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LIBROS QUE DAN TECHO

LIBROS QUE DAN TECHO

Cerca de la estación de Avenida de América, en Madrid, hay un espacio donde los libros equivalen a abrazos. Me refiero a la sede de Bokatas y, a partir del mes de septiembre, también de Amaqtedu, dos organizaciones sin ánimo de lucro que intentan acompañar y dar un sentido a aquellos de nuestro alrededor que sufren la desigualdad. Con este objetivo, en Amaqtedu hay un espacio singular, un espacio reservado para un amigo que nos ha ido acompañando a lo largo de nuestra vida, el libro. Algunas personas no han tenido tanta suerte como nosotros, y notan que ese compañero que siempre había estado ahí ahora falta. Los fines de semana, cuando los voluntarios se reúnen con ellos en la sede, pueden coger un libro, decírselo a la coordinadora y devolverlo a la semana siguiente. Algunos cogen libros de tres en tres, ya que según dicen, las horas en la calle se hacen eternas y los libros tienen la capacidad de trasladarte a otro mundo, a otra realidad. De esta forma, semana tras semana, los usuarios de dicha biblioteca reciben abrazos, ternura y calor en forma de palabras, y no solo eso, sino que también pueden continuar su formación ya que la biblioteca dispone de libros académicos, así como apuntes universitarios o libros para aprender idiomas. Resulta curioso cómo tan sólo un “simple” objeto puede llegar hasta donde los seres humanos movidos por su egoísmo no pueden (me incluyo como la primera). Después de leer este artículo, te animo a que, si ves a una persona que está pasando necesidad, pienses que hay necesidades más allá de la ropa y los alimentos. Hablo de la inquietud, de la necesidad de saber, de una buena discusión, en definitiva, de humanidad.

Paula Alonso Lorente.

LEER EN DIBUJOS

LEER EN DIBUJOS

El verano pasado conocí por casualidad la obra del ilustrador alemán Quint Buchholz (http://www.quintbuchholz.de/), y desde ese día me encanta navegar en internet buscando nuevos dibujos que admirar. En cierta manera son hipnotizantes y hacen volar mi imaginación de una forma que ningún otro artista había conseguido hasta entonces. Además, las historias escondidas tras estos bellos dibujos son infinitas, solo hay que dar rienda suelta a nuestra fantasía personal.

La razón de esta cierta obsesión por sus imágenes nace del modo en que presenta los libros y la lectura como una forma de vida, como un medio de viajar y de ver el mundo. De niños, los lectores somos exploradores, policías, detectives…, y cuando crecemos y abrimos un libro, volvemos a esa esencia imaginativa de la niñez. Quienes hemos crecido entre historias y relatos sabemos que nos dan la posibilidad de vivir un número infinito de vidas, aventuras, amores, asesinatos y huidas. Son como pequeñas máquinas de viajes en el tiempo y en el espacio que nos hacen las personas más poderosas del mundo.

Estas ilustraciones representan los sentimientos que puede generar la lectura, y quien las vea puede sentirse profundamente identificado con ellas, como me sucedió a mí. Además, imaginar cómo es la relación de los protagonistas de estas ilustraciones con los libros es un ejercicio que nos hace creadores de sus historias, que nos permite ir más allá del acto lector y traspasar ese fino límite, porque algunos libros están para leerlos y otros para escribirlos.

 

CARTA A VANESA PÉREZ-SAUQUILLO

CARTA A VANESA PÉREZ-SAUQUILLO

Querida Vanesa:

“Bajo la lluvia equivocada” llegó a mí por casualidad. Era de esas tardes sofocantes de agosto en las que el sol baña los adoquines y las ciudades están vacías. De camino a la biblioteca imaginé a la gente que dormiría la siesta en sus casas, en cuartos frescos y oscuros o salones con aire acondicionado. ¿Conoces esa sensación de caminar ligera por la calle? Cómo si solo arrastrases contigo el peso de una tela vaporosa y dos sandalias… Ese mediodía olía a brea caliente, y llevaba las mejillas encendidas.

Zamora tiene suelos de piedra cálida, pizarra y teja. Sólo hay una biblioteca, que tiene una única estantería de poesía, con una única línea para la colección Hiperión, que contiene el único ejemplar de tu libro. Con los ojos cerrados, pasaba los dedos por una línea cualquiera… libro tras libro, esperando esa sensación, esa energía que te dice: para.

Allí estaba, signatura simple, “per”, por tu apellido, número 122. Premio de poesía joven, azules pastel.

Me llamo Cristina, las cosas por aquí están más o menos bien… encontrar una naturaleza humana tan pura en versos fue algo extraordinario. Me importas porque me hiciste sentir, y además me enseñaste a Dylan Thomas. Yo acababa de leer a Walt Whitman y Dylan fue como volver a nacer.

Leí tu libro sentada en el Duero, al paso sereno de su curso, y sentí que las palabras me mecían esa tarde. Yo también quisiera, como la prisa, exacta. Lloré con garabatusa blanca, y me imaginé los ojos claros de un pequeño animal que parpadea. Hallé tacto, y no sé quién puso definitivamente su mano en mi silencio. Escribí sobre mi hermana en una casa de montaña meses después, recordando ese “Sólo sé que me llevas / del último cabello”. Marison Catherine me removía las entrañas… y el secreto de los vasos canopes me llenó por completo, aún me quedo a mirar cómo florece la tormenta… La verdad es que también me quedé suspendida en tu naturaleza salvaje que aprieta pero no asfixia, porque yo también rodeo siempre la poesía de leche y miel. De la piedra ciega, el crujir de la hoja y el bosque hondo. En realidad, las cosas no van tan bien… pero es que esta tierra es ajena y no hablo sólo de la sociedad. Pero la poesía es paz, que cura y contiene. Como aquella frase de tu traducción de Dylan Thomas…

“Algunos me dejan crearte en los discursos del agua”.

Un fuerte abrazo,

Cristina.

 

CARTA A J.K. ROWLING

CARTA A J.K. ROWLING

Querida J.K. Rowling:

Le escribo desde la España muggle, con la intención de agradecerle el mundo que ha creado y en el que me ha permitido vivir. Sí, me refiero a Hogwarts. Ese internado cerca de Escocia donde se aprenden encantamientos, pociones y defensa contra las artes oscuras. Donde cada época del año se volvía una temática para decorar el gran salón y donde cualquier niño querría vivir.

Me has hecho vivir partidos de Quidditch con tanta emoción que incluso me levantaba mientras leía como si lo hiciese viendo el partido. Tener tanta vergüenza como si llevase el traje de Ron al baile. Y miedo, como si viese a un Dementor en persona…

Sus personajes me han acompañado siempre. Creciendo conmigo, creciendo a mi lado. Desde ser unos críos que se conocieron con once años, pasando por la adolescencia con sus dramas amorosos, hasta ser adultos que acompañan a sus hijos al andén 9¾ por primera vez.

Has transformado las calles de Londres, creando magia en ellas. Con autobuses noctámbulos y callejones donde se compraban materiales mágicos. Todos hemos deseado esperar en la estación de King's Cross a que pasase el tren que nos llevase a donde hacer amigos y jugar a comer grajeas mágicas. 

Aun así, también he aprendido que, como en todas partes, no todo el mundo desea hacer el bien. Que todo conlleva responsabilidad y trabajo. Que las cosas no salen por si solas (¡cuántas veces habrán necesitado los conocimientos de Hermione!). Y que debemos actuar desde la bondad, con buen corazón.

También he aprendido que tu familia no tiene por qué ser solo de sangre, sino que también son aquellas personas de tu día a día, que darían todo por ti.

Todavía hoy recuerdo cuando leí Harry Potter y la piedra filosofal… Me lo dejó mi hermana mayor, con la esperanza de que me gustase tanto como a ella… y lo consiguió. Con esa 1ª edición, donde aparecía un dibujo de un niño con una escoba y un rayo dibujado en la frente. Y no solo lo leí una vez, sino muchas. En distintos lugares, tratando de llevarme esa magia conmigo. Cerrando los ojos e imaginándome los lugares descritos, los personajes, añadiendo diálogos y anécdotas que pudiesen tener… Haciéndoles más cercanos.

Sinceramente, me gustaría ser capaz de expresarle mejor lo que siento al leer cada página. Es como ir a un mundo nuevo. Como un sueño del que no quieres despertar.

Con cariño, Paula de Lucas Barquero.

P.D.: siempre esperaré mi carta de admisión a Hogwarts.

 

CARTA A CARLOS RUIZ ZAFÓN

CARTA A CARLOS RUIZ ZAFÓN

A Carlos Ruiz Zafón.

Hola Carlos, después de pensarlo mucho he decidido que la mejor manera de empezar esta carta es presentándome. Me llamo María, tengo diecinueve años y estudio el segundo año del Doble Grado de Humanidades y Magisterio en la universidad de Alcalá de Henares.  La carta forma parte del primer trabajo de una de las asignaturas que curso este cuatrimestre, Historia de la Lectura. La idea es intentar hacer que llegue a tus manos, teniendo la esperanza de que si la recibes decidas contestar. Me resulta paradójico imaginarte leyendo algo que yo haya escrito, pero también me hace sentir muy ilusionada. Supongo que el último detalle importante que debes saber de mí antes de entrar en materia es que me declaro una gran admiradora, hasta el punto de que te seguiría leyendo aunque decidieses publicar un libro de cocina.

Tú no lo sabes, pero nos conocimos hace ya varios veranos, cuando una tarde de julio, en el jardín de casa de mi abuela, abrí Marina por primera vez. No sé si podrás creerme o no, pero juro que en cuanto leí ese “Marina me dijo una vez que sólo recordamos lo que nunca sucedió” tuve claro que no iba a poder dejar el libro hasta que lo terminara. No voy a intentar describirte la sensación de quedarse atrapado dentro de un libro y no poder dejar de pensar en él, porque no podría hacerlo mejor de lo que tú lo has hecho ya. Al día siguiente a esa misma hora había ya acabado de leerlo. Desde este primer encuentro he leído con ansia todo lo que tienes publicado. Ojalá pudieses hacerte una idea de la cantidad de horas que me has tenido en vilo frente a una de tus novelas, a ratos con una sonrisa, a ratos con cara de sorpresa y a ratos entre lágrimas; pero siempre disfrutando. Pocas cosas me hacen más feliz que seguir a tus personajes por las calles de Barcelona, viendo cómo reconstruyen las historias de otros y cómo construyen las suyas propias. Consigues con las descripciones que haces que les dibuje en mi cabeza con un detalle que no deja de sorprenderme.

Podría halagar tu escritura a lo largo de varias páginas sin inmutarme, pero seguramente no voy a poder decirte nada que no te hayan dicho ya en algún momento, porque para algo eres uno de los escritores en español más leídos del mundo, que merecido lo tienes. Según iba repasando los tres mil borradores anteriores de la carta me he dado cuenta de que seguir señalando lo evidente convertiría mi carta en impersonal, por lo que, después de darle muchas vueltas, he decidido que voy a terminar la carta explicando cómo acabé de leer tu último libro.

Son aproximadamente las dos de la mañana, y llevo con el libro desde las siete de la tarde de ayer, como siempre se me ha hecho tarde y mañana tengo que levantarme para ir a clase, pero me da igual. Cuando leo que Daniel no es hijo biológico del señor Sempere (el mejor padre del mundo, por cierto) mis ojos se vuelven vidriosos y me entran unas ganas terribles de llorar. No puedo parar de leer, necesito saber cómo acaba la historia que me acompaña desde hace más de cinco años. Por otra parte soy consciente de que la despedida va a ser triste para mí. Llego a la última página y me doy cuenta de que hace rato que mi cara está algo mojada. Cierro el libro y me despido del Cementerio de los libros olvidados.

Muchas gracias por todo.

María López Martín.                                                                                                           

 

CARTA A ENRIQUE JARDIEL PONCELA

CARTA A ENRIQUE JARDIEL PONCELA

Estimado Don Enrique Jardiel Poncela:

Soy una estudiante del Grado de Humanidades en la Universidad de Alcalá de Henares. Mi nombre es Ana González del Villar y el motivo por el que me dirijo a usted es el siguiente:

En primer lugar, me gustaría expresar la enorme admiración que siento por usted y por su obra. Con la lectura de ellas he pasado momentos muy gratificantes. Me han sorprendido, me han hecho sonreír y también reír a carcajadas. Sus páginas me han transportado a lugares, situaciones maravillosas, inverosímiles y fantásticas a veces… y siempre me han hecho soñar.

Sólo el hecho de pronunciar su nombre me hace sonreír y sentir una gran felicidad. A mi mente viene el recuerdo de las horas que tanto he disfrutado con su lectura. Sus personajes son tan entrañables que es muy fácil encariñarse con ellos, cobran vida y han llegado a formar parte de todos los que hemos tenido el privilegio de leer sus historias.

Sus relatos sentimentales, románticos y a la vez divertidos me han dado un enfoque nuevo de la vida, del amor y de las relaciones. Cada momento de lectura ha sido único. Como usted dijo de sí mismo: “Con respecto al carácter, soy un sentimental y un romántico incorregible”. “Pertenezco, aun cuando tal declaración produzca cierta extrañeza, al grupo de los de - la vieille boutique romantique”.El humor y el estilo que nos ha aportado su obra siempre quedará con nosotros; un sentido del humor tan especial que nos transforma y ya después nada es igual. En mi opinión, deberíamos conservarlo como una joya porque hoy en día no es muy frecuente. Se trata de un humor personal, único e inédito que nos ayuda a mirar el mundo con otros ojos.

La primera obra suya que leí fue “Eloísa está debajo de un almendro”; yo tenía trece años, me encantó y me atrapó porque estaba llena de misterio. Conocí esta obra porque me pidieron que la leyera en la asignatura de lengua cuando estudiaba en la E.S.O., por lo que estoy muy agradecida. A partir de entonces continué leyendo más obras suyas. Me gustó particularmente “¡Espérame en Siberia, vida mía!” por sus aventuras e inquietante suspense que capta la atención del lector hasta la última de sus páginas. No puedo dejar de nombrar “Amor se escribe sin hache”, “Usted tiene ojos de mujer fatal” y otras con las que tanto he disfrutado.

Finalmente, sólo me queda agradecerle el magnífico legado que ha dejado a la literatura española.  En nombre mío y en el de todos sus lectores nuevamente le doy las gracias por las horas de lectura tan estupendas y divertidas que nos ha proporcionado.

Un afectuoso saludo.

Ana González del Villar

 

REFLEXIONES SOBRE LA LECTURA EN LA ERA DIGITAL

REFLEXIONES SOBRE LA LECTURA EN LA ERA DIGITAL

Nunca me había parado a pensar en la historia de la lectura. Lo que hoy conozco como un proceso íntimo y solitario no ha sido así a lo largo de nuestra cultura, tanto por la forma de leer, por sus contenidos y por el acceso a los libros. Gracias a la entrevista realizada por el diario digital de la Universidad de Alcalá al profesor D. Antonio Castillo Gómez sobre la lectura (http://portalcomunicacion.uah.es/diario-digital/entrevista/leemos-mas-leemos-mejor?n=6), he podido reflexionar sobre cuál es el momento en el que se encuentra el lector contemporáneo.

Me considero una lectora frecuente, mis lecturas van desde las más banales, como la etiqueta de un producto, a las de entretenimiento, actualidad y/o académicas. Entre mi círculo más cercano hay lectores frecuentes, habituales (sólo leen en determinados momentos, como vacaciones), y no lectores (personas que saben leer pero no practican el acto de leer).

 La revolución de internet ha proporcionado un acceso rápido y a mayor escala de la cultura. Además, en la actualidad, con los teléfonos inteligentes tenemos todo lo que deseamos a golpe de pulgar. La información nunca ha estado tan disponible como hoy la conócenos. ¿Este medio favorece que haya nuevos lectores? Sí y no, si bien es cierto como indica el profesor Castillo, que se ha producido un aumento de la lectura y casi todas pasan por las modalidades digitales: desde redes sociales, blogs y libros electrónicos a periódicos. Pero, ¿realmente se lee? En mi caso, a veces voy leyendo la prensa camino de la universidad en mi teléfono o si veo una noticia que me interesa en alguna red social busco más información, pero lo considero una lectura banal, ya que suelo estar pendiente de las cosas que pasan a mi alrededor. Una vez leí en un libro que los periódicos son la mayor mentira del mundo occidental porque la información se edita para un futuro cuando ya es pasado. Era aquella época en la que para tener un periódico en las manos había que esperar una noche. No hace ni treinta años de eso, tener un periódico en las manos y mancharse las manos de tinta o que tu madre usara los periódicos viejos los domingos para cubrir la paella. Con esto no quiero decir que estoy en contra de la era digital, ni mucho menos, ya que gracias a ella estoy conectada con otros tipos de lenguaje.

El artículo hace una buena reflexión, la lectura digital es menos reflexiva, y no sólo porque la información se actualiza de manera vertiginosa, sino porque un proceso que requiere concentración se encuentra constantemente interrumpido o se diversifica la atención más fácilmente hacia otros sitios (por ejemplo, en los soportes digitales casi siempre hay publicidad en los laterales) y por tanto es menos introspectiva. Estoy de acuerdo, y siempre desde mi experiencia, en que algunos de mis libros están escritos, subrayados o con notas que hacen referencia a dónde los leí o qué sentí. Algunos de ellos incluso tienen algún dibujo. Tener un libro en la mano es experimentar con uno mismo. Puede que estés con esa ansia de ver qué va a pasar, o que te sientas identificado con la historia o algún personaje, debatir con el propio autor si estás o no de acuerdo, o darte cuenta de que llevas un rato leyendo y estás en un diálogo contigo mismo y no tiene nada que ver con lo que tus ojos estaban viendo. Es una sensación tangible. Puedes volver a sentir la textura del papel y situarte donde lo habías dejado.

Considero que una sociedad que no valora leer está en peligro. Leer es importante, es el vehículo que tenemos para desarrollar un pensamiento critico. Requiere de un momento con uno mismo y en soledad (tan poco habituados en la actualidad). Se necesitan buenas guías que te sugieran qué libros pueden ser interesantes según el momento en el que estés (escuela, familia y amigos). La imposición de leer no funciona, porque por lo general nos mueven más las cosas que nos dan placer o están prohibidas. Tanto en mayores como en pequeños, la lectura se fomenta viendo a alguien con un libro y hablándole sobre lo que viene escrito en él, reuniéndose en torno a este objeto, a veces deseado o a veces prohibido, que provoca por un lado, intimidad, y por el otro, el contacto con nuestros semejantes.

Andrea Castro Iglesias

LA MESA

LA MESA

Cuando era pequeña, mi madre siempre nos regañaba a mi padre y a mí por dejar libros encima de la mesa del salón, entorpeciendo así la decoración de la misma. Ahora, años más tarde, es una batalla que ya da por perdida ya que la mesa siempre está inundada con torres de libros e incluso alguno que otro es suyo. Ayer llegué a casa para pasar las vacaciones de Semana Santa y lo primero que hice fue sacar de la maleta el libro que me estoy leyendo. Al ir a dejarlo en la mesa del salón, comprobé que mi padre había cambiado de libro. Tiene gracia, pero en mi casa solemos hacer cadenas de libros, me explico: las cadenas de libros en mi familia consisten en que alguien compra o coge de la biblioteca un libro y si está bien, va pasando por todos los miembros de la casa. Es muy entrañable cuando en las comidas nos ponemos a debatir sobre lo que hemos leído, y ahora que estoy fuera es una de las cosas que más echo de menos.

En estas fechas me acuerdo mucho de mi abuelo que murió hace un año. Gracias a él empecé a ver en los libros a auténticos amigos, confidentes mediante los cuales puedes convertirte en otro personaje sin necesidad de moverte de casa. En sus últimos momentos, El médico de Noah Gordon se convirtió en un compañero que alivió su dolor. 

Es curioso como hay libros que recuerdan no sólo a personas, sino también a lugares, experiencias y aventuras. Simplemente combinando palabras pueden hacerte sentir diversas emociones. Para nosotros, que nos creemos los reyes del mundo, qué contraste nos supone que unas cuantas hojas nos moldeen a su antojo.

 

LLAMAS

LLAMAS

Estaba desangrándome en una casa en ruinas del distrito Pankow. Los rojos nos habían estado presionando desde comienzos de año. ¿Cómo diablos les dejamos avanzar hasta Berlín? -me pregunté- No importa, ahora eso ya no importa Marcus, sobrevive -me respondí de manera melancólica-. Berlín estaba en llamas por culpa de los rojos, y la pierna me abrasaba a causa del disparo recibido esa mañana. Me levanté a duras penas y logré caminar hasta la única silla en pie del salón dejando un fino rastro de sangre tras de mí. Pensé en el dueño y supuse que no le importaría que un soldado manchase el suelo de su salón. Sentado, conseguí aliviar parte del dolor, pero otra herida me quemaba. Una llama de culpa sea de la forma que sea nunca se apaga del todo, siempre quedará una ceniza que la avive. ¿Cuándo la encendí y qué la avivó? -pregunté al vacío-. Sueños, fama, ser un héroe para la patria y el Führer o simplemente acabar siendo un imbécil en esa maldita guerra, como todos los demás, como el Führer, los rojos, los nuestros o los americanos, todos unos perfectos imbéciles que abrieron las puertas del infierno -respondí al vacío-. Hablar no me preocupaba, el sonido de las bombas a lo lejos tapaba mi voz y los rojos todavía estaban a 4 km de mi posición. Pero aún así, sabía que iba a morir y creí que sería buena idea pensar en otra cosa mientras llegaba el momento. Me pregunté en qué momento abrí yo las puertas de mi propio infierno, y supuse que fue aquel día de 1933.

Era un 10 de mayo y yo estudiaba en la universidad de Humboldt. Era un buen chico, un estudiante de ciencias sociales competente con un alto espíritu de camaradería estudiantil por aquella época. Los buenos tiempos -pensé en la casa en ruinas-. Quizá fueron los discursos del Führer, quizá fuera la camaradería de los nacionalsocialistas, o simplemente fuese el hecho de que no era más que un chiquillo que no sabía nada del mundo, lo que me llevó a unirme al Deutsche Studentenschaft, la DTs, en la universidad. Los primeros meses fueron muy agradables, me lo pasé muy bien, hice cosas buenas por una universidad y conocí a mucha gente que posiblemente estuvieran muertos cuando llegué a la casa en la que pensé todo esto. De toda esa gente, la persona más cercana a mí fue Adler Sheider, el típico ario alemán de la propaganda del partido. Fue mi mejor amigo hasta que murió en Stalingrado. Fue uno de los líderes de la DTs y quien me empujó a abrir mi puerta al infierno, a mí y a todos los chicos de la DTs.

Las semanas previas al día diez, Adler y otros lideres de la DTs nos pidieron que recogiésemos libros que atentasen contra los principios morales alemanes, libros judíos, comunistas y toda la porquería de izquierda que pudiéramos encontrar. Yo acompañe a Adler a requisar los libros de la biblioteca de la universidad. El bibliotecario, el viejo Jool, era un maldito viejo judío que no nos perdonaba ningún retraso con la devolución de libros, un tacaño que muy posiblemente acabara gaseado. Siempre me cayó mal, y la propuesta de Adler me gustó. Esos días fueron muy felices en comparación con los de ahora.

La mañana del diez de mayo nos dijeron que tendríamos que desfilar para que el pueblo viera el orgullo de la juventud alemana y que habría festejos que finalizarían con un discurso del mismísimo Goebbels. El atardecer de aquel día y todo lo que ocurrió en él se me quedaron grabados a fuego en mi mente. Al atardecer, nos dirigimos a la Plaza de la Opera y allí vi la llave de mis puertas del infierno, columnas y columnas de libros apilados para arder. Estas columnas tenían libros contra la nación y todas las buenas ideas del espíritu ario, pues eran basura comunista, judía y contraria a nuestros buenos principios, y al fondo estaba la tarima donde Goebbels daría su discurso. Adler, antes de entrar en la biblioteca de la universidad, me dijo que requisaríamos libros, pero aquel diez de mayo me di cuenta de que requisar significaba algo más. Parecía un funeral vikingo, pero sin ningún tipo de emotividad, solo odio y desprecio en el ambiente, yo lo notaba porque en el fondo lo sentía… -Nada- le dije en voz alta a la nada en la casa ruinosa-, y solo le faltaba una chispa para prender. Llegaron los jefes de la DTs con las antorchas que harían prender las llamas. Estaba embobado, no sabía qué hacer ni qué decir, por lo que no hice nada…y las columnas de libros ardieron. Esas fueron las primeras que yo vi arder en Berlín, y después vería muchas más. Tras la quema, Goebbels nos incendió el corazón con un magnifico discurso. En el fondo, dentro del odio que sentía por esos libros sentía un poco de lastima por su incineración, por el alma de todos los autores en esas columnas ardiendo en un grito sin ruido. Yo tenía parte de culpa, yo requisé esos libros. Pero quemar libros me llevo más tarde a quemar muertos, y de quemar muertos pasé a quemar vivos y de quemar vivos a ver Berlín ardiendo en la silla de la casa en ruinas desde donde muy posiblemente acabaría viendo el verdadero infierno. Me levanté y fui al corredor de la entrada, la sangre del suelo todavía seguía fresca, y a ella se le unió más sangre que todavía emanaba de mi herida, no le di más importancia tras ver y alcanzar la puerta. Entonces la abrí para ver las llamas de los edificios extendiéndose por Berlín, quizá ya estaba viendo el infierno.

Kevin Merinero Rodríguez

 

REFLEXIÓN PERSONAL EN TORNO A LA PELÍCULA FAHRENHEIT 451, DE FRANÇOIS TRUFFAUT (1966).

REFLEXIÓN PERSONAL EN TORNO A LA PELÍCULA FAHRENHEIT 451, DE FRANÇOIS TRUFFAUT (1966).

Para un espectador de 2018, sin referencias previas sobre esta película, lo primero que llama la atención es su estética futurista que se percibe en elementos como los trajes de los bomberos, el tren elevado, la pantalla interactiva, que conviven con otros objetos que a día de hoy ya consideramos trasnochados como el tipo de teléfonos, los archivadores metálicos o la indumentaria y peinados de las mujeres. Me surge entonces la duda sobre qué elementos eran actuales para el espectador de 1966 y cuales asociaba al mundo del futuro.

Tras este primer impacto visual, los temas tratados resultan, absolutamente vigentes o más bien atemporales. El estado autoritario que controla a los ciudadanos y hace de ellos entidades impersonales con la justificación de conseguir un «mundo feliz» está ampliamente presente en la literatura y en la historia. Fahrenheit 451, trata la quema de libros como una actuación asociada al control de los poderes autoritarios, pero también muestra otras formas de control. La pantalla mural representa el control estatal de los medios de comunicación limitando los contenidos a aquellos que ensalzan la imagen del estado-familia, que aporta al ciudadano todo lo que precisa y le protege contra el sufrimiento, pero a la vez anula su individualidad y borra sus referencias al pasado personal o colectivo. El entretenimiento ofrecido tiene una sospechosa tendencia a igualar a la audiencia en el desconocimiento y la incultura. El programa televisivo que se puede ver en la película recuerda sorprendentemente a los actuales «realities» que fingen introducirse en el ámbito privado de los espectadores y darles una participación en las situaciones presentadas, pero que están absolutamente manipulados para conseguir mayor audiencia o para crear la imagen de la sociedad que desea el medio.

La pérdida de individualidad como pérdida de libertad se muestra de diversas formas en la película. La sociedad dirigida rechaza todo lo diferente. Las viviendas son modulares, bien en bloques que recuerdan a la unidad habitacional, realizada por Le Courbusier en Marsella entre 1947 y 1952 por encargo del estado francés, o viviendas unifamiliares alineadas construidas también por repetición de un módulo. La vivienda de Clarisse es, sin embargo, un reflejo de su personalidad. Es diferente a todas las de su entorno, parece una casa de cuento y no tiene antena de televisión, lo que extraña y casi asusta a sus vecinos. Aunque no se indica claramente cuál es el motivo de la expulsión de Clarisse de su trabajo en el colegio, es evidente que tiene que ver con una manera distinta de comportarse con los niños y con unas opiniones que difieren de las generalmente aceptadas y asustan a sus compañeros.

Respecto al control específico de la lectura, la película es una clara alusión a las quemas de libros que han tenido lugar en distintos momentos de la historia y en distintos ámbitos culturales, siempre con el objetivo de restringir la libertad de pensamiento. La más cercana temporalmente y con la que se ha identificado la película es la quema de libros realizada en 1933 en Alemania por miembros del partido nazi. La persecución sistemática de los libros se muestra en la película como una herramienta eficaz para eliminar el pensamiento individual y conseguir una población cuyas referencias procedan únicamente de las consignas del estado dominante. Los elementos de resistencia a este dominio tienen también una apariencia histórica. Los rebeldes deben pasar desapercibidos en su entorno y formar parte de una red de apoyos personales que les permita escapar u ocultarse si son denunciados. El refugio de los perseguidos en el bosque, en la naturaleza, podría ser un símbolo del peligro que suponen frente a esta naturaleza las estructuras rígidas de los estados, y su tendencia a derivar en autoritarismos.

Por último, el mantenimiento de los libros en la memoria parece un guiño a periodos en los que grandes civilizaciones como la egipcia o la griega usaron ese «soporte» para sus obras. Los rebeldes confían en el carácter cíclico de la historia que traerá nuevos tiempos en que los libros que ellos han conservado en la memoria puedan estar al alcance de toda la sociedad.

Susana Martín Zaforas.

 

LOS LIBROS MÁS DEVUELTOS DE ESTAS NAVIDADES

LOS LIBROS MÁS DEVUELTOS DE ESTAS NAVIDADES

Mi madre siempre me dijo que, en cuestión de regalos, los libros son como los perfumes. Son algo muy personal. No puedes regalar uno cualquiera a una persona. Tienes que conocer sus gustos. Y aún así siempre es muy difícil acertar. Por eso, en mi casa, siempre que regalamos una colonia o un libro, es porque estamos entre un 90% y un 100% seguros de que esa persona lo quiere o le va a gustar mucho. Pero en mi casa hay otra norma muy importante también respecto a los regalos. No se cambian excepto por causas mayores. Y aun menos si es un libro. Un libro en mi casa siempre es bien recibido, sobre todo si es porque alguien se ha tomado la molestia de comprarlo y regalárselo a alguien. Y está muy feo rechazarlo solo por su portada. Mi madre siempre nos ha obligado a leer un libro regalado porque «no sabes si te gusta hasta que lo lees». Así que en mi familia la política respecto a los libros y los regalos está bastante clara.

Pero el otro día, navegando por Twitter y procrastinando mis obligaciones, me topé con un hilo muy curioso escrito por la librera Silvia Broome @SilviaBroome. Se trataba del ranking de los libros más devueltos de estas Navidades en su librería.  Este hilo me llamó mucho la atención, en primer lugar, por esta especie de política de los libros a la que estoy acostumbrada y, en segundo lugar, porque no es muy habitual encontrar este tipo de listas. De hecho, esta lista podría sugerir «el ranking de los libros que menos éxito han tenido estas Navidades».

Pero aún más interesante me resultó la comparación que hizo esta librera al finalizar su lista. Resulta que su ranking de libros más devueltos coincidía exactamente con las listas de los 10 libros más recomendados o los Best Seller de los meses anteriores.

¿Resulta contradictoria esta situación? A primera vista, puede ser. Pero si pensamos un poco en cómo funciona el mundo editorial, realmente puede tratarse de una simple consecuencia más del sistema capitalista. Las editoriales -sobre todo las grandes editoriales- no son seres de luz que buscan espíritus valientes y creativos para tenderles la mano y ayudarles a difundir sus creaciones con el mundo. Las editoriales son empresas. Y el objetivo principal de una empresa es ganar dinero. Apostar por un autor o autora conlleva una gran inversión, y esta no se realizaría si la editorial no estuviera segura de que esa inversión les proporcionará ganancias. Además, en la planificación de esa inversión se incluye toda una campaña de promoción de la obra destinada a convertila en un superventas. En la dinámica de todo esto, se podría decir que «un Best Seller no nace, se hace» con todas las implicaciones que ello conlleva. Antes de que se venda un solo ejemplar de un Best Seller, este ya es anunciado como el número uno en ventas. La obra, pues, se edita con el objetivo de que sea uno de los libros más vendidos del año. Y al final, por toda la campaña de publicidad que se hace seguramente acabe siéndolo. Es como una mentira que de tantas veces decirla se acaba haciendo realidad.

Reflexionando en torno a esto y al ranking de los libros más devueltos de Silvia Broome me pregunto sobre la efectividad de esta especie de efecto placebo editorial. Dado que estos libros se crean para que sean un super ventas, acaban siendo un comodín para las personas que quieren regalar algo en Navidades y no saben bien qué. Saben que a la persona en cuestión le gusta leer pero no conocen sus gustos concretos, por lo que no se arriesgan y escogen uno de los libros que en las librerías colocan a primera vista, generalmente en escaparates o mesas expositoras (muy estratégicamente en términos comerciales). «Si es el más vendido, por algo será, es que debe ser muy bueno», piensan. Por lo tanto, nos podemos encontrar con la situación de que muchísimas personas hayan comprado el mismo superventas y esto podría ser uno de los motivos de tantas devoluciones, ya que fácilmente podría ser un regalo repetido. Otro motivo de devolución podría ser que, simplemente, no haya sido del agrado del lector, lo que no sería de extrañar si tenemos en cuenta la engañosa estrategia de publicidad que hay detrás de estos superventas.

Pero también me pregunto si podría ser que los lectores ya no cayeran en estas trampas editoriales y estuviesen cansados de la literatura prefabricada, o si lo que ocurre es que a nadie ya le interesan los libros y directamente se deshacen de ellos...¿o podría tratarse de la revolución digital? Si, por ejemplo, estos lectores que devuelven los libros pensaran algo así como «Bah, esto puedo descargármelo en el e-book, para qué quiero esto que ocupa espacio». Podría pensar muchas otras hipótesis, pero prefiero dejar la cuestión abierta e invitaros a reflexionar sobre la paradoja del hilo que ha inspirado este post:

https://twitter.com/silviabroome/status/958744739771240449

Irene del Barrio.

 

 

UNA BIBLIOTECA CON LIBROS DESECHADOS

UNA BIBLIOTECA CON LIBROS DESECHADOS

Hace poco me encontré con una noticia realmente impactante sobre unos trabajadores encargados de la recogida de basuras de la ciudad de Ankara. Al ver que la gente tiraba sus libros usados a la basura, estos operarios decidieron crear una biblioteca con dichos volúmenes. Ellos mismos se encargaron de organizar y colocar la misma en una vieja y abandonada fábrica de ladrillos.

Esta biblioteca funciona desde hace nueve meses (desde junio-julio de 2017) y cuenta actualmente con un total de 4750 obras, que están al alcance de todo el mundo ya que cualquiera puede coger un libro prestado de allí. La biblioteca también cuenta con máquinas de escribir y revistas a disposición de los usuarios. Los libros que ya no se pueden leer debido a su mal estado los transforman en apoya libros o lamparas, dándoles así una nueva vida.

Aparte del servicio de préstamo, la biblioteca cuenta con una barbería, una cafetería, distintos espacios de descanso y por supuesto, las oficinas de los administradores. Actualmente, los operarios que trabajan en esta novedosa biblioteca cuentan con 1500 volúmenes que esperan a ser colocados.

Paula Alonso Lorente

AVENTURA EN ZAPATILLAS

AVENTURA EN ZAPATILLAS

Amanecía en Tobago. Olía a café y a sábanas limpias. Entraba aire azul por la ventana abierta. La casa aún con los ojos abiertos estaba en calma. Se puso las zapatillas. Empezaba una nueva aventura. Bajó a la playa y sobre él se abría una inmensa manta color turquesa, era el mar, la mar, que tantas pasiones durante siglos había suscitado. Arena y agua virgen, allí no había nadie, salvo él para perturbar su serenidad y el despertador que de pronto apareció apagando su frágil ilusión.

Era lunes por la mañana, y al igual que en su sueño, también olía a café, pero esta vez soluble. Al abrir la ventana vio que sobre el campo se extendía una inmensa sábana blanca, era nieve. Aquella noche había nevado por primera vez en Toledo. Ismael recodaba pocas nevadas, y las que había presenciado habían sido todas fuera de la capital, en pueblos cercanos. Se puso el traje y emprendió camino a la oficina.

De camino se encontró con un gran atasco propiciado por la nevada. Los toledanos no estaban acostumbrados a la nieve y en cuanto caían cuatro copos entraban en modo pánico. Ismael aprovechó el parón para imaginar, le encantaba delirar inmerso en sus propios pensamientos mientras hacía algo tan rutinario como conducir, limpiar o ir a hacer la compra. En sus pensamientos siempre aparecía él como protagonista. Esta vez, se decantó por volver a Tobago, había descubierto un paraíso mental para sus puntuales delirios, así que regresó. Su piel se inundó de agua y su boca de aire. Estaba nadando entre los corales. De pronto, notó que el coche que tenía delante avanzó así que tuvo que moverse. No pudo volver a Tobago en todo el trayecto.

Al llegar a la oficina, Ismael se dio cuenta de una cosa y es que no necesitaba hacer viajes constantemente a Tobago, sino que podía hacer lo que hacen los grandes escritores, vivir permanentemente en la atmosfera de su obra. Las escaleras para ascender hasta su despacho serían palmeras a las que tendría que llegar a por cocos, la tranquilizante y cálida luz del sol sería el flexo situado en su mesa y el mar, el delicado y transparente mar, sería esa preciosa sábana blanca que recordaba haber visto situada junto a su casa. Sin embargo, se le olvidó que en Madrid el paisaje está tomado por asfalto y calles por lo que la nieve se situaba en pequeñas islas donde la acción del hombre no podía llegar.

A pesar de todo, Ismael estaba feliz, era feliz por haber descubierto que lo cotidiano también puede ser extraordinario si utilizamos las herramientas adecuadas.  

Paula Alonso Lorente

ALGUNOS LIBROS SON COMO UNICORNIOS

ALGUNOS LIBROS SON COMO UNICORNIOS

Hay una trilogía de libros que empecé a leer en el año 2007. La saga se llama Crónicas del asesino de reyes del escritor norteamericano Patrick Rothfuss. Los dos primeros libros El nombre del viento y El temor de un hombre sabio son libros maravillosos, con unos personajes muy logrados y un trasfondo político y social increíblemente bien hecho. Los dos libros salieron en los años 2007 y 2011 respectivamente.

Sin embargo, cuando los fans de esta saga hablamos sobre la publicación del tercer libro, Las puertas de piedra, se genera en el ambiente una especie de tono derrotista, y es que el libro es como un unicornio, hay que esperar a una noche de luna llena de sangre azul, que ocurre cada trescientos años, para que aparezca. Lo que quiero decir con ello es que no se sabe cuándo será publicado, ya que su autor lleva alrededor de 7 años trabajando en el libro y no hay una fecha prevista para que vea la luz.

Esta situación me ha hecho reflexionar sobre las repercusiones que puede tener en un autor y en sus lectores el tiempo de espera entre las publicacines de cada entrega de la saga. Patrick Rothfuss, como ya he indicado, lleva 7 años escribiendo el libro, J. R. R. Tolkien tardó 17 años en publicar El señor de los anillos, Stephen King tardó 36 años en publicar la continuación de El Resplandor, etcétera. Me pregunto cómo puede influir en la lectura, en el autor y en los lectores de una saga estos tiempos de espera tran prolongados.

Generalmente, quien lee un libro lo hace para entretenerse, sin más implicaciones intelectuales o literarias, y no solemos ser conscientes de todo el tiempo invertido por un autor para publicar su obra. Si una persona lee a día de hoy las dos partes de El Quijote, por ejemplo, no tiene conciencia de cuánto tiempo tardó Cervantes en publicar ambas porque ya están editadas, no ha tenido que esperar los diez años que trascurrieron de la primera a la segunda parte, no hay más implicación que la propia lectura. Sin embargo, los ejemplos a los que aludía más arriba muestran casos en los que el lector vive con una situación en la que el tiempo puede sesgar la lectura de una obra. Es una situación que se da cuando la obra y el lector son contemporáneos, e implica que el lector tenga que asumir un mayor compromiso con el libro y su autor, estando dispuesto a esperar hasta la publicación del siguiente libro y perdonándole, si se da, la tardanza.

Por otro lado, pienso que no solo el lector sufre las repercusiones de la demora en las entregas de las continuaciones de las sagas, también el autor puede verse perjudicado, ya que tiene la presión de miles de almas esperando a que termine de escribir el libro y eso podría hacer que acabase odiando su propia obra o tener que bajar la calidad para ceñirse a los tiempos de entrega. Me pregunto entonces cuáles pueden ser los motivos por los que un autor tarde tanto en publicar la continuación de un libro. Quizás, que quiera hacer otra cosa para no encasillarse con su obra o que quiera tomarse el tiempo necesario para hacer una continuación que no defraude a sus lectores.

Por último, quiero invitar a reflexionar sobre esta cuestión y que puedan surgir más matices de los que yo he reflejado en este post por la limitación de la extensión. Así las cosas, solo nos quedaría esperar para ver a esos “unicornios” algún día.

Kevin Merinero Rodríguez

VENTAJAS Y DESVENTAJAS DEL E-BOOK

VENTAJAS Y DESVENTAJAS DEL E-BOOK

Hace unas semanas, se abrió en mi casa un debate muy interesante sobre las ventajas y las desventajas del e-book. Todo empezó a la hora de la cena, cuando estábamos viendo las noticias y anunciaron que había aumentado la compra de e-books en estos últimos años. Entonces, pensé en reflexionar sobre ello, hablando de sus ventajas y desventajas, y estas fueron las conclusiones a las que llegué.

En primer lugar, el e-book o libro electrónico es la versión digitalizada de un libro que se publica en la World Wide Web (WWW) o en cualquier otro tipo de formato electrónico. A finales de la primera década del siglo XXI, fue cuando comenzaron a aparecer dispositivos cuya función era servir exclusivamente para la lectura de libros electrónicos. Estos dispositivos se caracterizan por un diseño que permite emular la versatilidad del libro de papel tradicional. Se buscó que tuvieran movilidad y autonomía (dispositivos móviles con bajo consumo de energía para permitir lecturas prolongadas sin necesidad de recargas), pantallas con dimensiones suficientes para mostrar documentos tradicionales (un A4 o un A5) y un alto nivel de contraste, incluso a plena luz del día.

Por un lado, el e-book nos proporciona una gran capacidad de memoria para poder almacenar varios libros en un solo dispositivo, y esto resulta bastante cómodo, ya que nos permite, por ejemplo, viajar llevando encima un montón de títulos sin que el peso de los mismos nos resulte incómodo ni éstos ocupen buena parte de nuestro equipaje. Además, las personas con problemas de visibilidad pueden aumentar el tamaño de las letras, algo que, con los libros de papel, a no ser que usen una lupa, no pueden hacer. Otra de las ventajas del e-book es que tiene un blog de notas donde podemos hacer anotaciones al tiempo que leemos y un buscador en el que puedes encontrar fácilmente aquello que buscas o volver a la página en la que estabas si te has perdido sin ninguna dificultad y sin apenas invertir tiempo en ello. Claro que esto también lo podemos hacer con un libro de papel, pero implica andar de un lado a otro siguiendo un índice que no todos los libros tienen y escribir en el libro o apuntar en un cuaderno aparte, cosa que no a todo el mundo le gusta hacer.

También, el que los e-books tengan acceso a Internet y tengan audio, hace que la lectura sea más atractiva y amena, y que se pueda combinar con la música. En los e-books, por otra parte, no se agotan las ediciones, los libros libro electrónicos siempre están disponibles, y ello hace que los editores publiquen más y que los lectores tengan a su disposición una amplia oferta de títulos. Los e-books, finalmente, suponen un cambio entre el lector, el autor y el libro. La lectura de un e-boom es más "social", favorece una mayor interacción entre el autor y el lector, así como las relaciones con otros lectores, ya que puedes compartir tus citas favoritas o las partes que más te hayan gustado del libro que has leído en Facebook, Twitter y demás redes sociales con solo un clic.

Si pensamos en las desventajas del e-book, la más obvia es que el libro electrónico pierde la esencia del libro de papel: no tiene olor ni tiene tacto (o al menos el mismo tacto que la sensación de tocar las páginas para pasarlas o sujetarlas con las puntas de los dedos). También se pierde la relación íntima entre el libro y el lector, e incluso entre el libro y el autor (los e-book no se pueden llevar a una presentación o a una feria para que te los firmen, por ejemplo, o no se pueden dedicar cuando te los regalan, aunque más bien se regalan poco).

Además, manejar un e-book requiere de un conocimiento mínimo en tecnología. La persona que lo use necesitará ser capaz de conectarse a Internet, buscar un libro, descargarlo y pasarlo al e-book, y las personas que no han hecho este tipo de actividades nunca, necesitarán un poco de ayuda para conseguirlo, si es que lo consiguen: muchas personas mayores, de hecho, no se adaptan a los nuevos soportes ni pueden ni saben usarlos solos, se hacen dependientes de otros sin remedio. Por otro lado, los e-books se piratean con más facilidad que los libros de papel (los autores y editores pierden el control sobre las obras más rápidamente), que pueden fotocopiarse sin licencia, pero la tarea, además de aburrida y tediosa, lleva mucho tiempo, y es preferible inventar otros métodos de adquisición que el de la copia ilegal (por ejemplo, intercambiar libros, ir a la biblioteca pública, etc.). Finalmente, hemos de tener en cuenta que no todos los libros se han digitalizado, que hay ediciones antiguas o libros que ya se han descatalogado que nunca podremos leerlo en un e-book.

En conclusión, tanto los e-books como los libros de papel se leen, pero la forma en la que leemos es distinta en uno y otro caso. Ambos son libros, nos permiten viajar a otros mundos, descubrir nuevas emociones, encontrarnos con sus autores y personajes y convivir con ellos. La lectura es algo que creamos los lectores, y al final da igual en qué formato leamos, porque lo importantes es eso, LEER.

Alba Morillas de Heras

LECTURAS EMPÁTICAS

LECTURAS EMPÁTICAS

Los lectores, además de leer, escriben. Quizás no todos, pero seguramente la gran mayoría de ellos lo haya intentado en alguna ocasión o lo hará en un futuro no muy lejano, creedme. Somos humanos. Tememos al cambio. Pero a veces nos arriesgamos. Intentamos ser transparentes o quizás mostrar algo que no somos realmente. Autoengañarnos. ¿Autoengañarnos? Mmmmmmmmmmm, quizás no sea precisamente esta la palabra que estoy buscando... A veces, queremos ser esos héroes de los cuentos que salvan vidas de otros; esas princesas que quieren ser princesas por ellas mismas sin tener que casarse con un príncipe azul; esa Kika Superbruja o ese Harry Potter que se mueven por arte de magia -nunca mejor dicho-; esa Lucy que un día atraviesa un simple armario de madera y aparece en Narnia; ese Peter Pan que vive en el mundo de "Nunca Jamás" y que nunca jamás crecerá ni volverá a la realidad; esa Caperucita Roja de los hermanos Grimm que un día se rebela y decide defenderse sola (¿acaso hay una historia con más versiones que ésta?); o esa persona en la que Pablo Neruda (por ejemplo) inspira sus poemas…

Hay tantas posibilidades en el mundo de la lectura que muy difícil elegir quién quieres ser, de qué te quieres disfrazar hoy, qué lectura será la más gratificante en un momento determinado de tu vida… Es verdaderamente increíble la manera en la que los lectores nos dejamos llevar por la imaginación o cómo los autores consiguen cautivar nuestros pensamientos (depende de cómo lo quieras expresar o pensar). De lo que sí estoy segura es de que la lectura empática es algo real, demasiado real. Con poco que sientas, ya imaginas. Pero, cuidado, tampoco es cuestión de imaginar en exceso... Es entonces, cuando te emocionas leyendo, cuando viajas a sitios en los que nunca has estado antes gracias a las palabras, cuando te das cuenta de que la primavera es más colorida que como se la pinta en los cuadros y que los inviernos son más cálidos si estás al lado de la persona adecuada. Allí, bien situado, en perspectiva diagonal, unos ojos se cruzan accidentalmente con otros, los tuyos con los míos, los míos con los tuyos... Allí, tú o yo cambiamos de vida, cambiamos la vida del otro. La mía y la tuya. La tuya y la mía. O tal vez sólo la mía... Qué irónico sería decir que tú existes y que yo me hallo escribiendo para un ser real. No sé cómo lo hago, pero siempre acabo escribiéndote a ti. Ser inexistente que seguro que existes.

¿Os dais cuenta? Como os decía antes, los lectores leen, y cuando leen empáticamente se meten en el cuerpo y en el alma de los personajes que el autor crea, describe y da vida. Se meten tanto en ese papel del otro que no es el suyo, en una existencia que no es la suya, que en ocasiones piensan que todo está pasando, y lo escriben, como me acaba de pasar a mí, bien para sí mismos, bien para esos seres de papel. Escribir a alguien que tú crees que existe, pero que en realidad no, es algo mágico, porque te brinda la oportunidad de ser quien quieres ser, de escribirte (hacerte) ante otro, aunque ese otro sólo exista en tu interior. Sin duda, la empatía y la imaginación te hacen crecer. Crezcamos (soñemos) con cada lectura que hagamos.

Andrea García Ortiz

LA EXPERIENCIA DE LEER

LA EXPERIENCIA DE LEER

En honor a C. S. Lewis.

El otro día –un día común, como tantos otros- en una conversación –también común, como tantas otras- se me preguntó acerca de esta asignatura de la que casi nadie ha oído hablar. "¿Historia de la lectura? ¿Y eso de qué va?". Entonces, tras varios intentos de explicar llegó un momento de esos en que te encuentras entre la espada y la pared y no sabes contestar con una negativa. "¡Ay, pues tengo un libro de C. S. Lewis sobre la lectura! Si quieres te lo presto, se titula La experiencia de leer". Y ni a esta persona ni a este autor ¡ni a este título! podía decirles que no (a pesar de la inmensa lista de espera que tengo –libros inacabados, olvidados, dejados de lado…-).

C. S. Lewis es uno de los grandes. Creo que, objetivamente, nadie puede negarlo. Y para mí fue un honor aceptar leer uno de sus ensayos. Y, aunque lo cierto es que, desde siempre, la lectura de este tipo de literatura me ha parecido tediosa, esta vez fue diferente. Sentía que "tenía" que leerlo. Que me iba a abrir los ojos a otro modo de entender la lectura. No obstante, al abrirlo me di cuenta de que iba a ser "juzgada". No en el mal sentido de la palabra. No por el autor, al menos. Sino por mí. Con este libro, que aún no he terminado, estoy descubriéndome a mí misma como lectora. ¿Soy de lo que Lewis llama "minoría"? ¿Soy una "mala lectora"? (seguramente Lewis diría que sí) ¿Soy una lectora "egoísta"? ¿Qué es un "mito"?

Acabando como estamos ya este curso, quiero agradecer al profesor C. S. Lewis que me haya dado justo ahora la oportunidad de ponerme frente a un espejo para que vea mi trayectoria como lectora. En primer lugar, el profesor Lewis realiza una división de lectores. Hace bien, me parece a mí, en clasificar. Aunque muchos puede que nos veamos señalados y nos demos cuenta de que no somos tan buenos lectores como creíamos que éramos. Es interesante, sobre todo, cómo habla de la dicotomía entre el "buen gusto" y el "mal gusto". También habla de personas con "sensibilidad literaria", que buscan esos momentos de intimidad con el libro, y personas que, por el contrario, carecen de ella. Ser o no un buen lector o, al menos, el buen gusto, no es algo que reside solo en lo estético, sino en algo más profundo.

En definitiva, y saltándome (con pena) dos capítulos del ensayo, quiero hacer algunas referencias a lo que piensa C. S. Lewis acerca de cómo lee el mal lector. Él dice que "atravesar las palabras para llegar a algo no verbal y no literario no es una mala manera de leer". Pero, ante aquellos escépticos que aleguen: "¡En un poema las palabras que hay son lo que son!", Lewis también tiene algo que decir: "(…) no cabe duda de que las palabras que lo integran deben significar. Una palabra que sólo fuese y que no significase no sería una palabra".

Lewis siempre tiene algo que decir para todo y para todos. Y es bastante acertado tanto en firmeza de opinión como en estabilidad de argumentos. No voy a alargar mucho más esta entrada en el blog describiendo cada característica que Lewis señala del "mal lector". Quizás sí he de destacar que entre ellos, entre los malos lectores, cuenta a los ávidos lectores de noticias. Un mal lector, además, haría este tipo de preguntas –que, seguramente, a más de uno "nos suenan"-: "¿Pero la letra es grande o pequeña? ¿Hay mucho diálogo o hay demasiada narración y descripción?". Seguro que somos muchos los que hemos caído en estos errores antes de ponernos a leer un libro. O la típica queja omnipresente en tantos casos: "Es que hay demasiadas descripciones. Es muy lento…". O como muchos niños/as ya "mayores" cuando les regalan un libro dicen: "¿Pero no hay dibujos?".

Me he limitado a poner unos pequeños ejemplos de lo que C. S. Lewis explica en su ensayo. Es duro, pero Lewis hace también de las "tiras" (cómics) otra crítica: "[el mal lector] (…) no valora el buen estilo. Por eso, también prefiere el mal estilo. Los dibujos de las tiras no necesitan ser buenos (…), cualquier persona u objeto ha de poder reconocerse en ellos de inmediato y sin esfuerzo". El mal lector cree que "la mejor expresión de un fenómeno o de una emoción es el cliché más gastado: porque permite un reconocimiento de inmediato". Es decir, podríamos afirmar que el "mal lector" tiende a la "ley del mínimo esfuerzo".

Antes de finalizar, pues me he alargado demasiado en contra de mi propósito, quiero señalar un concepto nuevo que he aprendido leyendo este ensayo: el de "fanáticos del estilo". Son aquellos obsesionados por la palabra, por el estilo… por la ¿mala? construcción de una oración. La dura crítica que Lewis hace a estos lectores puede encontrarse en la página 40 del libro. Básicamente, estos "fanáticos del estilo" serían unos "insatisfechos" que ni siquiera aplican lo que ellos exigen a sus propios textos.

Quiero acabar agradeciendo al que haya leído estas líneas y pidiendo perdón por no señalar más reflexiones de Lewis que creo bastante enriquecedoras para nuestra asignatura de Historia de la lectura. Invito a todos/as a que leáis este ensayo. Son muy pocas páginas (sé que esto lo criticaría Lewis) y se lee en poco tiempo (y esto seguramente también). Pero creo que es un "manual" sencillo y básico que puede ampliar nuestras miradas sobre la lectura en varios aspectos. No solo habla de malos y buenos lectores. También trata acerca del mito, de la fantasía, del realismo…

Termino también agradeciendo a C. S. Lewis lo que me está suponiendo la lectura de su libro y rindiéndole honor extractando una pequeña parte del "Epílogo" del mismo:

La experiencia literaria cura la herida de la individualidad, sin socavar sus privilegios (...). Cuando leo gran literatura me convierto en mil personas diferentes sin dejar de ser yo mismo (...). Aquí, como en el acto religioso, en el amor, en la acción moral y en el conocimiento, me trasciendo (...) y en ninguna otra actividad logro ser más yo.

Patricia de la Fuente Castelbón

LAS MUJERES Y LA NOVELA: UN DISCURSO FICTICIO DE UNA LECTORA DECIMONÓNICA

LAS MUJERES Y LA NOVELA: UN DISCURSO FICTICIO DE UNA LECTORA DECIMONÓNICA

¡Buenas a todos/as, chicos/as!

Os quiero dejar una especie de "discurso" ficticio que he escrito y que bien podría ser obra de una de esas nuevas lectoras decimonónicas de las que hablamos la semana pasada en las clases de "Historia de la lectura". Como vimos, fue en el siglo XIX cuando la mujer comienza a transformar sus gustos lectores al tiempo que va cambiando de mentalidad, de intereses, de expectativas, etc., gracias al despertar de la conciencia de género y a su inserción en el mundo laboral.

He escrito este "discurso" releyendo "Una habitación propia" de Virginia Woolf (¿os acordáis de que la profesora dio mucha importancia a las habitaciones propias en relación a esa conquista de la lectura femenina que empieza a hacerse realidad en este siglo?).

Me gustaría, pues, que os imaginaseis a una de esas mujeres, como la retratada en este lienzo de la artista australiana Florence Ada Fuller, “Mujer leyendo” (1900), que se dirige a otras mujeres que, como ella, están inmersas en ese proceso de luchar por la "peligrosa relación" entre la mujer y la lectura, y por ello deciden rebelarse. Las frases en cursiva son de Virginia Woolf. 

¡Disfrutadlo!

LAS MUJERES Y LA NOVELA

Las mujeres y su modo de ser; o las mujeres y las novelas que escriben; o las mujeres y las fantasías que se han escrito sobre ellas; o quizá estos tres sentidos inexplicablemente unidos (Virginia Woolf).

Las mujeres y la novela seguiremos siendo problemas sin resolver. Este collar que nos habéis atado al cuello, nos hace bajar la cabeza. La vida se nos apaga sutilmente sobre las manos que sujetan un libro.

A nosotras, las mujeres pasionarias de rubor carmesí en las mejillas, de espléndidas lágrimas que las recorren al crecer entre las verjas. A nosotras, las que tenemos corazones pájaro-cantores, cáscaras de arcoíris que chapotean sobre nuestros labios subterráneos. A nosotras, ¡sí, nosotras! Nuestros maridos nos están quitando a Tólstoi y a Flaubert, nos desaconsejan leer cualquier cosa que no sea La cuisinière bourgeoise ¡Y estamos hartas de leer consejos sobre la cocina y el hogar o los buenos modales! ¡Tenemos que dejar actuar a la revolución, que para nada es catástrofe! No deberíamos estar llenas de hilos ni de cuerdas como si perteneciésemos al corazón de un avaro. Aquí estamos, pensando en todas las mujeres, y un millar de estrellas relampaguean por los desiertos azules del cielo... Releo cualquier novela por entregas y se me salta desde un precipicio el corazón excitado, ¡qué pasión! Yo estoy harta, no quiero que me prohíban leer en voz baja cualquier amorío en mi propia habitación con la luz y los cantos de los pájaros por la ventana… Pero os estoy viendo las caras, y lo comprendo… Seguimos con miedo al veneno. Sigue resultándonos difícil abrazar a aquellos instintos e ilusiones más primarios que son desagradables para otros que lo único que quieren es que no nos apartamos del camino correcto.

Pero, mujeres, que estáis aquí presentes, ¿acaso no seguimos teniendo nuestras manos, nuestras mentes? Abrid las palmas, poco a poco y hacia arriba. ¿Veis vuestras manos? Las vuestras. Vuestros dedos, vuestras plumas, y vuestra libertad escondida entre las uñas. Ahora, enganchemos mano con mano, punta con punta, y ¡rasguemos esta tela de araña por el medio! ¡Ardamos como faros en esta sociedad machista, burguesa y patriarcal!

¡Somos heroicas, mezquinas, espléndidas y sórdidas, infinitamente hermosas y perfectamente libres! ¡Somos tan grandes como los hombres, de esquina a avenida, de un par de páginas de revista de moda a libro sobre carpintería o anatomía! Somos recipientes derramados para dejar fluir todas las fuerzas que nos acompañan en esta noche de reunión.

Vale, ahora calmaos. No os agobiéis por no estar viviendo la vida que queréis. Yo hablo de defender nuestra igualdad al hombre, a todos los hombres. ¡Hablo de poder tener una habitación propia! ¿No lo entendéis? Yo lo sé. Somos raras, desequilibradas, pero sobre todo, somos reales. Sí, reales. Imperfectas. A veces escondemos un guiño, una sonrisa o quizás una lágrima, pero desde nuestro corazón y siempre hacia el vuestro -mujeres y hombres luchadores- no podemos escondernos. Mujeres que estáis aquí presentes, os miro directamente y os digo: Quien quiera censurarnos, que lo intente. Que nosotras, poco endebles, hemos consumido todos los obstáculos volviéndonos incandescentes, que no caeremos por injusticias ni tampoco deberán esperar que carezcamos de intereses. Nuestra esperanza de éxito nunca, jamás, debería volver a no-superar los temores, ¡pues el fuego arde de calor en nuestro interior!

No somos culpables, amigas, compañeras. Somos mujeres. Somos mujeres. ¡Ahora bien, levantaos! ¡Vamos a correr como si tuviésemos alas en los talones y pudiésemos volar después! Vamos a hacerlo, amigas, compañeras, mujeres; sí, porque, aunque nos las quieran cortar, las tenemos.

Sofía Morante Thomas

DONKEYXOTE

DONKEYXOTE

Aprovechando que acaba de hacerse entrega del Premio Cervantes a Eduardo Mendoza por, entre muchas otras cosas, ensalzar El Quijote, voy a recomendaros una película muy divertida, basada en la más famosa de las obras cervantinas.

Esta Semana Santa, un soleado domingo de ramos, tuve la suerte de tener que encargarme de mis sobrinos, y no sabía qué hacer con ellos, si llevarlos al cine, a dar una vuelta, salir un rato con ellos a jugar al parque… Fue entonces cuando, surfeando por Internet, descubrí una película de animación para niños: DonkeyXote, una versión animada del célebre Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes.

Todos sabemos la trama de El Quijote, un hidalgo apasionado de los libros de caballería, siempre acompañado por su fiel escudero Sancho Panza, en busca de aventuras. Unos dicen que está loco, que ha perdido el norte, pero yo considero que está vivo, porque hace lo que quiere, y persigue sus sueños sin importarle lo que los demás puedan decir u opinar sobre él.

En el film DonkeyXote, dirigido por José Pozo y producido por Fabio Massiumo, se cuenta la historia de D. Quijote creada por Cervantes en el siglo XVII. Vemos cómo Quijote está cansado de la monotonía y decide emprender una aventura, que es la de afrontar el reto de caballero de la Media Luna en Barcelona. Si pierde, se desentiende de Dulcinea -a la que todavía no conoce-, pero si gana, se quedará con todo lo que posee su adversario, además de que le será desvelada la identidad de su amada. Sancho, cansado de tanto ir y venir y desilusionado por no haber encontrado tesoros e islas, como su amigo le prometió al iniciar sus miles de viajes juntos, es quien le acompaña, junto con Rucio, Rocinante y James Gallo, un nuevo protector de Quijote. En su nueva aventura, todos ellos vivirán diferentes peripecias, como la de enfrentarse a los miles de falsos Quijotes que hay, luchar contra comadrejas expiatorias, duques malvados o el misterioso Siniestro.

¡Es fascinante! ¡No dejéis de verla!

Rida Ezzahif Chahinaoui

¿LECTOR-AUTOR?

¿LECTOR-AUTOR?

¿Cuál es el criterio que tenemos para elegir el libro que nos vamos a leer? El criterio que cada cual tiene a la hora de seleccionar sus lecturas es muy personal. Hay quienes eligen los libros según el género que más les gusta, otros son más eclécticos y no buscan nada en especial, sino que se dejan convencer por la sinopsis… Sin embargo, hay personas que nos dejamos llevar por los títulos. Por los títulos que nos llaman la atención, que nos dejan completamente sorprendidos e intrigados, que nos hacen imaginar y tener ganas de saber de qué irá la historia que esas páginas encierran. Es el caso del libro del que voy a hablaros.  

Hace unos años, el escritor Howard Buten publicó su novela Cuando yo tenía cinco años, me maté. Un título, sin duda, impactante, como lo es también el libro. Burt, un niños de ocho años, nos cuenta su verdad sobre cómo acabó dentro de un internado por una amiga suya que hizo algo, y a raíz de ahí va generando todo un debate. El autor hace reflexionar a los lectores, a los que asusta (al menos eso es lo que me pasó a mí) el hecho de creer que lo que se cuenta ahí, por tremendo que sea, es real, porque a veces parece tan real... 

Y ahora os planteo una pregunta: ¿qué hacéis con las ideas que se os quedan en la mente tras leer un libro, con los pensamientos que os surgen durante la lectura?

Desde hace un tiempo, por ejemplo, es común que los espectadores participen en la trama de algunas series televisivas. Así se decidió el capítulo final de la temporada, entre otras, de Los protegidos, emitida por Antena 3.

Eso mismo es lo que pasó precisamente con la obra de Buten. Su novela fue tan inspiradora para muchos lectores que éstos comenzaron a escribir y a mandar cartas a la editorial sobre sus trágicas experiencias del pasado y de la infancia. Había historias tan cautivadoras y llenas de emoción que el autor decidió que esas historias no podían quedarse en simples cartas y/o correos que sólo él leía. Buten decidió crear un pequeño librito con todas estas historias, llenas de vida, temor, sufrimiento y superación, llenas de verdad. No he tenido la ocasión de leer el libro, por no estar en stock, pero estoy segura de que cada uno de los autores de los pequeños relatos ha sufrido un antes y un después en su vida al ver su historia personal publicada en un libro. No porque se haya publicado lo que vivieron para servir de ejemplo para otros o por ver su nombre impreso en un libro, sino por el hecho mismo de decidirse a escribir y contar sus experiencias.  

http://www.esquire.es/actualizacion/704/incomprendidos-el-primer-libro-escrito-por-lectores  

Para terminar os lanzo algunos interrogantes sobre los que me gustaría saber vuestra opinión... ¿Qué pensáis de que los lectores intervengan en las obras como si fueran autores? ¿Os gustaría decidir el futuro de algún personaje de un libro que os guste mucho o que no os guste nada? ¿Creéis que podría ser éste (el de escribir a un autor/a sobre algo que hayas vivido o sentido o imaginado) un nuevo (y quizás eficaz) método para animar a la gente a escribir?  

Aída Arango Alonso