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YO VOY SOÑANDO CAMINOS... CARTA A DON ANTONIO MACHADO

YO VOY SOÑANDO CAMINOS... CARTA A DON ANTONIO MACHADO

Estimado D. Antonio:

Yo sabía de Vd. desde que era pequeño, cuando iba con mis padres a Burgos en el autobús y parábamos en Soria al subir la cuesta que lleva al centro, justo en la curva que hay enfrente del Instituto del que Vd. fue profesor de francés. Hacíamos el viaje casi todos los años y siempre parábamos en el mismo sitio “a echar un bocao”, que decía mi padre. Mientras almorzábamos comentaba: “Mira, pequeño, ahí enseñaba D. Antonio Machado”.

De tanto repetirlo mi padre, se me quedó su nombre y, cuando en mi Instituto nos enseñaron sus poemas, me empeñé en conocer más profundamente quién era Vd. Y sí que lo he intentado, aunque, seguramente, no lo he conseguido.

He recorrido, con sus poemas, las tierras de Alvargonzález. He subido a la Laguna Negra y una vez, en pleno verano, hasta la crucé a nado. Le puedo asegurar que, cuando iba por la mitad, me entró una especie de sensación como si, desde el fondo, alguien me atrajese. Incluso tuve miedo; pero me sobrepuse y logré llegar a la orilla. "A ver si me va a pasar a mí lo que a los hijos de Alvargonzález”, me dije; pero no, sólo era una sensación.

Bajando por el río Revinuesa, en el pueblo de Vinuesa, casi siempre me comía un par de truchas pescadas allí mismo. Hay una placa que recuerda su paso por aquellas tierras.

En Soria he visitado varias veces los arcos de San Juan del Duero, he paseado desde San Polo a San Saturio, me he detenido junto al olmo seco (al que “con las lluvias de abril y el sol de mayo, algunas hojas verdes le han salido”) y se me ha pasado el tiempo sin pensar, sólo sintiendo que estaba leyendo su poema, sin leerlo, de tanto como lo he leído. El Duero sigue remansado a lo largo del paseo, descuide D. Antonio.

Recuerdo, en estos tiempos de crisis, su terrible profecía: “Españolito que vienes al mundo, te guarde Dios: una de las dos Españas ha de helarte el corazón”. Que no se cumpla, D. Antonio.

Y ya en mi tercera (o cuarta, no sé) edad sólo aspiro a que, cuando me llegue el momento de partir, me encuentre “ligero de equipaje, como los hombres de la mar”.

Pero, mientras tanto, aquí me tiene Vd., en Alcalá, estudiando Humanidades, donde, cuando guste, será siempre bienvenido. Y que sepa que en la primera planta de la Facultad está su foto, y que sale bastante favorecido, con su sombrero y su esbozo de sonrisa que tanto le caracteriza.

Un abrazo y hasta siempre.

Fernando Ibáñez Martínez.

LOS LIBROS Y EL CINE

LOS LIBROS Y EL CINE

Como sabemos, un gran número de guiones de cine están basados en libros que tuvieron un gran éxito editorial; en otras ocasiones, el libro adquiere fama tras una película taquillera; y demasiadas veces se ignora que la película que estamos presenciando es una historia elaborada a partir de una novela. Las uvas de la ira (John Ford), Al este del Edén (Elia Kazan) o De ratones y de hombres (Lewis Milestone), por ejemplo, son películas famosas y galardonadas, cuyos guiones se basaron en novelas de John Steinbeck, escritor norteamericano y Premio Nobel de Literatura en 1962. Más cercanas y, éstas sí, mucho más conocidas por todos, son las películas de Harry Potter, Millennium o El código da Vinci, desbordados éxitos editoriales que no entraré a enjuiciar.

Pero no es este el motivo de que escriba hoy en este blog, mi intención es otra. ¿Os habéis fijado alguna vez en los libros que aparecen en alguna secuencia de una película? Alguien con un libro en las manos: Alicia en el país de las maravillas de Walt Disney; un montón de libros en una mesa: Pierrot, le fou de Jean Luc Godard; libros ardiendo en una hoguera: Fahrenheit 451 de Françoise Truffaut; el protagonista leyendo versos y grabando sonidos de fondo: El cartero y Pablo Neruda de Michael Radford; y muchos más en situaciones diferentes, en tantas y tantas de películas.

La mayoría de las veces que aparece un libro en una escena, sobre todo si el tema de la película no gira entorno a los libros, la cámara enfoca o se acerca al ejemplar para que se pueda ver su título. El director tiene un interés especial en mostrarlo, bien porque forma parte de una idea, porque es importante para él, porque resulta esencial para entender mejor a un personaje... Indudablemente no es causal, el libro aparece y se nos muestra con una intención concreta. Es un guiño que nos hacen desde el otro lado del objetivo.

A veces, estos detalles hacen entender mejor ciertos argumentos o se capta en otra dimensión lo que se nos enseña, o una historia anodina, por un momento, tiene un rasgo de genialidad. Pero, en una película, estas complicidades librarias no son las únicas, también vienen envueltas en música, pintura, carteles... Todo forma parte de una intención premeditada que espera ser comprendida y celebrada.

¿Recuerdas alguna película cuyo argumento no sea sobre libros pero aparecen libros?

Isabel García Conde.

¡ADIÓS, BUEN DAVID! ¡ADIÓS, BUEN ABAD!

¡ADIÓS, BUEN DAVID! ¡ADIÓS, BUEN ABAD!

Mi padre es periodista y siempre tenía entre manos algún escrito. Pequeños relatos, Felipe, el sereno de la esquina, por ejemplo, también poesía o alguna obra de teatro, teatro loco y divertido, muy similar al que escribió Wenceslao Fernández Flores (1885-1964). Recuerdo su tragedia en tres actos para ser representada sobre un armario, Los amantes de Sanlúcar de Barrameda, y alguna novela o libros relacionados con su labor profesional. En fin, sus cosas...

A mi padre le gustaba mucho escribir a mano, y corregía y anotaba al margen... Incluso hacía pequeños dibujos y composiciones antes de hacer el texto definitivo para llevarlo a imprenta. Puedo verlo aún en su mesa de madera, concienzudamente inmerso entre papeles, tintas y secantes.

En la imprenta lo esperaba siempre David, quien componía las páginas y le sugería, le indicaba, le aconsejaba..., y yo iba con él, y el sonido de las máquinas, de las linotipias, aún resuena en mi mente. Cuando llegábamos, mi padre, indefectiblemente, le decía, "¡Hola, buen David!", y él respondía, "¡Hola, buen abad! No sé por qué, nunca les pregunté a qué se debía ese saludo suyo. Entre mis recuerdos infantiles lo guardo y debía pensar que era una de tantas cosas de mi padre que tenía una gracejo especial y, dicho sea de paso, también era muy religioso (de ahí, quizás, lo del "buen abad").

Recientemente, con estas lecturas y el hecho de “contemplar” a los monjes en los monasterios copiando libros, y escribiendo glosas y comentarios en sus márgenes, he comprendido ese guiño cómplice y por qué se saludaban y se despedían de esa manera David y mi padre. Y hoy, cuando ya no se volverá a repetir ese saludo, ni podré comentarlo con ninguno, los vuelvo a oir a los dos, los vuelvo a ver despidiéndose en la puerta de la imprenta "Raimundo", en la Plaza de San Francisco de Sevilla...

¡Adiós, buen David! ¡Adiós, buen abad!

Isabel García Conde.

DURERO Y EL ARCIPRESTE DE TALAVERA

DURERO Y EL ARCIPRESTE DE TALAVERA

Los Cuatro apóstoles (en alemán, Vier Apostel) es una obra a modo de díptico del pintor alemán Alberto Durero (Albrecht Dürer). Fue acabada en 1526. Es una pintura al óleo sobre madera de tilo. Se conserva en la Alte Pinakothek de Munich. Constituye el testamento espiritual del pintor, que concibió dicha obra como respuesta a la angustiosa situación espiritual que se vivía en Alemania durante los primeros años de la Reforma.

Los santos Juan y Pedro (éste último fácilmente reconocible por llevar su atributo más típico, la llave) aparecen en el panel de la izquierda, mientras en el panel de la derecha Durero retrara a San Marcos y a San Pablo. Tanto Juan como Pablo llevan una Biblia en la mano. Por su parte, Juan y Pedro están leyendo la primera página del Evangelio de San Juan. Cada uno de ellos representa las distintas edades del hombre y los cuatro temperamentos masculinos clásicos, definidos, entre otros, por el Arcipreste de Talavera, Alfonso Martínez de Toledo, en El Corbacho o Reprobación del amor mundano (1438).

Así, el austero y noble Pablo, solitario e introvertido, grave e inquebrantable, simboliza la melancolía. El anciano y pálido Pedro es la expresión del temperamento flemático y bilioso, con la espalda encorvada por los años. A su lado, Juan, joven, rubicundo y ardiente, es típicamente sanguíneo. Y Marcos, activo, incluso agitado, representa el temperamento colérico y violento.

M. Isabel García Conde.

EL RASTRO DE LOS LIBROS EN BORGES. 2 PASIONES 2

EL RASTRO DE LOS LIBROS EN BORGES. 2 PASIONES 2

ÉL, que no podía verlos y tanto los amó.

Habla de ellos, constantemente, en sus poemas, en sus pequeños escritos, en sus narraciones. Siempre aparece el libro, los libros, y cuando no los nombra explícitamente entonces utiliza, desliza otros términos que los relacionan, que los envuelven, que los recuerda o que fueron sus antecesores. Es así que surgen en sus poemas otras palabras relacionadas directa o indirectamente con ellos, como Biblioteca, volúmenes, epitafios, inscripciones rúnicas, páginas, leer, lectura, versos, papiro o, secillamente, el deslizar de sus manos cóncavas por el canto...

ÉL, que no podía leer, ni disfrutar con sus ojos..., pero los quiso tanto.

Estos son extractos de algunos poemas de Borges en los que aparecen los libros o sus allegados. Algunos son especialmente largos y yo sólo quería mostrar un breve ejemplo de su pasión, que también es la mía, pero aparecen en decenas y decenas de sus trabajos. Seguir su rastro puede ser un juego interesante. Solamente el primer poema y el último escrito están completos.

MIS LIBROS

Mis libros que no saben que yo existo

son tan parte de mí como este rostro

de sienes grises y de grises ojos

que vanamente busco en los cristales

y que recorro con la mano cóncava.

No sin alguna lógica amargura

pienso que las palabras esenciales

que me expresan están en esas hojas

que no saben quién soy, no en las que he escrito.

Mejor así. Las voces de los muertos

me dirán para siempre.

 

AL RUISEÑOR

Un espíritu errante fue tu símbolo

en un libro de enigmas.

 

YO

Soy el que ve las proas desde el puerto;

soy los contados libros, los contados

grabados por el tiempo fatigados;

soy el que envidia a los que ya se han muerto.

 

ALL OUR YESTERDAYS

¿Es de aquel niño que buscó en la entera

biblioteca del padre de los puntales

curvaturas del mapa y las ferales

formas que son el tigre y la pantera?

 

A MANUEL MÚJICA LAINEZ

Isaac Luria declara que la eterna Escritura

tiene tantos sentidos como lectores. Cada

versión es verdadera y ha sido prefijada

por Quien es el lector, el libro y la lectura.

 

LA CLEPSIDRA

.... aquel instante

en que Virgilio da con el hexámetro,

el agua de la sed, el pan del hambre,

en el aire la delicada nieve,

el tacto del volumen que buscamos

en la desidia de los anaqueles...

 

ALEJANDRÍA, 641 a.C.

Desde el primer Adán, que vio la noche

y el día y la figura de su mano,

fabularon los hombres y fijaron

en piedra o en metal o en pergamino

cuanto ciñe la tierra o plasma el sueño.

Aquí está su labor: la Biblioteca.

Dicen que los volúmenes que abarca

dejan atrás la cifra de los astros

o la arena del desierto.

 

METÁFORA DE LAS MIL Y UNA NOCHES

Dicen los árabes que nadie puede

leer hasta el fin el Libro de las Noches.

La Noches son el Tiempo, el que no duerme.

Sigue leyendo mientras muere el día

y Shahrazad te contará tu historia.

 

EL ACTO DEL LIBRO

Entre los libros de la biblioteca había uno, escrito en lengua arábiga, que un soldado adquirió por unas monedas en el Alcaná de Toledo y que los orientalistas ignoran, salvo en la versión castellana. Ese libro era mágico y registraba de manera profética los hechos y palabras de un hombre desde la edad de cincuenta años hasta el día de su muerte, que ocurriría en 1614. Nadie dará con aquel libro, que pereció en la famosa conflagración que ordenaron un cura y un barbero, amigo personal del soldado, como se lee en el sexto capítulo. El hombre tuvo el libro en las manos y no lo leyó nunca, pero cumplió minuciosamente el destino que había soñado el árabe y seguirá cumpliéndolo siempre, porque su aventura ya es parte de la larga memoria de los pueblos. ¿Acaso es más extraña esta fantasía que la predestinación del Islam que postula un Dios, o que el libre albedrío, que nos da la terrible potestad de elegir el infierno?

M. Isabel García Conde

CUÉNTAME UN CUENTO ABUELITA...

CUÉNTAME UN CUENTO ABUELITA...

Sólo ahora, al comenzar esta asignatura, he sido consciente del momento de mi vida en el que se inicia mi contacto con los cuentos, mi curiosidad por las historias, ese amor por la lectura que se hizo posible tan pronto aprendí a leer, cuando contaba con apenas cuatro años. Fue entonces cuando me regalaron los primeros libros que me acompañan desde entonces.

Mi madre, como un aedo, me cantaba cuentos cuando era pequeña. Sí, me cantaba... Entonaba historias que me transportaban a reinos multicolores, a espacios inalcanzables. Recuerdo aquella que decía, tras una música suave, en cadencia envolvente:

Cuéntame un cuento abuelita, antes de irme a acostaaaaaaaaaar.

Cuéntame un cuento abuelita, aquí cerca del hogaaaar...

Está cayendo la nieve en la lejana extensión,

los árboles son como espuma y las nubes son de algodón...

O aquel poema de Rubén Darío, musicado, Margarita está linda, la mar y el viento, etc., Margarita, te voy a contar (cantar) un cuento. Y surge el cuento-cantado: de un rey que tenía un palacio de diamantes, una estrella hecha de día y un rebaño de elefantes...

Tal vez, por eso, aprendí tan pronto a leer, para poder disfrutar las historias cuando quisiera. Las buscaba en cada página de los libros que tenía mi padre... Es curioso, mi madre con sus historias cantadas, pero mi padre era el que tenía los libros...

Con el tiempo, yo también canté cuentos a mis hijos. Cuando los bañaba, cuando los daba de comer, cuando los dormía. Igual que me inculcó mi madre, así hice yo con mis hijos, y los cuentos-cantados pronto fueron reemplazados por la lectura de otros cuentos. Nunca dejé de leerles historias. Había cuentos, muchos cuentos en casa, grandes y pequeños, pero cada uno de mis hijos, en su momento, tuvo fijación por uno en concreto, y por más que yo eligiera uno nuevo para leerles, al final terminábamos con el de siempre.

Cada día comenzaba la lectura: Un hombrecillo un verano, encontró una esponja a mano... Éste fue el de Israel. El osito Tedy Ruspin y sus amigos...., era el que atraía a Pablo. No Fernandito, así no..., éste fue el de Paula. Y de tanto leérselos aprendieron a decirlos de memoria antes de ir al colegio, incluso antes de aprender a leer. A todos les sucedió lo mismo, en la etapa en la que contaban  tres, cuatro años... No es difícil, la cantilena constante hacía que casi sin percibirlo se les quedase grabado. A menudo gustaban de abrir el libro y lo decían como si estuvieran leyendo... En más de una ocasión sorprendieron a sus abuelos, a nuestros amigos. Hoy son buenos lectores, la lectura les ha acompañado siempre, porque incluso antes de nacer debían sentir que yo disfrutaba leyendo, siempre me han esperado silenciosos, tranquilos, anhelantes, los libros…

M. Isabel García Conde.

LA CIUDAD DE LAS DAMAS

LA CIUDAD DE LAS DAMAS

Christine de Pizan nació en Venecia en 1364 y murió en el Monasterio de Poissy en 1430. Fue una poetisa medieval y ha sido considerada “el primer autor profesional” de la literatura francesa. Hija del astrólogo del rey Carlos V de Francia, se casó con el secretario de la Corte, Étienne du Castel, quedando viuda a la edad de 25 años. Madre de tres hijos, consiguió mantenerlos gracias a sus escritos. Sus primeros poemas transmitían la tristeza de su prematura viudedad y se hicieron populares de inmediato. Denunció la misoginia de su época, frente a las calumnias de Jean de Meun en el Roman de la Rose, protagonizando una de las primeras querellas feministas. Logró publicar numerosos libros, más de una treintena, entre los que destacan la Epístola al Dios del amor (1399), una crítica feroz al amor cortesano, y La ciudad de las damas (1405), una relación de hazañas heroicas de mujeres. Su autobiografía, La visión de Christine (1405), la escribió como réplica a sus detractores. Una de sus últimas obras fue Canción en Honor de Juana de Arco.

La ciudad de las damas, el libro que nos interesa, donde propone la construcción de una ciudadela con este nombre, surge al preguntarse por qué los hombres vituperan a las mujeres. No es una obra didáctica, es una historia de las mujeres y un alegato en su defensa. Es la lucha por unos derechos, el convencimiento de los valores intrínsecos de capacidad y de autoestima, una legítima defensa de las mujeres, un verdadero credo capaz de convencer a cada mujer de que puede hacer frente a todo aquello que se encuentre en su camino, porque todo aquello que es posible hacer y aprender, afirma, "podemos hacerlo nosotras". Y puntualiza (no perdamos de vista que estamos em el siglo XIV): "no olvidemos que los libros los escribieron los hombres". La ciudad de las damas es así todo un símbolo: sus cimientos son las convicciones firmes y seguras, sus murallas significan el respaldo, la ayuda de unas mujeres a otras, y sus edificios simbolizan ese sentir femenino general. Las damas que habitan la ciudad, todas y cada una de ellas, son mujeres únicas. Resumiendo, lo que Pizan nos dice es: “Cada mujer, valiosa en todos los aspectos, forma parte, pertenece, a un sentir femenino general que la apoya y secunda para que se sienta protegida y segura, respaldada por infinitas razones y con profundas convicciones que la mantengan firme hasta el fin de los tiempos".

M. Isabel García Conde.

UN PUZZLE DONDE TODO ENCAJA. CARTA A AGATHA CHRISTIE

UN PUZZLE DONDE TODO ENCAJA. CARTA A AGATHA CHRISTIE

Estimada Agatha Christie:

Te escribo esta carta para expresar la profunda admiración que siento por ti y por tus magnificas obras literarias, que atrapan al lector en un mundo lleno de aventuras y misterios que, aunque al principio parecen indescifrables, al final la verdad siempre sale a la luz.

Señora Christie, la verdad es que nunca me había planteado escribirla una carta, pero ahora que tengo la oportunidad de hacerlo, me gustaría abrirme y decirle todas aquellas sensaciones que producen en mí sus fantásticas novelas. A mí, desde niña, siempre me han encandilado las novelas de misterio, no sólo por la trama en sí, sino porque te trasladan al espacio donde se está produciendo la acción. Es un mundo en el que te pones en la piel de cada uno de los detectives, te rompes la cabeza tratando de descubrir o adivinar antes del final de la novela cuál de los personajes, que al principio todos parecen tan inofensivos y poseen la coartada perfecta que les exculpa del crimen o asesinato cometido, es el culpable de dicho delito.

Lo más curioso de sus novelas es que todas las que he leído giran en torno a un asesinato o a un envenenamiento. Eso me lleva a preguntarme cómo es posible que una persona tenga tanta imaginación como para desarrollar una trama en la que todo detalle está perfectamente calculado y cuidado. Los detectives siguen cada huella, cada pista que les conduce al asesino, y si de antemano saben quién es éste, no se apresuran a delatarlo, sino que dejan que por sí mismo acabe haciéndolo. Todo es como un puzzle en el que cada pieza acaba encajando.

Me imagino que sus novelas han sido el punto de apoyo o de partida que han utilizado muchos detectives privados, policías, etc., para resolver sus casos, ya que, como leí en una de las novelas de Sherlock Holmes, las pequeñas pistas que consideramos insignificantes son las que nos llevan a descubrir la verdad. Sus obras, incluso, me han hecho plantearme la cuestión de querer estudiar algún día la carrera de Criminología. Espero que llegue a realizar ese deseo, porque cada vez que leo una novela policíaca o de misterio se me ponen los pelos de punta, sobre todo en los capítulos donde se desarrolla una acción peligrosa o cuando está a punto de suceder un hecho importante. Soy una persona que cuando me pongo a leer o a ver una película me meto de lleno en la trama, todo lo que le pasa a los personajes en cierta forma me afecta a mí, aunque sepa que lo que ocurre no es real. Sufro cuando sufre el protagonista, lloro cuando llora, sonrío cuando sonríe...

También he visto que algunas de sus novelas se han trasladado al mundo del cine. La única que he visto y que es mi novela favorita es Asesinato en el Orient Express, en la que Hercules Poirot, el detective más famoso de sus novelas, se dispone a resolver un crimen que se ha cometido en un tren y que parece el crimen perfecto, pero como en todo crimen, siempre hay cabos sueltos. Me gustaría ver El misterio de Pale Horse. Será la siguiente. Aunque en el mundo del cine se esmeran en que los personajes de las películas realicen las mismas acciones que los personales de papel, eso es algo que no logran hacer del todo, porque el mundo de la lectura y la imaginación sobrepasan cualquier otro. Cuando primero lees una obra y después la vas a ver al cine, te das cuenta de que hay detalles que no concuerdan o que no se consiguen transmitir del todo.

Espero no haberla aburrido con mis fantasías y las locuras que pasan por mi cabeza. Aunque sé que esta carta no llegará a leerla, me satisface el simple hecho de haberme desahogado de la misma manera que usted se desahogaba al relatar las vivencias y sucesos que acontecían en su entorno: mediante la escritura.

Le mando un abrazo muy fuerte y espero llegar a leer todas sus novelas.

Su admiradora,

María José Okue Elo.

A ESA PLAYA EN PENDIENTE Y A ESE FARO AL QUE VOLVÍ... CARTA A ERNESTO FILARDI

A ESA PLAYA EN PENDIENTE Y A ESE FARO AL QUE VOLVÍ... CARTA A ERNESTO FILARDI

Estimado Ernesto Filardi:

Tal vez te sorprenda, en estos tiempos que corren, recibir una carta, y creo no equivocarme si digo que es un hecho que nos sorprendería a todos, pero de igual manera me atrevería a asegurar que la sorpresa te será grata.

Ante la sugerencia académica de realizar esta labor como ejercicio de clase, mis opciones eran infinitas, mi devoción por un número tan ingente de escritores me da la posibilidad de publicar varios libros en los que se reunieran cartas de admiración, exclusivamente. Pero mi decisión no se ha hecho esperar, he optado por escribir dos cartas. La primera va dirigida a Virginia Woolf y la segunda ya ves que está en tus manos.

He leído diversos trabajos tuyos y no sólo eso, he presenciado tus puestas en escena, sé de tu participación en numerosa actuaciones y sé cuántas actividades has realizado, amén de las lecturas de poesía en el Corral de Comedias de Alcalá de Henares, inolvidables.

Pero en esta ocasión quiero significar, quiero celebrar un libro de poemas que despertó mi interés, llamó mi atención tan pronto lo distinguí entre tantos otros que lo acompañaban en el estante de la librería. Antes de elegir un libro me gusta pasear la mirada por ellos, mientras descansan; siempre espero que alguno me haga una señal, que se distinga de alguna manera, y el tuyo, La niña y el mar, lo consiguió, porque tranquilamente o tal vez anhelante me esperaba.

En una ocasión tuve oportunidad de comentarte la emoción que este libro me había causado, por tanto ya eres depositario de mi agradecimiento. No obstante, hoy quiero dejar constancia y hacerte partícipe de este juego tan hermoso, tan sugerente.

Lo que en origen me llamó la atención del poemario fue su título, del que al percibirlo en el anaquel ordenado, tan sólo atisbé dos palabras, "el Mar", y es que el mar, la playa, el sol, son para mí esenciales, vitales. Me acerqué a acariciarlo y ver qué me decía, porque también me gusta mantener ese mudo diálogo con los libros antes de vivirlos. Al tenerlo en mis manos vi que era tuyo y, entreabriéndolo, paseé mi mirada lentamente por las líneas de sus páginas esperando, como siempre, que algo me sorprendiera. En una de esas páginas decías: “Playa de Regla, Chipiona. Una niña le pregunta a su padre por qué el mar tiene esas olas…”, y entonces se desbordó mi asombro y, por un instante, se me encogió el alma. En esas palabras, entre estas líneas de sal y espuma, estábamos mi padre y yo.

Has escrito y escribirás, indudablemente, obras mejores o, tal vez, más eruditas, pero La niña y el mar tiene la ternura, la sensibilidad  y los aires salinos de las playas del sur y, por añadidura, sentimientos e imágenes que, por tan cercanos, parecen míos, sobre todo ese principio y ese final que me conmueven.

En el transcurso de su lectura me he descubierto en otras páginas, entre los deseos e ilusiones, alegrías o decepciones de la chiquilla, de la joven, de la mujer, que con ese sentimiento diverso llevas de la mano, envuelto en esa media sonrisa, tan a menudo irónica, que te precede.

He regalado este libro en multitud de ocasiones y te confieso que lo regalo personalizado, lo hago un poco mío, sobre todo con la imagen última de “…esa playa en pendiente y a ese faro” donde volví, casi treinta años después con mi esposo y con mi niño, igual que esta niña, la joven, tu mujer.

Gracias por la emoción causada.

Un abrazo,

M. Isabel García Conde.

LA FELICIDAD EN LOS CAMPOS DE CONCENTRACIÓN NAZIS. CARTA A IMRE KERTÉSZ

LA FELICIDAD EN LOS CAMPOS DE CONCENTRACIÓN NAZIS. CARTA A IMRE KERTÉSZ

Estimado Sr. Kertész:

Quiero, primeramente, felicitarle sinceramente por la consecución del Premo Nobel de literatura en 2002. Realmente lo merece.

Aunque es entristecedora para mí su decisión de abandonar la escritura, reconozco que finalizar su carrera literaria a tan tardía edad muestra su gran vocación hacia la profesión, al igual que considerar por zanjado el tema del Holocausto corrobora que sentía usted el deber de realizar una función especial en la literatura. Por otra parte, tengo entendido que ha escrito usted sobre otros temas y que, incluso, ha traducido obras filosóficas de autores tan apreciados por mí como Nietzche, Freud o Wittgenstein. Todo ello me lleva a sentir hacia usted una gran admiración.

Desde mi preadolescencia, mi predilección hacia lo filosófico ha fundado en mí un fuerte interés por las causas, los fenómenos ideológicos y los hechos no específicamente militares de la controvertida Segunda Guerra Mundial, que nos hacen comprender el verdadero sentido de esta fase de la historia en la conformación del ser humano actual.

A los 15 años, cuando leí Sin Destino, había buscado en distintas fuentes información sobre el Holocausto, e incluso había visto documentales sobre campos de concentración y de exterminio; sin embargo, la lectura de su novela me dejó marcada, pues jamás había tenido entre mis manos la experiencia de alguien que hubiera vivido tal desastre humano en primera persona.

El Holocausto era para mí raíz de una incógnita que aún estoy por resolver, y cuya respuesta he buscado con mayor empeño desde el conocimiento de su obra. El nacionalsocialismo me hace constantemente cuestionar mi concepción positiva del ser humano. He intentado convencerme de que quizá los nacionalsocialistas no veían a sus perseguidos como personas, y no consideraban que hacerles sufrir era algo moralmente malo. Pero me resulta imposible creer que, en un contexto de gran desarrollo de los derechos humanos, naciera en Europa una posición política que negara la humanidad a individuos, que son, por definición, humanos. Los nazis veían que eran humanos a los que hacían daño, y todavía no puedo comprender cómo es posible que ese tipo de personas se reafirmaran en su posición, que no se arrepintieran de lo que hicieron.

A pesar de ello, el ejemplo está en mi propia familia: los tres hermanos de mi abuela materna fueron fusilados por los franquistas después la Guerra Civil, tras permanecer al menos un año encarcelados sin haber cometido delito alguno. Por otra parte, mi abuelo paterno, aun sabiendo esto y conociendo el Holocausto nazi sin negarlo, siempre fue fascista. Murió hace pocos años, esquelético por negarse a comer lo necesario y llevando una actitud que hacía que pareciera que sufría la vida en vez de vivirla. Nunca le comprendí ni le aprecié, y eso es algo que me resulta realmente muy triste.

Quizá preguntarle esto no me lleve a la respuesta de por qué existen personas así. Pero sí sé que, al menos, podrá hacerme comprender mejor al ser humano, y acercarme a la solución. Dice usted textualmente al final de su novela: “Incluso allá, al lado de las chimeneas había habido, entre las torturas, en los intervalos de las torturas, algo que se parecía a la felicidad. Todos me preguntaban por las calamidades, por los horrores, cuando para mí ésa había sido la experiencia que más recordaba. Claro, de eso, de la felicidad en los campos de concentración debería hablarles la próxima vez que me pregunten. Si me preguntan. Y si todavía me acuerdo.”

Estas palabras me provocaron una emoción realmente profunda. Es cierto, creo, como usted afirma, que el ser humano es capaz de ser feliz, si quiere, en las peores condiciones, y es esa una de las potencialidades que más valoro de nosotros, y que, como observo, puedo valorar en usted. Así, me gustaría preguntarle sobre su felicidad en los campos de concentración, si es posible que me conteste sobre ello, y si todavía lo recuerda, para que pueda comprender mejor cómo el ser humano llega a su propia felicidad. Pues a veces me parece creer que la felicidad procede del propio individuo y de su esfuerzo y método para encontrarla, lo que me lleva a pensar que, ojalá, quien hace el mal sea quizá porque no sabe cómo llegar a ser feliz.

Atentamente,

Diana Tejón Pérez.

MULTUM LEGENDUM, SED NON MULTA

MULTUM LEGENDUM, SED NON MULTA


Libros, quién os conoce y os entiende,

¿cómo puede llamarse desdichado?

Si bien la protección que le ha faltado

el templo de la fama le defiende.

 

Aquí su libertad el alma entiende

y el ingenio se alienta dilatado,

que, del profano vulgo retirado,

en sólo amor de la virtud se enciende.

 

Ame, pretenda, viva el que prefiere

el gusto, el oro, el ocio al bien que sigo,

pues todo muere, si el sujeto muere.

 

¡Oh estudio liberal, discreto amigo,

que sólo hablas lo que un hombre quiere,

por ti he vivido, moriré contigo!

Lope de Vega

 

Un abrazo a todos,

Juan Jesús G. C.

La lectura y el derecho al divorcio

La lectura y el derecho al divorcio

Esta es una reproducción en madera de la obra Se acabó el hogar (1909) del pintor chileno Juan Harris, donde aparece representado el momento justo en el que se rompe un matrimonio en el seno de una familia burguesa del siglo XIX. Pero fijémonos bien en los detalles, porque hay muchos que pueden relacionarse con cuestiones tratadas en las clases de la asignatura Historia de la Lectura.

En primer lugar, la escena se desarrolla en el espacio privado por excelencia de la mujer en el hogar, su propia habitación: el hombre aparece en ella como un extraño, con actitud altiva y curiosa. Mira desde la entrada, pero no llega a entrar. Ella llora recostada en su silla. Probablemente, antes de empezar a llorar, tenía la pose típica de las lectoras burguesas que podemos ver en tantas pinturas del siglo XIX, donde aparecen habitualmente mujeres rodeadas de flores frescas, lujosos muebles, sus bebés dormidos en la cuna... y libros. Éstos son el elemento clave de nuestro cuadro: vemos un libro abierto frente a ella, lo que nos muestra que se encontraba, sin duda, leyendo, y que el marido interrumpe su lectura. Pero parece incluso que el autor de esta representación pictórica quería transmitirnos el papel esencial que la lectura tuvo en el proceso de emancipación de la mujer: ella no sólo estaba leyendo, sino que da la espalda al marido (lo extraño, lo amenazante) y mira hacia su bebé y su libro (su vida, su mundo). Las mujeres burguesas eran entonces uno de los nuevos colectivos lectores que aparecen en la Historia de la lectura contemporánea. A escondidas o no, las mujeres habían empezado a leer, a ampliar sus horizontes gracias a la lectura, frecuentemente para disgusto de sus maridos (no hay más que ver la cara de él..., que parece, más que triste -como ella-, molesto, contrariado y orgulloso).

En España, el derecho al divorcio se reconoció por primera vez en la Constitución de 1931, durante la Segunda República. ¿Tuvieron los libros algo que ver?

¡Yo creo que sí!

¡Un abrazo a todos!

Marta Escobedo Cobera

Los fantásticos libros voladores del Sr. Morris Lessmore

Los fantásticos libros voladores del Sr. Morris Lessmore

Un precioso corto animado sobre el poder curativo de la lectura y muchas cosas más. Está inspirado en el Huracán Katrina, en la pasión por la lectura, en el amor... Es el ganador del Óscar de este año al Mejor Corto Animado. Atención al apellido del protagonista... Os va a gustar.

 

Marta Escobedo Cobera

Leer y bailar

Leer y bailar

He querido escribir esta entrada bajo un título que es una frase del escritor Manuel Rivas. En realidad, quiero mencionar un artículo que leí en El País hace tiempo sobre las virtudes de leer.

Hay tantas clases de lectores como clases de libros. Y no creo que haya mejores o peores lectores. Siempre y cuando la obra en cuestión resulte placentera, como dijo Borges, "sólo se puede leer por placer". 

Placer...

"Leer bien es participar en una reciprocidad responsable con el libro que se lee, es embarcarse en un intercambio total", afirmó George Steiner.

Placer, reciprocidad...

Cuando leí esta cita de Steiner se me vino a la cabeza una idea: leer es como bailar con alguien. Leer por placer es igual que bailar con ritmo y alegría, sincronizados, dos que son uno. Al principio empiezas suave con tu pareja, tanteando, sobre todo si no la conoces, y un poco más confiado y suelto si ya has bailado antes con ella. Luego, dejas que el ritmo de la música entre en ti y te vaya llevando solo por la pista, cambiando de paso, llevando el ritmo y ajustándolo institivamente al tipo de música que suena.

Con un libro, como pareja de baile, las palabras con las que se van formando una sus páginas marcan el paso, y uno lo que debe hacer es tratar de cogerlo, descubrir el swin y  dejarse llevar. Cuando ya se conoce al autor, la lectura fluye sola, entusiasta. Claro está que no hace falta comprometerse con la pareja o el libro para toda la vida... Lo importante es saber bailar y estar dispuesto a disfrutar con la música y con la lectura. 

Placer, reciprocidad, entrega, instinto...

Al fin y al cabo, como dijera André Maurois, "El arte de leer es, en gran parte, el arte de volver a encontrar la vida en los libros y, gracias a ellos, de comprenderla mejor".

Placer, reciprocidad, entrega, instinto, independencia, libertad, gusto, autonomía, intimidad, querer, belleza, comprensión... Vivir.

Giovanni Papini también nos muestra otro mandamiento u otra virtud de la lectura: "Cuando era joven leía casi siempre para aprender; hoy, a veces, leo para olvidar". ¡Sí! También. La vida...

Juan Jesús G.C

Fuente: http://blogs.elpais.com/papeles-perdidos/2011/04/dia-del-libro-mandamientos-para-leer.html#comments

La Futura, una letra con mucha historia

La Futura, una letra con mucha historia

Desde el 31 de marzo de 2012 y hasta el 16 de septiembre el Museo de la Imprenta Municipal-Artes del Libro de Madrid acoge la exposición "Futura", basada en el libro Futura: una gloria tipográfica, de Alexandre Dumas de Rauly y Michel Wlassikoff. La Futura es uno de los carac­te­res tipo­grá­fi­cos más céle­bres del siglo XX. La expo­si­ción reco­rre su his­to­ria desde su crea­ción hasta nues­tros días. Asociada al Movimiento Moderno en la década de 1930, la Futura está desde enton­ces pre­sente en múl­ti­ples iden­ti­da­des de gran­des empre­sas e ins­ti­tu­cio­nes, y con­tri­buye a las más inno­va­do­ras inves­ti­ga­cio­nes gráficas.

Marta Escobedo Cobera

 

Y hablando de mujeres...

Y hablando de mujeres...

Y hablando de mujeres, investigando para mi proyecto de Literatura Española sobre la literatura contemporánea en Madrid, encontré a Pepita Jiménez en el Paseo de Recoletos gracias a este artículo. Muy estético y emotivo. Espero que os guste.

http://madridafondo.blogspot.com.es/2012/04/pepita-jimenez-en-el-paseo-de-recoletos.html 

Marta Escobedo Cobera

Homenaje a las mujeres campesinas

Homenaje a las mujeres campesinas

Cuando en clase hemos visto el acceso de la mujer al mundo del libro y a la lectura, debido a la mayor alfabetización que tiene lugar a partir del siglo XIX en toda Europa, no podía quitarme de la cabeza la imagen de mi abuela, una mujer agricultora, que no recibió educación ninguna y que aprendió con dificultad las primeras letras, lo justo para valerse, pues sus tareas eran sacar adelante la casa y trabajar en el campo como uno más.

La lucha por la alfabetización emprendida desde principios del siglo XX en el mundo rural no ha llegado a su culmen hasta hace apenas unas decenas de años. Por ello, desde el blog de la asignatura Historia de la lectura quiero rendir un homenaje a esas mujeres campesinas que, como mi abuela, apenas consiguieron aprender a leer ni a escribir o que ni siquiera tuvieron esa oportunidad. Y lo hago con este poema que alguien escribió y que comparto con vosotros con todo mi cariño.

Mujer que saborea el trigo en el campo amargo,
la que sonríe en las esquinas del campesino ebrio,
la de las casitas de piedra que le regaló el tiempo,
a la que el cielo le niega sus estrellas,
la de las entrañas vaciadas en la noche de los golpes,
la que no tiene derecho de verse hermosa.

Mujer campesina de la tierra ajena,
la que un día, cual paloma triste, la arrancaron de su tierra,
la que recoge la lluvia en sus noches tristes,
la que ama la vida sólo en luceros,
la que carece de derechos porque nació en otro tiempo,
la que juega con muñecas en sus niños hambrientos.

Mujer que conocí en días de viento,
y que quise enseñarle el abecedario del alma,
en escuelas de esteras refugiadas en miserias,
con sus hijos a la espalda y sus ojos negros.
Quise hacer milagros con sus manos toscas,
pero nunca escribió su alma porque estaba vacía.

Apenas aprendió a escribir su nombre en las piedras,
quise que alzara su rostro para mirar el cielo,
pero bajaba la mirada, saboreando la tierra.

Yo sé que su cosecha de cansancio era ajena,
que el hombre malo doblegaba su espalda,
no había derechos que defender en su alma,
porque sólo tristezas respondía callada.

Mujer campesina de mis versos de impotencia,
para ti no hay escuela que te saque de la ignorancia.
Yo moría en las tardes junto a tu río,
y lavaba mi silencio para llorar contigo.
Mujer campesina de los tiempos fríos,
yo sé que un día vencerás tu pena.

Juan Jesús G. C.

Biblioteca Nacional de España: trescientos años haciendo historia

Biblioteca Nacional de España: trescientos años haciendo historia

La institución cultural más antigua de España, la Biblioteca Nacional, celebra su tricentenario con un completo programa de actividades, de entre las que destaca una exposición realizada con los fondos más importantes que se conservan en esta institución. Aún se puede visitar (de forma gratuita) hasta el día 29 de abril de 2012, así que esta noticia tiene como fin animaros a ello. Muchas de las obras expuestas suelen estar en las vitrinas del Museo, en la exposición permanente, que constituyó la gran novedad museística de Madrid en 2007, que desde una concepción pedagógica y participativa trata de acercar al gran público los tesoros que albergan las colecciones de la Biblioteca. En él, la exhibición de esos originales, facsímiles y curiosidades relacionados con los casi tres siglos de existencia de la Biblioteca se combinan, como pudimos comprobar en la visita que realizamos en el marco de la asignatura, con el empleo de la última tecnología audiovisual e informática para explicar de un modo ameno y a la vez espectacular la labor de conservación del patrimonio bibliográfico y artístico que las Bibliotecas Nacionales realizan.

Marta Escobedo Cobera

El amor a los libros, a la historia y a Dios

El amor a los libros, a la historia y a Dios

Estimado Jesús Sánchez Adalid:

No puedo sino en primer lugar darle la enhorabuena por el recién conseguido “Premio de Novela Histórica Alfonso X El Sabio”. Creo sinceramente que dicho reconocimiento es el fruto de su gran obra literaria.

Es hace unos años cuando tuve la oportunidad de leer El Cautivo, y valga la redundancia, cautivo quedé yo de su arte de la escritura. Fue en mi colegio de Miajadas, donde alguna vez tuve la oportunidad de escucharle. Su serenidad y su sabiduría me sorprendieron a mi temprana edad. Y joven era también aquel Luis María Monroy de Villalobos que aún recuerdo nítidamente en mi pequeña memoria. Ese interesante retrato de época, en la que nuestro paisano extremeño para hacerse militar, siempre siguiendo los pasos de su padre, se pone a la servidumbre de un gran señor y lo que la vida le depara, narrado con esa capacidad suya, me ayudó a reafirmar algunas cosas que a esa temprana edad están aún en nebulosa. El proceso de aprendizaje del joven Luís María me hizo reflexionar mucho sobre el mío propio. La Sublime Puerta, segunda parte de este libro, también cayó en mis manos, o mejor dicho, en mis ojos, hace ya algún tiempo, así como lo han ido haciendo cada una de sus obras.

Y es que no puedo evitar sobrecogerme con la lectura de algunos pasajes, esos en los que describe la tierra extremeña, sus gentes, sus hazañas de entonces, aquellos hidalgos... Recuerdo especialmente como Luis María llega a Guadalupe y se deshace de las cadenas como en aquel tiempo hacían quienes acudían a la Virgen morenita, patrona de las Españas. Así que mientras escribo esto acudo al libro y copio dicho fragmento en esta carta, fragmento que tengo subrayado:

En la penumbra del templo, a pesar de las muchas velas y lámparas encendidas, parecía que Nuestra Señora brotaba de la nada, entre los humos, los resplandores de oro, la platería, las cintas, guirnaldas, flores, telas y bordados. Estaba la Virgen rodeada de exvotos de cera: cabezas, pies, mortajas y cabellos cortados. Pero, de entre todo ello, me sobrecogía la visión de una infinidad de grilletes, cadenas y anillos traídos por los cautivos liberados del suplicio de sus prisiones tras reclamar el auxilio de la Virgen de Guadalupe.

Ese amor a la Virgen de Guadalupe, patrona de Extremadura, que tan bien sabe usted transmitir, como los paisajes en los que se enclava el monasterio, me traen magníficos recuerdos, producen en mí emociones difícilmente descriptibles:

Pero, sentado en un peñasco, me distrajo enseguida la soberbia visión del inmenso santuario que se alzaba al pie de las montañas. Con la última luz de la tarde los muros parecían dorados, resplandeciendo por encima de ellos las claras yeserías de pulcros estucos, los esmaltes verdeazulados de los chapiteles y los detalles policromos de las chimeneas. Alcanzaba a oír el tañido alegre de la campana, persistente, neto, que llamaba a la oración de vísperas dejando que su eco se ahogara en el valle.

Y es que admiro de su obra esas descripciones tan bien hechas, tan reales, que me hacen sumergirme, como si de una película se tratara, en la propia obra; y no se puede obviar tampoco esa carga moral y espiritual de la que dota a todos sus libros. Pensando en esto me viene a la cabeza Félix de Lusitania, que asustado por esa nueva religión no aceptada en el momento, quedó preso de la misma, admirado de aquellos cristianos que, como se dice en la Carta a Diogneto, “están en el mundo como el alma en el cuerpo”.

No es mi intención importunarle ni que gaste su tiempo, ni tampoco hacerle un resumen de su propia obra, que nadie conoce mejor que usted, sino compartir las frases, los momentos, las ciudades, los pueblos, los campos que tan maravillosamente es capaz de reflejar sobre el papel...

Únicamente le puedo animar y alentar a que continúe escribiendo, a que lo siga haciendo, además, con el rigor histórico con el que lo hace, captando nuestros ojos, nuestro entendimiento y nuestra alma, que es lo más importante.

Al final de esta carta, en el primer borrador que preparé de la misma, le preguntaba cuándo saldría su próximo libro, pero hoy mismo me he enterado que Alcazaba acaba de publicarse, por lo que ya le tengo de nuevo entre mis próximas lecturas. Además, le hacía otra pregunta, que mantengo en esta versión final, y es que quería saber si ha pensando en escribir sobre la Extremadura de la Ilustración o del Siglo XIX en sus próximas obras.

Sin más, con el final del libro Félix de Lusitania, me despido. 

Ahora vuelvo a alegrarme al contemplar esta naturaleza que me parece sagrada, en la hermosura de sus paisajes, en su aire limpio y en la profundidad azul de su cielo; que me habla de Él. Porque abro los ojos, los ojos de la fe, que me hacen ver más allá, con una sabiduría más alta y un entender más sereno. Y comprendo que sólo hay una tierra y una ciudad, adónde todos queremos regresar. Él vive en ella, en el silencio de sus santuarios y en el bullicio de sus plazas. Este pensamiento alegra mi vida y me reconcilia con la existencia, con sus males y sus bienes, durante mi permanencia en este mundo.

Reciba un abrazo afectuoso.

Juan Jesús Gutierro Carrasco.

"Los Cinco", "Los Siete", mi infancia

"Los Cinco", "Los Siete", mi infancia

Estimada Enid Blyton:

Quiero empezar esta carta diciéndote que eres mi autora favorita. Tus libros han sido una parte muy importante de mi infancia; siempre tenía uno en mi mesilla y además tenía una estantería en mi habitación dedicada sólo a ti, con tus libros. Los leía cada noche antes de dormir -tanto es así que, en muchas ocasiones, mis padres me echaron la bronca porque era demasiado tarde y yo seguía leyéndote-. ¡Recuerdo cómo me enfadaba porque no era capaz de leer más deprisa, de las ganas que tenía de terminar cada libro y saber qué pasaba!

Mis libros favoritos son las series de misterio, es decir, Los Cinco y los Siete Secretos. Las tramas son muy sencillas y todos los libros guardan una misma estructura, así que me parece que hiciste una combinación perfecta para animar a los niños y niñas a leer, porque ambas cosas, la sencillez y la homogeneidad, son muy importantes. En todos tus libros, los protagonistas viven una aventura,  se encuentran con personajes sospechosos, luchan contra los malos y viven felices para siempre... A mí me parecía fantástico volver a encontrarme libro tras libro con los mismos personajes, era algo reconfortante, emocionante, daba la sensación de que todo aquello era real, que ellos existían y que iban creciendo como yo. Eran mis amigos, mis ídolos. Crecí con tus libros. Cada lectura era para mí como la vuelta a la escuela después de las vacaciones: el regreso a un lugar familiar, con personas conocidas y queridas.

Mi personaje favorito de Los Cinco era George (Georgina). Como era un "chicazo", y yo también, me sentí muy identificada con ella. Cuando era niña yo no vestía como tal, prefería ir en pantalones, y además siempre elegía hacer algún deporte antes que jugar con muñecas. Me gustaba la fuerte personalidad de George, que fuera una niña que se saliera de lo tradicional y que su comportamiento fuera distinto al esperado. Ella me ayudó a seguir mis instintos, a no dejarme modelar por lo que la sociedad nos impone. En la serie de los Siete Secretos la que más me gustaba era Janet, porque era muy testaruda. Su relación con su hermano Peter se parecía mucho a la mía con mi hermano, y muchas veces durante nuestra infancia tratamos de emular las reuniones secretas que ellos celebraban en las páginas de tus libros. Pero si dejamos a un lado a los personajes humanos, sin duda, otro de mis preferidos era Timmy, el perro de Los Cinco. Nunca he leído otro libro en el que se le dé un papel tan importante a una mascota. Timmy es uno más, forma parte del grupo como cualquier otro. Y creo que eso ha influido mucho en otros autores del Reino Unido después. Recuerdo que cuando vi por primera vez la serie de televisión Scooby Doo me acordé mucho de Timmy...

Podría seguir escribiéndote páginas y páginas, contándote mis aventuras favoritas de cada uno de tus libros, ¡pero no tendría suficiente espacio para hacerlo! Así que sólo quiero darte las gracias por escribir libros tan increíbles como éstos. Tus libros han sido mi infancia y cuando ahora los releo no puedo evitar sentir nostalgia de ellos y de mi niñez. Muchos de tus libros me los regaló mi madre, eran suyos antes que míos. Algún día yo haré lo mismo, porque tus libros no tienen fecha de caducidad, son eternos. Siempre, siempre, tendrán un lugar especial en mi corazón.

Un abrazo de una lectora fiel,

Nicola Jackson