a los lectores de antaño ha pasado ya a la historia. La lectura en pantalla se caracteriza por ser, precisamente, inconstante, más fragmentada, menos concentrada y profunda. Ello lleva aparejado un procesamiento cognitivo cada vez más superficial, que se está trasladando a la lectura realizada sobre papel (no es que leamos menos, es que leemos peor o no entendemos lo que leemos). Por si esto ya no fuera suficientemente preocupante, nuestra susceptibilidad a las noticias falsas, los sesgos y los prejuicios se amplifica por el exceso de confianza en nuestras habilidades lectoras en el mundo internauta, donde todo parece ser posible, donde todo está al alcance de la mano, donde todo es fácil y rápido de comprender y de adquirir (material y simbólicamente hablando).

Los nuevos formatos de lectura, como los audiolibros, ofrecen alternativas que se adaptan a nuestros estilos de vida cada vez más estresados y ocupados. El audiolibro redefine la relación entre el lector y el texto, enfatizando la oralidad y la interpretación del narrador. Esta evolución plantea cuestiones nodales en la Historia de la lectura, como las distintas modalidades lectoras que en cada época predominan. Aunque desde hace varios siglos ya, la lectura silenciosa e individual es la protagonista, tendencias en auge, como esta de consumir audiolibros, ponen en jaque su milenario reinado.

A pesar de todo lo dicho, cabe insistir en un aspecto positivo de la revolución lectora digital, que es la democratización del acceso a la lectura, una utopía que hasta nuestros días no ha podido hacerse realidad (salvando las diferencias derivadas de la “brecha digital”). La digitalización de los textos no solo ha extendido la lectura a todos los públicos, sino que, además, ha permitido que haya más autores/as o, dicho de otro modo, que una mayor diversidad de voces encuentre audiencia, promoviendo así la inclusión y empoderando a comunidades marginadas que ahora ya sí que pueden compartir y visibilizar su historia, sus historias.

En el ámbito educativo, la integración de la lectura digital presenta desafíos y oportunidades al mismo nivel. La alfabetización en la era digital no se limita a la habilidad de leer y escribir, sino que implica la adquisición de otras competencias complejas, como las de navegación, evaluación crítica de la información y producción o diseño y gestión de contenido multimedia. La enseñanza debe adaptarse para que las nuevas generaciones, pero también aquellas generaciones que no son nativas digitales, aprendan y cultiven estas nuevas habilidades y sepan hacer uso de ellas en un entorno vertiginoso y cambiante.

En conclusión, los cambios en los patrones de lectura en la era digital plantean interrogantes sobre la calidad de la experiencia lectora y la evolución de la cultura escrita que no pueden ser pasados por alto por quienes nos interesamos por la Historia del leer. Si bien las nuevas tecnologías han democratizado el acceso a los textos, y ello es digno de celebrar por todo lo alto, también debemos examinar críticamente cuáles son sus límites e implicaciones en nuestra capacidad de concentración, comprensión y participación en el mundo de las letras y en el mundo en general.

Mar Martín Domínguez

¿ES LA MÚSICA POESÍA O LA POESÍA ES MÚSICA?

¿ES LA MÚSICA POESÍA O LA POESÍA ES MÚSICA?

La música se ha considerado a lo largo de la historia algo distinto a la literatura, como otra arte, como otra forma de expresión. Sin embargo, ha estado siempre ligada, como esta, a la tradición y a la cultura, facilitando la comunicación y contribuyendo a la socialización del ser humano. Es bien sabido que un poema leído o recitado no es recordado igual que un poema cantado; el ritmo y la melodía juegan un papel crucial para la memoria. De esta forma, han sido muchos los poemas que han llegado a nuestros días gracias al acompañamiento de la música, o a su musicalización, sin la necesidad de que nuestros ancestros tuviesen las facultades de la lectura y/o de la escritura. De hecho, la palabra utilizada como símil de poesía lírica alude directamente al instrumento de la lira, bien conocido en la Antigüedad como aliado de los aedos y ampliamente usado en la Edad Media por juglares y poetas para acompañar a la recitación de los versos.

Tanto en la Grecia antigua como en el periodo medieval (y no solo) la música era indispensable para la danza, el teatro y la poesía. Así, cuando no se podía expresar con las palabras todo lo que se necesitaba, era la música lo que ayudaba a alcanzar ese objetivo. Esta es una honrosa función que ha mantenido hasta nuestros días, donde las notas son capaces de provocarnos y hacernos comprender sentimientos que las letras no pueden muchas veces trasladarnos o explicar.

Cabe pensar que, como muchos críticos literarios afirman que está ocurriendo con la literatura, no tengamos hoy obras musicales de la talla de Imagine de John Lennon, Nací en el Mediterráneo de Joan Manuel Serrat, La vie en Rose de Édith Piaf, etc., por no hablar de las creadas por los grandes compositores “clásicos”. Hoy en día las letras de las canciones no “se sujetan” por sí mismas. Y sí, es cierto esto en parte. Existen numerosas canciones con rimas fáciles, sin muchos artificios compositivos y que simplemente están destinadas a divertir a quien las escucha, rozando la ridiculez.

Es llamativo, sin embargo, que esta crítica relacionada con la falta de calidad o de profundidad se dirija fundamentalmente a la música contemporánea, hacia géneros como el pop o el reguetón. Hay, incluso, quienes se refieren a ellos como la “decadencia de la música”. Pero esta forma de componer no es en absoluto nueva, siempre ha existido. Por no irnos muy lejos en el tiempo, pensemos, por ejemplo, en el Dj Chimo Bayo y su exitoso Así me gustan a mí que tantas pasiones desató en la España de la década de los 80.

Contrariamente, nuestra generación presenta grandes letristas, como es el caso de Taylor Swift, una de las cantantes más aclamadas de las últimas dos décadas. En la obra de Swift encontramos álbumes ensalzados por los más entendidos debido a su complejidad lírica, como es el caso de su octavo disco, Folklore, donde apela al recuerdo de esas historias y de esas personas -sus fatídicos amores- que no quiere olvidar o que se olviden. Este disco, al que luego siguió Evermore, con la misma estética, muestra cómo los jóvenes actualmente no estamos tan alejados de la literatura como muchos se creen y vuelve a poner sobre la mesa el debate de si la composición musical debe ser concebida o no como una composición literaria o, dicho de otro modo, si escuchar una canción es o puede ser como leer un texto.

¿Leer un disco es leer poesía? Pues en muchos de los casos me atrevería a afirmar que sí lo es. Algo de verdad debe de haber en esta afirmación porque si no, es evidente que no tendríamos a Bod Dylan con un Premio Nobel de Literatura en la estantería de su casa. Pese a que la música siempre ha estado ligada a la poesía, hoy en día las tornas han cambiado, y nos encontramos justamente con el caso contrario, que la poesía está vinculada a la música o que poesía y música son (o pueden ser) una o la misma cosa. No toda la música que consumen los jóvenes es necesariamente mala, hay muchos, en los que me incluyo, a quienes nos gusta leer complejidades compositivas. Hoy en día, la música es una de las principales fuentes de transmisión cultural con la que contamos, como antiguamente pudieron serlo otras artes. Dejémonos llevar por el sentimiento y permitamos que cada persona decida qué género musical quiere escuchar, de la misma manera que lo que importa es leer y no lo que leemos. Al fin y al cabo, en la diversidad está la riqueza.

Diego Torrero Vadillo

LA GENERACIÓN "Z" SÍ QUE LEE. SOBRE LA SUPUESTA PÉRDIDA DEL HÁBITO DE LECTURA EN LOS JÓVENES

LA GENERACIÓN "Z" SÍ QUE LEE. SOBRE LA SUPUESTA PÉRDIDA DEL HÁBITO DE LECTURA EN LOS JÓVENES

Durante mis años como lectora algo que no he parado de escuchar es cómo los jóvenes ya no tenemos interés en leer, porque las nuevas tecnologías se han llevado toda nuestra atención. He visto como mi generación, la llamada generación “Z”, era tachada de ignorante, de poco curiosa, de pasota y desinformada. Sin embargo, frente a esta lluvia de críticas, leyendo el otro día eldiario.es me encontré con una noticia de Mariona Jerez, titulada “La literatura tiene futuro entre la generación Z: Hay una comunidad enorme de lectores y escritores jóvenes”, respaldada por datos y estadísticas actuales, que nos muestra que un elevado porcentaje de la juventud (casi un 75% según el Informe de hábitos de lectura y compra de libros de la Federación de Gremios de Escritores de España) lee en su tiempo libre: https://www.eldiario.es/catalunya/literatura-futuro-generacion-z-hay-comunidad-enorme-lectores-escritores-jovenes_1_11303486.html

Como podemos ver, sí que hay, por tanto, un gran grupo lector joven en la actualidad, pero lo que pasa es que, a nosotros, los jóvenes, nos han intentado obligar a lo largo de nuestro proceso educativo a leer libros que no nos interesaban. ¿Alguien pensó alguna vez en preguntar a los niños y adolescentes qué querían leer? A más de uno le resultará familiar el momento en el que el o la docente entraba en clase y sin preguntar o explicar nada te mandaba de lectura obligatoria un libro que a ti como joven ni te iba ni te venía, propiciando que le cogieras animadversión al hecho mismo de leer.

Entonces, ¿qué leemos los jóvenes de hoy? Pues leemos de todo. Si bien es verdad que las novelas de fantasía o ciencia-ficción son, entre los adolescentes, las que más éxito tienen, muchos se sorprenderían al ver cómo los de tratados filosóficos o los libros de poesía se agotan con facilidad, porque también los compramos quienes se supone que no leemos. Leemos de todo porque elegimos qué leer, no hay una imposición. Si hay algo que caracteriza a la juventud es que no le gustan las imposiciones. Por ello lanzo desde aquí una propuesta muy fácil de llevar a las escuelas y centros escolares: en vez de que los y las docentes elijan los libros que su alumnado ha de leer, les pido que hablen con sus alumnos y alumnas sobre sus preocupaciones, intereses y sueños, y que, en función de ello, les ofrezcan una lista de libros que se ajusten a ellos, además de que, si corresponde, puedan aceptar propuestas de los propios estudiantes, que pueden ser igual de útiles e interesantes que las suyas.

Como conclusión final, quisiera decir que los grupos literarios que se generan en torno a las redes sociales, como Booktok o los Booktubers, son el foco donde miles de lectores, de edades parecidas, se juntan para discutir obras y sagas que han despertado en ellos pasiones. Son lugares, aunque virtuales, donde podemos ver a ese alto porcentaje del que habla el artículo de Mariona Jerez interactuando a partir de sus lecturas, y que demuestra que los jóvenes lectores estamos aquí, que sí que leemos y que, incluso, lo hacemos mucho más que nuestros padres. Con una mejora del ánimo a la lectura en la escuela, podemos llegar a ser todavía más los jóvenes lectores y asegurar que las generaciones venideras desarrollen un genuino interés por la lectura, manteniendo así vivo uno de los hábitos más bonitos y saludables que hemos desarrollado como sociedad a lo largo de nuestra milenaria historia.

Paula González Guerra

EL OTRO LEGADO DE CISNEROS: LA BIBLIA POLÍGLOTA COMPLUTENSE

EL OTRO LEGADO DE CISNEROS: LA BIBLIA POLÍGLOTA COMPLUTENSE

La Biblia Políglota es uno de los testimonios más relevantes del humanismo renacentista cristiano y uno de los mayores monumentos tipográficos de la imprenta española del siglo XVI. Se trata de la primera edición impresa de una traducción en varias lenguas de la Biblia, proyecto iniciado por el Cardenal Cisneros en la ciudad de Alcalá de Henares. Para que este proyecto pudiera hacerse realidad fueron necesarios dos fenómenos que en este tiempo se interrelacionaron enormemente: la creación y expansión de la imprenta y el desarrollo del humanismo.

Durante el siglo XV se produjo una revolución inicialmente silenciosa en Europa, impulsada por el desarrollo de una importante innovación tecnológica en la producción libraria: la imprenta de tipos móviles de Johannes Gutenberg. La impresión de libros trajo consigo un notable incremento de las tasas de alfabetización de la sociedad bajomedieval y altomoderna. Gracias a la aceleración del proceso de producción se difundió más y mejor la lectura, y gracias a la disminución del precio de los libros se amplió y diversificó el público lector.

Por otra parte, durante el siglo XVI se produjo un cambio de mentalidad significativo que tuvo como protagonista al Humanismo renacentista. El desarrollo de los Studia Generalis y el afán por recuperar las formas clásicas por parte de los humanistas dio lugar no solo a grandes obras artísticas, sino también a una importante producción bibliográfica en la que la traducción de las obras fundamentales del saber permitió que estas y sus autores fueran conocidos, a lo largo de la historia, por numerosos lectores.

En este contexto y bajo el proyecto de reforma cisterciense y el ideal del humanismo cristiano, la Biblia Políglota se nos aparece ante nuestros ojos como un símbolo de la universalización del conocimiento. Con el objetivo de crear una Biblia rigurosamente fiable y contrastada con los testimonios y manuscritos previos, Cisneros reunió en torno a sí a un grupo de eruditos, filósofos y humanistas conocedores del hebreo (Alfonso de Zamora), del griego (Hernán Núñez de Guzmán) y del latín (Antonio de Nebrija) para publicar completas las Escrituras Sagradas en estas y en otras lenguas, como, por ejemplo, el arameo o el caldeo.

El Cardenal realizó seis volúmenes en los que introdujo una traducción latina interlineal del griego, un diccionario hebreo-latino e índices onomásticos y gramaticales de esas tres lenguas, lo que resulta prodigioso y novedoso para su tiempo. Por otra parte, encargó la impresión a Arnaldo Guillén de Brocar en 1514, impresor afamado en la época por sus diseños de tipos bellos y sencillos, su maquetación clara y su esmerada estampación. Aunque la edición se terminó en 1517, la obra no fue aprobada por el papa León X hasta 1520.

La Biblia Políglota se caracteriza por ser una gran proeza técnica y por su incomparable belleza. Se trata de un incunable que presenta una flamante disposición del texto, organizado en tres columnas con cada traducción correspondiente en cada plana; además, la parte inferior de dada página se divide en otras dos columnas, con la traducción en caldeo y la correspondiente en latín. En cuanto a los tipos móviles, Brocar todavía utilizaba la gótica redonda, pero fundió por primera vez nuevos caracteres griegos, caldeos y hebreos de gran perfección para poder acometer el reto cisneriano.

Para concluir, cabe mencionar que la Biblia Políglota fue admirada (y lo sigue siendo) por la maestría en la corrección textual de los manuscritos originales y la creación de tipos-modelo. Impulsó las traducciones y ediciones de la Biblia en toda Europa (baste con citar la de Amberes, de 1576, o la de Heidelberg, de 1586). En España supuso una contribución cultural y religiosa sin precedentes, que sirvió para propagar el poder de su promotor y el prestigio de nuestra Universidad de Alcalá, por aquel entonces llamada "Complutense". 

Helena Fernández Gil

INSTRUIR DELEITANDO EN EL SIGLO XIX: LA ENTRADA EN LA ESCUELA DE LA INFANCIA Y DE LA LECTURA INFANTIL

INSTRUIR DELEITANDO EN EL SIGLO XIX: LA ENTRADA EN LA ESCUELA DE LA INFANCIA Y DE LA LECTURA INFANTIL

Durante el siglo XIX se incorporaron tres grandes grupos de lectores al mundo del libro: las mujeres, el proletariado y el público infantil. En este post nos vamos a centrar en cómo afectó la incorporación a la lectura del público infantil a las mejoras en la educación.

En el contexto de la industrialización se va a dar un gran cambio en la sociedad, pues se va a pasar de una sociedad absolutista a una más liberal, en la que se va a introducir, gracias a la Revolución francesa, el término “ciudadano” (abandonándose el de “vasallo”). Esto supone la sustitución de la sociedad estamental por la sociedad que clases, que va a tener unas nuevas necesidades y a presentar características diversas.

Es en este marco histórico de finales del siglo XVIII e inicios de la contemporaneidad, cuando surgen los sistemas educativos nacionales, cuyo objetivo será la formación de buenos ciudadanos y, con ello, la consecución de una igualmente buena mano de obra. Por toda Europa, sobre todo en Inglaterra, van a aparecer filántropos preocupados por la educación que van a fundar escuelas, como Joseph Lancaster o Robert Owen. En España, por ejemplo, se va a promulgar la Constitución de 1812, que constituye el primer texto legislativo que regula la enseñanza en nuestro país, estableciendo los principios de uniformidad y universalidad en la educación.

Todas estas novedades son inseparables de la entrada en escena en la Historia de la lectura de la infancia como sujeto lector. Los editores decimonónicos van a elaborar materiales de lectura destinados a los niños por vez primera, teniendo en cuenta sus posibilidades de lectura y sus gustos lectores, haciendo gala del lema del “instruir deleitando”. Aunque no faltaron las obras de entretenimiento, las publicaciones se enfocaron principalmente en la enseñanza, proliferando a partir de este momento manuales escolares sobre las materias que configuraban el currículo de aquel entonces.

De esta manera, con el gran impulso que recibe la Educación Primaria se abre un nuevo nicho de venta de libros que va a ser muy importante (de hecho, lo sigue siendo en nuestros días) y, al mismo tiempo, la llegada a las aulas del libro escolar va a provocar importantes cambios en las prácticas educativas, porque estos eran libros laicos y van a empezar a desbancar a los libros religiosos, como la Biblia, que eran los que hasta ese momento se habían empleado para enseñar a los más pequeños. Además, al adaptar los libros a los gustos y las necesidades de los niños se logra fomentar el gusto por la lectura -desde entonces esta de animar a leer es una de las principales tareas de la escuela- y se favorece la adquisición de conocimientos diversos e indispensables para la vida diaria.

Además, estos primeros libros escolares son el reflejo de cómo en esta época se desarrolla un interés por estudiar cómo aprenden y se desarrollan los niños y cómo se les puede ayudar y guiar en su desarrollo y aprendizaje. Es decir, muchos pedagogos idean y ponen en práctica ahora sus teorías educativas y las vuelcan, además de en tratados y revistas pedagógicas, en las páginas de estos manuales escolares. Al margen de las tendencias y propuestas propiamente educativas, no podemos olvidar que es en el siglo XIX cuando, al compás de la escolarización masiva, se deje de concebir al niño como un adulto en miniatura y se trate de entenderle como lo que es, un ser independiente con gustos, necesidades y preocupaciones propias.

Paula Santana García

LAS MISMAS CIGÜEÑAS NOS SOBREVUELAN

LAS MISMAS CIGÜEÑAS NOS SOBREVUELAN

Querida Leila:

Con tus libros (El país de los otros y Miradnos bailar) has hecho que me adentre, sin retorno posible, en el camino de la literatura árabe; tus palabras me han arrojado a explorar el mundo árabe (y su historia) o, quizás, me han empujado a abandonar progresivamente el mundo angosto en el que a veces siento que estoy metida. Sobre todo, has conseguido acercarme con tu narración y tus personajes a Marruecos, que, al otro lado del Mediterráneo, siempre me ha resultado un lugar un tanto lejano. ¡Y pensar que todo este tiempo, las mismas cigüeñas de Rabat -que con sus círculos y su lenguaje agitan el amor que Mehdi siente por Aicha- también atrapaban mi mirada aquí, en Alcalá de Henares! Están por todas partes, adornan con sus nidos las torres, las esquinas de la catedral, los tejados de la universidad y del museo arqueológico. Ayer me pareció que, sobre las copas de los árboles, en la Plaza de San Diego, con sus patas esbeltas y su presencia elegante, casi combatieron el estruendo de las cotorras.

Creo que tu manera de describir con tantísima belleza y cuidado los ambientes, el paisaje, las personas y sus mentes, me hace reparar más en las cigüeñas y su crotoreo; en la manera en la que, a las seis de la tarde, la luz roja sobre el ladrillo resalta su plumaje negro y blanco, y me fijo en las ramitas que portan en sus picos. Ahora pongo más empeño en intentar descifrar poco a poco el crotoreo de la gente y sus vidas, salir de ese "individualismo culpable" (por no saber nada del mundo) que siente Aicha al comienzo de Miradnos bailar; me pregunto si tú también te habrás sentido así alguna vez...

Sin salir de Madrid, como soñando sin dormir, acumulo experiencias de Marruecos que robo de tus personajes, que para mí son totalmente reales. Los construyes tan cargados de vida, de pensamientos, confesiones y contradicciones, que me resulta imposible juzgarlos, simplemente los acompaño en sus cambios y decisiones.

Hay una excepción: Amín. Se me ha quedado clavada la escena en la que, cegado por la rabia, apunta con un revólver a Mathilde, Selma y Aicha, aullando: "¡Os matare a todas!". Por muchas otras facetas y capas que el personaje tenga, no puedo borrar de mi cabeza ese momento de máxima violencia. Imagino que, más que a mí, ese momento habrá marcado las vidas de esas mujeres, que han tenido que asumir que el hombre que las apuntó con una pistola sigue siendo su marido, su hermano, su padre.

Aunque puedo asumir otras contradicciones y sumergirme en la época asimilando en mayor o menor medida sus formas, no supero ese y otros episodios de violencia, que me generan un inevitable rechazo al personaje de Amín. Pero le entiendo perfectamente cuando siente un gran dolor, porque su casa y la tierra que ha trabajado durante años se está quedando vacía, sus hijos se van y él siente que los ha espantado, que no ha sabido quererlos. Con sus esfuerzo ha construido una próspera finca, pero nunca un hogar acogedor. Este momento del libro me punzó especialmente porque yo también siento que vivo en una casa que se va cayendo a pedazos, en la que el paso del tiempo es inevitable; mis hermanas ya se han ido y quedo yo, intentando sostener un entorno que quizás nunca se sostuvo, que nunca fue del todo acogedor. Quizás en mi familia no se intentó hacer crecer un limaranjo (cítrange); el naranjo y el limonero siempre permanecieron en parcelas distintas, separadas por una larga cerca de madera.

Hace un año, más o menos, empecé a aprender árabe aquí, en la Universidad de Alcalá (Grado en Humanidades), y fue mi profesora la que me recomendó sus libros e hizo que me enamorase del idioma. Creo que empezar a aprender árabe (y sumergirme en su literatura) ha sido mi gran descubrimiento en los últimos tiempos. Para mí, las palabras y los nuevos idiomas que aprendo también tienen un "sabor a corrientes de aire" (como lo tienen las palabras de los campesinos para Aicha). Los idiomas son brisas que, de repente, despiertan mi fascinación y curiosidad (que antes estaba dormida o en duermevela) por otros espacios, culturas y personas.

Perdona mis desahogos y mi fijación por las cigüeñas. Estoy deseando que publiques el último libro de la trilogía. Espero viajar a Marruecos este verano y ver las cigüeñas sobrevolando el cielo de Rabat, "eternamente azul".

Mil gracias porque tus palabras y tus personajes alimentan mi poesía, mis ganas de leer, de escribir y de vivir (en) el mundo.

Con mucho cariño,

Helena Wagner Díaz-Marcote

YOUR BOOKS WERE MY REFUGE

YOUR BOOKS WERE MY REFUGE

Dear Suzanne,

My name is Lucía, I am currently in a Spanish university studying Education and Humanities. This semester we have been asked to write a letter to an author that meant something to us, and your name was the first of my list.

I was about ten when I started reading The Hunger Games. It quickly became one of my favorite book series. It was probably the first book I had read that showcased a complex female lead and many other characters that couldn´t be divided into "good" or "bad". At first, I obviously wasn´t able to understand just how deep these characters and the message from the book was. Each time I picked up and reread the books I discovered new side of the story and asked myself more questions. Just before writing this letter, I have finished all of them once more, including The Ballad of Songbirds and Snakes. I hadn´t read them in a while but after going to the cinema with a braid in my hair and my Mockingjay pin, just as little me would have done, I felt the urge to do so. I was surprised to discover just how much the novels still relate to the current world climate.

When I was little, I used to want to be Katniss. She was strong, unstoppable, and fierce. She spoke her mind and knew that she wanted, she was admired by everyone. Last month a friend sent me a fan fiction which told the story from Peetas´s point of view, and it described exactly how I viewed her, but without Katniss inner monologue the story felt less real, much more idealized. While reading them again I still saw this powerful girl but what spoke most to me were her inner thoughts. I was able to see the scared girl, under a huge amount of pressure which she felt she had to deal with alone. Sadly, I think this is a reality for many of us, who try and keep everyone proud and happy but deep down feel incapable of keeping it up forever. I have always loved Cinna, Peeta and Prim, maybe because they were the only ones who made her feel safe and loved no matter what. I am grateful to have found people like that.

The one person I was always unable to figure out was Gale, who was without a doubt my least favorite character until recently. Even though I still find it hard to like him, I have started to understand him. These past few years we have witnessed terrible things by power struggles which have only affected the vulnerable and innocent. While seeing this I had some of the same thoughts he had throughout the whole book, and I know many of the ones around me have too. Others have felt nothing, and some have told me I shouldn´t get so emotionally involved if it won´t directly affect me. I see all these people reflected in your books this is why I think literature doesn´t always describe the past but helps us understand the present and ourselves.

While writing this letter I have written and erased many paragraphs because I am finding it hard to condense all my thoughts and feelings in such a short space. I would take me long to tell you how much characters like Haymitch, Joanna or Tigris really spoked to me or how sad, but necessary, I think Cinna´s, Finnick´s and Prim´s deaths were. In a way they all leave you with their story, no matter how short it may be. They made me laugh, cry, and think but most of all they helped me become the person I am today. It may sound like an exaggeration, but your books were a refuge. They bring back nights of reading under the sheets, summers begging to go to an archery camp, school days discussing over which district we were from and most importantly memories with loved ones and with people which are no longer close to me but have told me they still think about me when they see your books, just as I do with them.

I am not sure if you will get this letter, but I am glad I got to write it. I know it would have made ten-year-old me very happy to know she would still enjoy rooting for the Mockingjay almost ten years later. Thank you for everything and may the odds be ever in your favor.

Sincerely,

Lucía Reviriego de las Heras

CARTA A CARMEN LAFORET

CARTA A CARMEN LAFORET

Estimada Sra. Laforet:

Carmen, mi amiga, me esperaba en la puerta del Instituto. Yo llegaba tarde, como casi siempre. Me dio un abrazo. Sus abrazos no son cálidos, como a mí me gustan, son abrazos en hueso, secos. Pero son igual de bonitos. Dimos un paseo por el barrio. Me regaló un libro ese día, uno de tus libros, Nada. Hacía dos días que había sido mi cumpleaños. En las primeras páginas me escribió una dedicatoria. De vez en cuando saco el libro de mi estantería para releerla. A ella siempre se le ha dado bien escribir, aunque no le gusta.

Cuando llegué a casa me fui a mi habitación, a mis cuatro paredes. Esas cuatro paredes, de las que en tantas ocasiones he hablado, lo saben todo de mí. En ellas me refugio, en ellas la soledad se extingue. Allí, unas ganas impetuosas de leer el libro se apoderaron de mi cuerpo, ahora desconocido por el recuerdo. Tardé bastantes meses en leerlo. Por cuestiones que prefiero no contarte, la lectura, desgraciadamente, había abandonado mi rutina. Recuperarla no fue fácil. Terminé el libro en verano, en un pueblo de Extremadura, perdido entre prados, olivos y encinas.

El año pasado, por estas fechas, fui a Barcelona a pasar un fin de semana con mi tío. Un viaje entristecedor, poco elocuente en ese momento, pero dulce ahora transformado por la melancolía. El primer día anduve hasta encontrar el número 36 de la calle Aribau. La acera frente al portal estaba en obras. El edificio tenía unas grandes ventanas, unos grandes balcones... Y se erigía con una fuerza culminante capaz de hundir al ser humano más fuerte, alto o valiente del mundo. Todo estaba donde debía estar, todo estaba en su sitio. Han puesto una placa con tu nombre en él. Eso hace que tenga más fuerza aún. De tanta, casi me tira al suelo.

En uno de mis intentos por alcanzar aquello que no puedo, cerré los ojos e imaginé a la familia entera en uno de esos pisos, condensando en él todos sus problemas. Juro, pongo por testigo a esta carta, que vi a Andrea llegando de noche por primera vez al edificio. La vi más tarde salir del portal. Caminaba con prisa. En un reflejo de ensoñación, de ilusión desmedida, la seguí. No sé por qué lo hice. Al final, llegué a la universidad, en donde la esperaba Ena. Volví al edificio. Podía escuchar a la anciana gritar, las discusiones del tío... Por un momento fui una desconocida en la vida real.

Mi tío me zarandeó fuertemente. Nos teníamos que ir. Todo se desvaneció. Ya no escuchaba el ruido de la casa. Ahora solo veía sus balcones vacíos, sumidos en una profunda negrura. La vida, con ese sueño, de alguna manera que no logro comprender, me había dejado. Con esa experiencia onírica, me despedía de aquel edificio, de aquella calle. Y de Andrea. Aunque en los días restantes la busqué en cada calle. Cada vez que doblaba las esquinas, esperaba encontrarme con ella.

En Barcelona no la volví a ver, pero me la encontré varias veces en un pueblo de Madrid, aunque con otra cara. Era diferente. Pero supe que era ella por su forma de caminar, brusca, con prisas. Una vez, incluso, pude hablar con ella. Me dijo que le recordaba a Ena (en un plano totalmente distinto). Carmen dice que, al contrario, le recuerdo a Andrea.

Escribo esta carta en los pasillos de una vieja universidad, parecida a la de Barcelona, maravillada por tu forma de escribir, tu delicadeza, tus personajes. Alguna vez he escuchado que los libros, entre otras cosas, son los que nos mantienen vivos. A mí Nada, de una manera que no entiendo, me da la vida de una forma en la que pocos libros lo han hecho. No se trata solo de un libro, se trata también del día que Carmen me lo regaló, del día que me dijeron que me parecía a Ena, del viaje a Barcelona (entre otras muchas cosas más). Es una vida, este libro es una vida.

Sea como sea, gracias. Es lo único que puedo decirte. Cierro esta carta muda, sin palabras suficientes de agradecimiento.

Atentamente,

Lucía Guerrero Ávila

La importancia de la lectura para el desarrollo de la ciudad más avanzada de su tiempo: Roma

La importancia de la lectura para el desarrollo de la ciudad más avanzada de su tiempo: Roma

La lectura desempeñó un papel fundamental en la antigua Roma, sirviendo como piedra angular para el desarrollo intelectual y cultural de la sociedad del momento. Desde los primeros días de la República Romana hasta la cúspide del Imperio Romano, la palabra escrita tuvo una enorme importancia, moldeó las mentes de sus ciudadanos/as e influyó en la trayectoria del conjunto de la sociedad romana. Bajo este contexto, en este ensayo se pretende explorar la importancia de la lectura en la antigua Roma, resaltando su especial impacto en la educación, el entretenimiento y la difusión del conocimiento.

En la antigua Roma, la lectura estaba principalmente asociada con la educación y los estudios intelectuales. La capacidad de leer y escribir se consideraba esencial para aquellos que buscaban participar en la vida pública, política y en el gobierno del país. Las familias romanas adineradas contrataban tutores privados, conocidos como pedagogos, para instruir a sus hijos en el arte de la lectura y de la escritura. Este currículo incluía el estudio de literatura, filosofía, retórica e historia latina y griega. Los niveles de alfabetización variaban entre las diferentes clases sociales, pues mientras que la élite romana tenía acceso a una amplia educación, los ciudadanos comunes, especialmente los esclavos y los libertos, tenían pocas o ningunas oportunidades de adquirir habilidades de lectoescritura. No obstante, a medida que el imperio se expandía, se reconoció cada vez más la importancia de su educación, lo que llevó al establecimiento de escuelas públicas en áreas urbanas con el fin de formar las clases sociales más bajas en los conceptos básicos de lectura y escritura.

Los libros tenían un valor inmenso en la antigua Roma, tanto como herramientas de aprendizaje como fuentes de entretenimiento. Eruditos y filósofos romanos compilaban obras sobre diversos temas, en muchas ocasiones expropiándoselas a pueblos conquistados como griegos o egipcios, incluyendo libros de poesía, historia, filosofía y ciencia. Estas obras eran posesiones altamente valoradas, a menudo guardadas en bibliotecas privadas y compartidas entre círculos intelectuales, donde el libro cumplía una función social que simbolizaba un determinado estatus dentro de la comunidad.

Autores romanos como Cicerón, Livio y Séneca produjeron obras maestras que moldearon el tejido cultural e intelectual de la Roma de su tiempo. En sus obras no solo reflejaban la sociedad, sino que también influían en los valores, creencias e ideales del pueblo romano. La lectura de estos textos permitía interactuar con ideas profundas, desafiar normas establecidas y ampliar sus horizontes intelectuales.

La lectura no se limitaba a entornos privados. La lectura pública desempeñaba también un papel fundamental en la difusión del conocimiento y en el fomento de un sentido de comunidad. Autores destacados a menudo realizaban lecturas públicas de sus obras en las calles romanas, atrayendo a grandes audiencias ansiosas por escuchar sus palabras de boca de sus creadores. Pero también estas lecturas públicas brindaban la oportunidad de diálogo, debate y compromiso intelectual entre los ciudadanos, permitiendo el intercambio de ideas y perspectivas.

Las bibliotecas, conocidas como bibliotecae, surgieron como centros de actividad intelectual en la antigua Roma. Estas instituciones públicas albergaban una vasta colección de rollos y libros, haciéndolos accesibles a un público más amplio. Las bibliotecas se convirtieron en lugares de encuentro para eruditos, estudiantes e intelectuales, fomentando una cultura de aprendizaje e intercambio intelectual.

La lectura no se limitaba únicamente a fines académicos, sino que también servía como fuente de entretenimiento en la antigua Roma. Los romanos abrazaron diversos géneros literarios, incluyendo poesía, obras de teatro y narrativas épicas. Las recitaciones públicas de poesía y las representaciones teatrales atraían a grandes audiencias y proporcionaban un medio de ocio y evasión.

Las obras de renombrados poetas como Virgilio, Ovidio y Horacio cautivaban a los lectores con su habilidad para contar historias, ingenio y profundidad emocional, donde sus creaciones literarias eran una ventana abierta para descubrir diferentes aspectos de la sociedad romana, su historia y mitología, estimulando la imaginación y evocando una gran variedad de emociones.

En definitiva, la lectura en la antigua Roma tenía un inmenso poder e influencia, permeando todos los aspectos de la vida romana. Jugó un papel crucial en la educación, permitiendo a las personas adquirir conocimiento, agudizar su intelecto y participar activamente en la vida pública. Los libros proporcionaron una plataforma para el intercambio intelectual y cultural, dando forma a los valores y aspiraciones de la sociedad. Ya sea para su educación o simplemente por puro entretenimiento, la lectura fue en Roma una fuerza transformadora que enriqueció la vida del pueblo romano y contribuyó al legado de su civilización. Por ello no es de extrañar que, siendo el pueblo más avanzado en niveles de alfabetización y lectura de su tiempo, también lo fuesen en casi todos los demás aspectos sociales, pues cuanto más se lee, más inteligente uno se vuelve.

 

Gregorio Pedro Utrilla Fornals

Salvado por las Humanidades

Salvado por las Humanidades

En un momento de la humanidad donde el fin está más cerca que nunca, donde las sangrientas batallas medievales se han sustituido por tensiones a escala nuclear, donde no hay mucho más que vivir para generar y consumir, donde la lectura intensiva se ha sustituido por la ignorancia extensiva, nació. Nació el germen de la inocencia, curiosidad y valentía. Creció jugando entre los antiguos libros de sus padres, y la imaginación de sus hermanos mayores. Hasta que su vida se vio truncada por una serie encadenada de desdichas. Un chico ya adolescente buscó en la rebeldía un método para sanar sus heridas emocionales, cuando aún no se veía realizado como persona.

Tras varias batallas perdidas contra sí mismo y el sistema, cayó rendido ante la inocencia, curiosidad y valentía que le hicieron recapacitar y reencontrarse con aquel sentimiento que le generaba leer libros sobre Egipto o los dinosaurios… Así, y con la ayuda de su madre y muy buenos profesores aplicados, consiguió retomar el arte del estudio, descubriendo un mundo que siempre había estado ante sus ojos, pero que en un momento dado decidió ignorar. Fue en los momentos posteriores que mil sentimientos recorrieron su cuerpo al leer obras antiguas como Lisístrata, Odisea, Eneida…, al sentirse parte de ese mundo clásico. De esta manera, consiguió salir del vacío existencial que sentía y encontró en el mundo un reflejo de sí mismo y en sí mismo un reflejo del mundo. Se propuso terminar los dos cursos de Bachillerato con buenas calificaciones y sobre todo con un buen aprendizaje, y lo consiguió. Además, se propuso dejar una huella positiva allá a donde fuesen él y sus experiencias… y a día de hoy lo está cumpliendo.

Gracias al aprendizaje vital aportado por las Humanidades, a día de hoy sueña, sueña con no perder el tiempo, con crear obras, escribir más allá de lo tangible, desarrollar, descubrir, imaginar y sentir, sabiendo que su tiempo es finito, pero que, si logra hacer lo que se propuso, su legado no lo será.

Aarón López Cuevas

De la importancia de la escritura y la lectura: reflexión a través del decimotercer viaje de Eneas (novena parte)

De la importancia de la escritura y la lectura: reflexión a través del decimotercer viaje de Eneas (novena parte)

Tiempo después, cuando ya están todas las cámaras desenchufadas y la mayoría de las luces apagadas, tras infinidad de angustiosas llamadas telefónicas, cuando el staff del progrma se marcha contrariado a casa y las hormigas ya descansan en su cama, uno de los más rezagados entre el público, un magnate excéntrico apasionado del programa, se dirige a Pablo Motos con un efusivo saludo.

— Una representación espléndida, maravillosa—confiesa con una sonrisa de oreja a oreja—. Pero ¿por qué el cambio de formato?

Aún contrariado, Pablo lo mira, sin terminar de comprender.

— Te aseguro que ese era el auténtico Eneas.

El magnate lo palmea un par de veces en la espalda, con aire condescendiente.

— Claro, claro. En fin, un espectáculo de lujo, quiero el nombre del actor y su currículum. Le espera una brillante carrera por delante, eso desde luego.

Agotado, Pablo inspira hondo. Está pálido, y lo único que le apetece es irse a su casa a dormir.

— Oye —continúa el hombre—, ¿y lo de los efectos especiales…?

Y sigue los pasos de Pablo mientras este abandona el plató.

Se apagan las luces.

FIN…

Leyre I. Avilés Canalejo

Observaciones acerca de la realidad y el sentimiento de lo perfecto

Observaciones acerca de la realidad y el sentimiento de lo perfecto

Kant, Immanuel: Observaciones acerca del sentimiento de lo bello y de lo sublime, 1764.

 

Las diversas sensaciones de agrado o desagrado no se sustentan tanto en la disposición de las cosas externas que las suscitan, cuanto en el sentimiento de cada hombre para ser por ellas afectado de placer o desplacer. De ahí que algunos encuentren alegrías en lo que a otros les causa asco, la pasión enamorada que frecuentemente resulta un enigma para todo el mundo, o también la viva repugnancia que algunos sienten por aquello que para otros resulta del todo indiferente […].

El sentimiento más delicado, que ahora queremos considerar, es particularmente de dos especies: el sentimiento de los sublime y el de lo bello. La afección es agradable para ambos, pero de manera muy diferente. La vista de una montaña, cuyas cimas nevadas se yerguen por encima de las nubes, la descripción de una tormenta enfurecida o la descripción del imperio infernal que hace Milton suscitan complacencia, pero con horror. Por el contrario, el aspecto de un prado lleno flores, valles con arroyos serpenteantes, cubiertos por rebaños pastando, la descripción del Elíseo o el relato de Homero sobre el cinturón de Venus originan también una sensación apacible, pero que es alegre y risueña. Para que la primera impresión tenga lugar en nosotros, con intensidad apropiada, hemos de tener un sentimiento de lo sublime y, para disfrutar convenientemente la última, un sentimiento para lo bello.

[…]

La noche es sublime, el día es bello. Los temperamentos que poseen un sentimiento de lo sublime, cuando la temblorosa luz de las estrellas que se rasga a través de la parda sombra de la noche y la Luna solitaria está en el horizonte, son atraídos poco a poco por la calma silenciosa de una noche de verano, a sensaciones supremas de amistad, de desprecio del mundo, de eternidad. El resplandor del día infunde afanes de actividad y un sentimiento de regocijo. Lo sublime conmueve, lo bello encanta.

Hace no mucho me regalaron una pluma. Es gracioso cómo este utensilio me incita a escribir. Es tan delicada y sutil… Parece que fuese ella quien lleva el ritmo de mi mano, y no al revés. No es que mi caligrafía sea perfecta, pero me esfuerzo porque así sea.

En realidad, ¿en qué aspecto no aspira el ser humano a alcanzar la perfección? Es curioso, ya que no nos damos cuenta del verdadero sentido de este sublime y bello significado. ¿Qué es lo perfecto? ¿Cómo algo llega a serlo? ¿Dónde encontramos esta perfección?

Nos equivocamos con frecuencia. Algo no puede nacer perfecto, vivir en perfecto estado y morir de igual manera. Aunque, según la definición exacta de perfección, esta es un concepto que se refiere a la condición de aquello que es perfecto. Lo perfecto, por su parte, es lo que no tiene errores, defectos o falencias: se trata, por lo tanto, de algo que ha alcanzado el máximo nivel posible. Conociendo esto, pongamos un ejemplo: pensemos en un peine. Sí. Un peine, tal cual suena, el utensilio que utilizamos para peinarnos. ¿Por qué me refiero al peine como perfecto? Pensemos que el peine lleva existiendo desde los albores de la humanidad. Primeramente, estaba fabricado de huesos, madera o incluso hierro; ahora son de plástico o fibra.  Pero su esencia es la misma, un mango largo y a él adheridas unas cuantas púas con las que dirigir el pelo y darle forma. Da igual el material, el peine sigue igual desde hace lo menos 15.000 años, tirando por lo bajo: no puede evolucionar más. Es decir, el peine ha alcanzado su máximo nivel posible.

Partiendo de este argumento, ¿cuándo una persona es perfecta? Podríamos creer que entre los 25 y 30 años, ya que a partir de ahí empezamos a decaer, al menos físicamente. Pero no creo que sea así. Teniendo en cuenta la definición exacta, es sólo al morir. Y he hablado bien. No he dicho muerto o antes de morir, sino al morir. Ese ínfimo instante, en el que no cabe ni la medida de tiempo más corta que existe, justo antes de exhalar nuestro último aliento, es cuando alcanzamos la perfección, pues no podemos evolucionar más. Alcanzamos nuestro máximo nivel en ese momento. Por lo tanto, cuando muera, miradme bien, seré perfecto. Será el instante más bello de mi vida. Pues no habrá más.

Pero, esto no acaba aquí, pues lo que hemos analizado es el concepto literal de perfección. ¿Qué hay del figurado? Bien, diría que la perfección no es un estado, sino un sentimiento. Y la gran diferencia es que a pesar de cómo cree la mayoría, la perfección no la desarrolla una bella planta, la desarrollamos nosotros como sentimiento en nuestro interior al admirar la belleza de la flor. En ese momento pensaríamos: “Esta flor es perfecta.” – Pero, ¿por qué lo es? Tal vez no le falte ningún pétalo, ni le sobre ninguno, o tenga el color adecuado, o se adapte a la maravilla a cualquier temperatura o suelo. O igual todas ellas. Pero esto puede que sólo pudiera verlo aquel biólogo mientras detalla un informe al tiempo que observa la flor en su estudio.

Una tarde en el campo de picnic con amigos o la persona a la que tanto queremos puede ser también perfecta. Como vemos, la perfección es distinta dependiendo de los puntos de vista.

Sin embargo, aquella flor que tan espléndida le parecía al biólogo, puede ser, al mismo tiempo, perfecta para un marido que pasa por una floristería y este brote le llama la atención. Sí, se lo llevará a su mujer, y pagará lo que haga falta, pues llevaba todo el día buscándole un regalo por su aniversario. La flor tiene, por supuesto, las mismas características descritas por el biólogo. Este segundo personaje no sabe nada de flores, pero después de andar mucho y pensar más, encontró el regalo idóneo. Recordó que una vez su mujer le comentó lo bonita que era esa flor en particular, y que le gustaba mucho. Si la compra ahora, llegará a tiempo para la cena, la flor está genial de precio y encima las trajeron aquella misma tarde. La flor, para el marido, es también perfecta. Sin embargo, no se tienen en cuenta en este segundo ejemplo las características del primero y viceversa. Por tanto, descubrimos así que la perfección puede ser también una acumulación de circunstancias o coincidencias, sublimes coincidencias que, durante unos instantes, minutos u horas nos han revelado la identidad de la misma. Y no sólo nos la han revelado, nos han dejado regocijarnos en ella.

No es la flor perfecta, sino la sensación; la sensación de ver, sentir, oír, saborear, oler, tocar algo que se asemeje o que casi alcance la perfección. Y es siempre momentánea. El que no sepa aprovechar esos momentos en los que tanto se siente, se ve, se oye, se huele se toca, se saborea, vive en desdicha y por lo tanto no vive. Le quedarían dos opciones, cambiar y adquirir la sensibilidad de lo bello o de lo sublime, con la cual seremos capaces de apreciar lo perfecto o morir. Como dijo Marco Aurelio: “Vete, pues, de la vida apaciblemente, de la manera que muere el que cumple su cometido, indulgente con los que te ponen obstáculos”.

Gonzalo Fernández González

De la importancia de la escritura y la lectura: reflexión a través del decimotercer viaje de Eneas (octava parte)

De la importancia de la escritura y la lectura: reflexión a través del decimotercer viaje de Eneas (octava parte)

Marron se emociona al saludar al héroe, y parlotea sin cesar. Finalmente, cuando Pablo le llama la atención, enseña el libro para que todos lo vean.

— Esto que tengo aquí es un tesoro de valor incalculable para la humanidad. No es el original, por supuesto, ese va a aparecer en pantalla en… nada, ahí lo tenéis.

La televisión muestra el volumen por su portada, y, mientras el científico habla, se ve cómo se van pasando sus páginas. Marron hace lo mismo con el suyo. Llegados al canto X, en ambas versiones, las páginas aparecen en blanco. Hay un desconcierto general, en cierto modo hasta escéptico.

— Aquí —le dice Marron a Eneas, y le tiende el libro que ha traído, que está escrito en latín—, se cuenta tu historia. Sospechamos que, al venir a visitarnos, el “destino” se ha alterado, por eso no se puede leer lo que tú aún no has “vivido”. Esta noche, por primera vez en exclusiva (si te parece bien, claro), vamos a reescribir tu historia exactamente tal y como pasó, usando las mismas palabras que Virgilio. ¿Estás preparado para conocer tu futuro?

Eneas le dice algo al historiador, que sonríe antes de traducir al público.

— Dice que sabe de sobra cuál es su futuro. Lo que le gustaría es volver… Y tal vez saber si… No, el insulto me lo ahorro, si el rey Turno y él pelean y lo vence… No sólo él, también Merencio cae ante ti —le confía al troyano.

Eneas sonríe, y la suya es una sonrisa sardónica, que al mismo tiempo resulta perfecta para patrocinar cualquier marca de dentífrico. Entonces el héroe da a entender que sí, que consiente en que se reescriba su historia.

Pablo Motos comprueba la hora de reojo; van mal de tiempo. Este va a ser el único experimento de la noche, y mientras el historiador se prepara para repetir unos versos que conoce de memoria, aprovecha junto a las hormigas para agradecerle a Eneas su participación, comprensión y paciencia.

Con finura exquisita, el historiador escribe en el siguiente renglón del libro sin final la primera línea del canto X:

“Se abre la mansión del todopoderoso Olimpo…”

Como si de un milagro se tratara, la frase aparece también reflejada en la pantalla, en el volumen original. Se escuchan exclamaciones ahogadas entre el público, y también por parte del personal que custodia la historia de Virgilio.

El historiador, absorto en sus recuerdos, sigue copiando los versos, ahora a una velocidad pasmosa. Primera página. Al llegar a la línea veinticinco, escribe el nombre del héroe. Entonces ocurre: en mitad del plató, sin que nadie se lo espere, la silueta del fundador de Roma según Virgilio comienza a desvanecerse. Cuando el mundo quiere percatarse, Eneas, tal como llegó, desaparece.

A Pablo se le abre la boca de estupor. Al historiador se le emborrona la tinta del texto. El escolta, que hasta ese momento había estado mordiéndose las uñas de puro aburrimiento, se inclina por desesperación para mirar bajo la mesa. Desde la televisión se escuchan exclamaciones varias en italiano, que exigen saber qué está pasando. Se pierde la conexión. El público estalla en un tremendo aplauso, una ovación absolutamente ridícula, descontextualizada, y que sin embargo cierra el programa.

Continuará en el próximo post...

Leyre I. Avilés Canalejo

El poder de la lectura: cómo la alfabetización cambió el mundo del libro

El poder de la lectura: cómo la alfabetización cambió el mundo del libro

La alfabetización y la expansión de la escuela en Europa en el siglo XIX fueron un momento clave en la Historia de la lectura. En este período, la educación formal comenzó a expandirse y se hicieron esfuerzos para enseñar a la población a leer y escribir. Esto tuvo un gran impacto en la forma en que la gente consumía información y cómo se desarrollaba la cultura.

Antes del siglo XIX, la educación formal era principalmente una preocupación de la élite. La mayoría de la población europea no tenía acceso a la educación y muchos/as no sabían ni leer ni escribir. En algunos casos, la iglesia católica o las instituciones religiosas proporcionaban educación básica, pero esto era raro y limitado. Así pues, la alfabetización era vista como algo al acceso de unos pocos y no como un derecho universal. Sin embargo, a medida que la Revolución Industrial comenzó a transformar la sociedad europea, se hizo evidente que se necesitaba una fuerza laboral educada para satisfacer las demandas de la industria. Además, los movimientos de reforma social comenzaron a exigir una mayor igualdad de oportunidades educativas para todos los ciudadanos/as. Esto llevó a una serie de reformas educativas en toda Europa y América del Norte, que culminaron en la creación de los sistemas escolares públicos en muchos países. Estos sistemas educativos se centraron en la enseñanza de habilidades básicas como la lectura y la escritura, así como en la educación cívica y moral de los más pequeños/as. Asimismo, la creciente necesidad de material de lectura y libros de texto para las escuelas y el público en general llevó a innovaciones importantes en la producción de libros y a una mayor accesibilidad para la población.

En 1836, el profesor William Holmes McGuffey publicó el primer libro de su serie de lectores, que se convirtió en un éxito inmediato en todo el país. Estos libros de lectura graduados, que incluían lecturas bíblicas y textos clásicos, se utilizaron ampliamente en las escuelas y hogares estadounidenses durante más de un siglo. La serie de McGuffey Readers reflejaba la idea de que la educación debería estar disponible para todos los ciudadanos/as, y que los libros de texto eran una forma importante de difundir el conocimiento y la educación. Los libros fueron diseñados para ser asequibles, con precios bajos y un formato compacto y fácil de transportar. Además, fomentaban la moralidad y el patriotismo, valores que se consideraban importantes para el desarrollo de la sociedad estadounidense del momento.

Por lo tanto, la serie de McGuffey Readers ejemplifica muy bien cómo la expansión de la educación y la alfabetización pública y de masas en el siglo XIX impulsó la producción y la accesibilidad de los libros, y cómo los libros de texto se convirtieron en una parte importante de la instrucción y la cultura populares en todo el mundo.

Leire Pascual Huarte

De la importancia de la escritura y la lectura: reflexión a través del decimotercer viaje de Eneas (séptima parte)

De la importancia de la escritura y la lectura: reflexión a través del decimotercer viaje de Eneas (séptima parte)

La cámara deja de hacer zoom cuando Pablo toma la palabra. Eneas acaba de explicar que lo último que recuerda es despedirse de su madre para regresar al barco antes de sumergirse en un angustioso vacío y ser escupido aquí, dondequiera que eso sea, cuando el presentador decide que ha llegado el momento de contarle al héroe sobre el mundo real.

— Lo justo es que también tú sepas un poco de nosotros. Sabemos que te han explicado que estás en un futuro bastante lejano, y todo lo que te rodea es una ciencia maravillosa. Nos ha dicho un pajarito que admiras la vida cómoda que llevamos, pero no todo lo que reluce es oro aquí. —Mira al frente, hacia el público—. Por eso, esta noche, nuestros dos acompañantes van a jugar a un juego muy especial. Se llama “Tú tienes, yo tengo”. ¿Cómo se dice en latín? Tu habes, ego habeo. De acuerdo, queda bien y todo. Por turnos, una vez cada uno, debéis nombrar una de las dificultades a las que os hayáis enfrentado, para ver si son equiparables o no. —Se gira hacia el historiador—. A ti te pido que intentes no llevarlo a lo personal; hablas en nombre de la población española. Bien: ¿estáis preparados? Empieza nuestro invitado de honor, Eneas.

Eneas menciona la peste.

— Esa es fácil —dice el historiador, y cita al archiconocido COVID-19.

— Una pandemia que dura ya más de dos años —asiente el presentador cuando el público se serena—. Se transmite por el aire, lo que nos ha obligado a estar encerrados en casa, a guardar las distancias y a pasar mucho tiempo con la mitad de la cara cubierta, ¿no es así?

Eneas lanza una exclamación de comprensión, y comenta algo que arranca una carcajada tanto del escolta como del historiador.

— Pregunta que si por eso llevamos tapaculos en la boca —dice el historiador entre lágrimas de risa. Su turno es el siguiente—. La guerra de Ucrania.

Eneas hace un gesto despectivo con la mano; se está divirtiendo una barbaridad.

— Guerra de Troya. Mmmm… Ah, la harpía Celeno.

El historiador duda. Se toma su tiempo.

— ¿La caída del SEPE? —dice al fin, y Pablo lo da por bueno.

— ¡Escila y Caribdis! —se adelanta el héroe.

— Pues a ver, no me queda otra que mencionar a Filomena.

A Eneas le encanta la idea de imaginar Madrid cubierta de nieve.

— La erupción del volcán Cumbre Vieja —continúa el historiador.

— El Averno —replica el de la Eneida con voz ronca.

— ¿La ley Celaá? —aventura el experto.

Cuando a Eneas le explican lo que es, responde:

— La manzana de la discordia.

Una vez el público deja de reír, el presentador proclama al héroe vencedor de la mini competición. A modo de agradecimiento, el troyano asiente, y, ni corto ni perezoso, dice que los problemas del siglo XXI le dan dolor de cabeza, aunque parecen cuentos de niños.

Entonces la música cambia, y entra trotando en el plató un hombre risueño de gesto expresivo. Es Marron, el encargado de la sección de ciencias del programa. En esta ocasión no aparece con nada especial, solo con un discreto libro que lleva bajo el sobaco para poder agitar la mano en dirección a las cámaras y al público. Ese libro es, ni más ni menos, que la Eneida.

Continuará en el próximo post...

Leyre I. Avilés Canalejo

De la importancia de la escritura y la lectura: reflexión a través del decimotercer viaje de Eneas (sexta parte)

De la importancia de la escritura y la lectura: reflexión a través del decimotercer viaje de Eneas (sexta parte)

Pero Eneas se mantiene críptico a la hora de hablar de la soberana de los cartagineses, aunque no logra ocultar el dolor que encierran sus misteriosas palabras. Cuando narra su abandono, explica que fue el principio de mil desgracias (“y la justificación a las guerras púnicas”, replica el historiador con sorna). La pérdida de la mujer; un tormento en sus entrañas. Ella no puede ser descrita con palabras. La quería, sí, por los dioses que la quería, al menos hasta que ella apagó la llama de su propia vida (y aquí deja escapar una corta risa amarga, consciente de la ironía en su relato). Pero el destino es Italia, y a Italia se dirige. Eneas no vuelve a ver a Dido hasta obtener la rama de oro que le abre las puertas del Inframundo.

A Pablo le intriga sobremanera el concepto que tiene el héroe del Averno, los dioses y distintos espíritus que van apareciendo en la historia.

— ¿Los fantasmas son transparentes? ¿Se ve a través de ellos? ¿Te roban la energía vital si los tocas? —se interesa también Barrancas. El historiador le hace el favor a Eneas de no transmitir esa parte.

De su estancia en el mundo de los difuntos habla con horror; la voz ronca. Lo único que le da esperanza en ese periodo es la presencia de su padre y su promesa de un futuro próspero. Esta vez es una puerta de marfil la que lo lleva a cumplir su sueño, que comienza al poco tiempo, cuando los suyos se asientan en la ribera del Tíber y se alían con el rey Latino. Describe a Lavinia con prudencia y decoro, lo que da a entender que, curiosamente, el matrimonio tiene pinta de no haberse consumado. Eneas relata de la diosa Juno que envía su furia en forma de bestia a perseguirlo, y del rey Turno —previamente prometido con Lavinia—, cómo se gana su eterna enemistad. Sin embargo, solo cuando el hijo del héroe, Ascanio, en una cacería, mata a un ciervo que bien parece sagrado, se enervan todos, y así da comienzo la guerra del Lacio.

Llegados a este punto, le devuelven a Eneas su escudo, confiscado de forma temporal. Es un regalo de su divina madre, mandado realizar al dios Vulcano, y en él se ilustran innumerables viñetas. Eneas las señala con orgullo, mientras describe las que considera más importantes, en especial aquellas que muestran la estirpe de su hijo, incluyendo reyes y emperadores de renombre.

Continuará en el próximo post...

Leyre I. Avilés Canalejo

El movimiento Riot Grrl y los fanzines

El movimiento Riot Grrl y los fanzines

El movimiento Riot Grrl nace en la década de los 90. Es un movimiento feminista, punk y anticapitalista que surge gracias a varias jóvenes feministas en Estados Unidos.

Aunque el punk había nacido en los años 70, la música punk rock todavía estaba en pleno auge en los 90. El punk fue y es un movimiento contracultural que se caracteriza por su actitud desafiante ante distintos aspectos de la sociedad. Lucha por la igualdad y por la abolición de las jerarquías; es la identidad de la ira y la rebelión. Sin embargo, hay un tema que los cantantes y grupos punks, mayoritariamente formados por hombres, no se atrevieron a cuestionar: la desigualdad de género. Podría pensarse que, ya que la esencia de la filosofía punk es rebelarse contra el orden establecido, este iría de la mano del feminismo. No obstante, si hablamos de la escena musical, apenas se hacía mención de esta lucha, y tampoco se observaba gran esfuerzo por parte de los hombres para incluir a las mujeres que, como siempre, eran vistas como meras espectadoras.

Es en este contexto cuando, en los años 90, grupos de chicas jóvenes comienzan a organizarse para generar conciencia feminista, y son ellas mismas las que forman sus propios grupos de música punk para transmitir su mensaje. Toda esta actividad tuvo lugar gracias a un sentimiento de comunidad fuertemente vinculado al mundo de la cultura, pues actuaban desde la filosofía del DIY, una de sus principales señas de identidad (Do It Yourself = Hazlo tú mismo). Entre otras cosas, se creaban exposiciones de arte, clubs de lectura, reuniones de militancia política…Pero lo más importante para nosotras hoy es la relevancia que los fanzines tuvieron en este movimiento.

Un fanzine es una autopublicación de tema libre, en la que no existen la censura ni la presión de tener que apegarse a criterios específicos de las editoriales comerciales. Suelen ser revistas con tiraje limitado, a menudo publicadas con métodos de impresión económicos y rudimentarios, y son los/as creadores/as de los fanzines quiénes trabajan en todos los aspectos de la publicación: tanto en el diseño como en la distribución. El término “fanzine” proviene de los términos “fan” y “magazine” y está asociado a creaciones realizadas por entusiastas del arte, la música, la cultura… y a impresiones realizadas con el objetivo de difundir ideas políticas. Aunque el género de los fanzines apareció muchas décadas antes, a partir de los años sesenta comenzó a adoptar temas políticos y de protesta.

Los fanzines desempeñaron un papel fundamental en el movimiento Riot Grrl, pues es el medio que las chicas usaron para dejar por escrito sus ideas y difundirlas. Si reflexionamos sobre lo que hemos estudiado este año, creo que hay temas muy relevantes que podemos conectar con todo esto. Por ejemplo, sabemos que durante la mayor parte de la historia de la humanidad, la lectura de las mujeres estaba prohibida o controlada, ya que existía el miedo de que aprendiesen a pensar por sí mismas o de que la información del exterior generase ideas en ellas que fuesen en contra de los roles que se les habían asignado. También me parece importante el tema de la censura en la lectura, que ocurre desde los tiempos de Augusto y que sigue ocurriendo hoy en día. La existencia de la censura es una muestra de la conciencia del poder que tiene la palabra escrita, pues si surge la necesidad de censurar obras que desafían las ideologías establecidas, es porque se sabe que pueden generar y difundir pensamientos diferentes, de manera que los libros se convierten en armas peligrosas.

Creo que es esencial relacionar todo esto con el surgimiento de los nuevos lectores del siglo XIX y con la lectura militante de los proletarios, que crearon su propia cultura lectora e hicieron de la lectura una vía de formación para conseguir la emancipación de la ignorancia y de la dependencia. El punk feminista tuvo lugar en una época y en un contexto en que las mujeres tenían acceso a la palabra escrita y les fue posible propagar sus ideas y pensamientos. Es por todo esto que considero fundamental el papel de los fanzines en la historia del feminismo y de la lectura.

Laura Muñoz Félix