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Porque quien sabe leer, lee como le da la gana

Porque quien sabe leer, lee como le da la gana

Juan Carlos Onetti se hallaba leyendo un libro en la terraza de su casa. Fue ahí cuando su entonces cuidadora, Mirtha Zokalski, entró y le vio con su libro. 

Ella empezó a reírse e hizo un ademán de sacar su cámara:

- Deja, te saco una foto.

Onetti aceptó. Se mostraba animado. Pero, antes de que Mirtha la sacase la foto, él procedió a dar la vuelta al libro: ahora estaba leyendo la portada en vez el interior del libro. Mirtha no protestó e inmortalizó aquel momento. Una vez tomada la fotografía, se acercó a él y le dijo:

- Oye, y, ¿por qué hiciste eso?

Onetti replicó con total seguridad:

- Porque quien sabe leer, lee como le da la gana.

Mirtha, a quien Onetti llamaba cariñosamente “Bijou”, estuvo hace no mucho tiempo en mi casa y me contó esta anécdota. Me hizo reflexionar en todas las veces que descarté la lectura de un libro por ser muy pesado, por no aguantarlo. ¿Y si hubiera saltado al siguiente capítulo? ¿Hubiera podido llegar al final? Eso es algo que solo yo sabré si sigo la filosofía de Onetti y aprendo a leer.

Irene Poza Galán

De los títulos de los pliegos de cordel al “clickbait”

De los títulos de los pliegos de cordel al “clickbait”

Considerar la literatura de cordel como una de las bases de la actual prensa rosa sería tomarse una licencia casi insultante para la historia de la lectura. Pero si analizamos algunos de sus factores más determinantes en ambos casos ¿seguiríamos considerándolo como tal?

La literatura de cordel es un género popular tanto oral como escrito, realizado en verso, que se difundía mediante el pliego de cordel, nombre que hacía referencia al modo de venderlo expuesto por tenderos en cordeles. A lo largo de la historia tardó mucho en recobrar la importancia necesaria como para ser objeto de estudio, pues era considerado excesivamente vulgar, cuyo contenido eran pequeños romances anunciados por títulos de lo más llamativo que atrapaban a los lectores. Características que, sin duda, nos transportan a lo que actualmente conocemos como prensa del corazón o prensa rosa, un tipo de periodismo que, esta vez en prosa, se dedica a abordar la vida de “la élite” social del momento. Sin embargo, aun que en cuanto a una (imaginaria) escala periodística pueda considerarse vulgar en comparación con el periodismo de guerra, su publico objetivo no diferencia entre cases, pues lo podemos encontrar tanto en la mesita de una peluquería de barrio obrero, como en el salón de una casa cuanto menos acomodada.  

Con la caída de la venta de la prensa escrita en la última década debido al protagonismo adquirido por las nuevas tecnologías, los medios tuvieron que reinventarse y adaptarse al formato online, siendo financiadas en gran parte por las visitas en web, por lo que, atraer lectores, cobra una importancia inmensa, y qué mejor manera que como ya se hacía en el siglo XV: mediante títulos o, en este caso, también imágenes completamente irresistibles, las del fenómeno conocido como clickbait o “ciberanzuelo”. Este fenómeno hace referencia al uso de titulares, en muchos casos ligeramente engañosos, que llevarán al lector a verse obligado a sumar una visita a esa pagina web.  

El cordel, con el tiempo transformado en un cable o unas simples ondas, conecta una literatura y una prensa que quizás no sean objeto de estudio para los intelectuales pero que, sin lugar a dudas, forman parte de nuestra vida cotidiana desde hace siglos.

Elena Sofío López

De entre los libros de (EX LIBRIS)

De entre los libros de (EX LIBRIS)

Un ex libris es una marca de propiedad que se coloca en el reverso de la cubierta de los libros o, en su defecto, en su primera hoja en blanco. Suele ser una estampa, un sello o una etiqueta y contiene el nombre del dueño del libro, o el de la biblioteca a la que pertenece, junto a la expresión latina ex libris. En muchas ocasiones no solo incluyen el nombre del propietario, sino también alguna imagen o dibujo. La expresión proviene del latín ex libris y significa “de entre los libros de”.

La técnica más común en la actualidad es la de la impresión con un sello grabado empleando tinta, aunque también he visto sellos que imprimen su grabado en el papel en relieve. Antes de la aparición de la imprenta, este tipo de sellos eran hechos de forma manuscrita, pero desde el siglo XV se han utilizado diversas técnicas de grabado o impresión para su fabricación, como la xilografía, calcografía, litografía, serigrafía, o el fotograbado, entre otros. Hoy en día se utilizan principalmente el diseño y la impresión digital en sellos de caucho.

Su origen se sitúa en Egipto y se remonta al siglo XV a.C., cuando surgió para dar respuesta a la necesidad de identificar al dueño de un libro para protegerlo de robos y descuidos. El faraón Amenhotep III contaba con una placa de barro cocida con unos jeroglíficos de esmalte azulado. Parece ser que era utilizado para marcar su propiedad en los estuches de los rollos de papiro de su biblioteca.

Pero el deseo de señalar los libros como propiedad aparece casi desde el origen de la lectura y la escritura. La revolución se produce, al igual que como hemos visto en clase que sucede con la lectura, con la llegada de la imprenta. Es entonces cuando podemos hablar de la existencia del ex libris en su sentido moderno. El primer ex libris que aparece tal y como lo concebimos hoy en día fue el del monje Hilprand Brandenburg, de Biberach (Alemania). Su diseño representaba a un ángel sujetando un escudo y fue utilizado para identificar los libros del monasterio de Buxheim en Alemania. En los siglos XV y XVIII predominan ex libris con escudos heráldicos, que denotaban prestigio a parte de propiedad, ya que solo las familias nobles podían permitirse tener grandes cantidades de libros, considerados por aquel entonces como verdaderos bienes de lujo. También encontramos dibujos de tema alegórico acompañados de algún lema, en relación con la profesión o el gremio del dueño.

En la época moderna, como vimos en clase, destacó un pequeño grupo de lectores conocido como los lectores eruditos. Estos lectores sentían una gran pasión y dependencia por sus libros, así que no es de extrañar que, al convertir los libros en el centro de su vida, hiciesen uso de estas marcas de propiedad para distinguirse del resto de lectores y de sus bibliotecas privadas. Estos solían formar parte de círculos humanistas, hacían suyos los libros: los leían una y otra vez sin descanso, hacían notas y apuntes en los propios libros según leían…, de modo que no podía faltar la marca de un ex libris que determinase que ese libro era único en su existencia.

En los siglos XIX y XX se produce el auge de la bibliofilia, el amor por los libros. El uso del ex libris se extiende a la clase media con el Modernismo, pues los libros ya no son inalcanzables para ellos. Esto propicia la aparición de los primeros coleccionistas de ex libris, además de los primeros tratados especializados sobre este tema.

Como fuente histórica, los ex libris nos aportan una importante información literaria, artística y social; gracias a los diseños de símbolos, alegorías y emblemas. En la actualidad el ex libris se ha convertido en un complemento literario que no solo identifica al dueño de un ejemplar, sino que también puede servir como retrato personal del propietario del libro gracias a las imágenes que incluye en el grabado. Además, hoy en día encontramos multitud de páginas web y tiendas donde uno puede diseñar su propio ex libris.

Una vez marcado de esta manera, cada libro se convierte en un ejemplar único e irrepetible. El ex libris que aparece en la imagen es mío y es con el que marco mis libros en la actualidad.

Lucía Cortés Cerdá

La censura en el mundo de la lectura

La censura en el mundo de la lectura

La censura en la historia de la lectura se remonta a tiempos antiguos, cuando los líderes políticos y religiosos restringían la difusión de ciertos materiales escritos que consideraban peligrosos para la moral y la estabilidad del poder.

Durante la Edad Media, la Iglesia católica fue uno de los principales agentes de censura, restringiendo la lectura de ciertos textos que se consideraban herejes o que pudieran poner en duda su autoridad. Más adelante durante la Ilustración, la censura se utilizó con fines políticos, ya que los monarcas usaron esta técnica para restringir la difusión de las ideas que pudieran poner en peligro su poder. De ella fue victima el filósofo francés Voltaire, ya que en sus textos criticaba la monarquía y la religión, hecho por el que fue fuertemente perseguido y sus textos censurados.

Ya en el siglo XIX, otro buen ejemplo fue la persecución que sufrió la famosa novela de Gustave Flaubert Madame Bovary, censurada por las autoridades francesas por considerarla inmoral.

Ya en el siglo XX, el régimen nazi en Alemania llegó a cabo uno de los casos de censura más destacados y conocidos de la Historia, pues durante ese periodo, las autoridades nazis censuraron y quemaron libros cuyos autores eran considerados inapropiados, como los libros de judíos o todas aquellas obras que promovieran ideologías políticas diferentes a la vigente.

Pero otro buen ejemplo de un episodio de censura muy polémico fue la campaña contra los comics de crímenes y terror que llegó al senado de los Estados Unidos en los años 50 del siglo XX, y que trajo consigo la censura de este tipo de libros por casi más de tres décadas, alegando que los cómics aumentaban la delincuencia juvenil.

Hoy en día podríamos pensar que apenas existe censura en los textos, ya que apenas nos cruzamos con ella. Sin embargo, en algunas partes del mundo la censura sigue siendo una herramienta utilizada por los gobiernos cada día para controlar la información y limitar la libertad de expresión, incluso algunos autores pueden ser arrestados y encarcelados por violar la ley de censura de estos países.

Por todo ello, la censura en la literatura como hemos visto a lo largo de este post se remonta a tiempos muy remotos, pero sigue siendo un tema de gran importancia hoy en día que a menudo se asocia con la lucha por la libertad de expresión y que, como dijo la gran Mercedes Sosa, “Toda censura es peligrosa porque detiene el desarrollo cultural de un pueblo”.

María Marrupe Porro

La librería Arriero cambia de manos, pero mantiene su esencia

La librería Arriero cambia de manos, pero mantiene su esencia

La Librería Arriero, ubicada en la calle de los Curas nº 29 de Torrejón de Ardoz (Madrid), abrió sus puertas en el año 1979 gracias a la familia Arriero con el fin de convertirse no solo en un lugar de compra y venta de libros o de material escolar, sino en un espacio de cultura y de libertad en la ciudad.

   Tras 42 años regentada por los Arriero y tras un breve periodo de inactividad derivado de la pandemia de la COVID-19, en junio de 2021 la librería quedó en manos de dos vecinos del municipio: Carmen Lizcano y Ángel Gómez, quienes han continuado con la labor cultural iniciada y desarrollada por sus anteriores propietarios.

   Desde presentaciones de libros, recitales de poesía, cuentacuentos o un misterioso club de lectura (llamado el "Dealer Club") hasta talleres de lettering o de escritura, el programa cultural que oferta la Librería Arriero la ha convertido en un lugar de referencia para los torrejoneros y torrejoneras, que se han acercado a ella a lo largo de sus más de cuatro décadas de historia dispuestos a disfrutar de las numerosas actividades de animación a la lectura que promueve para todos los públicos y edades, como puede verse en sus cuentas de Instagram (@libreriaarriero) y de Facebook (https://www.facebook.com/libreriarriero/?locale=es_ES).

   La labor de sus propietarios, antes y en la actualidad, es un claro ejemplo de su profesionalidad. Y la buena atención al cliente, seña de identidad de antaño de la librería, no se ha perdido, ni mucho menos, con el cambio. 

   Además de disponer de un amplio catálogo -en el que predominaron en la primera etapa de la librería la narrativa y las obras de Historia Contemporánea y sobre feminismo; y ahora ocupan un espacio importante los cómics y la literatura juvenil-, los libreros/as de la Librería Arriero saben recomendar a los lectores/as qué novedades editoriales pueden ser de su agrado, porque conocen sus gustos e intereses, o se preocupan por conocerlos. Ello conlleva que toda compra sea siempre un acierto y que la experiencia en este pequeño local sea siempre también una verdadera delicia.

Rodrigo Alonso Carretero

Diario de un lector humanista del siglo XVI

Diario de un lector humanista del siglo XVI

Se presenta a continuación uno de los pases encontrados en un diario perteneciente a un lector humanista de finales del siglo XVI. El texto, que ha sido traducido para favorecer su comprensión, expone lo siguiente:

  

Vigésimo tercero de abril, año 1590

Hoy he tenido una visión de lo más abrumadora.

Había aparecido en una calle desconocida, rodeado por una multitud que apenas percataba mi presencia. Pueden suponer la sorpresa que esto provocó en mí. Y no sólo este hecho, si no la observación de la vestimenta tan extraña que portaban, así como su forma de hablar. Apenas reconocía su lengua.

No obstante, no era lugar ajeno en su totalidad. En uno de los edificios de aquella calle observé una gran pared de cristal sobre la que descansaban varios libros al otro lado. No pude resistir la necesidad de acceder a aquel enclave.

Dentro, el espacio estaba inundado de personas, y ninguna parecía tener un aspecto que indicara semejanza con mi profesión, más bien todo lo contrario. Encontraba hombres y mujeres de las más diversas edades y orígenes, todos ellos con ejemplares en sus manos. Leían en silencio, algunos incluso juntos, observando las obras. Era algo verdaderamente insólito.

Descubrí entonces, en una esquina delimitada por varias estanterías, a un hombre en tiempo similar al mío, por lo que decidí aproximarme con el fin de obtener información alguna que pudiera guiarme a asimilar tan particular situación.

Cuando cuestioné qué sitio pudiera ser aquel en el que me hallaba, el hombre pareció no comprender mis palabras, no obstante, ofreció compartir su ejemplar conmigo, así como el sitio que ocupaba.

Decidí aceptar su invitación. Me senté e inspeccioné la obra, el relato de una guerra que desconocía. Advertí en ese momento cómo, cercano a aquel ejemplar, el hombre tenía abierta una libreta de lectura, de unas características semejantes a la mía. El cuaderno estaba anotado, marcado, sus hojas mantenían el estado de aquellas que han sido leídas en incontables ocasiones.

Devolví su libro, y al despedirme, le expresé mis agradecimientos. El hombre, que parecía seguir sin comprender mi lenguaje, prosiguió su lectura.

Miré entonces de nuevo a mi alrededor. Todas aquellas personas, todos aquellos libros, aquel edificio tan singular. Era una realidad sobrecogedora, ¡cual paraíso descrito en las Sagradas Escrituras pudiera quedar a su altura!, era el destino de cualquier persona que hágase llamar lector.

Si bien, los sentimientos de incomprensión, de extranjería y de nostalgia me embriagaban. Aquella no era mi tierra. Por fascinantes que fueran sus métodos, aquel no era mi lugar. Parecía estar contemplando una realidad brillante en la lectura, sin embargo, echaba de menos mi rueda.

María Rodríguez Pérez

Mi odisea literaria

Mi odisea literaria

Desde pequeña he sido una seguidora de la literatura, siempre leyendo libros infantiles y pidiéndoles a mis abuelos que me leyeran cuentos antes de dormir. Cuando fui creciendo, seguía leyendo otros tipos de libros, hasta ahora que leo literatura más complicada, libros sobre psicología, filosofía. Cuando era adolescente se me ocurrió la gran o terrible idea de empezar a escribir un libro. Divagaba en clase y en casa metiéndome en un mundo vacío listo para ser creado, imaginé a mis personajes y al desarrollo de la historia, divague tanto e invente tantos personajes e historias que creé un libro imposible de escribir.

Pasaba tantas horas intentando que todo cuadrara a la perfección que acabé creando doce personajes, de un libro pasé a una trilogía y de sola una generación se hicieron tres. A los dieciséis años escribí tres capítulos de una sentada y después vino el vacío. Estuve como seis meses sin poder escribir ni una sola palabra, el llamado “bloqueo del escritor”. Nada me inspiraba, nada me daba ganas de escribir y eso coincidió con una mala temporada de mi vida, así que no podía concentrarme en nada que me gustaba y mucho menos en el libro que había estado desarrollando en mi mente desde los catorce años y al que le había dedicado horas y mucho amor.

Después de un tiempo, mi bloqueo “desapareció” y al fin pude escribir un capítulo más, el más horrible de todos. Es un proyecto muy importante para mí, pues pesar de que no lo vaya a publicar nunca, ni me atreva a dárselo a alguien para que lo lea, he ido poniendo mucho cariño en él y la historia me cautivó al igual que sus personajes. Me gusta la fantasía y el romance, así que metí los dos géneros en un mundo actual, creé un segundo mundo que tenía portales que llevaba a la tierra, pero empecé a tener dudas de si tenía sentido, si lo que estaba escribiendo concordaba, y aunque mis amigas me dijesen que sí cuando se lo contaba, seguía dudando de como lo escribí. Más tarde me di cuenta de que algo faltaba, un nombre para el libro, pero no quería ponerle un nombre ya usado por otros, así que se me ocurrió Entre dos mundos, pero hace poco me he visto obligada a descartarlo de nuevo porque recientemente han publicado un libro con ese nombre.

He intentado volver a escribir mucho tiempo, buscando alguna epifanía literaria, pero desde aquella vez que escribí el cuarto capítulo y lo dividí en dos no volví a escribir. Ahora, con diecinueve años, casi veinte, solo llevo escritos cinco capítulos, pero yo ya he leído en mi mente más de quinientas veces el libro al que tanto amor y dedicación le he puesto.

María del Val Georgina Rusu

Y tú, ¿practicas el «journaling»?

Y tú, ¿practicas el «journaling»?

Seguramente habréis oído hablar del “journaling”, una tendencia que está muy en auge en nuestros días, ya sea porque os lo ha mencionado vuestro círculo más cercano, lo habéis descubierto en alguna red social, habéis leído algún artículo en internet o, por el contrario, no sabéis de qué trata. ¿En qué consiste? ¿Qué lo diferencia de un diario clásico? ¿Tienen las palabras el poder de cambiarnos la vida? Estos son algunos de los aspectos que trataré en este post.

Podemos definir el “journaling” como el hábito de escribir en un cuaderno personal reflexiones y experiencias con el fin de explorar nuestros sentimientos y pensamientos de una forma honesta y auténtica. Es decir, es una herramienta de desarrollo personal que nos ayuda a conocernos a través de la escritura.

A lo largo de la historia han estado muy presentes los diarios. Al decir esta palabra estoy segura de que os ha venido a la mente el célebre diario de Ana Frank, pero podríamos nombrar una infinidad de ellos como los de Virginia Woolf, Sylvia Path, Franz Kafka o Miguel de Unamuno. Sin embargo, este concepto tiene un enfoque centrado en los hechos ocurridos en la propia época (acontecimientos externos) y no tanto en la autorreflexión y el autoconocimiento a través de la escritura.

El “journaling” puede ser todo lo que queramos, ya que, en definitiva, se trata de escribir en un cuaderno cómo nos sentimos. Y es que no es tanto la forma de hacerlo (depende de cada persona), sino de leerlo posteriormente. Releyendo somos capaces de identificar patrones de pensamiento y comportamiento que pueden estar afectando a nuestra vida de manera negativa, también, podemos ver los retos o desafíos que hemos superado, las lecciones aprendidas o los cambios realizados desde entonces. Incluso nos puede proporcionar una sensación de fortaleza y confianza en nosotros mismos para enfrentar desafíos futuros. Por lo tanto, bajo mi punto de vista, las palabras sí tienen el poder de cambiarnos la vida. Practicando “journaling” podemos ver las cosas que nos ocurren con perspectiva y aprender de ellas siendo muy útil para mejorar nuestra salud mental y emocional. Por último, os dejo el link de un video para que descubráis más sobre este tema y os animéis a incorporarlo en vuestras vidas: https://www.youtube.com/watch?v=6asHRuF63pE

Silvia Grandíval Martín

Libros nuevos, libros «vintage»

Libros nuevos, libros «vintage»

Entre las numerosas transformaciones que el mundo de los libros ha sufrido en los últimos años, quizás el comercio en las librerías sea uno de los que más cambios puede relatarnos. En los últimos años ha habido un crecimiento notable de las librerías de segunda mano, un tipo de comercio que se une a la cultura de lo “vintage” tan en auge en estos momentos. En Madrid, por ejemplo, este tipo de librerías se asocian a barrios históricos de la capital, como Malasaña o Lavapiés, especialmente conocidos por esa cultura alternativa, antigua, del second-hand, que, con ayuda de las redes sociales, ha adquirido todavía más fama en nuestros días.

Un libro nuevo tiene su encanto. El olor, el tacto, esa novedad… Pero también es cierto que un libro de segunda mano tiene otro tipo de encanto, todavía más atractivo aún si cabe. Por ejemplo, un clásico como puede ser La casa de Bernarda Alba del poeta Federico García Lorca recién sacado de la imprenta es diferente a una edición antigua en la que el paso del tiempo haya dejado huella.

Los libros de segunda mano no varían mucho de uno recién salido de la imprenta, puesto que el contenido sigue siendo siempre el mismo. Sin embargo, no siempre podemos permitirnos ir a la librería y escoger lo que queremos de entre sus estanterías. La cultura está cara y, a veces, algo tan cotidiano como comprar un libro, puede costar un ojo de la cara. Así que, si queremos, por ejemplo, comprar un clásico, ¿dónde podemos acudir? La respuesta está clara. Tiendas de segunda mano.

Este tipo de librerías de ocasión permiten el acceso a la cultura libraria de forma más económica e, incluso, en ocasiones, un tanto más curiosa. Aunque es cierto que en esta clase de sitios no vamos a encontrarnos muchos libros actuales, sí que podemos encontrar joyitas como ediciones especiales, clásicos o libros de temáticas que nunca hubiéramos imaginado. Además, el bolsillo notará la diferencia.

Los libros de segunda mano tienen la posibilidad de tener una segunda vida y no quedar relegados en una estantería durante el resto de su vida. Al igual que en las bibliotecas los libros pasan por distintos dueños temporales, también lo hacen los libros de segunda mano, ya que el lector/a podría cuestionarse por cuántas manos habrán pasado la obra que ahora sostiene entre las suyas. Si este es tu caso y tienes un libro de segunda mano en casa, hazte esta pregunta y deja volar tu imaginación.

Laura Redondo Vidal

Teatro para minutos: Víctor

Teatro para minutos: Víctor

(Se abre el telón. Julio está sentado en silencio en la mesa del salón, leyendo un libro atentamente. Pasa algunas páginas con delicadeza hasta que unos pasos progresivamente fuertes se acercan a la puerta. Ésta se abre por la patada furiosa de Abril, quien entra hecha un basilisco. Julio se sobresalta, cierra el libro, se lo coloca en la espalda y rápidamente se levanta de la silla. Abril lo mira con rabia.)

- Abril: ¿Que has hecho? ¡Julio! ¡Contéstame de inmediato porque no es normal la que te podría liar!

- Julio (Alejándose lentamente y con una risa nerviosa): ¡Nada! Nada, ¿por qué? ¿de qué hablas? ¿qué... qué te sucede?

- Abril (Acercándose a Julio): Julio no te hagas el tonto que si te lo tengo que enseñar yo va a ser peor.

- Julio: De-de verdad que no sé a qué viene este jaleo y esa manera entrar por ca… ¡Abril, no!

- Abril (Abalanzándose sobre Julio): ¡AAAAHHHH!

(Abril lo persigue por el salón hasta que se detienen después de rodear el sofá unas cuantas veces)

- Julio (Con las manos levantadas y el libro en una de ellas): ¡Vale, vale, te lo explicaré! Pero deja de acecharme, por favor, o no te contaré nada.

(Abril se conforma a regañadientes y con la respiración aún agitada se sientan en el sofá. Julio pone el libro sobre sus rodillas y lo sujeta con fuerza entre las manos. Lo mira fijamente. Pasan un momento en silencio. Abril se echa a llorar)

- Abril: ¿De dónde lo has sacado Julio?

- Julio: Tengo derecho a quedármelo. Era nuestro, lo hicimos juntos. No me queda nada más. No tenía otra opción.

- Abril: Mírate las manos, por dios. ¿Cómo has podido? ¿De verdad pensabas que no me daría cuenta, que no adivinaría que has sido tú? ¡Después de todas las que os traíais cada vez que os juntabais! ¡Hemos salido del mismo vientre, Julio! ¡No me lo puedes ocultar!

- Julio: Tú no lo entiendes.

- Abril: Has profanado su tumba. Has revuelto las tierras bajo las que descansa. ¡Has abierto su ataúd! Julio, ¡por favor! ¿No te das cuenta de lo macabro que es?

- Julio (Llorando): ¡Era mi mejor amigo! ¡No hay derecho! ¡Miles y millones de personas horribles enferman y se curan cada día! Pero él... Yo debí... ¡Joder!

(Julio llora mientras Abril guarda silencio)

- Julio: ¿Sabes qué es este libro?

(Silencio. Abril niega despacio con la cabeza)

- Julio: Cuando teníamos ocho años empezamos a escribirlo después de la que armamos en la granja del tío Emilio, ¿te acuerdas? Nos castigaron tan fuerte que ésta era la única salida que teníamos para divertirnos. A partir de ese día escribimos todo lo que hacíamos juntos aquí. A veces incluso nos inventábamos las cosas para hacernos los héroes o por reírnos un rato. ¿Lo ves? ¡Es nuestra letra! Su letra...

- Abril: Julio, yo...

- Julio: Lo sé. Sé que deseó guardarlo consigo para siempre... Pero sé que él me entendería. Para nosotros era... Es mucho más que eso... Ya sabes... Un libro. De verdad que lo necesito, Abril, no puedo dejarlo ir. ¿Y si lo olvido todo? ¿Y si le olvido? No podría perdonármelo nunca.

(Julio coge las manos de Abril, que se ablanda por el discurso de su hermano)

- Julio: Entiéndeme, por favor, hermana. Sé que después de él solo tú puedes.

(Abril mira a Julio con seriedad):

- Abril: Tienes exactamente cuatro días. Copia todo lo que quieras, o lo que puedas. Pero si el domingo a las cinco de la tarde ese libro no está con quién lo reclamó, yo misma te lo arrancaré de las manos.

(Abril se levanta, se acerca a la puerta, mira a Julio una vez más antes de salir de la casa. Se cierra el telón).

Esther González Herrera

¿Un día triste o histórico?

¿Un día triste o histórico?

Cada vez se va acercando más la fecha que todos los amantes de la lectura esperan con ansia: el día de la muerte de Miguel de Cervantes, el 23 de abril de 1616. Cada año, y desde 1933, se celebraba en el madrileño paseo de Recoletos la llamada Feria del Libro. Durante mucho tiempo este día ha dado comienzo a esta bonita tradición en la que durante días vemos puestos llenos de libros, sin embargo, el día de su comienzo ha ido cambiando hasta que actualmente siempre se inaugura a finales del mes de mayo y se celebra en el parque del Retiro. Si bien es cierto que aunque la fecha y el lugar han ido cambiando, la ilusión de todos los lectores/as sigue viva y presente, pues es una fecha señalada del calendario en la que todos los lectores y autores se reúnen en este lugar para inundar las calles del enorme parque de la capital con casetas repletas de libros.

Durante 17 días este hermoso parque se llena de diversidad cultural. Muchos visitantes extranjeros deciden venir hasta nuestra ciudad esta semana exclusivamente para poder asistir a este evento en torno al libro, al que acuden todo tipo lectores/as, de distintas edades y con distintos intereses. Gracias a la Feria del Libro podemos encontrar todas aquellas lecturas que nos apasionan y a sus autores, escritores/as que tanto tiempo llevábamos queriendo conocer- Además, es un momento único para enriquecerse culturalmente y descubrir otros tipos de lectura que pueden gustarnos.

El día de la muerte de Cervantes no sólo da comienzo a la Feria del Libro, sino también a un evento al que acuden todos aquellos lectores que quieren volverse a deleitar con su obra más famosa, El Quijote. Este evento tiene lugar en el Círculo de Bellas Artes en Madrid desde 1996 y consiste en la lectura completa del libro en la que todo aquel que quiera puede ir y leer un fragmento, pues se hacen turnos de lectura cada 10 minutos durante casi 48 horas, mientras el público asistente escucha y disfruta de una de las grandes obras de nuestra literatura.

Eva Domingo Lamela

Editor paisano

Editor paisano

Antonio de Sancha fue un famoso editor y encuadernador del siglo XVIII, considerado como uno de los mejores de su tiempo en esa profesión. Aunque los dos somos paisanos, pues ambos somos de Torija (Guadalajara), yo no lo supe hasta hace un par de años. Había escuchado hablar de los premios “Antonio de Sancha”, pero en un ningún momento pensé que podríamos pertenecer al mismo lugar.

Tras conocer la exposición que sobre su figura hay en el Centro de Interpretación Turístico de la Provincia de Guadalajara, ubicado en el Castillo de Torija, y leer la obra Antonio de Sancha. El gran editor de la Ilustración, de José Carlos Felipe Encabo, me tocó ponerme a resumir cuatro páginas de información, tras pelearme mucho y no saber cómo sintetizarla.  

Antonio de Sancha que fue un destacado librero, editor y mecenas español de la segunda mitad del siglo XVIII. Nació un 11 de julio de 1720 en Torija, y en 1739, con tan solo 19 años, se trasladó a Madrid, donde fijó su residencia y comenzó su carrera como aprendiz de librero. El primer contacto de Antonio Sancha con el mundo del libro fue a través de su vertiente comercial, y su relación con el mundo de la imprenta le llegó gracias a su matrimonio. Sancha se formó como encuadernador y se convirtió en el encuadernador de la Real Academia de la Historia en 1751, de la Real Academia Española en 1754, y de la Real Biblioteca en 1760. Más tarde, en 1778, se estableció como editor y abrió su propia imprenta en Madrid, donde editó numerosas obras clásicas, incluyendo las Novelas Ejemplares y Los Trabajos de Persiles y Sigismunda de Miguel de Cervantes. En 1790 Antonio de Sancha murió en Cádiz, dejando tras de sí una importante herencia cultural y literaria en nuestro país. Tras su muerte, su librería fue heredada por su hijo Gabriel de Sancha, quien hizo de este lugar un valioso centro cultural de la capital durante muchos años más.

La exposición que actualmente alberga el Castillo de Torija comienza mostrándonos el recorrido vital de Antonio de Sancha, desde su nacimiento en su Torija natal hasta su fallecimiento en Cádiz, pasando por su trayectoria profesional en la ciudad de Madrid, desde sus comienzos en el mundo del comercio de libros y, más tarde, como encuadernador, hasta la fundación de su propia librería. Pero además de Sancha, la exposición sobre su figura también nos descubre en el panel Mujeres Ilustres a una de las grandes editoras de la época, Manuela Contera Mañas, viuda del también editor Joaquín de Ibarra. Paisana y contemporánea de Antonio de Sancha, Manuel Contera Mañas nació en Torija y, al igual que Sancha, pronto marchó a Madrid, dónde se casó con el célebre Joaquín de Ibarra, impresor de la Cámara Real de la Real Academia de la Lengua y, durante los últimos meses de su vida, del Consejo de Indias. Cuando su marido falleció, ella se hizo cargo de la empresa, llegando a obtener el título de impresora de la Real Academia española.

Irene Padín Mangas

Ellas toman la pluma

Ellas toman la pluma

Los días 29, 30 y 31 de marzo han tenido lugar en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alcalá (UAH) las IV Jornadas Ellas toman la pluma. Escritura de mujer más allá de la nobleza, organizadas por el Grupo de Investigación de Textos para la Historia del Español (GITHE) del Departamento de Filología, Comunicación y Documentación de la UAH. Se han celebrado en modalidad híbrida, haciendo uso de las nuevas tecnologías que facilitan la comunicación desde lugares alejados del planeta, de manera que han contado con ponentes y asistentes que han compartido las aulas de la Facultad y otros/as que han intervenido a través de las pantallas, pero interactuando de manera síncrona.

En la cuarta edición de estas jornadas la temática ha girado en torno a textos escritos por mujeres de muy diversa índole, desde el ámbito religioso, literario o personal, permitiendo la revisión de muy distintos textos escritos por ellas, como algunos de ámbito culinario, libros de cuentas, memorias, anotaciones de carácter escolar, correspondencia en tiempos de guerra o cartas de mujeres migrantes, entre otros. El análisis de los textos se ha realizado desde los aspectos más externos, como los soportes que los han transmitido, la creación y justificación de su escritura, el ámbito de ejecución, el análisis de la grafía o los distintos niveles de la alfabetización femenina, hasta estudios discursivos y lingüísticos en profundidad.

Los ponentes han estudiado textos de diferentes épocas, desde Isabel I de Castilla hasta la actualidad; contextos, desde los escritos en el interior de un convento, a los del ámbito hispanoamericano; géneros y tipos, desde recetarios, cartas o documentos del ámbito notarial; hasta trasladar el lema de las Jornadas de “Ellas toman la pluma” a “Ellas toman el mouse”, como hizo Gabriela Mazzuchino en su ponencia sobre la escritura de las mujeres en Twitter, en la que analizaba los tuits escritos en torno al 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

La conferencia inaugural, impartida por el profesor Antonio Castillo Gómez, catedrático del Área de Ciencias y Técnicas Historiográficas de la Universidad de Alcalá, bajo el título “Sabe leer y escribir un poco: alfabetismo, mujer y escritura cotidiana en la temprana Edad Moderna”, permitió contextualizar y presentar la desproporción en el acceso de las mujeres a la enseñanza de las primeras letras en una época en la que por cada cuatro maestros había tan solo una maestra; momento en el que las niñas solían aprender en escuelas de doncellas o “escuelas de amigas”, donde aprendían fundamentalmente labores, mientras que los niños accedían a contenidos académicos enfocados a su posterior profesionalización. La tipología textual de los escritos de mujeres en esta época se centraba especialmente en los libros de cuentas del negocio familiar, libros de memorias o cartas de distintos tipos, aunque ello no implicaba que fueran ellas quienes escribiesen necesariamente estos textos, pues en muchas ocasiones únicamente los firmaban. Destacó en su charla el profesor Castillo Gómez un texto de Fray Antonio de Espinosa de su obra Reglas de bien vivir muy provechosas (y aun necesarias) a la república christiana (Madrid, 1552), que refleja muy bien la moral de la época en lo que a la alfabetización femenina se refiere:

Si no fuere tu hija ilustre o persona a quien le sería muy feo no saber leer ni escrevir, no se lo muestres, porque corre gran peligro en las mugeres baxas o communes saberlo, assí para rescebir o embiar cartas a quien no deven como para abrir las de sus maridos, y saber otras escripturas o secretos que no es razón, a quien se inclina la flaqueza y curiosidad mujeril. Y assí como arriba te avisé que al hijo le amuestres a leer y escrevir, assí a la hija te lo viedo, porque cosas ay que son perfeción en el varón, como tener barvas que serían inperfeción en la mujer.

La diversidad de temas tratados en estos tres días de las Jornadas a propósito de la representación de la mujer en los textos escritos de diferentes épocas y tipologías reivindica la necesidad de seguir rastreando en las bibliotecas y archivos, en los fondos familiares privados, en las escrituras expuestas de nuestros espacios públicos o en las redes sociales de nuestros días documentación de todo tipo en la que quede presente el papel de la mujer en la sociedad a lo largo de los tiempos. Para dar respuesta a estos interrogantes, esperamos que, de cara a futuras ediciones, se sigan celebrando encuentros de este tipo, e invito a asistir a ellos a todas aquellas personas que estén interesadas en la influencia de la mujer en la historia y en la recuperación de su voz, de la de todas ellas, a través de sus propios escritos, así como aquellas deseosas de aprender de nuestro pasado de una forma diferente.

Beatriz Aceta Fernández

Historias de lectores

Historias de lectores

Recuerdo bien el día que me sacaron de la caja y me pusieron, por primera vez, en una estantería. Era un 25 de noviembre del 80 y algo, había mucha luz, mucha más que en aquella oscura caja. Una señora mayor con una cara entrañable me colocó en una estantería junto a un libro mucho más gordo que yo.

Un día como otro cualquiera una joven entró, tenía el pelo largo y las manos suaves. Ojeaba todos los libros, los cogía, los leía y los volvía a dejar. Al llegar a mí, como a los demás, leyó mi parte de atrás. Creo que le llamé la atención porque me abrió por la primera página y empezó a leerme. Me cerró, sentí desilusión en ese momento, pero al contrario de lo que esperaba, no me dejó en la estantería.

Una vez en su casa se tumbó en la cama y comenzó a descubrir mi historia. Nunca olvidaré las expresiones que iba haciendo a medida que leía. Leía día sí y día también. Leía en el bus, en casa, en la cafetería, en clase, en todos lados y yo estaba realmente orgulloso. Cada noche, antes de acostarse, me dejaba en su mesilla donde esperaba con ganas el día siguiente.

Recuerdo aquel día en el que apenas le quedaban páginas a mi historia, aquel día en el que la joven no pudo contener el llanto. Recuerdo comenzar a arrugarme al sentir sus lágrimas, no tardé mucho en secarme, pero esas marcas se han quedado conmigo, y permanecerán para siempre.

Tras acabarme, me dejó en una estantería blanca junto a otros libros. Allí pasé mucho tiempo, recuerdo verla leer otros libros, disfrutarlos, llorarlos, sonreírlos…, ¡qué envidia sentía a veces! Pero un día, uno realmente frío, me volvió a coger. Me releyó, volví a estar unos días en aquella mesilla de noche, volví a sentir cómo sus suaves manos pasaban mis páginas, pero al final volví a la estantería blanca.

Pasaron varios años, años en los que volvió a cogerme, a leerme capítulos sueltos, a llevarme a distintos sitios, hasta que finalmente me llevó a una nueva habitación, una más grande, con una cama más grande, con una estantería nueva y con una persona más.

Rondaría el año 2000 y pico cuando una criaturita, con las mismas suaves manos que mi joven, se atrevió a cogerme. Miró mi portada, miró mi reverso y me ojeó. Entró la joven, aunque tal vez ahora ya no fuera tan joven, y sonrío.

La criaturita me llevó a su habitación y me colocó en su mesilla. Yo estaba tan feliz de volver a una mesilla... Pasé un tiempo allí sin ser leído, hasta que se atrevió a empezar mi historia. Al igual que con su predecesora, pude apreciar sus distintas expresiones a medida que pasaba las páginas.

Al llegar al final, vi sus ojos llorosos, pero mi pequeña criatura no marcó mis páginas como hizo la joven. En cambio, cogió un boli y subrayó una de mis frases. Volví a sentir la satisfacción de tener un recuerdo permanente de un lector.

Volví a una estantería, esta era algo más animada, tenía alguna planta, pero no era más que otra sala de eterna espera. Pasó un año, y otro, y otro. Yo iba acumulando polvo, nadie me releía, ni me cogía, ni siquiera me ojeaban, me iba a convertir en un olvidado.

La criaturita creció -¡y tanto que creció!-, al principio me costó reconocerla, ya era todo un adulto, pero uno mayor, de los que consideran sabios. Me cogió y me llevó a un hospital. Noté una mano suave, familiar, vieja. Era mi joven de pelo largo y manos sueves. Me leyó por última vez. La criaturita me cogió y me llevó a una tienda, una llena de libros. Me recordó al lugar del que salí.

Allí, en otra sala de espera, pasé unos meses. Finalmente, una señora de flores me llevó consigo. Me leyó en un abrir y cerrar de ojos, y, al igual que mis lectores anteriores, me marcó, ella dejó un pétalo entre mis páginas, perfumándolas.

Para mi sorpresa no volví a ninguna estantería, sino que me vi envuelto en un papel rojo. Cuando por fin salí de esa jaula, un chico de ojos grandes me abrió. Pasé una larga temporada en mi lugar favorito junto a la cama. Me leía despacio, con atención. Cada vez que una página le gustaba dejaba un adhesivo, llenándome así de marcas.

Volví a una estantería, una diferente a las demás, una igual que todas, una en la que aún sigo, ya no triste, sino expectante para mi siguiente lector.

Sara Noriega Garcés

Tutorial para hacer papel reciclado

Tutorial para hacer papel reciclado

Antiguamente no era tan fácil conseguir un trozo de papel donde escribir. Los egipcios no podían ir a la papelería de la vuelta de la esquina a comprar folios, y por lo tanto, como es obvio, tenían que ingeniárselas, ¿no?

Papiros, pergaminos… En este breve tutorial tampoco es que estemos haciendo nada innovador, y tampoco es que sea algo necesario de hacer. Pero crear tu propio papel reciclado es una actividad lúdica, y que también nos puede servir para reutilizar los folios garabateados que tenemos por casa o los apuntes que ya no necesitamos. Además de poder hacer hojas de papel a nuestro antojo. No necesitamos cosas raras, nada de químicos. Usaremos productos naturales, aunque tal vez necesites comprar alguna cosa. Estos son los pasos a seguir para crear tu propio papel reciclado:

Paso 1. El bastidor.

Antes de nada, necesitaremos un bastidor. Podríamos comprar uno pero aquí os voy a enseñar cómo hacer uno de cero. Necesitaremos:

- Un marco de fotos del tamaño en el que deseemos nuestras hojas (vació, sin cristal, solo los listones de madera.

- Una red o rejilla metálica de agujeros pequeños.

Procedimiento:

Tomaremos el marco de fotos y lo uniremos a la rejilla metálica, podemos hacerlo con un pegamento resistente o ponerle cuatro clavitos. ¡Cuidado con los dedos! Tan fácil como esto, tenemos nuestro bastidor propio.

Paso 2. El papel reciclado.

Ahora sí, para elaborar nuestro papel reciclado necesitaremos:

- Cualquier tipo de papel que queramos reutilizar.

- Agua.

- Tela o sábana.

- Bastidor.

- Tijeras (o trituradora en caso de quien tenga).

- Batidora.

- Palangana o caja de plástico cuadrada grande (nos tiene que caber el bastidor).

- Tinte alimenticio (opcional).

- Flores secas (opcional).

Procedimiento:

1.- Tomaremos todo el papel que necesitaremos, ya se que lo hemos cortado con las tijeras o hemos conseguido los trocitos con la trituradora. Echamos tanto el papel como una cantidad considerable de agua en la palangana o caja que hayamos elegido.

2.- Una vez hemos echado el papel y el agua, tomaremos la batidora y empezaremos a hacer una especie de puré con el papel.

3.- Una vez conseguida la mezcla podemos añadir el tinte que deseemos, en caso de que queramos tintar el papel. Puede añadir ya las flores secas, pero en mi caso prefiero hacerlo en el paso siguiente.

4.- Meteremos el bastidor, y una vez lo sacamos nos desharemos del exceso de mezcla. Por encima, pondremos de manera opcional las flores secas y las hundiremos un poco con los dedos para que se unan a la mezcla sobre el bastidor.

5.- Con un rápido movimiento volcamos el bastidor sobre la tela o sábana elegida. Pondremos también tela por encima y nos aseguraremos de que absorba bien el agua. Puedes colocar algo de peso encima de estas para que tomen la forma y se sequen más rápido.

6.- Dejaremos secar al aire todas las hojas que hayamos conseguido por al menos 24 horas. Deberemos asegurarnos de que estén bien secas antes de separarlas de la tela con cuidado y poder empezar a escribir en ellas. Y con esto, ¡ya tenemos nuestro papel reciclado! Si te animas, podrías incluso coser con ellas tu propio códice. Ahora nos sentiremos como los antiguos, ¡escribiendo en nuestro papel fabricado manualmente!

Paula Expósito García

¿Por y para qué leemos?

¿Por y para qué leemos?

El término “leer” puede entenderse de muchas maneras, pero en su sentido más amplio, leer significa interpretar y comprender los mensajes escritos. Leer no es únicamente ser capaz de descodificar un texto, sino que también supone interactuar con él para poder comprenderlo, interpretarlo y reflexionar.

Todo lo que nos rodea es lectura, ahora mismo estás leyendo este texto, pero hace un rato estabas leyendo unas instrucciones o una nota en tu portal. Cuando leemos absorbemos información, quizás demasiada, pero por eso seleccionamos contenidos y desechamos aquellos que no nos parecen ni interesantes ni útiles.

No existe una razón biológica por la que empezásemos a leer, pero, por la necesidad de comunicarnos con otros, nos vimos en la obligación de crear distintos lenguajes, y con ella, la de hacer más eficaz y eficiente la comunicación.

La lectura es una de las piedras angulares para la adquisición de conocimiento y leemos porque lo necesitamos, porque somos seres sociales, formamos parte de un engranaje y no podemos explicarnos sin los demás.

Nadie nos puede prohibir leer, al igual que no nos pueden prohibir imaginar o pensar. La lectura nos mantiene vivos y conectados, nos hace sentir parte un todo, y es que la lectura estimula nuestra imaginación y creatividad.

Leemos casi sin darnos cuenta, en el móvil, en las pantallas, en las portadas de los periódicos o de las revistas. Leemos para evadirnos, para vivir otras vidas, para entender mejor la nuestra, para aprender cosas, para disfrutar, para matar el tiempo, en definitiva, para vivir.

“He buscado el sosiego en todas partes y sólo lo he encontrado sentado en un rincón apartado, con un libro entre las manos.” (Thomas de Kempis)

Paula Cals Guiserís

La dama incomprendida

La dama incomprendida

Nos encontramos en el siglo XIX, en plena revolución industrial. Soy una mujer trabajadora de España, de un pequeño pueblo manchego. Me he tenido que mudar a la ciudad para poder tener alguna oportunidad y ayudar a mi familia, aunque sea desde muy lejos.

Un buen día, llegó a mis oídos que en Estados Unidos había tenido lugar una manifestación, para poder reclamar una justa igualdad de condiciones. Apenas sabía leer, por lo que tuve que esforzarme por aprender y poder leerles el artículo a mis padres cuando les viera. Era algo complicado, pues apenas me alcanzaba para sobrevivir, pero comprar los periódicos merecía la pena, aunque fuera sólo para ver la incredulidad de mis padres al descubrir que sí era posible luchar, aunque nos costase la vida.

Al fin lo logré, aprendí a leer en voz alta, haciendo realidad mi sueño de leer para mis padres y mostrarles que aún había esperanza. He de decir que este artículo me cambió la vida. El aprender a leer, entender lo que las palabras describen... todo ello me ayudó a entender que aquella era una forma más de lucha, una forma más de difusión de nuestras ideas.

Como es común en esta época, me casé joven, y tuve suerte, pues mi marido sí considera que las mujeres somos personas. Él estaba al tanto de los sucesos, y me vio haciendo esfuerzos por aprender a leer. No me enseñó, me dejó aprender sola, sabía que podía. Visto esto, hablé con él y le propuse que hiciera alguna publicación en un periódico, ya que a él sí le iban a escuchar por ser hombre.

Al principio vaciló pero, al poco, aceptó. Como hombre en un mundo de hombres, creyó que él iba a tener más influencia, pero que yo la tenía entre las mujeres y me animó a enseñar a leer a otras mujeres en mi misma situación, para que pudieran informarse y tener pensamiento propio. Sólo me puso una condición, que todo esto pasaría cuando yo aprendiera a leer en voz baja, como es habitual en esta época. No me enseñó, pero me dio una pista: leer en voz baja es como pensar las palabras que vemos.

Aprendí con el paso del tiempo, me llevó unas semanas aprender a leer en silencio. Ahora, mi marido hace publicaciones en los periódicos a favor de los derechos de las mujeres y yo hablo con mis compañeras. Ellas, sin embargo, me dicen que es algo utópico, que es bueno que podamos aprender a leer, pero que no vamos a cambiar nada con eso, no lo entendían...

Sucedió una nueva revuelta, esta vez en Europa, haciendo que la historia cambiara por completo con un solo acto y para siempre. Primero se leyó un documento en público. El mensaje llegó a hombres y mujeres, que se atrevieron a juntarse en contra de su opresor, todos juntos. Desde entonces todo fue en cadena, el movimiento feminista iba tomando forma. Aprender a leer nos permitió comprender mejor el feminismo, con la Vindicación de los derechos de las mujeres, escrita el siglo anterior por Mary Wolstonecraft. Este escrito fue nuestro referente para pedir igualdad desde pequeñas y quisimos que nuestras hijas leyeran también para tener la oportunidad de luchar por ello.

A día de hoy, tengo una joven hija luchadora, un hijo que lucha junto a su padre por los derechos de las mujeres y un marido influyente por sus polémicas publicaciones feministas en el periódico; y todo esto, gracias a haber aprendido a leer.

Reyes Martínez de la Hermosa

Microrrelatos

Microrrelatos

Los microrrelatos son un género relativamente nuevo que ha triunfado especialmente en los últimos años. Pero ¿qué ha hecho que triunfen? ¿Qué diferencia hay entre un microrrelato y un poema? Y, lo más importante, ¿qué es un microrrelato?

El microrrelato es un género literario narrativo propio del siglo XXI que se caracteriza por su escritura en prosa y su breve extensión, que ocupa alrededor de una página, aunque la brevedad de este género tiene libre interpretación. En la historia conocemos diferentes tipos de texto que se podrían calificar como microrrelato, como es el caso de los epigramas y epitafios, aunque la diferencia con estos textos es que, a pesar de ser breves, están relacionados con la poesía y el microrrelato está más próximo a la narrativa.

En cuanto a las características del microrrelato, estas difieren de las propias de la novela en cuanto a algunas particularidades. Al tener una extensión tan breve, los personajes no se describen de forma concreta y la estructura es sencilla. Los relatos pueden ser de temática muy diferente, aunque los más comunes son de terror o de humor. La elipsis es otra de las características más comunes del microrrelato, una característica gracias a la cual resulta mucho más sencillo escribir un texto de breve extensión. Por último, una particularidad muy frecuente en el microrrelato son los finales abiertos o que tienen varias interpretaciones, lo que permite que el texto sea más breve y, a su vez, llamar la atención del lector y provocar que, aunque la lectura sea breve, el tiempo que se dedique a reflexionar sobre ella es mayor.

Dentro de género del microrrelato nos encontramos con varios subgéneros, como los nanorrelatos o relatos hiperbreves, que son microrrelatos caracterizados por tener una o dos líneas. La mayoría de los nanorrelatos tiene un significado más profundo de lo que se puede observar a simple vista y abren un gran abanico de debates en cuanto a lo que el autor/a quiere expresar en un texto con tal brevedad.

En cuanto a obras de microrrelatos podemos destacar a Augusto Monterroso y su nanorrelato El Dinosaurio, Espido Freire y su microrrelato Ángeles o La Clepsidra de Javier Puche. Por lo general, los microrrelatos que más llaman la atención son los nanorrelatos lo más breves posibles, ya que estos textos pueden provocar una gran reflexión en el lector o intensos sentimientos en unas pocas palabras. Es curioso cómo se puede conseguir con tan pocas palabras provocar en el lector tanta emoción, miedo o tristeza, sin necesidad de que conozca a los personajes de forma exhaustiva para hacerle empatizar. Esto es posible gracias a que muchos de los microrrelatos tienen libre interpretación, lo que hace que cada lector/a pueda darle su propia lectura según sus sensaciones hacia el relato y su forma de percibir la historia.

 

Reflexión acerca de los microrrelatos y su triunfo en la Edad Contemporánea

En la asignatura de Historia de la lectura conocemos cómo va evolucionando la lectura y los libros a lo largo de la historia y descubrimos el perfil de lectores/as que hay en cada época histórica. Cuando estudiamos la forma de leer en la Edad Antigua o en la Edad Media nos damos cuenta de que la lectura está reservada para unos privilegiados y orientada sobre todo al aprendizaje. Posteriormente vamos viendo cómo la lectura se hace cada vez más accesible para todas las personas y cómo va evolucionando hacia un entretenimiento y no únicamente un modelo de enseñanza. Aún así, resulta evidente que en la Edad Moderna y principios de la Edad Contemporánea nos encontramos con novelas de gran extensión y con una precisión descriptiva casi abrumadora.

Este triunfo de diferentes géneros y características de la lectura me hace pensar que el microrrelato, tal y como lo conocemos actualmente, no hubiese logrado ser un éxito hasta ahora. Así que, ¿qué es lo que ha cambiado en nuestra sociedad para que un género tan innovador como los microrrelatos funcione? La respuesta, bajo mi punto de vista, es que actualmente vivimos en una sociedad líquida caracterizada por la desvinculación emocional y el ansia por “vivir deprisa”. La forma de vida de nuestras sociedades occidentales hace que tengamos poco tiempo para aficionarnos a la lectura, si es que no tenemos la costumbre desde la infancia y, además, aunque tengamos ese gusto por la lectura, nos cuesta sacar tiempo para dedicarlo a esta tarea. Es por ello que formatos como el microrrelato funcionan, porque permiten al lector/a leer en un periodo corto de tiempo. Además, su capacidad para hacernos reflexionar cumple con un objetivo primordial de la lectura, como lo es hacernos desconectar de la realidad mientras ponemos un poco de nosotros en cada palabra.

“Es ciudadana del mundo, pero no por los aviones a los que sube, sino por las historias a las que viaja.”

Marta Agustino Ruiz.

Palabras solidarias

Palabras solidarias

Madrid, 7 de febrero de 2023

Querido Javi:

Me animo a escribirte esta carta porque tu libro me ha (con)movido y me ha hecho (re)conocer el mundo de manera distinta. Lo primero, porque me ha ayudado a concienciarme de lo importante que es tomar iniciativas. Lo segundo, porque tus reflexiones, por muy sencillas que parezcan, inspiran.

Escribir es fácil, es lo más sencillo del mundo. Se encadenan unas letras a otras sobre el papel para formar palabras, que se unen en frases con significado. Escribir es fácil, sí, pero transmitir ya es más complicado. Tú, a través de tu experiencia de vida, transmites.

Un poeta cubano insinuó una vez que toda persona debería hacer tres cosas en la vida: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. A menudo se relega esta última a un segundo plano (la gente está demasiado atareada como para leer, ni qué decir tiene para ponerse a escribir), como si careciera de importancia, cuando en realidad la escritura habla de la realidad en la que vivimos y transmite valores; tantos como los que el creador quiera compartir. Y es que, en efecto, todo escritor tiene algo que contar.

Tú presentas tres puntos fundamentales en tu narración: quién eres, lo que quieres y quién quieres llegar a ser (sin caer, además, en el pretencioso estereotipo de crear un manual de autoayuda a partir de un testimonio personal, que ya de por sí tiene mérito). Esto me lleva a pensar que, si realizáramos un experimento para comprobar cuántas personas se plantean en algún momento alguna de estas preguntas con un mínimo de seriedad, estoy convencida de que los resultados serían decepcionantes. No quiero profundizar en el por qué de este presentimiento (y ojalá esté equivocada), pero, sinceramente, me sorprende la falta de interés y curiosidad que veo en quienes me rodean; un conformismo que se ha arraigado y generalizado en nuestra sociedad por motivos que desconozco y me desconciertan. Soy de la opinión de que leer te abstrae de esta rutina tóxica y recalcitrante: despierta la imaginación, potencia el ingenio y alimenta el alma. Podrías haber compartido tu historia de forma oral (de hecho, seguro que lo has hecho en más de una ocasión, rodeado de las más diversas audiencias), pero, por ejemplo, es poco probable que hubiera llegado a mí. La escritura además perdura en el tiempo; esta obra es ahora tu legado.

Lo que más me atrae de lo que cuentas es el impulso que le das a lo cotidiano. Tú lo defines como “un libro de muchas preguntas y muy pocas respuestas. Quizás demasiado pocas”, yo lo identifico como una narración que se remonta a los orígenes. No de tu experiencia de vida, sino de la vida misma.

Qué importante es que nos cuestionemos las cosas, planteándonos las razones de lo que elegimos. Qué vital me parece que aparezcan en el mundo inspiraciones que animen a (con)seguir sueños y hacerlos realidad. Tienes razón: nuestro tiempo sobre esta tierra es limitado, hay que enfrentarse a la tiranía de las posibilidades saliendo de la carrera de la rata, aprender a poner nuestros talentos en juego a través de una posición expansiva y abrazar la libertad, ese sentido que llena y hace plena la vida.

Quería terminar agradeciéndote por compartir conocimientos y amistad conmigo. Gracias por ser ejemplo. Gracias por recordar a las personas que lo importante es que amen sin tilde.

Un abrazo muy fuerte y nos vemos pronto,

Leyre I. Avilés

El autor frente a su obra: la política de cancelación

El autor frente a su obra: la política de cancelación

Rosa Montero: “Que lo quemen todo”, columna en El País, 19 de marzo de 2023: https://elpais.com/eps/2023-03-19/que-lo-quemen-todo.html

¿Debemos censurar obras pasadas que hoy en día sería impensable publicar? En mi opinión no, pues como afirma Rosa Montero, la autora de la columna de El País enlazada, “La censura convierte el pasado en una mentira”.

En el tema de nuestra asignatura sobre la lectura en la Alta Edad Media, estudiábamos cómo la Iglesia impuso todo su poder sobre los libros y la lectura, con el fin de ejercer el control total de las mismas. Tomando la censura de aquella época como muestra, vemos muy claro que de ese modo se negaba la realidad y se coartaba la libertad. Sin embargo, a día de hoy nos cuestionamos la necesidad de presentar en las aulas obras pasadas que hablen sobre temas de lo más polémicos actualmente y que, sin tomarlas como ejemplo literal, nos permitan por el contrario reflexionar sobre el avance de la cultura y la sociedad a lo largo de la historia.

Los libros, independientemente de su género, son historia. Y debemos leerlos con esa perspectiva.

Rosa Montero critica en su artículo a aquellos/as que se molestan por el uso de términos en obras pasadas como “gordo” o “negro”, incluso en un sentido literario. Y estoy de acuerdo con ella, pues creo que la censura va más allá, que también afecta a escritores que, sin reflejar determinados ideales en sus obras, son sin embargo tachados por su vida personal. Todo ello nos remite a la actual “política de cancelación”, un debate muy amplio sobre el que simplemente señalaré un ejemplo a título personal. Hace varios años que leí Un Hombre con Buena Suerte de Mariano Guindal; un libro que me ha acompañado los últimos años con mucho cariño, que he recomendado hasta la saciedad y que he usado como ejemplo de estilo de vida pero, por alguna razón, en ningún momento me había planteado indagar acerca de la vida de su autor, hasta hace dos meses. Con motivo de la realización del Taller Reflexivo I de la asignatura, y con la finalidad de hacerle llegar mi carta al escritor, me topé con un tweet suyo en el que el autor se mofaba, junto al político Marcos de Quintos, sobre la actual Ley Trans. Mariano Guindal criticaba que, si eso era posible, un joven también podría decir que se sentía viejo y así tener acceso a su pensión correspondiente. Me entristeció mucho leer sus palabras y en cierto modo, entró en mi “lista negra” de escritores.

Sin embargo, me parece injusto, pues considero que debemos (y por supuesto me incluyo en esta afirmación) entender cada obra y cada autor en su propio espacio y tiempo. La actualidad es cada vez más rápida e inmediata y todos podemos quedarnos atrás en un simple parpadeo.

Elena Sofío López