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¿A DÓNDE VAMOS?

¿A DÓNDE VAMOS?

Estamos asistiendo a una pérdida de valores culturales, sosegada, sin hacer ruido, cada día son menos los lectores de prensa, los asistentes a actos culturales, a las salas de cines y teatros. El alejamiento de estas actividades culturales nos está convirtiendo en consumidores convulsivos de pilas para el mando del televisor. Tendremos que buscar a los culpables entre el entramado de redes, cables, microchips. ¿Como se afronta esa falta de hábito al estudio cuando todo el saber lo tenemos a un clic del dedo? La época que nos está tocando vivir, todos los caminos, por exigencias del guion, nos hacen caer irremediablemente en brazos del pendrive, power point… ¿Qué ha sido de los carteros? Esos que recorrían los caminos polvorientos, caminos embarrados de nuestro suelo patrio andando o en bicicleta llevando las noticias de ese familiar que trabaja en suiza o en Madrid. Cartas tan llenas de amor y sentimientos como de faltas de ortografía, pero nos quedan otros carteros, que no recuerdan en nada a aquellos que nos traían alegría, tristeza, esperanza, amor. Los carteros de hoy nos traen, indignación, cabreo, injusticia y, lo que es más desolador, resignación, con el sello estampado del ayuntamiento de turno en forma de requerimiento o de la administración de hacienda de la zona.

Avelino Barriopedro.

LA IMPORTANCIA DE LA LECTURA EN TIEMPOS DEL CORONAVIRUS

LA IMPORTANCIA DE LA LECTURA EN TIEMPOS DEL CORONAVIRUS

Los alumnos de la asignatura de «Historia de la Lectura» de los grados de Humanidades y Doble Grado de Humanidades y Magisterio en Educación Primaria de la Universidad de Alcalá han puesto en marcha el proyecto #YoxtiLeo. Esta iniciativa ha sido impulsada a través de un perfil de Instagram y trata de llevar un mensaje de ilusión y esperanza en estos momentos tan difíciles que atraviesa la humanidad debido a la pandemia generada por el COVID-19.

En esta cuenta encontramos vídeos de los alumnos en los que recomiendan obras literarias a través de la lectura de un fragmento, así como pequeñas frases de libros e historias que pretenden fomentar e impulsar la lectura como una forma de terapia en estos duros momentos. Se puede acceder al perfil en Instagram a través de la cuenta yoxti_leo y del hashtag #yoxtileo, que ya cuenta con más de un centenar de publicaciones de alumnos.

Hace unos días, con motivo de la celebración del Día del Libro, el 23 de abril, numerosos medios y diversos autores defendían que la lectura puede convertirse en una buena vía de escape en tiempos de confinamiento. Esta práctica disminuye el estrés y hace que el lector, tenga la edad que tenga, se sienta acompañado. Esta es la idea que está detrás del proyecto de biblioterapia #YoxtiLeo de la Universidad de Alcalá, que inspira a abrir los ojos a nuevos mundos, con personajes y escenarios que evocan otros tiempos y otros lugares y que pretenden hacer desconectar a la gente del momento que atraviesan.

Sin duda, los alumnos de «Historia de la Lectura» estarán de acuerdo con John Fitzgerald Kennedy: «amar la lectura es trocar horas de hastío por horas de inefable y deliciosa compañía».

María González Campbell.

LECTURAS EXPUESTAS

LECTURAS EXPUESTAS

Desde la revolución industrial la población se ha manifestado sobre las injusticias, ya fueran políticas, económicas o culturales, en pro de una sociedad más justa, más abierta y evolucionada, en definitiva, mejor. La población ha salido a la calle, ha luchado para conseguir objetivos, a riesgo de ser herida o asesinada, con un fin tan simple como una sociedad mejor. Generalmente lo ha hecho mediante la exhibición pública de la opinión de un grupo activista, mediante una congregación de las calles, a menudo en lugares y fechas simbólicas asociadas con esa opinión. Su mayor propósito es mostrar que una parte significativa de la población está a favor o en contra de determinada política, ley, persona, etc.

Todos hemos estado alguna vez en una manifestación llena de gente, gritos, canticos pegadizos y lo que nos ha traído a este post, pancartas. Una pancarta es un cartel informativo o propagandístico confeccionado normalmente en tela o plástico u otro material en horizontal o vertical, que lleva escritos o impresos mensajes reivindicativos. Y, ¿qué tiene de especial un trozo de tela o cartón con un texto mínimo? Esos pequeños textos son pegadizos, son claros y con mucha sencillez e ironía, son capaces de transmitir un mensaje muy claro. Estos se suelen basar en repeticiones, rimas e ingeniosos juegos de palabras para expresar un mensaje y, muchas veces, llamar la atención de la prensa o, en la actualidad, las redes sociales.

En España somos gente caracterizada por un sentido del humor muy particular y muy interesante y esa mezcla de reivindicación, humor y picardía lo encontramos, por ejemplo, en las pancartas del 8M, una manifestación que cada año convoca a más y más población en búsqueda de la igualdad de géneros y el fin de la sociedad patriarcal. Por ejemplo, en la pancarta que encabeza este post vemos dos palabras clave: «Individualmente» y «colectivamente». Estas palabras, que son en sí opuestas, quieren manifestar la relación necesaria que se debe dar entre lo individual y lo colectivo para que el Feminismo pueda ser efectivo, siendo así un texto sencillo y con un mensaje claro. En otra pancarta cuyo mensaje es «Hasta los ovarios de tantos cojones» se emplea la comparación de la ya conocidísima expresión «Hasta los cojones» o «Con dos cojones», que pretende recalcar la hombría y la masculinidad, con los ovarios, para así equiparar y poner al mismo nivel lo femenino. Otra expresión común de esta manifestación es la de «Ni michismi ni feminismi», con la que se trata de ridiculizar la expresión «Ni machismo ni feminismo» dicha en muchas ocasiones por hombres y mujeres que no son partidarios de este movimiento, y que equipara, erróneamente, ambos conceptos.

Irene Quevedo.

LA BALLENA AZUL

LA BALLENA AZUL

Pasando por la travesía del Carmen, en una de sus estrechas bocacalles se encontraba un universo mágico de mi infancia que recuerdo con mucho cariño. Nunca imaginé que esa pequeña librería llamada «La Ballena Azul» iba a convertirse en mi rincón favorito de la ciudad. Recuerdo perfectamente la expectación que tenía la primera vez que entré. Las paredes estaban llenas de estanterías con libros, que en aquel momento me parecían inmensos edificios. A la derecha una mesa y varias sillas de colores pequeñas, a la izquierda un mostrador con una gran ballena pintada en azul y, finalmente, el olor tan característico de esa librería. No esperaba que aquel hombre con camisa de cuadros que se encontraba detrás del mostrador me presentaría, entre otros muchos, a uno de mis grandes amigos de la infancia que me acompañaría durante cinco maravillosos años: Gerónimo Stilton.

Una vez al mes mi madre me llevaba a la librería al salir del colegio junto a mi bocadillo de chocolate. Allí, pasaba media tarde decidiendo en qué mundos me adentraría en ese mes. Siempre dudaba entre ir a visitar Ratonia o Fairy Oak, en ser Tea Stilton, Kika Superbruja o una gemela Periwinkle y esta gran indecisión conseguía que acabara saliendo de la tienda con cuatro libros en esa bolsa de papel. Para sorpresa de todos, siempre los acababa terminando antes de que terminase el mes: era un auténtico ratón de biblioteca. Cada vez que me sumergía en esas maravillosas aventuras olvidaba lo que ocurría a mí alrededor.

En «La Ballena Azul» descubrí mi pasión por la lectura, aprendí a cuidar los libros y a darles la posición que muchos niños no les daban. Asimismo, tuve regalos maravillosos como primeras ediciones, libros viejos, con más de treinta años que guardaban para niñas como yo, y que aún conservo con mucho cariño. Aquel pequeño comercio de barrio me acompañó durante los mejores momentos de mi infancia.

Ángela García Sánchez.

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE LA LECTURA PARA LOS DOCENTES?

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE LA LECTURA PARA LOS DOCENTES?

Creo que la lectura es muy importante en el proceso del aprendizaje. La lectura facilita el desarrollo de las habilidades sociales como la comunicación. Es una herramienta que nos permite exponer nuestro propio pensamiento o comprender otros. Nos permite ponernos en contacto con costumbres o lugares ajenos a nosotros, con ideas o valores diferentes a los nuestros haciéndonos más tolerantes, menos prejuiciosos e incluso más proclives al cambio. Si el docente es capaz de animar a los estudiantes a leer, estos analizarán, reflexionarán y crearán sus propias ideas sobre la realidad, convirtiéndose en sujetos con pensamiento crítico. Pero, ¿cómo puede el docente despertar el deseo de leer si él no tiene un buen vínculo con la lectura?

La figura del docente tiene gran influencia en el aprendizaje de los estudiantes es por ello que creo que es tan importante esa buena relación con la lectura. Ya no sólo por la capacidad de despertar el deseo mencionado sino para ser laboralmente más competentes, pues la lectura actualiza constantemente nuestros conocimientos. Además, activa su creatividad llevándolo, por ejemplo, a crear nuevos métodos didácticos que estimulen al alumnado. Con la lectura desarrollan competencias y habilidades necesarias, sobre todo, en la sociedad actual. En la sociedad de la información en la que vivimos es muy importante ese desarrollo de la comunicación pues cada vez más nos relacionamos a través de pantallas. Es importante también ese pensamiento crítico para saber discernir entre la fiabilidad o no de la información que se puede encontrar en Internet.

Marina Silva Llopis.

UNA PEQUEÑA REFLEXIÓN SOBRE EL LIBRO

UNA PEQUEÑA REFLEXIÓN SOBRE EL LIBRO

 ¿Qué es un libro? Parece una pregunta muy estúpida, puede que obvia o incluso para algunos ambigua. Desde luego no es una pregunta que carezca de respuestas, es más, sobran. Si nos paramos a pensar sobre ello podemos obtener desde las respuestas más frías hasta las más poéticas y bonitas que podamos imaginar, desde la herramienta con la que el autor expresa sus ideas hasta el mágico portal capaz de transportarnos a mundos increíbles. Pero si bien son definiciones acertadas, ninguna se adecúa lo suficientemente bien para mi concepto de libro.

Lo que entiendo como un libro es que representa a la realidad. Cuidado, no nos debemos equivocar, no me refiero a que un libro es un producto de nuestra realidad, eso es algo obvio e innecesario de redactar, no, a lo que me refiero es que el libro, es como un actor para un personaje. Es un representante de la realidad y esta realidad puede ser representada de forma naturalista, realista, épica, fantasiosa… Lo que lleva a que puede ser fiel o, al contrario, puede ser libre a su fuente. En definitiva, el libro se enfoca mediante la mano de su autor en un punto de la realidad y lo explota como le plazca, lo cual es bastante relevante ya que representar a la realidad es lo que hacen los artistas.

Pensemos en Goya, por ejemplo, sus terribles pinturas negras, estas pinturas hechas para nunca ser vistas, una de las representaciones más terribles que se pueden encontrar en la realidad. De igual manera que Lovecraft o Stephen King pueden regalarnos visiones igual de oscuras. Esto me lleva a pensar que si siempre hay una forma fría de ver el libro y otra más mágica mi forma fría sería, como ya he expresado, una representación de la realidad, mientras que si le añado esa esencia mágica lo podríamos calificar como arte. Y he aquí la verdadera respuesta a la primera pregunta, los libros son arte.

Claro, como lectores, podríais argumentar que el arte es subjetivo o que todo puede ser arte y que aquí no hay nada nuevo. Y tal vez estéis en lo cierto, pero no soy muy fanático de considerar cualquier cosa arte y el hecho de que lo haga con los libros se basa en que los autores de los mismos utilizan los procedimientos básicos que utilizan cualquiera de los pintores que socialmente son reconocidos como artistas y por ende sus obras como arte. Al final las etiquetas las pone cada uno, pero es innegable que el escritor está más relacionado de lo que uno puede imaginar con el escultor, pintor o músico y por tanto el libro también lo está con la pintura la escultura o la música.

Alejandro Vela.

 

LIBRERÍA ACQUA ALTA

LIBRERÍA ACQUA ALTA

Viajar siempre fue una de las actividades favoritas de mi familia. Cada verano, solemos hacer un pequeño viaje al lugar de Europa que más nos llame la atención. Hace cinco años visité por primera Italia, en concreto Venecia, gracias a un crucero que realizamos por el mar Mediterráneo. Recorrimos la ciudad en ferri, visitamos la Plaza San Marcos, atravesamos los puentes más conocidos de la ciudad, el Puente Rialto, el Ducal, el de los Suspiros… En resumen, hicimos todo lo que cualquier turista haría en esta ciudad tan conocida y especial.

El último día realizamos un tour, donde una chica nos enseñaba los lugares más recónditos de Venecia, aquellos sitios que todo el mundo desconoce pero que, en mi opinión, son los más especiales. Desgraciadamente no dio tiempo a acabar la visita, por lo que nos recomendó ir al sitio que habíamos dejado sin ver. Se trataba de una simple librería. Este lugar estaba bastante lejos de donde nos encontrábamos, y personalmente no me apetecía mucho recorrer media Venecia para ver una librería, pero mis tíos me obligaron. Cuando llegué me encontré con una tienda bastante pequeña, con aspecto antiguo y con libros por todas partes, que tampoco parecían muy actuales. Pero lo más curioso era que estos estaban colocados de una manera muy extraña. Había algunos dispuestos de forma normal en estanterías, otros en cajas y, por último, un gran número de ellos estaban sobre góndolas, bañeras y cajas. Me pareció muy curioso.

A los dos años volví con mis padres a Venecia y coincidió que estaba un poco inundada. Teníamos que llevar botas altas para no mojarnos y chubasquero. Pero a pesar del mal tiempo, quería enseñarles a mis padres esa tienda. Cuando llegamos recordé que estaba al lado de un canal, por lo que debido a la lluvia estaba bastante inundada. El agua nos llegaba a las rodillas. Había más bañeras y góndolas que la anterior vez, y ahí entendí la utilidad de estas. Estaban flotando por la tienda con todos los libros colocados encima de ellas, haciendo que ninguno se deteriorara. Tanto mis padres como yo nos quedamos impresionados.

En esta ciudad, los libros y la lectura permanecerán siempre a pesar de todas las inundaciones e inclemencias del tiempo.

Alea de la Parte Fresno.

¿SON NECESARIOS LOS LIBROS ANALÓGICOS PARA APRENDER IDIOMAS?

¿SON NECESARIOS LOS LIBROS ANALÓGICOS PARA APRENDER IDIOMAS?

Por supuesto, esto es una cuestión bastante personal, pero creo que es interesante de analizar y de debatir.

Hoy en día son muchos los recursos de los que disponemos como herramientas de aprendizaje gracias a las nuevas tecnologías, por ejemplo, tenemos aplicaciones para tablets y móviles que nos pueden ayudar a aprender vocabulario o a realizar estructuras gramaticales sencillas de cualquier idioma. También con el auge de YouTube a lo largo de estos últimos años, han aparecido muchos canales en los que puedes aprender de forma gratuita un idioma sobre todo si nos referimos a la parte de pronunciación, ya que es una forma bastante adecuada de escuchar de primera mano cómo hacerlo ya que no es fácil leer en un libro la transcripción fonética y mucho menos estar cien por cien seguros de que es correcta la interpretación que le estamos dando a esa lectura (obviamente, si no hemos escuchado los sonidos de una sílaba acentuada en chino, por ejemplo, aunque podamos ver la transcripción o su lectura en caracteres latinos, no vamos a poder asegurar que la hemos pronunciado bien).

Sin embargo, siempre es útil tener a mano ciertas notas o libros para poder acudir a ellas en cualquier momento, ya sea para estudiar, para recordar o simplemente para saciar el ansia por aprender de otras culturas y su lengua, especialmente si nos encontramos en alguna situación en la que nos sea difícil consultar un dispositivo electrónico. Es más, cuanto más se avance en el aprendizaje de un idioma, se necesitarán aún más recursos en papel de los que puedan encontrarse en internet ya que hay muchas personas que, aunque sean nativas o personas con un buen nivel en algún idioma, no es fácil encontrar a alguien pueda enseñarlo de forma adecuada.

Por supuesto, reitero que este post es algo totalmente personal y es mi opinión subjetiva, así que… ¿Vosotros qué opináis?

Adriana Maruny.

ESCRIBIR UNA HISTORIA NO ES TAN FÁCIL COMO DICEN

ESCRIBIR UNA HISTORIA NO ES TAN FÁCIL COMO DICEN

«Como vuelva a escuchar que escribir es fácil, juro que alguien se come el lápiz». Con esta frase que se pasó por mi cabeza en uno de mis bloqueos de escritor nace el tema de esta pequeña reflexión personal. De seguro ha pasado por la cabeza de más de uno la idea de escribir una historia para ver si tienen éxito, algo normal viendo el éxito que han tenido personas como J.K Rowling, cuya obra más famosa nació durante su espera en un tren averiado. Pero escribir no es tan fácil como se cree y tengo ejemplos que lo demuestran.

A la hora de escribir, nos enfrentamos a varios dilemas, el primero del que hablare será el crear la historia. Prácticamente hoy en día ya no queda nada que no se haya escrito, eso hace muy difícil ser innovador con nuestro relato, y por si ya era difícil, cabe la posibilidad de que te comparen o que alguien diga que te has copiado, una de las peores cosas que le puede pasar a un autor.

Además del problema de la innovación, también está el problema de la conocida «Generación sensible», aquí tengo que pedir perdón si alguno considera mis palabras ofensivas e irrespetuosas, pero muchos sabemos que esto es un problema. Cada día tenemos que ser más cuidadosos y pensar dos veces qué poner para que nadie vea nuestra obra y piense que excluye, fomenta, coloca en mala situación, hace referencia a tal cosa o a otra, una tarea difícil, ya que nadie está contento con nada. Ojalá pudiera decir que esto es exagerado, pero si se busca se podrán observar varios ejemplos muy recientes que lo confirman. Antaño esto no tenía mucha importancia, pero en la actualidad cosas tales como un nombre equivocado dado al personaje equivocado pueden desatar un infierno para el escritor. Un ejemplo de esto último sucedió recientemente con el escritor de comic japoneses, Kōhei Horikoshi, quien puso el nombre de «Doctor Maruta Shiga» a uno de sus villanos, sin saber que el nombre guardaba relación con algunos eventos de la Segunda Guerra Mundial y la experimentación de armas en personas, lo que causó que la gente relacionara aquellos trágicos sucesos con el personaje en cuestión, dando así paso a una polémica de tal magnitud que la obra de Horikoshi  fue prohibida en China y obligó al autor a cambiar el nombre. Para crear una historia y sus personajes, en ocasiones es necesario realizar investigaciones tan elaboradas que podrían rivalizar con las realizadas en las universidades.

¿Y qué es una historia sin personajes?, aquí llegamos a otro de los grandes problemas, crear un personaje que atraiga pero que represente lo que buscamos contar. Los personajes son la base principal de la historia, ya que son ellos los que la mueven, por lo que su creación requiere mucho tiempo para saber definirlos. Si no se hace, podría surgir el problema de los clichés y estereotipos, como la damisela en apuros, el villano sin motivo, héroe de turno, etc. Uno de los problemas más importantes que he encontrado al momento de escribir ha sido el momento de dar nombres, no solo para evitar cosas como el ejemplo anterior, sino porque el nombre puede llevar mucho peso tras de sí y queremos que sea digno, ¿quién no piensa en el Don Quijote de Cervantes al escuchar el nombre de Sancho Panza o en Arturo al escuchar el nombre de la espada Excalibur?

Con esto doy fin a mi pequeña reflexión, pero no sin antes decir que me imagino que habrá gente que diga que yo solo he escrito una cara de folio, de seguro no sabrán que para escribir estas palabras he tenido que dedicarle tres días para encontrar un tema, investigarlo, descartar ejemplos, ser cuidadoso con mis palabras para no sonar vulgar y asegurarme de que todo eso quepa en una sola cara. Para que luego digan que escribir es fácil.

David Ricardo Bohórquez.

EL CEREBRO DE TODOS ELLOS

EL CEREBRO DE TODOS ELLOS

Hace unos días estaba en mi cuarto pensando en lo nuevo que podía hacer durante esta cuarentena. Nunca imaginé que se pudiesen hacer tantas cosas en un lugar tan pequeño como es mi piso, donde vivo en Madrid desde hace unos años. Empecé pidiéndome juegos de mesa por Amazon, de los cuales casi había olvidado el nombre, pasando después por puzles de más de tres mil piezas y, finalmente, añadí dificultad cocinando recetas complicadas con las que ni mi pobre abuela fue capaz de ayudarme pero ponían a prueba mis dotes culinarias. No espero que asombren las nuevas aficiones que estoy teniendo durante el confinamiento, pero para mí son todo un cambio en mi entretenimiento de puertas para dentro. Pero, desafortunadamente, un juego de mesa divierte siempre que esté igualado, pero siempre hay alguien que despunta y carece de sentido seguir intentándolo, el puzle lo terminas y la cocina está bien, pero cuando te salen mal tres de cada dos platos no resulta nada alentador.

Debido a que estos pasatiempos primerizos dejaron que entretenerme tuve que buscarme otros. La lectura fue lo que siempre estuvo, de principio hasta día de hoy, pero por las noches se me suele antojar algo más interactivo con el interesado que, en este caso, soy yo. Entonces recurrí a las series documentales de plataformas de internet que todos conocemos. Los que más llaman mi atención son los biográficos y los históricos porque hacen que no despegue mis ojos de lo que ocurre. Uno de los últimos documentales que vi que era sobre la vida de Bill Gates y de cómo funciona su cerebro. Algo que me sorprendió mucho de su día a día es la cantidad de libros que era capaz de leer, la temprana edad a la que empezó a devorarlos y todo lo que ha sacado de provecho de ellos. Solo de imaginarme de lo capaz que es una persona con esa hambre por conocer, y de la rapidez con la que se materializan con un tema por el simple hecho de tener curiosidad, y no aparcarla sino actuar, abriendo el libro y empezar por la primera página adquiriendo de ese modo conocimientos al ritmo que tu desees.

A lo largo de la historia, las personas que han ayudado a paliar los problemas de la humanidad dando pasos agigantados, son aquellos que han tenido una predisposición intelectual natural, como Emmeline Pankhurst, Albert Einstein, o Isaac Newton, pero la inteligencia no lo es todo, todos ellos tenían un patrón en común que sirvió para hacer grandes cambios y pulir su sabiduría, la lectura. Esto es algo que me fascina y, por muy simple que parezca, no deja de asombrarme cada vez que lo pienso. Me gustó tanto la idea que, desde no hace más de unos días, me propuse de aquí en adelante, simplemente leer sobre cualquier tema que me pueda interesar o venir bien porque como bien dijo Cervantes «El que lee mucho y anda mucho ve mucho y sabe mucho».

Dicho esto, espero que todo el que lo lea lo tenga en cuenta, y si no ha comenzado aun, ya sea porque no quiere o no puede, que trate de cambiarlo en cuanto pueda, que no dude en comenzar y qué mejor día que el veintitrés de abril, el día del libro.

Aarón Ruiz.

LOS PROCESOS QUE NOS LLEVARON A LEER

LOS PROCESOS QUE NOS LLEVARON A LEER

La lectura es una actividad ligada al ser humano, sin embargo, es mucho más joven que este. Su aparición modificó radicalmente nuestra historia como especie, tanto que la aparición de la escritura es el hecho que nos hace saltar de la Prehistoria a la Historia, transformando la cultura de forma radical.

Según un estudio publicado por el neurocientífico francés Stanislas Dehaene, los humanos que inventaron la escritura fueron capaces de hacerlo gracias a lo que él bautiza como «reciclado neuronal». Dehaene afirmaba que nuestra capacidad para reconocer palabras se nutre, evolutivamente hablando, del antiguo sistema del reconocimiento de los objetos.

Es más, al igual que la capacidad de nuestros antepasados para distinguir entre el depredador y la presa con un simple vistazo recurría a una capacidad innata para la especialización visual, nuestra capacidad para reconocer las letras y las palabras tal vez permita suponer la existencia de una capacidad más innata todavía de especialización de la especialización.

La investigadora Maryanne Wolf, autora del libro Cómo aprendemos a leer, va más allá y afirma que el cerebro de los primeros lectores hubiese explorado procesos neuronales más antiguos, concebidos en su origen no solo para el sentido de la vista sino para llegar a ser capaces de relacionar ésta con las funciones lingüística y conceptual. Por ejemplo, para poder reconocer de inmediato una huella interpretando que indica peligro.

Cuando nuestro cerebro se enfrentó por primera vez a la lectura dispusimos de tres ingeniosos principios: la capacidad para establecer nuevas conexiones entre estructuras preexistentes; la capacidad para crear áreas especializadas exquisitamente precisas de reconocimiento de patrones de información; y la habilidad para aprender a recoger y relacionar la información.

Los científicos cognitivos de la Universidad de Pittsburg hallaron 3 grandes regiones cerebrales comunes empleadas en todos los sistemas de escritura, se basaron en un reciente análisis conjunto de 25 estudios de imágenes cerebrales de lectores de diferentes idiomas. La primera: el área temporoccipital (que incluye el locus hipotético del «reciclado neuronal» para la lectura y la escritura), que nos facilitan la visualización de cualquier escritura que leamos. La segunda: la región frontal que rodea el área de Broca, que nos especializa en dos aspectos diferentes: en los fonemas de las palabras y en su significado. La tercera: la región multifuncional que abarca el lóbulo temporal superior y los lóbulos parietales adyacentes inferiores, que nos facilitan el procesar los elementos fonéticos y semánticos.

Adrián Aragonés.

UN RINCÓN PARA EL RECUERDO

UN RINCÓN PARA EL RECUERDO

Si nos paramos a analizar qué es aquello que nos ha resultado más difícil en la vida, yo, sin duda, diría que lidiar con los recuerdos. Al abrir un baúl de recuerdos o al mirar álbumes de fotos, a todos nos invade la nostalgia. Pero ¿y qué me decís de los estantes de libros? ¿No es revelador que nos invada la misma sensación cuando encontramos un libro que leíamos de pequeños? De hecho, no es la misma sensación, sino una con una fuerza mayor. Y os diré por qué: la imaginación que nos despiertan los libros es mágica, nos permite viajar a otros mundos, meternos en la piel de otros personajes. Esta sensación es única y no nos la pueden generar ni las fotos ni otros objetos. Está reservada única y exclusivamente a los libros.

Pero la parte más difícil de enfrentarnos a los recuerdos es decidir a cuáles les vamos a reservar el poder de que nos vuelvan a transmitir fantasía y nostalgia, que nos vuelvan a trasladar a un mundo paralelo. Por lo tanto, ¿qué es lo que debemos conservar? Traté hace unas semanas, cuando ya había empezado la cuarentena, de vaciar la librería con mi hermano. Veréis, solo pudimos deshacernos de aquellos libros que, o no habíamos leído o no habían sido significativos para nosotros. Pretendíamos dejar muchos estantes libres, pero, en definitiva, lo único que pudimos hacer fue reordenar los estantes. Creo que hay dos tipos de personas: aquellas que consideran que con la tecnología se puede acceder a todo, es decir, que nos podemos deshacer de la mayoría de nuestros “inútiles” bienes conservados hasta ahora; y las personas que creen que la tecnología es baladí, que todo lo que realmente existe es aquello material y que, por tanto, debemos conservarlo todo.

Yo, personalmente, considero que es un craso error tratar de organizar nuestra vida en torno a la tecnología. Al pensar en nuestra vida y en nuestros recuerdos, debemos pensar desde nuestro corazón y desde nuestra memoria. Sobre todo, en lo que respecta a los libros. Es importante conservar los libros que, dentro de cinco, diez o veinte años, al abrirlos, nos generarán, al igual que lo han hecho hasta ahora, esa poderosa sensación mágica. Hay que permitir que, de cuando en cuando, nuestros libros nos trasladen a otros mundos y a otras épocas.

Carmen Cañabate Álvarez.

MIL Y UNA HISTORIAS DE PUMUKI

MIL Y UNA HISTORIAS DE PUMUKI

Era un viernes cualquiera y, como cada día, mi hermano y yo esperábamos en la cama una maravillosa historia.

—¡Otro de Pumuki!

—¡Sí!, otro de Pumuki —me seguía mi hermano.

—Pero si ya llevamos toda la semana con el duende…

—¡Da igual, es nuestro favorito!

—Porfaaa…

—Bueno, otro de Pumuki...

Acto seguido mi padre comenzó a narrar: Érase una vez un duende que vivía en el Bosque Verde. Estaba acostumbrado a que le molestasen constantemente, que si las brujas, que si los ogros. Pero últimamente eran los humanos, sobre todo las crías humanas, quiero decir… los niños.

—Y el niño, ¿cómo se llama?

Un día, una niña llamada Marta fue en busca de Pumuki. Necesitaba ayuda. Cuando tenía que seguir la lectura en voz alta delante de toda la clase se quedaba en blanco y era incapaz de comenzar a hablar.

—A mí también me pasa…

A Marta, con tantos nervios, le costaba mucho concentrarse —prosiguió mi padre—. Ese día, había acudido al rincón de libros en el patio para relajarse leyendo y había encontrado un libro mágico. Lo abrió y los dibujos se movían para contar la historia. En la contraportada, además, ponía: «si tú también puedes ver la historia, tienes magia dentro. Te invito a que vengas a conocerme al Bosque Verde. Att., tu duende, Pumuki». Marta se quedó desconcertada, no recordaba haber visto ese libro en el rincón de lectura, además, aquello no se trataba de una lectura, sino de las imágenes que se presentaban en su mente cuando leía. A pesar de lo extraño que resultaba, decidió acudir al Bosque Verde. Habían ido muchas veces a hacer proyectos para Naturales con el colegio y se conocía todas las cuevas y madrigueras. A las cinco, después de las actividades extraescolares, antes de ir a casa, decidió entrar en el bosque para buscar a Pumuki. Lo encontró discutiendo con un zorro que le había mojado el traje y le contó su historia:

—Hola Pumuki…

—Hola, ¿quién eres? Seguro que también vienes a quejarte por el nuevo acuerdo entre…

—Soy Marta —lo interrumpió Marta, impaciente.

—No te conozco.

—Yo tampoco. He encontrado un libro y dentro salían unas escenas que se movían.

Ponía en la parte de detrás que…

—Sí, en la contraportada puse yo que vinierais a conocerme, pero nadie ha venido. Estaba probando unos polvos complejos, ya que no es sencillo que de los textos puedan surgir buenas imágenes. Quería probarlos para ver si surgía el efecto.

—Yo veía las escenas.

—Entonces tienes magia dentro… ¿En qué decías que puedo ayudarte?

—Necesito ayuda para poder seguir la lectura en voz alta que hacemos en clase, me quedo en blanco…

—Te daré tres bellotas para cuando necesites ayuda. Lo único que debes hacer es tocar las bellotas. Te recomiendo que las lleves en el bolsillo.

—Oh, ¡muchas gracias! Y, ¿cómo te las devuelvo?

—Cuando ya no las necesites ven al bosque y tíralas en la tierra.

Al día siguiente Marta fue a clase. Ahora que tenía la ayuda, pidió para leer la primera. Tocó las bellotas que llevaba en el bolsillo y, como estaba tranquila, pudo leer en voz alta perfectamente. Pasaron unos meses y Marta ya no necesitaba tocar las bellotas para leer en alta voz. Fue al bosque a tirar las bellotas y se volvió a encontrar a Pumuki discutiendo con el zorro Lucas.

—¡Hola! Vengo a tirar las bellotas, ya no las necesito.

—Tampoco las necesitabas cuando viniste.

—¿Cómo que no? Sin tu ayuda no hubiese sido capaz de leer en clase.

—Sí que lo eras. Como te dije cuando viniste, tienes magia en tu interior. Las bellotas eran únicamente para que creyeses en la magia. En el momento en el que confiaste en la magia empezaste a ser capaz de hacer uso de tu propia magia.

—Oh…

Marta, confundida, le dio las bellotas a Pumuki. A partir de ese momento era capaz de leer en las clases en alta voz y, además, podía seguir leyendo para sí en el rincón de lectura en los patios. Ella misma, con el tiempo, se dio cuenta de que en ningún momento había tenido ningún problema para leer.

Muchas gracias, papá. Crecer a través de las historias es crucial durante la infancia.


Carmen Cañabate Álvarez.

¿POR QUÉ LEEMOS?

¿POR QUÉ LEEMOS?

 Hace tiempo que me hago la misma pregunta, la cual, en la situación que estamos viviendo, cobra mucho más sentido, ¿por qué leemos? ¿lo hacemos por puro entretenimiento, por escapismo, o para encontrar nuestra posición y actitud en el mundo?  Parece una cuestión muy simple y seguramente no sean numerosas las reflexiones acerca de ello, pero creo que es interesante pensar en ello ahora que mucha gente abre por primera vez libros, que tal vez alguien les regaló, y que hasta el momento no les habían suscitado mucho interés o no habían encontrado un momento en el que prestarles atención.

De pequeños nos intentan inculcar la lectura por sus más que constatados beneficios para la salud (desarrollo cognitivo, maduración psicoafectiva, etc.) pero por alguna razón muchos de estos pequeños lectores se pierden en el camino, ¿podría ser porque no encuentran un motivo para hacerlo? Es posible que seamos unos grandes amantes de algún tipo de lectura en particular sin ni si quiera saberlo. Acerca del tema, me parece interesante la respuesta que dio Javier Moro (escritor, guionista y director español) a esta pregunta en una entrevista:

Creo que hay que leer para distraerse, para divertirse, para aprender, para retrasar la llegada del Alzheimer y las demencias seniles y, sobre todo, para soñar, para vivir una doble vida, para abstraerse de lo cotidiano y viajar por otros mundos a la sombra de un algarrobo o de un toldo en la playa.

Desde luego, no hay una sola respuesta correcta, sino tantas como lectores hay en el mundo, y tampoco son excluyentes entre ellas, ya que quizás cada tipo de lectura tenga su momento.

Fuente:

https://www.vidanuevadigital.com/2012/07/27/leer-para-olvidar-o-leer-para-reflexionar-verano/, s.f.

 

J. Agustín Sancho Trujillo.

LA LECTURA COMO AGENTE DE CAMBIO

LA LECTURA COMO AGENTE DE CAMBIO

Boris se hallaba tendido en la cama, sudoroso y agitado por una de esas pesadillas que le visitaban por las noches, cada vez con más frecuencia. Le perseguían desde hacía años a causa de un alma maltratada por un pesimismo que le había usurpado hasta el último ápice de ilusión. Esto le recordaba que era un pobre infeliz, descontento con su vida pese a haber cumplido con las expectativas que de él se esperaba. Había conseguido un trabajo y un hogar, además de permitirse comprar cualquier sandez que la publicidad le ofreciera. Pero con el paso de los años esto era insuficiente y sentía sobre los hombros una abrumadora soledad.

Tras mantenerse tendido mirando las musarañas durante un largo rato alcanzó un libro que resaltaba entre todo el desorden que reinaba en su habitación. Era un ejemplar de Farenheit 451 que había comenzado a leer hacía tiempo. Una vez sumergido en la lectura pensó lo terrible que sería erradicar la cultura literaria, sobre todo para sí mismo ya que era la única actividad que le hacía sentir verdaderamente libre. Boris era un aficionado lector de los que escaseaban en un mundo gobernado por la inmediatez y el entretenimiento de consumo. Esto le entristecía, pero no impedía que siguiera con sus lecturas, sin embargo, cada vez le resultaba más difícil encontrar buenos libros. Sus lecturas despertaban su imaginación y le invitaban a reflexionar, aunque estas reflexiones solo las compartía con su perro, Cerbero. No tenía muchos amigos y los que tenía no estaban dispuestos a escuchar sus constantes divagaciones, aunque quizás era él mismo quien no se atrevía a compartirlas.

Avanzada la mañana y absorto en su lectura empezó a experimentar una crisis existencial cuestionando su finalidad en el mundo y su felicidad entre otras muchas cuestiones. Llegó a la conclusión de que la soledad que vivía era un veneno que le consumía y la lectura era lo que le mantenía a flote. De este modo pensó que podía utilizar esa misma balsa, es decir la lectura, para ayudar a otros en su misma situación que desde luego serían muchos. Pero, ¿cómo?, ¿cómo podía vencer a la soledad y además ayudar a los pobres infelices como él? De repente le vino la idea perfecta, sencillamente debía de compartir sus libros con otras personas para que la imaginación de estas volase libre y les recordase que realmente son libres si sus mentes lo son.

Ello, además, tendría otras ventajas como que saldría de su asfixiante soledad, que era la causante de esas aterradoras pesadillas, e incluso le hizo pensar que podría provocar un cambio. Un cambio causado por el contacto entre las personas y un mayor flujo de ideas que convertiría a la gente en personas curiosas e inquietas, las mayores armas contra el cautiverio de nuestras almas. De esta forma, descubrió que su afición lectora podía convertirse en un poderoso agente de cambio que aparte de contribuir a su plenitud personal, podía también llenar el vacío cultural y reforzar las relaciones humanas que tanta falta hacían.

Lucas Joachim Drechsel.

LECTURAS EN LA ESO

LECTURAS EN LA ESO

Honestamente, no sabía sobre qué escribir. He estado unos días dándole vueltas a la cabeza buscando inspiración, pero no aparecía nada. Tras la desesperación por la falta de ideas, decidí buscar información en internet. Me dispuse a ello y con una frase tan simple como «noticias sobre lectura» en Google, estaba servido de propuestas. Ojeándolas, ninguna me llamaba la atención, por lo que, de nuevo, no había partido de la línea de salida. Por ello, cerré el ordenador y me dije «no te preocupes, mañana se te ocurrirá algo».

Y, por suerte, no hubo que esperar a «mañana». Esa misma noche, soñando, recordé aquellos días de la ESO en los que teníamos exámenes sobre libros de lectura obligatoria en inglés. Al día siguiente, por suerte, recordaba el sueño, así que me dije «ya está, ya tengo algo sobre lo que escribir» por lo que, tras desayunar, me senté en el ordenador y comencé a escribir.

En ocasiones los sueños son recreaciones muy similares a la realidad. Mi sueño sobre los exámenes en el instituto era muy parecido a las vivencias de esos años. Recuerdo que, al principio de curso, mi profesor nos decía a toda la clase cuál era el libro que íbamos a leer ese curso, aunque habitualmente, no era un título que nos apasionase mucho. A pesar de que la mayoría de los estudiantes nos leíamos el libro (sin mucha pasión y entusiasmo), solíamos suspender los exámenes de lectura. Las preguntas en los exámenes eran muy complejas. La gran parte de la clase teníamos la sensación de que daba igual que nos hubiésemos leído el libro o no, pues íbamos a suspender igualmente. Los exámenes se basaban en preguntas muy específicas en las que te llegaban a preguntar detalles como el color de la camiseta del protagonista en un capítulo determinado. Los profesores elaboraban las preguntas con la única intención de asegurarse de que nos habíamos leído el libro, pero para poder aprobar un examen, era necesario habérselo estudiado.

Así era imposible disfrutar de la lectura. La mayoría de libros que nos mandaban leer no eran de nuestro agrado (quizás hubiese sido mejor dejarnos decidir) y por si fuese poco, suspendíamos todos los años sus exámenes. A pesar de que esta práctica era muy frecuente en la asignatura de Inglés, también sucedió algunos años en la de Lengua Castellana. Seré profesor, o por lo menos, es en lo que pretendo trabajar en un futuro. Creo que hay que modificar la forma de abordar e incentivar la lectura en los institutos, aunque soy consciente de que en muchos institutos no se examina así la lectura. El cómo, no lo sé a ciencia cierta, pero es evidente que hay que ponerse manos a la obra.

Diego Zapata Jiménez.

 

LA BIBLIOTECA DE LA CLASE DE «HISTORIA DE LA LECTURA»

LA BIBLIOTECA DE LA CLASE DE «HISTORIA DE LA LECTURA»

Hace unos días estaba viendo una película basada en el libro La sociedad literaria y el pastel de piel de patata, de Guernsey, y en ella se citaba a Charles Lamb, quien decía: «Generalmente se lee para decir que se ha leído». No pude dejar de pensar en esa afirmación y de preguntarme por qué leía yo, pues no estaba de acuerdo con el autor. Qué mejor día para reflexionar acerca de esta cuestión que el 23 de abril de 2020, el Día del Libro. Para ello, y para celebrar este día (este año, un poco especial) con la clase, hemos recopilado recomendaciones de libros de compañeros y compañeras además de frases y citas sobre la lectura.

El catálogo de libros ha resultado ser muy variado: hay historias ambientadas en muchos siglos atrás, desde la Roma Imperial, pasando por épocas medievales, mundos distópicos o de fantasía, los siglos XIX, XX, y otras historias que suceden en la actualidad. En cuanto a géneros, historias de terror, de fantasía, de amor y desamor, de misterio, de aventura, de ciencia ficción, de reflexión... Un sinfín de temáticas que, sin embargo, se relacionan entre ellas: todas son historias que nos permiten viajar, nos permiten ser libres. Sin duda, hay recomendaciones muy interesantes, desde Javier Cercas a Kafka pasando por John le Carré, Eduardo Mendoza, Javier Ruescas, Bécquer, Chéjov, Isabel Allende, Stephen King, Machado… Y un montón de títulos, clásicos y contemporáneos, para tomar buena nota: La hija del espantapájaros, La historia interminable, Con tal de verte volar, El cuento de la criada, Entre tonos de gris, La lección de August, Patria, Un mundo feliz, entre muchos otros.  

¿Para qué leemos, entonces, los y las estudiantes del Grado en Humanidades y del Doble Grado en Humanidades y Magisterio de Educación Primaria? Está claro que no para decir que hemos leído. Según las citas que hemos reunido, leemos para viajar, para soñar, para volar, para conocernos, para ser cada vez más libres, para vivir, al fin y al cabo. Al leer, logramos evadirnos y colocarnos en un punto al azar de un mapa de cualquier época, muy lejos de aquí, donde no existe nada que nos asuste, donde podemos vivir otras vidas y conocer otros pensamientos. A veces necesitamos una vía de escape y son las letras quienes pueden darnos el refugio que necesitamos.

Para mí los libros son naves espaciales, barcos, trenes, vehículos que conducen a diferentes destinos en los que habitan historias y puntos de vista que fortalecen la libertad de mi mente.  En momentos en los que el mundo parece alejarnos, en los que las canciones hablan de que todo va mal, la lectura es mi salvavidas.

Lucía Benito Mercado.

Cuando era pequeño me gustaba imaginar que era un cazador de historias y misterios, allá a donde deambulaba llevaba conmigo un saco en el que iba recopilando aquellos objetos únicos en su especie. A veces tenía suerte y encontraba reliquias dignas del ajuar de un faraón, como un escarabajo pelotero verde que estaba perdido en el césped de mi vecina Luisa. Otras veces me encontraba objetos perdidos o abandonados, como un anillo, o una carta de amor… Mi singular actividad no tenía ningún propósito en especial, pero me gustaba recopilarlos y al final del día darles vida. Mi misterio favorito se llama Frany, un collar de gato rosa como las Betónicas silvestres que pertenecía a una gata siamesa llamada Mía, o eso me imaginé.

Sin duda tenía una necesidad de dar vida a las cosas olvidadas por el hombre, de darles un nombre y una historia, pues sus anteriores dueños se las habían arrebatado. Siempre tendré en mente un misterio que revolucionó mis esquemas, este ha sido mi preferido hasta el día de hoy y su historia, por supuesto, no tiene parangón. Un día lluvioso de octubre decidí dar una vuelta por mi querida ciudad en busca de algún que otro misterio, los días lluviosos eran peculiares porque la gente se desesperaba por huir de aquella inevitable naturaleza en estado apoteósico, los urbanitas en su intento de huida dejaban caer sin esmero alguna que otra cosa, que si se encontraban en el momento y el lugar idóneos se podían salvar. Ese día, volviendo a mi casa de la expedición vi a lo lejos algo oscuro debajo de un árbol, me acerqué y vi que era nada más y nada menos que un libro con encuadernación de cuero negro que pedía a gritos su salvación de aquella lluvia maltratadora. Cuando lo recogí me pregunté si tendría salvación, aunque estuviera debajo de un árbol, no se había salvado de las gotas que resbalaban por las hojas frondosas de aquel árbol.

En cuanto llegué a mi casa me dispuse a secarlo sin más demora. Tras la ardua tarea vi que tenía un ligero grabado en la portada, pero no era visible debido a que el cuero había perdido la forma debido al agua. En cuanto me dispuse a ojear su interior me di cuenta de que era un libro escrito a mano, sólo se podían leer algunas vagas palabras como «cuervo», «oscuridad» o «travesía», estas palabras no me ayudaban a saber su historia por lo que se me ocurrió apodarle Cuervo oscuro, las dos primeras palabras visibles que llamaron mi atención, muy acordes a su aspecto en cierto modo.

Al día siguiente entendí que el libro debía ser restaurado, ya que el agua no le había sentado bien a su cuero y a sus páginas, por lo que decidí buscar a algún librero o algún restaurador de libros que me pudiera ayudar. Tras un largo recorrido vi una pequeña tienda escondida en la esquina de una calle solitaria, me dispuse a entrar y el librero me recibió. Tras una breve conversación con el librero me aseguró que haría todo lo posible para salvarlo pero que no me aseguraba nada. La duda me carcomía, ¿de dónde había salido?, ¿era de algún famoso escritor o de un escritor amateur?, tal vez era el diario de algún o alguna joven que lo abandonaría al ver que empezaba a diluviar… No paraba de dudar y dudar, me llamaba en exceso su misterio y la necesidad de saber su historia o por lo menos si tenía algún título.

A los tres meses el librero me llamó, he identificado a tu libro, dijo, y como si de un nuevo compañero se tratase, corrí en su busca para saber su nombre. ¡Por fin!, me dije. Cuando llegué a la tienda le di las gracias al librero y le pagué lo debido, tras salir de la tienda me paré en seco y abrí la bolsa en la que estaba metido el libro, cerré los ojos con fuerza, quería que fuese una gran sorpresa, noté el tacto de cuero del libro, que era suave y mullido, e incluso olía a cuero nuevo. Rocé con mi palma su portada, su grabado poseía más definición de la que tenía antes. Entonces, abrí los ojos, Fate… encantado de conocerte al fin, Fate.

 

Iciar Payol Guerrero.

LA HISTORIA DE TU VIDA

LA HISTORIA DE TU VIDA

Me dolía la vista de estar con el móvil, pero supongo que era el único entretenimiento que me quedaba. Realmente solo había encendido la pantalla para ver la hora, pero vi una notificación de WhatsApp y acabé en Twitter y sin estar muy segura de qué hora marcaba el reloj. Debería ocupar mi mente en algo más enriquecedor, leyendo un libro, por ejemplo, como diría mi madre. Aunque, al fin y al cabo, revisar las noticias en el móvil es leer. Sacudí la cabeza con la intención de que el pensamiento se desvaneciera, como si alguien fuera a escucharlo.

Al reflexionar sobre una lectura más intensa, mi vista se dirigió rápidamente a la estantería, buscando ayuda entre los lomos de los libros. Fue un vistazo rápido ya que, inmediatamente, miré hacia un rincón de la habitación, con la mirada perdida y soltando poco a poco el hilo de mis pensamientos. Pero un destello de la imagen que acababan de recoger mis ojos relampagueó en mi subconsciente haciendo que, aun con la mirada en ninguna parte, frunciera el ceño extrañada. Hay un libro descolocado, era la idea que retumbaba en mi cabeza. Enfoqué mis ojos de nuevo y observé la estantería. Ahí estaba, uno de los libros se adelantaba al resto, saliéndose de la perfecta formación en la que estaban los demás. No es que sea una obsesa del orden, pero esa estantería estaba intacta desde hacía tiempo, ya que son historias de una época pasada y que no han vuelto a suscitar mi interés.

Me acerqué para colocarlo, pero al observarlo de cerca, no reconocí el lomo. Era oscuro y no tenía título, tampoco autor. Pensé que era debido a que se había caído la cubierta, pero cuando lo cogí para inspeccionarlo, un sudor frío resbaló por mi nuca. En el centro, una sola inscripción: La historia de tu vida, por María Mata. Debía ser una broma, yo nunca había escrito un libro y tampoco había tenido la intención de hacerlo. Lo abrí intrigada. No había editorial ni fecha de edición, tan solo un par de páginas en blanco y tras ellas, el primer capítulo: 31 de julio del 2000, once y media de la noche, Ana María nota el líquido amniótico resbalar por su pierna…. Lo cerré inmediatamente, asustada, con el corazón desbocado y el sonido de la sangre circulando en mis oídos, dejándome sorda. Es cierto, es la historia de mi vida. Cuando el pavor irracional se disipó, llegaron a mi mente preguntas a borbotones. ¿El final estaría escrito o habría páginas en blanco?, si lo estuviera, ¿me atrevería a leerlo? Conocía la respuesta a la última cuestión: no, no lo leería. No sabría decir si por miedo o porque siempre había tenido la extraña certeza de que el destino no existía y que la vida era azar. Sin embargo, me sorprendía descubrir que no habría tenido esas reparaciones leyendo la historia de un personaje ficticio, ya que siempre deseaba conocer el final, por muy doloroso que fuera cerrar una historia.

Otra duda me asaltó, ¿No es demasiado corto? Lo estudié con la mirada, llegando a la conclusión de que en esa misma estantería había libros más extensos que el que sujetaba entre mis manos. Un sentimiento pesaroso me invadió, no he vivido lo suficiente. Pero no me dejé tumbar por el pensamiento, sino que, reformulé la cuestión, ¿a caso la vida de una persona cabe en un solo libro? Al fin y al cabo, una vida no es una sucesión de acontecimientos dispuestos uno tras otro, tampoco las personas se hacen solas. No creo que existiera un libro capaz de albergar todas las conversaciones que han influido en un individuo, tampoco los pensamientos acerca de las películas que ha visto o las canciones que ha escuchado. ¿Un libro capaz de albergar los sentimientos que nos llevan a realizar ciertas acciones y que ni nosotros mismos sabemos describir? Tampoco uno que hable de las amistades que nos definen o los libros que hemos leído. La vida no es un concepto que se pueda acotar o definir en páginas y si lo fuese, debería ser digital, donde, en la historia de una persona existieran links a otras vidas, libros, historias e incluso canciones que definieron un momento en concreto.

María Mata Rey.

SOLO UN CAPÍTULO MÁS

SOLO UN CAPÍTULO MÁS

Estaban a punto de descubrirla, no se me ocurría cómo iba a conseguir escapar de aquello y tenía ganas de averiguarlo cuanto antes. No podía pensar en nada más. Llevaba todo el día dándole vueltas y por fin había llegado el momento.

«Helga se quedó inmóvil, sabía que el más mínimo ruido que hiciera significaría su final. Oyó cómo entraron en la cabaña y empezaron a rebuscar sin cuidado alguno entre todas sus pertenencias, lo que no les servía lo echaban al fuego de la chimenea que parecía hacerse cada vez más grande, les daba igual, estaban quemándolo todo, solo buscaban una cosa, y ella lo tenía. Si esos hombres conseguían arrebatarle las páginas clave que había arrancado descubrirían dónde se hallaba la isla y lo que en su interior se escondía antes que ella, pues ellos tenían el resto del libro. No podía ver nada de lo que pasaba arriba, la alfombra de piel en la que se recostaba de pequeña cubría el suelo, pero podía escuchar los pasos que avanzaban sobre ella, los tenía encima. Recuerda cuando su padre le enseñó la trampilla, “nunca se sabe” le dijo, pero ahora pensaba que él sí sabía. Se les oía enfadados, no habían encontrado lo que buscaban, quizá se vayan ya, pensó Helga, pero eso habría sido demasiado fácil.

Entonces dejó de oírse ruido, de repente todo quedó tranquilo y en silencio, pero su corazón latía más fuerte que nunca, tanto que pensaba que la iba a delatar. Una minúscula ráfaga de luz entró desde arriba, habían retirado la alfombra, iban a bajar. La trampilla se abrió y vio cómo dos hombres bajaban lentamente las escaleras, con las manos en sus espadas, dispuestos a utilizarlas en cuanto vieran que estaba ahí abajo. Helga aguardó, paciente, escondida detrás de la escalera, a que hubieran bajado, estaba en desventaja numérica y debía ser rápida si no quería que la pillaran. Apenas se veía con claridad entre la oscuridad de la estrecha y larga habitación que quedaba bajo la trampilla, pero divisó las siluetas de los dos hombres, que parecía que la llenaban entera. Esperó a que estuvieran lo más alejados posible de la escalera para salir de su escondite y empezar a subirla con la rapidez que caracterizaba al dios Hermóðr, cuando se dieron la vuelta para ir tras ella. Mientras subía, uno de ellos llegó a agarrarle el tobillo con la mano, mientras el otro subía detrás de este. Helga le atizó una patada en el brazo lo suficientemente fuerte para que se le doblara y perdiera el equilibrio cayendo sobre su compañero, consiguiendo el tiempo suficiente para terminar de subir y cerrar la trampilla. Pero cuál fue su sorpresa al descubrir que arriba no estaba sola, dos hombres más, y por supuesto Einar, le sonreían haciéndola comprender que había quedado atrapada. Parecía que los dioses no estaban de su lado esa noche. O sí.»

—¡LA CENA ESTA LISTAAAA!

«—Parece que no tienes otra opción que darnos las páginas, querida.

Siempre había odiado esa voz. Sabía que, aunque les diera las páginas iban a matarla igual, pues ya sabía demasiado y solo era un estorbo para ellos. Observó su casa, todo revuelto, todo destrozado, habían arrojado los libros que había conseguido al fuego, incluso el primero que le regaló su padre y con el que aprendió a leer.

—Me parece que no, Einar —y tras pronunciar estas palabras se sacó las páginas arrugadas del pecho de la camisa y las lanzó al fuego mientras todos observaban cómo se consumían.»

—¿No me has oído? He dicho que la cena está lista

—Si mamá, ya voy.

«Ya no podían matarla, no siendo la única que conocía el contenido de esas páginas, ahora la necesitaban y no podían hacer nada contra ello.»

Me moría de ganas de saber si la jugada de Helga había funcionado, pero mi madre me había llamado ya dos veces y tenía que ir, así que cerré el libro, coloqué el marcapáginas y lo dejé en la mesilla para luego seguir, no podía pensar en otra cosa.

 

Paula Lesaola Palacios.