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LECTURAS EN LA ESO

LECTURAS EN LA ESO

Honestamente, no sabía sobre qué escribir. He estado unos días dándole vueltas a la cabeza buscando inspiración, pero no aparecía nada. Tras la desesperación por la falta de ideas, decidí buscar información en internet. Me dispuse a ello y con una frase tan simple como «noticias sobre lectura» en Google, estaba servido de propuestas. Ojeándolas, ninguna me llamaba la atención, por lo que, de nuevo, no había partido de la línea de salida. Por ello, cerré el ordenador y me dije «no te preocupes, mañana se te ocurrirá algo».

Y, por suerte, no hubo que esperar a «mañana». Esa misma noche, soñando, recordé aquellos días de la ESO en los que teníamos exámenes sobre libros de lectura obligatoria en inglés. Al día siguiente, por suerte, recordaba el sueño, así que me dije «ya está, ya tengo algo sobre lo que escribir» por lo que, tras desayunar, me senté en el ordenador y comencé a escribir.

En ocasiones los sueños son recreaciones muy similares a la realidad. Mi sueño sobre los exámenes en el instituto era muy parecido a las vivencias de esos años. Recuerdo que, al principio de curso, mi profesor nos decía a toda la clase cuál era el libro que íbamos a leer ese curso, aunque habitualmente, no era un título que nos apasionase mucho. A pesar de que la mayoría de los estudiantes nos leíamos el libro (sin mucha pasión y entusiasmo), solíamos suspender los exámenes de lectura. Las preguntas en los exámenes eran muy complejas. La gran parte de la clase teníamos la sensación de que daba igual que nos hubiésemos leído el libro o no, pues íbamos a suspender igualmente. Los exámenes se basaban en preguntas muy específicas en las que te llegaban a preguntar detalles como el color de la camiseta del protagonista en un capítulo determinado. Los profesores elaboraban las preguntas con la única intención de asegurarse de que nos habíamos leído el libro, pero para poder aprobar un examen, era necesario habérselo estudiado.

Así era imposible disfrutar de la lectura. La mayoría de libros que nos mandaban leer no eran de nuestro agrado (quizás hubiese sido mejor dejarnos decidir) y por si fuese poco, suspendíamos todos los años sus exámenes. A pesar de que esta práctica era muy frecuente en la asignatura de Inglés, también sucedió algunos años en la de Lengua Castellana. Seré profesor, o por lo menos, es en lo que pretendo trabajar en un futuro. Creo que hay que modificar la forma de abordar e incentivar la lectura en los institutos, aunque soy consciente de que en muchos institutos no se examina así la lectura. El cómo, no lo sé a ciencia cierta, pero es evidente que hay que ponerse manos a la obra.

Diego Zapata Jiménez.

 

LA BIBLIOTECA DE LA CLASE DE «HISTORIA DE LA LECTURA»

LA BIBLIOTECA DE LA CLASE DE «HISTORIA DE LA LECTURA»

Hace unos días estaba viendo una película basada en el libro La sociedad literaria y el pastel de piel de patata, de Guernsey, y en ella se citaba a Charles Lamb, quien decía: «Generalmente se lee para decir que se ha leído». No pude dejar de pensar en esa afirmación y de preguntarme por qué leía yo, pues no estaba de acuerdo con el autor. Qué mejor día para reflexionar acerca de esta cuestión que el 23 de abril de 2020, el Día del Libro. Para ello, y para celebrar este día (este año, un poco especial) con la clase, hemos recopilado recomendaciones de libros de compañeros y compañeras además de frases y citas sobre la lectura.

El catálogo de libros ha resultado ser muy variado: hay historias ambientadas en muchos siglos atrás, desde la Roma Imperial, pasando por épocas medievales, mundos distópicos o de fantasía, los siglos XIX, XX, y otras historias que suceden en la actualidad. En cuanto a géneros, historias de terror, de fantasía, de amor y desamor, de misterio, de aventura, de ciencia ficción, de reflexión... Un sinfín de temáticas que, sin embargo, se relacionan entre ellas: todas son historias que nos permiten viajar, nos permiten ser libres. Sin duda, hay recomendaciones muy interesantes, desde Javier Cercas a Kafka pasando por John le Carré, Eduardo Mendoza, Javier Ruescas, Bécquer, Chéjov, Isabel Allende, Stephen King, Machado… Y un montón de títulos, clásicos y contemporáneos, para tomar buena nota: La hija del espantapájaros, La historia interminable, Con tal de verte volar, El cuento de la criada, Entre tonos de gris, La lección de August, Patria, Un mundo feliz, entre muchos otros.  

¿Para qué leemos, entonces, los y las estudiantes del Grado en Humanidades y del Doble Grado en Humanidades y Magisterio de Educación Primaria? Está claro que no para decir que hemos leído. Según las citas que hemos reunido, leemos para viajar, para soñar, para volar, para conocernos, para ser cada vez más libres, para vivir, al fin y al cabo. Al leer, logramos evadirnos y colocarnos en un punto al azar de un mapa de cualquier época, muy lejos de aquí, donde no existe nada que nos asuste, donde podemos vivir otras vidas y conocer otros pensamientos. A veces necesitamos una vía de escape y son las letras quienes pueden darnos el refugio que necesitamos.

Para mí los libros son naves espaciales, barcos, trenes, vehículos que conducen a diferentes destinos en los que habitan historias y puntos de vista que fortalecen la libertad de mi mente.  En momentos en los que el mundo parece alejarnos, en los que las canciones hablan de que todo va mal, la lectura es mi salvavidas.

Lucía Benito Mercado.

Cuando era pequeño me gustaba imaginar que era un cazador de historias y misterios, allá a donde deambulaba llevaba conmigo un saco en el que iba recopilando aquellos objetos únicos en su especie. A veces tenía suerte y encontraba reliquias dignas del ajuar de un faraón, como un escarabajo pelotero verde que estaba perdido en el césped de mi vecina Luisa. Otras veces me encontraba objetos perdidos o abandonados, como un anillo, o una carta de amor… Mi singular actividad no tenía ningún propósito en especial, pero me gustaba recopilarlos y al final del día darles vida. Mi misterio favorito se llama Frany, un collar de gato rosa como las Betónicas silvestres que pertenecía a una gata siamesa llamada Mía, o eso me imaginé.

Sin duda tenía una necesidad de dar vida a las cosas olvidadas por el hombre, de darles un nombre y una historia, pues sus anteriores dueños se las habían arrebatado. Siempre tendré en mente un misterio que revolucionó mis esquemas, este ha sido mi preferido hasta el día de hoy y su historia, por supuesto, no tiene parangón. Un día lluvioso de octubre decidí dar una vuelta por mi querida ciudad en busca de algún que otro misterio, los días lluviosos eran peculiares porque la gente se desesperaba por huir de aquella inevitable naturaleza en estado apoteósico, los urbanitas en su intento de huida dejaban caer sin esmero alguna que otra cosa, que si se encontraban en el momento y el lugar idóneos se podían salvar. Ese día, volviendo a mi casa de la expedición vi a lo lejos algo oscuro debajo de un árbol, me acerqué y vi que era nada más y nada menos que un libro con encuadernación de cuero negro que pedía a gritos su salvación de aquella lluvia maltratadora. Cuando lo recogí me pregunté si tendría salvación, aunque estuviera debajo de un árbol, no se había salvado de las gotas que resbalaban por las hojas frondosas de aquel árbol.

En cuanto llegué a mi casa me dispuse a secarlo sin más demora. Tras la ardua tarea vi que tenía un ligero grabado en la portada, pero no era visible debido a que el cuero había perdido la forma debido al agua. En cuanto me dispuse a ojear su interior me di cuenta de que era un libro escrito a mano, sólo se podían leer algunas vagas palabras como «cuervo», «oscuridad» o «travesía», estas palabras no me ayudaban a saber su historia por lo que se me ocurrió apodarle Cuervo oscuro, las dos primeras palabras visibles que llamaron mi atención, muy acordes a su aspecto en cierto modo.

Al día siguiente entendí que el libro debía ser restaurado, ya que el agua no le había sentado bien a su cuero y a sus páginas, por lo que decidí buscar a algún librero o algún restaurador de libros que me pudiera ayudar. Tras un largo recorrido vi una pequeña tienda escondida en la esquina de una calle solitaria, me dispuse a entrar y el librero me recibió. Tras una breve conversación con el librero me aseguró que haría todo lo posible para salvarlo pero que no me aseguraba nada. La duda me carcomía, ¿de dónde había salido?, ¿era de algún famoso escritor o de un escritor amateur?, tal vez era el diario de algún o alguna joven que lo abandonaría al ver que empezaba a diluviar… No paraba de dudar y dudar, me llamaba en exceso su misterio y la necesidad de saber su historia o por lo menos si tenía algún título.

A los tres meses el librero me llamó, he identificado a tu libro, dijo, y como si de un nuevo compañero se tratase, corrí en su busca para saber su nombre. ¡Por fin!, me dije. Cuando llegué a la tienda le di las gracias al librero y le pagué lo debido, tras salir de la tienda me paré en seco y abrí la bolsa en la que estaba metido el libro, cerré los ojos con fuerza, quería que fuese una gran sorpresa, noté el tacto de cuero del libro, que era suave y mullido, e incluso olía a cuero nuevo. Rocé con mi palma su portada, su grabado poseía más definición de la que tenía antes. Entonces, abrí los ojos, Fate… encantado de conocerte al fin, Fate.

 

Iciar Payol Guerrero.

LA HISTORIA DE TU VIDA

LA HISTORIA DE TU VIDA

Me dolía la vista de estar con el móvil, pero supongo que era el único entretenimiento que me quedaba. Realmente solo había encendido la pantalla para ver la hora, pero vi una notificación de WhatsApp y acabé en Twitter y sin estar muy segura de qué hora marcaba el reloj. Debería ocupar mi mente en algo más enriquecedor, leyendo un libro, por ejemplo, como diría mi madre. Aunque, al fin y al cabo, revisar las noticias en el móvil es leer. Sacudí la cabeza con la intención de que el pensamiento se desvaneciera, como si alguien fuera a escucharlo.

Al reflexionar sobre una lectura más intensa, mi vista se dirigió rápidamente a la estantería, buscando ayuda entre los lomos de los libros. Fue un vistazo rápido ya que, inmediatamente, miré hacia un rincón de la habitación, con la mirada perdida y soltando poco a poco el hilo de mis pensamientos. Pero un destello de la imagen que acababan de recoger mis ojos relampagueó en mi subconsciente haciendo que, aun con la mirada en ninguna parte, frunciera el ceño extrañada. Hay un libro descolocado, era la idea que retumbaba en mi cabeza. Enfoqué mis ojos de nuevo y observé la estantería. Ahí estaba, uno de los libros se adelantaba al resto, saliéndose de la perfecta formación en la que estaban los demás. No es que sea una obsesa del orden, pero esa estantería estaba intacta desde hacía tiempo, ya que son historias de una época pasada y que no han vuelto a suscitar mi interés.

Me acerqué para colocarlo, pero al observarlo de cerca, no reconocí el lomo. Era oscuro y no tenía título, tampoco autor. Pensé que era debido a que se había caído la cubierta, pero cuando lo cogí para inspeccionarlo, un sudor frío resbaló por mi nuca. En el centro, una sola inscripción: La historia de tu vida, por María Mata. Debía ser una broma, yo nunca había escrito un libro y tampoco había tenido la intención de hacerlo. Lo abrí intrigada. No había editorial ni fecha de edición, tan solo un par de páginas en blanco y tras ellas, el primer capítulo: 31 de julio del 2000, once y media de la noche, Ana María nota el líquido amniótico resbalar por su pierna…. Lo cerré inmediatamente, asustada, con el corazón desbocado y el sonido de la sangre circulando en mis oídos, dejándome sorda. Es cierto, es la historia de mi vida. Cuando el pavor irracional se disipó, llegaron a mi mente preguntas a borbotones. ¿El final estaría escrito o habría páginas en blanco?, si lo estuviera, ¿me atrevería a leerlo? Conocía la respuesta a la última cuestión: no, no lo leería. No sabría decir si por miedo o porque siempre había tenido la extraña certeza de que el destino no existía y que la vida era azar. Sin embargo, me sorprendía descubrir que no habría tenido esas reparaciones leyendo la historia de un personaje ficticio, ya que siempre deseaba conocer el final, por muy doloroso que fuera cerrar una historia.

Otra duda me asaltó, ¿No es demasiado corto? Lo estudié con la mirada, llegando a la conclusión de que en esa misma estantería había libros más extensos que el que sujetaba entre mis manos. Un sentimiento pesaroso me invadió, no he vivido lo suficiente. Pero no me dejé tumbar por el pensamiento, sino que, reformulé la cuestión, ¿a caso la vida de una persona cabe en un solo libro? Al fin y al cabo, una vida no es una sucesión de acontecimientos dispuestos uno tras otro, tampoco las personas se hacen solas. No creo que existiera un libro capaz de albergar todas las conversaciones que han influido en un individuo, tampoco los pensamientos acerca de las películas que ha visto o las canciones que ha escuchado. ¿Un libro capaz de albergar los sentimientos que nos llevan a realizar ciertas acciones y que ni nosotros mismos sabemos describir? Tampoco uno que hable de las amistades que nos definen o los libros que hemos leído. La vida no es un concepto que se pueda acotar o definir en páginas y si lo fuese, debería ser digital, donde, en la historia de una persona existieran links a otras vidas, libros, historias e incluso canciones que definieron un momento en concreto.

María Mata Rey.

SOLO UN CAPÍTULO MÁS

SOLO UN CAPÍTULO MÁS

Estaban a punto de descubrirla, no se me ocurría cómo iba a conseguir escapar de aquello y tenía ganas de averiguarlo cuanto antes. No podía pensar en nada más. Llevaba todo el día dándole vueltas y por fin había llegado el momento.

«Helga se quedó inmóvil, sabía que el más mínimo ruido que hiciera significaría su final. Oyó cómo entraron en la cabaña y empezaron a rebuscar sin cuidado alguno entre todas sus pertenencias, lo que no les servía lo echaban al fuego de la chimenea que parecía hacerse cada vez más grande, les daba igual, estaban quemándolo todo, solo buscaban una cosa, y ella lo tenía. Si esos hombres conseguían arrebatarle las páginas clave que había arrancado descubrirían dónde se hallaba la isla y lo que en su interior se escondía antes que ella, pues ellos tenían el resto del libro. No podía ver nada de lo que pasaba arriba, la alfombra de piel en la que se recostaba de pequeña cubría el suelo, pero podía escuchar los pasos que avanzaban sobre ella, los tenía encima. Recuerda cuando su padre le enseñó la trampilla, “nunca se sabe” le dijo, pero ahora pensaba que él sí sabía. Se les oía enfadados, no habían encontrado lo que buscaban, quizá se vayan ya, pensó Helga, pero eso habría sido demasiado fácil.

Entonces dejó de oírse ruido, de repente todo quedó tranquilo y en silencio, pero su corazón latía más fuerte que nunca, tanto que pensaba que la iba a delatar. Una minúscula ráfaga de luz entró desde arriba, habían retirado la alfombra, iban a bajar. La trampilla se abrió y vio cómo dos hombres bajaban lentamente las escaleras, con las manos en sus espadas, dispuestos a utilizarlas en cuanto vieran que estaba ahí abajo. Helga aguardó, paciente, escondida detrás de la escalera, a que hubieran bajado, estaba en desventaja numérica y debía ser rápida si no quería que la pillaran. Apenas se veía con claridad entre la oscuridad de la estrecha y larga habitación que quedaba bajo la trampilla, pero divisó las siluetas de los dos hombres, que parecía que la llenaban entera. Esperó a que estuvieran lo más alejados posible de la escalera para salir de su escondite y empezar a subirla con la rapidez que caracterizaba al dios Hermóðr, cuando se dieron la vuelta para ir tras ella. Mientras subía, uno de ellos llegó a agarrarle el tobillo con la mano, mientras el otro subía detrás de este. Helga le atizó una patada en el brazo lo suficientemente fuerte para que se le doblara y perdiera el equilibrio cayendo sobre su compañero, consiguiendo el tiempo suficiente para terminar de subir y cerrar la trampilla. Pero cuál fue su sorpresa al descubrir que arriba no estaba sola, dos hombres más, y por supuesto Einar, le sonreían haciéndola comprender que había quedado atrapada. Parecía que los dioses no estaban de su lado esa noche. O sí.»

—¡LA CENA ESTA LISTAAAA!

«—Parece que no tienes otra opción que darnos las páginas, querida.

Siempre había odiado esa voz. Sabía que, aunque les diera las páginas iban a matarla igual, pues ya sabía demasiado y solo era un estorbo para ellos. Observó su casa, todo revuelto, todo destrozado, habían arrojado los libros que había conseguido al fuego, incluso el primero que le regaló su padre y con el que aprendió a leer.

—Me parece que no, Einar —y tras pronunciar estas palabras se sacó las páginas arrugadas del pecho de la camisa y las lanzó al fuego mientras todos observaban cómo se consumían.»

—¿No me has oído? He dicho que la cena está lista

—Si mamá, ya voy.

«Ya no podían matarla, no siendo la única que conocía el contenido de esas páginas, ahora la necesitaban y no podían hacer nada contra ello.»

Me moría de ganas de saber si la jugada de Helga había funcionado, pero mi madre me había llamado ya dos veces y tenía que ir, así que cerré el libro, coloqué el marcapáginas y lo dejé en la mesilla para luego seguir, no podía pensar en otra cosa.

 

Paula Lesaola Palacios.

 

EL TALLER DE LOS LIBROS PROHIBIDOS. OLALLA GARCÍA.

EL TALLER DE LOS LIBROS PROHIBIDOS. OLALLA GARCÍA.

La novela El taller de libros prohibidos recrea el mundo del libro en el siglo XVI a través de una excelente ambientación. En ella, además de entremezclarse personajes reales y ficticios, se incluyen datos históricos relacionados con la imprenta y la expansión del comercio librero que acompañan lo visto en la asignatura a lo largo del curso. Es por ello que esta relación entre figuras históricas y hechos confirmados evidencian un gran y elaborado trabajo de investigación de la autora, que le permite conformar, así, un marco cultural y cronológico muy preciso.

(…) Hay en estos reinos muchos libros, en latín y en romance y otras lenguas, que contienen herejías, errores y falsas doctrinas sospechosas y escandalosas y muchas novedades contra nuestra santa religión y fe católica (…) y se venden muchos libros, de materias vanas, deshonestas y de mal ejemplo, de cuya lectura y uso se siguen grandes y notables inconvenientes. Y porque compete a Nos proveer en todo lo susodicho (…), y por el bien y beneficio de los nuestros súbditos y naturales, fue acordado que debíamos mandar esta nuestra carta, la cual queremos que tenga fuerza de ley y pragmática sanción.

Extractos de la pragmática dada a 7 de septiembre de 1558 por Felipe II

 

Año 1572, Alcalá de Henares.

En pleno siglo XVI, tras la consolidación definitiva de la imprenta y bajo la sombra omnipresente de la Inquisición y la estricta censura de Felipe II, la joven librera, Inés Ramírez, se ve envuelta en una investigación sumamente peligrosa: encontrar el ejemplar de un libro prohibido.

Para la joven viuda regentar el negocio familiar, simplemente por el hecho de ser mujer, es ardua tarea y, sobre todo, un cometido contrario a lo esperado. Como viuda debe vender todos los bienes o casarse con otro hombre, que se encargue del negocio en su lugar. Si bien, encontrar entre las pertenencias de su difunto esposo una misteriosa carta en clave resulta igual de intrincado. Inés conoce la lista de obras sospechosas por mandato real e inquisitorial y, como todo librero y vendedor de la época, recibe visitas de los inquisidores y se encuentra en un estado de inspección permanente. La desaparición y condena del libro prohibido, que había sido ordenada por el poder político y la Iglesia siglos atrás, así como la posibilidad de descubrir el secreto para acceder al mismo, implican una amenaza constante para la joven. Asimismo, la colaboración de Pierre Arbús en la búsqueda, al tratarse de un oficial de imprenta francés, no beneficia a su distinción y reputación como buena mujer católica. Es bien sabido que todos los extranjeros son sospechosos en materia de religión y la repentina aparición del francés en la villa no produce más que el mismo recelo.

Pero, ¿realmente son los únicos que buscan el “réprobo” ejemplar, cuya posesión es sinónimo de terrible castigo?

Aurora Rivera.

 

LA LECTURA ANTIGUA

LA LECTURA ANTIGUA

La Roma antigua fue escenario de cambios trascendentales que habrían de tener una influencia definitiva en el futuro de los libros, la lectura y las bibliotecas.

El pueblo romano comenzó la conquista del mundo mediterráneo y la conformación de su amplio territorio a partir del siglo V a. de C. Por medio de las armas los romanos conquistaron una gran cantidad de pueblos con diferentes costumbres, tradiciones y cultura, aunque también es importante destacar que casi de forma simultánea se fueron ejerciendo un tipo diferente de conquista: la conquista cultural. Los romanos tuvieron cuidado de tomar todo lo bueno de cada pueblo conquistado y adaptarlo, es lo que los especialistas llaman «latinización o romanización del mundo antiguo».

Al conquistar los territorios griegos en el año 146 a. de C., lejos de hacer desaparecer su lengua y su alfabeto, los romanos se preocuparon por mejorar y enriquecer sus caracteres, dando paso con ello a la creación del alfabeto latino con la incorporación de cinco nuevos símbolos fonéticos: las vocales. Este nuevo alfabeto, daría paso posteriormente a la aparición de las llamadas lenguas romanas: español, italiano, francés, romano, gallego, provenzal, dálmata, catalán, y el rético, entre otras más, y que habrían de tener un papel importantísimo en el devenir cultural de muchas culturas más.

En la civilización romana también se produjo otra novedad cultural en torno a las prácticas de la lectura conocida como «cultura del botín» en referencia a los libros conseguidos en sus botines de guerra, con los que se conformaron muchas bibliotecas privadas que empezaron a tener como parte de sus espacios físicos jardines, pórticos y grandes salas reservadas para los eruditos que acudían a ellas para debatir sobre sus lecturas y llevarse textos prestados. La élite romana solía llamar a estos lugares «espacios donde se hacía la vida».

Miguel Cumplido.

PALABRAS

PALABRAS

Cuando las palabras se dejan escribir

se significan plenamente sin

remordimientos.

 

Cuando purifican el alma confusa

atormentada.

 

Cuando iluminan una sonrisa en el

que las pronuncia.

 

Se encadenan sin ligaduras en

una mañana de enero mansas

formando ondas y reflejos.

 

Cuando crujen bajo mis pisadas,

me describen árboles desnudos,

piedras desgastadas, irregulares.

 

Cuando traen excitación

desmedida como notas de

una sonata, agitando los sentidos,

agudizando los olores.

 

La belleza se desmorona mostrando

la realidad inexistente.

 

Cuando no alcanzo a comprenderlas

produciéndome vergüenza o

pierden su pudor emigrando

libres a mares templados,

desiertos helados, noches

iluminadas.

 

Juan Francisco Muñoz.

LA LECTURA EN VERANO

LA LECTURA EN VERANO

Como cada verano, mis amigas y yo intercambiamos aquellos libros que durante el otoño, invierno y primavera nos han hecho sumergirnos en otro mundo. Ya se ha vuelto una tradición, nos encanta comentar todas las partes de estos libros con las que nos identificamos o que nos llevan a una reflexión más allá de lo personal.

La playa, mis amigas y conversaciones sobre la vida son unas de mis tres cosas favoritas en el mundo. Sentarnos en la toalla con la brisa del mar y pasarnos horas imaginando que somos las protagonistas de las historias que escriben nuestros escritores favoritos.

En la casa de la playa, mis abuelos tienen varias estanterías repletas de libros a los que siempre acudo, es más, todos los años termino leyendo algún libro repetido porque me hace recordar muy buenos momentos. Me encanta sentarme con ellos y ver cómo disfrutan leyendo al igual que yo y poder compartir nuestras opiniones.

Recuerdo cómo el verano pasado bajé de mi habitación y vi a mi abuelo subido en una escalera: «Estoy buscando libros que te puedan gustar», me dijo, y cuando me los dio, recuerdo que uno era de directores de fotografía del cine español y otro de los grandes maestros del Museo del Prado. Y la verdad es que acertó por completo. Sentir que alguien te conoce tan bien hasta el punto de saber qué libros te puedan gustar es una de las mejores sensaciones del universo, y más si son tus abuelos. Cambio lo que dije en el segundo párrafo sobre mis tres cosas favoritas para añadirles a ellos en primer lugar. No podía escribir un post sobre la lectura sin nombrarles a ellos, ya que han sido los que en gran parte han fomentado en mí este interés y amor por los libros y el arte, la música, el teatro, el cine...

Leer es aprender, es ampliar nuestra fuente de conocimientos, es abrir nuestra mente a cosas que nunca nos hubiésemos imaginado, es desarrollar nuestra imaginación, nuestra capacidad de empatía. Leer implica muchas más cosas de las que creemos, por eso a mí me gusta decir que «leer es magia».

En conclusión, leer es maravilloso en todas las estaciones del año, pero yo encuentro una paz distinta navegando por historias diferentes en esta estación que me tiene tan maravillada, por eso he querido titular esta historia Lectura en verano. Ojalá que esta maravillosa tradición que se ha ido forjado con los años sea tan duradera como la amistad y el amor de las personas que lo han hecho posible.

Paula Ruiz.

LECTURA INCONSCIENTE

LECTURA INCONSCIENTE

A menudo pensamos que la lectura está únicamente ligada a novelas o libros de distintos géneros, pero la realidad es que la lectura hace acto de presencia en múltiples ocasiones cada uno de los días de nuestra vida.

Coger el móvil por las mañanas y leer las noticias, redes sociales, correo electrónico…, es, al fin y al cabo, una manera de ejercer distintas formas de lectura y de interactuar con los textos. A través de las redes sociales, las personas nos comunicamos entre sí, intercambiando ideas y formando nuevas comunidades. A esto se le suma el hecho de que el sector editorial digital está creciendo cada vez más, lo que nos permite encontrar montones de obras adaptadas a los soportes digitales.

Pero como he dicho antes, no únicamente las novelas cuentan como lectura. Leer el periódico por la tarde, especialmente en estos días, supone una lectura silenciosa igualmente enriquecedora y que aporta información de interés acerca del mundo que nos rodea. Esto no significa que debamos alejarnos de las obras literarias, ni mucho menos, pero sí reflexionar sobre la trascendencia de las distintas formas de lectura en nuestras vidas.

La lectura, en todos los aspectos, es una herramienta con la que puedes transformar tu pensamiento, analizar y cuestionar el mundo que te rodea. Pienso que lo más importante de esta es el entrenamiento que puede aportar a nuestra mente. Esta diversidad de formas de lectura incide de manera distinta en cómo organizamos el pensamiento, cómo y a qué prestamos atención y enfocamos aquello en lo que queremos centrarnos.

Hemos de aprovechar estos días de confinamiento para retomar ese interés por la lectura voluntaria. Dejando de lado la lectura inconsciente, podemos redescubrir ese placer oculto en las lecturas y que tanto nos puede aportar. Uno de mis momentos más apreciados estos días es esperar a que llegue la tarde para calentar un poco de leche, añadirle un buen café y elegir un delicado chocolate para acompañar el deleite. Acto seguido, dirigirme al sillón desde donde ahora escribo para poner algo de música que ambiente la escena para disfrutar de un rato de lectura por el que muchos, si supieran apreciarlo, pagarían.

 Jorge Pons Alquézar.

¡VIVA HOLMES!

¡VIVA HOLMES!

Hay algunos personajes de la literatura que han traspasado la barrera de la ficción y han conseguido el mismo amor y respeto que una persona real. Uno de ellos es Sherlock Holmes.

En el año 1887, Arthur Conan Doyle publicaba su primera historia en una revista sobre un maniático detective londinense y su inseparable compañero, el doctor Watson. El éxito surgió rápido, y tanto el escritor como su personaje fueron rápidamente conocidos mundialmente. Pero ¿qué hacía a este personaje, lleno de manías y de vicios, tan interesante para sus lectores? Tal vez en la misma pregunta se encuentra la solución, y sean esos defectos que el escritor concedió a Sherlock Holmes, los que, en definitiva, le hicieron más humano.

Pero desafortunadamente, llegó un día en el que el gran Arthur Conan Doyle comenzó a sentirse harto de escribir historias de detectives, se había cansado de Sherlock, quería escribir sobre temas de mayor envergadura. En 1893 decidió matar al personaje en un cuento titulado «El problema final», en el que Sherlock y su enemigo Moriarty caían por las cataratas de Reichenbach.

El autor no tuvo en cuenta las consecuencias de esta fatídica decisión y su madre, que estaba en contra de matar al personaje, dejó de hablarle durante una larga temporada. Arthur Conan Doyle comenzó a recibir miles de cartas de admiradores, algunas incluso con amenazas, pidiéndole que devolviese a la vida a Sherlock Holmes. Las oficinas de la revista que publicaban las historias del detective recibieron durante meses grupos de pacíficos manifestantes. En el mundo entero se crearon asociaciones y clubes bajo el lema de ¡Viva Holmes!

Los lectores ganaron la batalla y en 1902 Arthur Conan Doyle volvió a escribir historias sobre Sherlock Holmes y no dejó de hacerlo hasta 1927.

Referencia:

Doyle, Arthur Conan: Todo Sherlock Holmes, 2018, Ediciones Cátedra (Grupo Anaya), Madrid.

 

María González Campbell

YO TENÍA UN DIARIO

YO TENÍA UN DIARIO

Otro estúpido y aburrido día se avecina, qué pereza me dan las clases de Gema. Me cae bien, pero nos llena la cabeza con tonterías que no tienen que ver con la asignatura. Llego tarde, como siempre, con una fruta en la mano porque no me ha dado tiempo a comer. Empiezo a bajar las escaleras corriendo intentando coordinar mis piernas cuando de repente… ¡PAM! Menudo golpe me he llevado, he bajado dos escalones de culo. Pero no te creas que ha sido culpa mía únicamente, me he tropezado con un libro. Y no uno cualquiera de lectura, una libretita rosa muy bonita de purpurina y pegatinas de corazones, y un escrito en la primera página: Diario secreto de Rosa, ¡Juan no mires!  Qué gracioso me ha parecido, no sabía que tenía una vecina pequeña llamada Rosa. Me ha recordado a mi infancia a todas las veces que intenté escribir diarios contando mis dramas de niña pequeña y que al final abandonaba porque la constancia no es lo mío.

He decidido que una caída por las escaleras es bastante excusa para no ir a clase y que Gema seguro que me perdona.  He subido a casa y he dejado el diario en la mesa, he creído que una cosa tan privada no tendría que estar al alcance de cualquiera y que podría investigar en qué piso vive Rosa y dárselo después de las clases. Me he preparado un café y un poco de hielo para mi trasero y al sentarme en el sofá, ahí estaba el diario mirándome.

—A lo mejor si lo leyera un poquito podría descubrir de quién es… —intentaba convencerme a mí misma para saciar mi faceta de maruja de escalera.

—¡No puedes hacerlo! Un diario es algo privado y la niña podría sentirse ofendida si lo hicieras.

Después de esta conversación conmigo misma en voz alta, he encendido la televisión y daban «Mentes Criminales», así que me he quedado embobada un rato. De golpe, me ha empezado a sonar el reloj. ¡Vaya! Ya son las tres, hora perfecta para devolver el diario. Me he dirigido al 4C, con un poco de vergüenza, pero con toda mi buena fe. He tocado al timbre y me ha abierto una señora con pelo teñido de rojo y cortito, de unos cuarenta y largos años.

—Toma Rosa, creo que esto es tuyo. He visto tu nombre en la primera página y no creo que te apetezca que lo tenga alguien que no eres tú.

La señora ha puesto cara entre de preocupación y de alivio. Te preguntarás que cómo he sabido que esa mujer era Rosa. Pues de la misma manera que me he enterado de que cree que su marido la está engañando, que su hija ya no quiere que la llamen María sino «la Mari», que su novio, el Rulas, no termina de transmitirle confianza, y que pesa los tomates en el supermercado y luego pone algunos más en la bolsa para sentir algo de emoción en su vida. Si es que esto de escribir tus secretos en un diario es muy peligroso, alguien que no quieres puede encontrarlo y leerlo. Además, las cosas en papel ya están obsoletas, ahora se lleva más escribir lo que te pasa en plataformas de la web, como hago yo contigo «MiDiarioOnline», mucho más seguro, nadie puede acceder a una nube en la red, ¿o sí?

Alicia Moll.

LEE

LEE

No todos estábamos listos

no todos estábamos preparados

ni física ni psicológicamente

tú, que eres claridad entre tanta oscuridad

tú, que eres alegría entre tanta tristeza

quien diría que ahora te puedes apagar

no eres tú, si no las consecuencias de tus actos

no soy yo, sino lo que tú has provocado

yo era blanco y tú tan negro

yo era carmín y tú carboncillo

yo era fuego y tú tan frío

tú eras hielo y yo leña

cuando te dije ven

tú ya te habías ido

 

todos extrañamos un abrazo

no el abrazo en sí

sino la persona en sí que nos lo da

tú no te encariñas de la persona

sino del alma de esa persona

y su alma se encariña del tuyo

quien fuera abrazo, para poder tocarte

quien fuera ventana, para poder mirarte

quien fuera vela, para poder sentir tus suspiros

lo único que quiero yo es tenerte a mi lado.

 

la lectura es lo único que me hace sobrevivir

la lectura es mi única unión a ti

lo malo es que no se leer sin ti a mi lado

leer es otro mundo

leer te inspira

leer te atrapa

leer te engancha de manera que te olvidas de ser

ser o leer esa es la cuestión

porque si no lees no eres tú

sino eres tú, ya no podrás leer

porque si no lees, pierdes el alma

así que aprende a leer

porque las mejores cosas

las entiendes si lo lees 2 veces

aunque prefiero leer a tu lado

debido a que no sé leer y si lees conmigo

yo te oiré, te escucharé y contigo me quedaré.

 

José Carlos García Arteaga.

LA IMPORTANCIA DE LA LECTURA EN NUESTRA VIDA

LA IMPORTANCIA DE LA LECTURA EN NUESTRA VIDA

La lectura es una de las cosas más importantes que nos rodea, además de ser imprescindible para la comunicación y el conocimiento.

Sin apenas darnos cuenta, todo lo que nos rodea es lectura, ya no solamente consiste en leer libros, si no en informarnos, comunicarnos y estar conectados con el mundo y con las personas, por lo que es algo que deberíamos tener siempre en nuestras vidas.

Existen muchas razones por las cuales la lectura tan importante en nuestro día a día. Por un lado, como he dicho anteriormente, para la comunicación y el conocimiento. También nos ayuda a despertar nuestra imaginación y evadirnos cuando necesitamos un poco de espacio. Nos permite conectar con el libro en profundidad y sentirnos identificados con los personajes, lo que hace que nos traslademos y disfrutemos más de la lectura. Ayuda a la concentración e incluso a la relajación, además de servirnos para aprender, crecer como personas y enriquecernos culturalmente.

Actualmente, con la situación que estamos viviendo en todo el mundo, la lectura nos ayuda a mantenernos informados, a entender la situación que vivimos día a día y seguir cómo va evolucionando. Pero, sobre todo, nos permite en estos días evadirnos y distraernos en aquellos momentos que quizás necesitemos un poco de «libertad».

Alma Jaraiz García.

EL EJÉRCITO NEGRO

EL EJÉRCITO NEGRO

He de reconocer que jamás he sido una persona que lea de forma muy frecuente, lo cual no significa que una vez que encuentro un buen libro no me atrape la historia hasta sus últimas páginas.

Este fue el caso de El ejército negro. Creo recordar que fue un regalo por mi cumpleaños. Yo cumplo los años en julio, por lo que era verano, pero aquel verano era distinto pues me habían operado, quizá por primera vez, por lo que no podía moverme, tenía las piernas inmovilizadas y con un palo que impedía que las cerrase.

Este libro tenía unas 600 páginas y, como ya he dicho, no soy de leer mucho, entre otras cosas porque la vista se me va de renglón a renglón y ello me dificulta mucho la lectura. Por este motivo, para leer esta obra conté con la ayuda de mi madre.

Cuenta la historia de un chico que tiene una extraña marca en la cara con forma de «A» y en cuya punta está la cabeza de un dragón. Este chico, Arturo, descubre que todas las noches sueña lo mismo, que los sueños son siempre una continuación del anterior. Se mete en la piel de lo que parece ser un antepasado suyo en la época medieval y eso tiene repercusiones en su propia vida. Fue una de las primeras veces que me sentía tan enganchado a una historia, el hecho de que fuera de temática medieval ayudó bastante.

Es una serie conformada por tres volúmenes y el tercero de ellos lo había comprado mi padre un día en el que sabía que me tenían que operar de nuevo. Sin embargo, el tercer libro lo devolví porque mis compañeros de clase en ese entonces del colegio me habían regalado ese mismo ejemplar, pero firmado por todos ellos. Es algo que nunca olvidaré.

Es un libro con el que de verdad quieres acompañar a los personajes en su viaje y no solamente a los que en principio son los héroes. Es muy interesante ver que algunos de ellos que parecían olvidados o derrotados se recuperan y vuelven más poderosos. Este libro me marcó tanto que escribí una poesía sobre los dos primeros libros.

Fue un viaje apasionante y sin duda lo recomiendo a todo aquel amante de lo fantástico y lo medieval.

 

Nacho Canfranc

CARPE DIEM

CARPE DIEM

Llevo delante del ordenador más de media hora, tratando de poner mi mente en blanco y empezar de cero algo que, ironías de la vida, no puede partir de cero. Supongo que es la sensación de que vas a escribir algo que alguien más va a leer, ya sea una, dos u ochenta personas. Qué más da. Y el caso es que el tema no es nada difícil, quiero decir, ¿cuántas veces se habla a lo largo del día de lo que leemos, de los libros, de autores y autoras que escriben esos libros? Seguramente más de las que nos imaginamos.

Y, aun así, hay quienes no sucumben a la magia de las historias ajenas. Aun así, hay quienes se resisten a tocar un libro, a sentir por alguien que no existe, aunque sea solo por un momento, o incluso a una historia que, a veces, es más real que la realidad. Y, ¿por qué? No lo sé, pero tampoco estamos aquí para juzgarnos unos a otros. Estamos aquí para hablar de libros, aunque eso sea bastante ambiguo. Digo ambiguo por la sencilla razón de que no hay dos personas iguales, no hay dos libros iguales, ni siquiera dos historias iguales, y, lo más importante, si no hay dos personas iguales, significará que no hay dos personas que lean igual, por mucho que lean lo mismo. He ahí la magia del maravilloso mundo de la tinta y el papel.

Hay quienes dicen y aseguran que la felicidad normalmente se encuentra en las cosas más pequeñas, como en una taza de café por la mañana, un aprobado en Historia del Arte, una canción, un gesto, un libro… y puede que tengan razón. Puede que algo tan pequeño como un taco de folios con portada sea capaz de hacernos felices por momentos, puede que incluso haya quienes consideren estos objetos la fuente de su felicidad. Pero… ¿por qué? Es el segundo «por qué» que pregunto, al igual que es el segundo «por qué» que no sé responder con certeza. De lo que sí puedo estar más que segura es de que, más que el libro físico, más que la cantidad ingente de palabras impresas en esas hojas, más que lo que ha costado y quién lo ha escrito, es lo que te hace sentir, es la forma en que haces tuya cada acción, cada palabra, cada verso o cada diálogo. Supongo que es una buena forma de abordar este tema, aunque esto de los sentimientos sea un tema harto delicado, para qué mentirnos.

Leer debería ser considerado un arte. Igual que la literatura, igual que la pintura o la arquitectura, leer es algo tan singular, tan propio y nuestro, que debería ya de por sí considerarse un arte por el hecho de que es tan complicado que parece hasta simple. Leer por pasión, por ocio, leer por obligación, por curiosidad o por aburrimiento. ¿Quién habría dicho alguna vez que existirían tantas formas de leer como etapas artísticas? Tendemos a infravalorar tantas cosas a lo largo de la vida que, cuando queremos darnos cuenta, ya es demasiado tarde. Trágico, ¿verdad? Podría decir que no, que solo estoy exagerando, pero no es el caso. Hay tantas cosas que nos perdemos por miedo a probar, que al final nos conformamos con leer solo La Celestina porque tenemos que hacerlo, y por ello cerramos la puerta a miles de historias cuyo origen apenas en ocasiones es la primera mitad del siglo XX. Y es una pena.

Ni mucho menos pretendo parecer una fiel defensora de la lectura o de los libros, no. Tampoco escribo para eso. Pero, para lo que sí escribo, es para hacer ver que hay cosas que, aunque no nos lo creamos muchas veces, sí merecen la pena, y ya no estoy hablando solo de libros. Hablo de vivir en general.

¿Cuántos de vosotros querréis levantaros una mañana con más de seis o siete siglos sin tener la oportunidad de decir «yo hice/vi/leí/dibujé/canté/bailé/escribí/dije/viví eso»? Apostaría mi libro favorito a que todos tenemos algo a lo que aferrarnos en esas opciones de la frase anterior que está entre comillas, y no apuesto menos a que esté cien por cien segura de que voy a conseguir ganar en algún momento.

Se trata de vivir, de no dejar las cosas atrás, de perseguir sueños aunque pensemos que al resto les va a sonar raro, de decir las cosas como queremos decirlas (a ver, aquí he de hacer un inciso: no está bien decir las cosas que queremos decir siendo malas personas, por favor, ante todo civismo, que últimamente no queda mucho de eso y la gente se olvida de que eso siempre suma), de hacer las cosas que nos gusta hacer y de respirar como queremos respirar. Hay muchísimas, pero muchísimas cosas que todos anhelamos hacer, decir… y todo por el «qué dirán», por miedo a arriesgar, por conformismo, por timidez o, a lo mejor, porque no pensamos que algo como lo que queremos hacer «pegue» con nosotros. Pero todos ellos son crasos errores.

Al igual que no hay dos libros iguales, tampoco hay dos personas iguales. Todo lleva su tiempo, todo llega en su momento, es solo cuestión de… probar. Supongo que eso podríamos aplicarlo al mundillo de la magia de las historias ajenas, de la tinta y papel, del arte de leer, porque quiero pensar que, para determinar un sentimiento, un gusto, una opinión, puede que también sea cuestión de eso, de… probar.

Paula Sánchez Barrientos.

OTROS TIEMPOS

OTROS TIEMPOS

Recuerdo cuando era niña oír leer a mi abuelo. Él leía murmurando, muy despacio, pronunciando cada sílaba con claridad, palabra a palabra hasta que terminaba una frase, y entonces la repetía en voz alta con más fluidez. Su gesto era de sorpresa, como si acabasen de darle una gran noticia, mientras que su voz sonaba a una mezcla de confusión y diversión. Cuando terminaba la frase, me miraba y sonreía, después continuaba con su lectura, que nunca se prolongaba más de unas cuantas frases de una noticia del periódico o las instrucciones de algún producto.

A medida que fui creciendo, y con ello leyendo con más fluidez, me di cuenta de que había algo extraño en su manera de leer. Yo avanzaba, cada vez leía libros más complejos y era capaz ya de leer en voz baja, pero él continuaba leyendo con la misma inocencia y timidez que poco a poco yo iba perdiendo.

Una tarde de verano hace ya muchos años, los dos estábamos sentados tranquilamente en la cocina mientras escuchábamos la radio. Él cogió una revista que estaba encima de la mesa y comenzó a leer el titular que aparecía en la portada. Entonces me armé de valor y le pregunté que por qué leía tan despacio. Él se paró y levantó la vista para mirarme, se quedo pensando durante unos segundos, buscando las palabras exactas. Entonces comenzó a explicarme que él no sabía leer de otra forma, que con once años había dejado la escuela, en su casa había necesidad y tuvo que ponerse a trabajar para unos albañiles portugueses que construían casas.  Yo le miré asombrada, pues no me imaginaba a alguien de mi edad dejando la escuela para trabajar en una obra, él al notar que estaba estupefacta me dijo: Cariño, eran otros tiempos.

Ahora que soy más mayor, y especialmente en estos días de incertidumbre, puedo llegar a entender esa frase. Uno tiene que vivir con las circunstancias que le tocan. Mi abuelo leía así porque no pudo estudiar, sus tiempos no eran los míos. Para un niño de una familia pobre en la Galicia rural no había muchas opciones. Lo que para mí resulta casi tan fácil como respirar, para él era un lujo. El leía para sobrevivir, para poder entender el mundo que le rodeaba, para no perderse… aunque si lo pensamos bien no es tan diferente de cómo leemos nosotros.

Nuestros abuelos conocieron un mundo que nosotros no, y por eso no debemos olvidar nunca que leer es un privilegio.

Fátima Permuy Valín.

NONENAL

NONENAL

Aquel ajado rostro parecía ocultarse entre la penumbra y el trémulo de ya solo un cuarto de vela. Bajo unos límpidos ojos cansados, trasparentes como dos canicas de cristal enterradas en unos párpados caídos, que dejaban solamente una exigua rendija de visión, en parte, debido a la ausencia de pestañas, no se hallaba más latir que el de navegar por las letras abisales de aquel rozado libro, bañado en años, estigmas y soledades.

Había pasado demasiado tiempo ya, pero como si aquella tinta hubiese sido vomitada por la mismísima Medusa, él yacía petrificado. Sólo sus pupilas y el interior de sus vísceras parecían estallar en tormenta.  

Ya no quedaba cera cuando levantó su arrugada y huesuda mano del velador. Amanecía; con la larga y rolliza uña azafranada de su dedo pulgar, recorrió tan aprisa como delicadamente todas las páginas hasta llegar a la primera que ahora lo cerraba.

Seguido se incorporó con aparente dificultad, tardo y jadeante. Atenazó el ultimado libro y paciente avanzó hasta situarse debajo de una gran estantería sumándolo a la cantidad ingente que allí reposaban. Una vida entera depositada que hoy parecía lo suficientemente grande como para cobijarlo en su sombra.

Juan Marínez Córdoba

EL DÍA QUE LEÍ EL MIEDO

EL DÍA QUE LEÍ EL MIEDO

No había forma de conciliar el sueño y ya era muy tarde. Daba vueltas en la cama sin saber en qué postura ponerme, en qué más pensar ni qué hacer. Me incorporé sobre la cama y encendí la luz de la mesa de noche. Abrí uno de los cajones, el último concretamente. Ese que nunca se abre porque solo sirve para acumular aquello que no sabes si tirar o guardar. Entre revistas, la caja de un antiguo teléfono, algún cable y una gorra, encontré una libreta, algo pesada y con fotos metidas entre las páginas.

Las fotos eran recientes, la más antigua tendría cuatro años. Sin embargo, aquella libreta era preciosa, de color morado con letras grabadas que cumplía casi los diez años. Lo recuerdo como si fuese ayer, fue un regalo de mi tío. Siempre que iba a casa de mis abuelos invadía su biblioteca y buscaba obras bastante impropias para un niño de diez años. Obras de Edgar Allan Poe o la de El Exorcista (hay que admitir que mi tío tenía unos gustos algo siniestros). Me podía pasar noches enteras leyendo fragmentos del libro, preguntado aquello que no entendía y por supuesto fantaseando y escribiendo mil historias parecidas. Dejaba la habitación llena de folios con mala letra y tachones. El día que me regaló esa libreta me dijo: «Ya tienes donde escribir sin que se pierda, intenta escribir todos los días una línea». Ipso facto abrí la libreta y vi una bonita dedicatoria con una frase que jamás conseguí cumplir pero que me marcó en aquel momento, nulla diez sine línea, que significaba: ningún día sin una línea.

Comencé a leer el contenido de la libreta, tenía apuntadas partes de letras de canciones que me gustaban, citas célebres, alguna reflexión, entradas de tipo diario… Me detuve en una página que comenzaba con el título El Miedo. Faltas de ortografía y no muy buena expresión pues era una de las primeras entradas que hacía. Pero en cuanto al contenido, no tenía palabras. No sabía que con esa edad tenía esa opinión, no lo recordaba.  Hablaba de que el miedo era algo que formaba parte de nosotros desde que nacemos hasta que morimos y que quizás cuando morimos es porque ya hemos superado todos nuestros temores después de toda una vida. Por ejemplo, si me tiro desde un rascacielos, ¿por qué me muero realmente? ¿por el impacto contra el suelo o por superar el miedo a la caída ya que he sido capaz de saltar? ¿si me muero por causas naturales, es porque por fin he superado el miedo a vivir? Durante la vida, ¿tenemos miedo a esta? Hablaba también de lo que tiene para mi acompañarse de buenos compañeros durante la vida, de que las personas estamos fabricadas para estar acompañadas, para compartir nuestros mejores y peores momentos y exprimir ambos al máximo.

Hoy en día, casi siete años después, continúo pensando igual, con la salvedad de que antes lo admitía sin pudor en una libreta. Ahora es todo más difícil, o así nos lo ponemos, pero me di cuenta de que, en estos días de aislamiento, quizás lo que más me pese no es el no salir de casa, si no el sentimiento de soledad por no poder estar con todos los míos. Cerré la libreta, apagué la luz y me dispuse a dormir después de haber hecho una de las lecturas más raras, pero a la vez más constructiva en mucho tiempo. Después de haberme leído a mí mismo, a mi propio interior, a mi pasado, mi presente y a mi miedo.

Salvador Barreiro Miguel.

BENEFICIOS DE LA LECTURA PARA LA SALUD

BENEFICIOS DE LA LECTURA PARA LA SALUD

El día 23 de abril se celebra el día del libro, es por ello que me gustaría reflexionar, a partir de la lectura de un interesante artículo, sobre la importancia de la lectura y de los innumerables beneficios que produce para nuestra salud.

Según este artículo, uno de ellos es la prevención de enfermedades mentales debido a que la lectura incrementa la reserva cognitiva. Este aumento supone un factor preventivo contra enfermedades neurodegenerativas. Derivado de esto se deduce el incremento de la capacidad intelectual. Cuando leemos organizamos ideas, interrelacionamos conceptos o imaginamos historias, por lo que ejecutamos la memoria. Este hecho permite la mejora de la capacidad intelectual, estimulando así las neuronas. Por otro lado, está comprobado que la lectura reduce los niveles de estrés, dado que ayuda a desconectar de la situación, consiguiendo de este modo relajar y calmar la mente. Finalmente, la lectura es recomendada también para el tratamiento de enfermedades mentales, algo que se conoce como biblioterapia y que consiste en un programa de lectura que ha sido diseñado de forma estratégica para favorecer la recuperación de pacientes que sufren algún tipo de desorden mental moderado como, por ejemplo, ansiedad o depresión.

Los motivos anteriormente mencionados son más que suficientes para animarse a leer, aunque no son los únicos. La lectura aumenta el vocabulario y, por lo tanto, la mejora de la expresión tanto escrita como oral. Otro beneficio sería la mejora de la calidad del sueño, dado que ayuda a combatir el insomnio. Esto sucede porque focalizamos nuestros esfuerzos en la historia que estamos leyendo, aumentando, así, la concentración y a su vez la activación de la memoria y por lo tanto el recuerdo.

Por último, leer es una estupenda herramienta para mejorar habilidades sociales. Cuando leemos nos metemos en la piel de otros personajes y desarrollamos nuestra empatía, siendo capaces de comprender mejor los pensamientos, creencias y deseos de otras personas.

Referencia:

https://ecoosfera.com/lectura-leer-libros-poesia-beneficios-cerebro-neurociencia

 

Laura Sánchez Gomes