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VENTAJAS Y DESVENTAJAS DEL E-BOOK

VENTAJAS Y DESVENTAJAS DEL E-BOOK

Hace unas semanas, se abrió en mi casa un debate muy interesante sobre las ventajas y las desventajas del e-book. Todo empezó a la hora de la cena, cuando estábamos viendo las noticias y anunciaron que había aumentado la compra de e-books en estos últimos años. Entonces, pensé en reflexionar sobre ello, hablando de sus ventajas y desventajas, y estas fueron las conclusiones a las que llegué.

En primer lugar, el e-book o libro electrónico es la versión digitalizada de un libro que se publica en la World Wide Web (WWW) o en cualquier otro tipo de formato electrónico. A finales de la primera década del siglo XXI, fue cuando comenzaron a aparecer dispositivos cuya función era servir exclusivamente para la lectura de libros electrónicos. Estos dispositivos se caracterizan por un diseño que permite emular la versatilidad del libro de papel tradicional. Se buscó que tuvieran movilidad y autonomía (dispositivos móviles con bajo consumo de energía para permitir lecturas prolongadas sin necesidad de recargas), pantallas con dimensiones suficientes para mostrar documentos tradicionales (un A4 o un A5) y un alto nivel de contraste, incluso a plena luz del día.

Por un lado, el e-book nos proporciona una gran capacidad de memoria para poder almacenar varios libros en un solo dispositivo, y esto resulta bastante cómodo, ya que nos permite, por ejemplo, viajar llevando encima un montón de títulos sin que el peso de los mismos nos resulte incómodo ni éstos ocupen buena parte de nuestro equipaje. Además, las personas con problemas de visibilidad pueden aumentar el tamaño de las letras, algo que, con los libros de papel, a no ser que usen una lupa, no pueden hacer. Otra de las ventajas del e-book es que tiene un blog de notas donde podemos hacer anotaciones al tiempo que leemos y un buscador en el que puedes encontrar fácilmente aquello que buscas o volver a la página en la que estabas si te has perdido sin ninguna dificultad y sin apenas invertir tiempo en ello. Claro que esto también lo podemos hacer con un libro de papel, pero implica andar de un lado a otro siguiendo un índice que no todos los libros tienen y escribir en el libro o apuntar en un cuaderno aparte, cosa que no a todo el mundo le gusta hacer.

También, el que los e-books tengan acceso a Internet y tengan audio, hace que la lectura sea más atractiva y amena, y que se pueda combinar con la música. En los e-books, por otra parte, no se agotan las ediciones, los libros libro electrónicos siempre están disponibles, y ello hace que los editores publiquen más y que los lectores tengan a su disposición una amplia oferta de títulos. Los e-books, finalmente, suponen un cambio entre el lector, el autor y el libro. La lectura de un e-boom es más "social", favorece una mayor interacción entre el autor y el lector, así como las relaciones con otros lectores, ya que puedes compartir tus citas favoritas o las partes que más te hayan gustado del libro que has leído en Facebook, Twitter y demás redes sociales con solo un clic.

Si pensamos en las desventajas del e-book, la más obvia es que el libro electrónico pierde la esencia del libro de papel: no tiene olor ni tiene tacto (o al menos el mismo tacto que la sensación de tocar las páginas para pasarlas o sujetarlas con las puntas de los dedos). También se pierde la relación íntima entre el libro y el lector, e incluso entre el libro y el autor (los e-book no se pueden llevar a una presentación o a una feria para que te los firmen, por ejemplo, o no se pueden dedicar cuando te los regalan, aunque más bien se regalan poco).

Además, manejar un e-book requiere de un conocimiento mínimo en tecnología. La persona que lo use necesitará ser capaz de conectarse a Internet, buscar un libro, descargarlo y pasarlo al e-book, y las personas que no han hecho este tipo de actividades nunca, necesitarán un poco de ayuda para conseguirlo, si es que lo consiguen: muchas personas mayores, de hecho, no se adaptan a los nuevos soportes ni pueden ni saben usarlos solos, se hacen dependientes de otros sin remedio. Por otro lado, los e-books se piratean con más facilidad que los libros de papel (los autores y editores pierden el control sobre las obras más rápidamente), que pueden fotocopiarse sin licencia, pero la tarea, además de aburrida y tediosa, lleva mucho tiempo, y es preferible inventar otros métodos de adquisición que el de la copia ilegal (por ejemplo, intercambiar libros, ir a la biblioteca pública, etc.). Finalmente, hemos de tener en cuenta que no todos los libros se han digitalizado, que hay ediciones antiguas o libros que ya se han descatalogado que nunca podremos leerlo en un e-book.

En conclusión, tanto los e-books como los libros de papel se leen, pero la forma en la que leemos es distinta en uno y otro caso. Ambos son libros, nos permiten viajar a otros mundos, descubrir nuevas emociones, encontrarnos con sus autores y personajes y convivir con ellos. La lectura es algo que creamos los lectores, y al final da igual en qué formato leamos, porque lo importantes es eso, LEER.

Alba Morillas de Heras

LECTURAS EMPÁTICAS

LECTURAS EMPÁTICAS

Los lectores, además de leer, escriben. Quizás no todos, pero seguramente la gran mayoría de ellos lo haya intentado en alguna ocasión o lo hará en un futuro no muy lejano, creedme. Somos humanos. Tememos al cambio. Pero a veces nos arriesgamos. Intentamos ser transparentes o quizás mostrar algo que no somos realmente. Autoengañarnos. ¿Autoengañarnos? Mmmmmmmmmmm, quizás no sea precisamente esta la palabra que estoy buscando... A veces, queremos ser esos héroes de los cuentos que salvan vidas de otros; esas princesas que quieren ser princesas por ellas mismas sin tener que casarse con un príncipe azul; esa Kika Superbruja o ese Harry Potter que se mueven por arte de magia -nunca mejor dicho-; esa Lucy que un día atraviesa un simple armario de madera y aparece en Narnia; ese Peter Pan que vive en el mundo de "Nunca Jamás" y que nunca jamás crecerá ni volverá a la realidad; esa Caperucita Roja de los hermanos Grimm que un día se rebela y decide defenderse sola (¿acaso hay una historia con más versiones que ésta?); o esa persona en la que Pablo Neruda (por ejemplo) inspira sus poemas…

Hay tantas posibilidades en el mundo de la lectura que muy difícil elegir quién quieres ser, de qué te quieres disfrazar hoy, qué lectura será la más gratificante en un momento determinado de tu vida… Es verdaderamente increíble la manera en la que los lectores nos dejamos llevar por la imaginación o cómo los autores consiguen cautivar nuestros pensamientos (depende de cómo lo quieras expresar o pensar). De lo que sí estoy segura es de que la lectura empática es algo real, demasiado real. Con poco que sientas, ya imaginas. Pero, cuidado, tampoco es cuestión de imaginar en exceso... Es entonces, cuando te emocionas leyendo, cuando viajas a sitios en los que nunca has estado antes gracias a las palabras, cuando te das cuenta de que la primavera es más colorida que como se la pinta en los cuadros y que los inviernos son más cálidos si estás al lado de la persona adecuada. Allí, bien situado, en perspectiva diagonal, unos ojos se cruzan accidentalmente con otros, los tuyos con los míos, los míos con los tuyos... Allí, tú o yo cambiamos de vida, cambiamos la vida del otro. La mía y la tuya. La tuya y la mía. O tal vez sólo la mía... Qué irónico sería decir que tú existes y que yo me hallo escribiendo para un ser real. No sé cómo lo hago, pero siempre acabo escribiéndote a ti. Ser inexistente que seguro que existes.

¿Os dais cuenta? Como os decía antes, los lectores leen, y cuando leen empáticamente se meten en el cuerpo y en el alma de los personajes que el autor crea, describe y da vida. Se meten tanto en ese papel del otro que no es el suyo, en una existencia que no es la suya, que en ocasiones piensan que todo está pasando, y lo escriben, como me acaba de pasar a mí, bien para sí mismos, bien para esos seres de papel. Escribir a alguien que tú crees que existe, pero que en realidad no, es algo mágico, porque te brinda la oportunidad de ser quien quieres ser, de escribirte (hacerte) ante otro, aunque ese otro sólo exista en tu interior. Sin duda, la empatía y la imaginación te hacen crecer. Crezcamos (soñemos) con cada lectura que hagamos.

Andrea García Ortiz

LA EXPERIENCIA DE LEER

LA EXPERIENCIA DE LEER

En honor a C. S. Lewis.

El otro día –un día común, como tantos otros- en una conversación –también común, como tantas otras- se me preguntó acerca de esta asignatura de la que casi nadie ha oído hablar. "¿Historia de la lectura? ¿Y eso de qué va?". Entonces, tras varios intentos de explicar llegó un momento de esos en que te encuentras entre la espada y la pared y no sabes contestar con una negativa. "¡Ay, pues tengo un libro de C. S. Lewis sobre la lectura! Si quieres te lo presto, se titula La experiencia de leer". Y ni a esta persona ni a este autor ¡ni a este título! podía decirles que no (a pesar de la inmensa lista de espera que tengo –libros inacabados, olvidados, dejados de lado…-).

C. S. Lewis es uno de los grandes. Creo que, objetivamente, nadie puede negarlo. Y para mí fue un honor aceptar leer uno de sus ensayos. Y, aunque lo cierto es que, desde siempre, la lectura de este tipo de literatura me ha parecido tediosa, esta vez fue diferente. Sentía que "tenía" que leerlo. Que me iba a abrir los ojos a otro modo de entender la lectura. No obstante, al abrirlo me di cuenta de que iba a ser "juzgada". No en el mal sentido de la palabra. No por el autor, al menos. Sino por mí. Con este libro, que aún no he terminado, estoy descubriéndome a mí misma como lectora. ¿Soy de lo que Lewis llama "minoría"? ¿Soy una "mala lectora"? (seguramente Lewis diría que sí) ¿Soy una lectora "egoísta"? ¿Qué es un "mito"?

Acabando como estamos ya este curso, quiero agradecer al profesor C. S. Lewis que me haya dado justo ahora la oportunidad de ponerme frente a un espejo para que vea mi trayectoria como lectora. En primer lugar, el profesor Lewis realiza una división de lectores. Hace bien, me parece a mí, en clasificar. Aunque muchos puede que nos veamos señalados y nos demos cuenta de que no somos tan buenos lectores como creíamos que éramos. Es interesante, sobre todo, cómo habla de la dicotomía entre el "buen gusto" y el "mal gusto". También habla de personas con "sensibilidad literaria", que buscan esos momentos de intimidad con el libro, y personas que, por el contrario, carecen de ella. Ser o no un buen lector o, al menos, el buen gusto, no es algo que reside solo en lo estético, sino en algo más profundo.

En definitiva, y saltándome (con pena) dos capítulos del ensayo, quiero hacer algunas referencias a lo que piensa C. S. Lewis acerca de cómo lee el mal lector. Él dice que "atravesar las palabras para llegar a algo no verbal y no literario no es una mala manera de leer". Pero, ante aquellos escépticos que aleguen: "¡En un poema las palabras que hay son lo que son!", Lewis también tiene algo que decir: "(…) no cabe duda de que las palabras que lo integran deben significar. Una palabra que sólo fuese y que no significase no sería una palabra".

Lewis siempre tiene algo que decir para todo y para todos. Y es bastante acertado tanto en firmeza de opinión como en estabilidad de argumentos. No voy a alargar mucho más esta entrada en el blog describiendo cada característica que Lewis señala del "mal lector". Quizás sí he de destacar que entre ellos, entre los malos lectores, cuenta a los ávidos lectores de noticias. Un mal lector, además, haría este tipo de preguntas –que, seguramente, a más de uno "nos suenan"-: "¿Pero la letra es grande o pequeña? ¿Hay mucho diálogo o hay demasiada narración y descripción?". Seguro que somos muchos los que hemos caído en estos errores antes de ponernos a leer un libro. O la típica queja omnipresente en tantos casos: "Es que hay demasiadas descripciones. Es muy lento…". O como muchos niños/as ya "mayores" cuando les regalan un libro dicen: "¿Pero no hay dibujos?".

Me he limitado a poner unos pequeños ejemplos de lo que C. S. Lewis explica en su ensayo. Es duro, pero Lewis hace también de las "tiras" (cómics) otra crítica: "[el mal lector] (…) no valora el buen estilo. Por eso, también prefiere el mal estilo. Los dibujos de las tiras no necesitan ser buenos (…), cualquier persona u objeto ha de poder reconocerse en ellos de inmediato y sin esfuerzo". El mal lector cree que "la mejor expresión de un fenómeno o de una emoción es el cliché más gastado: porque permite un reconocimiento de inmediato". Es decir, podríamos afirmar que el "mal lector" tiende a la "ley del mínimo esfuerzo".

Antes de finalizar, pues me he alargado demasiado en contra de mi propósito, quiero señalar un concepto nuevo que he aprendido leyendo este ensayo: el de "fanáticos del estilo". Son aquellos obsesionados por la palabra, por el estilo… por la ¿mala? construcción de una oración. La dura crítica que Lewis hace a estos lectores puede encontrarse en la página 40 del libro. Básicamente, estos "fanáticos del estilo" serían unos "insatisfechos" que ni siquiera aplican lo que ellos exigen a sus propios textos.

Quiero acabar agradeciendo al que haya leído estas líneas y pidiendo perdón por no señalar más reflexiones de Lewis que creo bastante enriquecedoras para nuestra asignatura de Historia de la lectura. Invito a todos/as a que leáis este ensayo. Son muy pocas páginas (sé que esto lo criticaría Lewis) y se lee en poco tiempo (y esto seguramente también). Pero creo que es un "manual" sencillo y básico que puede ampliar nuestras miradas sobre la lectura en varios aspectos. No solo habla de malos y buenos lectores. También trata acerca del mito, de la fantasía, del realismo…

Termino también agradeciendo a C. S. Lewis lo que me está suponiendo la lectura de su libro y rindiéndole honor extractando una pequeña parte del "Epílogo" del mismo:

La experiencia literaria cura la herida de la individualidad, sin socavar sus privilegios (...). Cuando leo gran literatura me convierto en mil personas diferentes sin dejar de ser yo mismo (...). Aquí, como en el acto religioso, en el amor, en la acción moral y en el conocimiento, me trasciendo (...) y en ninguna otra actividad logro ser más yo.

Patricia de la Fuente Castelbón

LAS MUJERES Y LA NOVELA: UN DISCURSO FICTICIO DE UNA LECTORA DECIMONÓNICA

LAS MUJERES Y LA NOVELA: UN DISCURSO FICTICIO DE UNA LECTORA DECIMONÓNICA

¡Buenas a todos/as, chicos/as!

Os quiero dejar una especie de "discurso" ficticio que he escrito y que bien podría ser obra de una de esas nuevas lectoras decimonónicas de las que hablamos la semana pasada en las clases de "Historia de la lectura". Como vimos, fue en el siglo XIX cuando la mujer comienza a transformar sus gustos lectores al tiempo que va cambiando de mentalidad, de intereses, de expectativas, etc., gracias al despertar de la conciencia de género y a su inserción en el mundo laboral.

He escrito este "discurso" releyendo "Una habitación propia" de Virginia Woolf (¿os acordáis de que la profesora dio mucha importancia a las habitaciones propias en relación a esa conquista de la lectura femenina que empieza a hacerse realidad en este siglo?).

Me gustaría, pues, que os imaginaseis a una de esas mujeres, como la retratada en este lienzo de la artista australiana Florence Ada Fuller, “Mujer leyendo” (1900), que se dirige a otras mujeres que, como ella, están inmersas en ese proceso de luchar por la "peligrosa relación" entre la mujer y la lectura, y por ello deciden rebelarse. Las frases en cursiva son de Virginia Woolf. 

¡Disfrutadlo!

LAS MUJERES Y LA NOVELA

Las mujeres y su modo de ser; o las mujeres y las novelas que escriben; o las mujeres y las fantasías que se han escrito sobre ellas; o quizá estos tres sentidos inexplicablemente unidos (Virginia Woolf).

Las mujeres y la novela seguiremos siendo problemas sin resolver. Este collar que nos habéis atado al cuello, nos hace bajar la cabeza. La vida se nos apaga sutilmente sobre las manos que sujetan un libro.

A nosotras, las mujeres pasionarias de rubor carmesí en las mejillas, de espléndidas lágrimas que las recorren al crecer entre las verjas. A nosotras, las que tenemos corazones pájaro-cantores, cáscaras de arcoíris que chapotean sobre nuestros labios subterráneos. A nosotras, ¡sí, nosotras! Nuestros maridos nos están quitando a Tólstoi y a Flaubert, nos desaconsejan leer cualquier cosa que no sea La cuisinière bourgeoise ¡Y estamos hartas de leer consejos sobre la cocina y el hogar o los buenos modales! ¡Tenemos que dejar actuar a la revolución, que para nada es catástrofe! No deberíamos estar llenas de hilos ni de cuerdas como si perteneciésemos al corazón de un avaro. Aquí estamos, pensando en todas las mujeres, y un millar de estrellas relampaguean por los desiertos azules del cielo... Releo cualquier novela por entregas y se me salta desde un precipicio el corazón excitado, ¡qué pasión! Yo estoy harta, no quiero que me prohíban leer en voz baja cualquier amorío en mi propia habitación con la luz y los cantos de los pájaros por la ventana… Pero os estoy viendo las caras, y lo comprendo… Seguimos con miedo al veneno. Sigue resultándonos difícil abrazar a aquellos instintos e ilusiones más primarios que son desagradables para otros que lo único que quieren es que no nos apartamos del camino correcto.

Pero, mujeres, que estáis aquí presentes, ¿acaso no seguimos teniendo nuestras manos, nuestras mentes? Abrid las palmas, poco a poco y hacia arriba. ¿Veis vuestras manos? Las vuestras. Vuestros dedos, vuestras plumas, y vuestra libertad escondida entre las uñas. Ahora, enganchemos mano con mano, punta con punta, y ¡rasguemos esta tela de araña por el medio! ¡Ardamos como faros en esta sociedad machista, burguesa y patriarcal!

¡Somos heroicas, mezquinas, espléndidas y sórdidas, infinitamente hermosas y perfectamente libres! ¡Somos tan grandes como los hombres, de esquina a avenida, de un par de páginas de revista de moda a libro sobre carpintería o anatomía! Somos recipientes derramados para dejar fluir todas las fuerzas que nos acompañan en esta noche de reunión.

Vale, ahora calmaos. No os agobiéis por no estar viviendo la vida que queréis. Yo hablo de defender nuestra igualdad al hombre, a todos los hombres. ¡Hablo de poder tener una habitación propia! ¿No lo entendéis? Yo lo sé. Somos raras, desequilibradas, pero sobre todo, somos reales. Sí, reales. Imperfectas. A veces escondemos un guiño, una sonrisa o quizás una lágrima, pero desde nuestro corazón y siempre hacia el vuestro -mujeres y hombres luchadores- no podemos escondernos. Mujeres que estáis aquí presentes, os miro directamente y os digo: Quien quiera censurarnos, que lo intente. Que nosotras, poco endebles, hemos consumido todos los obstáculos volviéndonos incandescentes, que no caeremos por injusticias ni tampoco deberán esperar que carezcamos de intereses. Nuestra esperanza de éxito nunca, jamás, debería volver a no-superar los temores, ¡pues el fuego arde de calor en nuestro interior!

No somos culpables, amigas, compañeras. Somos mujeres. Somos mujeres. ¡Ahora bien, levantaos! ¡Vamos a correr como si tuviésemos alas en los talones y pudiésemos volar después! Vamos a hacerlo, amigas, compañeras, mujeres; sí, porque, aunque nos las quieran cortar, las tenemos.

Sofía Morante Thomas

DONKEYXOTE

DONKEYXOTE

Aprovechando que acaba de hacerse entrega del Premio Cervantes a Eduardo Mendoza por, entre muchas otras cosas, ensalzar El Quijote, voy a recomendaros una película muy divertida, basada en la más famosa de las obras cervantinas.

Esta Semana Santa, un soleado domingo de ramos, tuve la suerte de tener que encargarme de mis sobrinos, y no sabía qué hacer con ellos, si llevarlos al cine, a dar una vuelta, salir un rato con ellos a jugar al parque… Fue entonces cuando, surfeando por Internet, descubrí una película de animación para niños: DonkeyXote, una versión animada del célebre Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes.

Todos sabemos la trama de El Quijote, un hidalgo apasionado de los libros de caballería, siempre acompañado por su fiel escudero Sancho Panza, en busca de aventuras. Unos dicen que está loco, que ha perdido el norte, pero yo considero que está vivo, porque hace lo que quiere, y persigue sus sueños sin importarle lo que los demás puedan decir u opinar sobre él.

En el film DonkeyXote, dirigido por José Pozo y producido por Fabio Massiumo, se cuenta la historia de D. Quijote creada por Cervantes en el siglo XVII. Vemos cómo Quijote está cansado de la monotonía y decide emprender una aventura, que es la de afrontar el reto de caballero de la Media Luna en Barcelona. Si pierde, se desentiende de Dulcinea -a la que todavía no conoce-, pero si gana, se quedará con todo lo que posee su adversario, además de que le será desvelada la identidad de su amada. Sancho, cansado de tanto ir y venir y desilusionado por no haber encontrado tesoros e islas, como su amigo le prometió al iniciar sus miles de viajes juntos, es quien le acompaña, junto con Rucio, Rocinante y James Gallo, un nuevo protector de Quijote. En su nueva aventura, todos ellos vivirán diferentes peripecias, como la de enfrentarse a los miles de falsos Quijotes que hay, luchar contra comadrejas expiatorias, duques malvados o el misterioso Siniestro.

¡Es fascinante! ¡No dejéis de verla!

Rida Ezzahif Chahinaoui

¿LECTOR-AUTOR?

¿LECTOR-AUTOR?

¿Cuál es el criterio que tenemos para elegir el libro que nos vamos a leer? El criterio que cada cual tiene a la hora de seleccionar sus lecturas es muy personal. Hay quienes eligen los libros según el género que más les gusta, otros son más eclécticos y no buscan nada en especial, sino que se dejan convencer por la sinopsis… Sin embargo, hay personas que nos dejamos llevar por los títulos. Por los títulos que nos llaman la atención, que nos dejan completamente sorprendidos e intrigados, que nos hacen imaginar y tener ganas de saber de qué irá la historia que esas páginas encierran. Es el caso del libro del que voy a hablaros.  

Hace unos años, el escritor Howard Buten publicó su novela Cuando yo tenía cinco años, me maté. Un título, sin duda, impactante, como lo es también el libro. Burt, un niños de ocho años, nos cuenta su verdad sobre cómo acabó dentro de un internado por una amiga suya que hizo algo, y a raíz de ahí va generando todo un debate. El autor hace reflexionar a los lectores, a los que asusta (al menos eso es lo que me pasó a mí) el hecho de creer que lo que se cuenta ahí, por tremendo que sea, es real, porque a veces parece tan real... 

Y ahora os planteo una pregunta: ¿qué hacéis con las ideas que se os quedan en la mente tras leer un libro, con los pensamientos que os surgen durante la lectura?

Desde hace un tiempo, por ejemplo, es común que los espectadores participen en la trama de algunas series televisivas. Así se decidió el capítulo final de la temporada, entre otras, de Los protegidos, emitida por Antena 3.

Eso mismo es lo que pasó precisamente con la obra de Buten. Su novela fue tan inspiradora para muchos lectores que éstos comenzaron a escribir y a mandar cartas a la editorial sobre sus trágicas experiencias del pasado y de la infancia. Había historias tan cautivadoras y llenas de emoción que el autor decidió que esas historias no podían quedarse en simples cartas y/o correos que sólo él leía. Buten decidió crear un pequeño librito con todas estas historias, llenas de vida, temor, sufrimiento y superación, llenas de verdad. No he tenido la ocasión de leer el libro, por no estar en stock, pero estoy segura de que cada uno de los autores de los pequeños relatos ha sufrido un antes y un después en su vida al ver su historia personal publicada en un libro. No porque se haya publicado lo que vivieron para servir de ejemplo para otros o por ver su nombre impreso en un libro, sino por el hecho mismo de decidirse a escribir y contar sus experiencias.  

http://www.esquire.es/actualizacion/704/incomprendidos-el-primer-libro-escrito-por-lectores  

Para terminar os lanzo algunos interrogantes sobre los que me gustaría saber vuestra opinión... ¿Qué pensáis de que los lectores intervengan en las obras como si fueran autores? ¿Os gustaría decidir el futuro de algún personaje de un libro que os guste mucho o que no os guste nada? ¿Creéis que podría ser éste (el de escribir a un autor/a sobre algo que hayas vivido o sentido o imaginado) un nuevo (y quizás eficaz) método para animar a la gente a escribir?  

Aída Arango Alonso

 

VIAJAR EN UN "BARCO DE VAPOR"

VIAJAR EN UN "BARCO DE VAPOR"

Realmente nunca sé cómo empezar a escribir y creo que compartir ese pensamiento con quienes me leéis es lo más indicado para empezar este post que es, como podéis ver por el título, una invitación a viajar juntos. No será un viaje en avión, ni en coche, ni siquiera en tren… Vamos a viaja en un barco... En un "Barco de Vapor".

Estoy seguro de que este viaje será nostálgico para muchos de vosotros, como lo es para mí. En las líneas que siguen intentaré que en vuestros recuerdos aparezcan esos pequeños libros que tantísimas horas se han llevado de nuestra vida, ya sea de forma voluntaria o incluso medio forzada (más adelante explicaré esto), aunque es obvio que a tiernas edades hay que dar una especie de “empujoncito” al niño para que entre en el maravilloso mundo de las letras. Esas letras que forman palabras, y esas palabras que forman imágenes en nuestras mentes y nos hacen vivir mil y una historias, recorrer mundos reales o ficticios, conocer y comprender a personas y personajes, distintos o parecidos a nosotros, de cualquier parte del mundo. De todo esto y de muchísimo más tiene la gran culpa esa colección de libros que seguro todos, antes o después, hemos tenido en nuestras manos: la colección de literatura infantil y juvenil "El Barco de Vapor" de la editorial SM.

En mi caso fue en los años noventa, cuando tenía aproximadamente unos siete u ocho años, cuando por vez primera uno de esos libros cayó en mis manos. Estaba cursando el primer ciclo de EGB (Educación General Básica) y la profesora alzó la voz para proponernos una actividad que iba a ser semanal: cada alumno tenía que comprar 4 libros, cada uno de diferente color (blanco, azul, naranja y rojo), y los libros que comprase, además, no podían ser los mismos que los que comprasen los demás compañeros. El porqué de estas instrucciones lo descubriría más tarde. Gracias una lista elaborada por la profesora, y previo sorteo de los títulos consignados en ella, cada uno supimos cuáles iban a ser nuestros 4 compañeros de viaje.

En fin, la actividad era la siguiente: tenías una semana para leer el libro blanco. Una vez pasaba la semana, el viernes, rellenábamos una ficha en la que, si la memoria no me falla, debíamos anotar el título del libro, el nombre del personaje principal, contar qué era lo que sucedía y, por último, darle una puntuación del 1 al 10. Una vez hecho esto, teníamos que cambiar nuestro libro por el de otro compañero, y así sucesivamente, hasta leer todos los libros blancos de la clase.

En ese momento no era consciente, pero ahora, como futuro maestro de primaria y humanista, me doy cuenta de lo que la profesora consiguió gracias a esta actividad: convertirnos en lectores. Empezamos a leer un libro cada semana, pero al poco tiempo ya fueron dos, tres… ¡Creo recordar que llegamos hasta 5 libros semanales! Tenemos que tener en cuenta que la colección blanca estaba destinada a niños que se iniciaban en la lectura: en cada página no había más de cinco ó diez líneas y eran libros profusamente ilustrados con numerosas imágenes muy coloridas y explicativas.

Uno de los aciertos de la colección de "El Barco de Vapor" fue, creo yo, la codificación de sus libros por colores en función de la edad de los lectores. El primer nivel, como acabo de señalar, era el blanco, para niños de entre seis y ocho años de edad, como El domador de monstruos de la gran Ana María Machado. Sin duda, este es uno de mis libros favoritos. Prácticamente llegué a aprendérmelo de memoria, era maravilloso leerlo… Siguiendo con el recorrido de la gama cromática de estos libros, nos detenemos en el color azul. Los libros azules tenían un texto más extenso y un vocabulario mucho más variado y complejo. Recuerdo tener que preguntar alguna palabra a mis padres y apuntarla después en la ficha por no saber aún su significado. Esto me gustaba mucho: me hacía sentir que había aprendido algo nuevo que la mayoría de mis compañeros seguramente desconocían. Ya me entendéis, la competitividad de los niños… Las historias de los libros azules están protagonizadas por personajes muy canónicos, cuya peculiaridad es que viven muchas y diferentes aventuras. De esta serie azul recuerdo especialmente el libro La fábrica de nubes de Jordi Sierra i Fabra.

El tercer nivel de lectura correspondía a los libros de color naranja. Cuando llegabas al color naranja era increíble, ¡porque leías libros de mayores! Te enfrentabas, de este modo, a historias que se volvían cada vez más completas y complicadas en las que aparecían multitud de personajes, escenarios... No puedo dejar de mencionar aquí Fantasmas de día, de Lucía Baquedano. Y finalmente llegamos a la serie roja, compuesta por libros para niños de 10 a 12 años. Es lo que podríamos ya denominar como novelas hechas y derechas, historias que reflejaban la sociedad en la que vivíamos por aquel entonces. En este caso, resulta curioso, no recuerdo ningún título de manera especial. A esas edades ya empiezas a leer más y quizás por ello no retengamos en nuestra memoria de la misma manera títulos, nombres de autores, de personajes...

Me consta que la misma profesora sigue introduciendo a la lectura de este modo a sus alumnos de primaria año tras año con los libros de "El Barco de Vapor". Guardo de ella un recuerdo especial y nunca la olvidaré, aunque seguramente ella ya no se acuerde de mí después de haber dado clases a tantos niños tantos años. Inevitablemente los niños crecen y cambian; sin embargo, ella sigue igual, con la misma sonrisa de hace dos décadas, esa sonrisa con la que nos decía: "Chicos, hoy es el día de la lectura, hoy es el día de las fichas". Metafóricamente, estas fichas simbolizaban para nosotros el billete para emprender la siguiente aventura.

Cada vez que vea un libro de "Barco de Vapor", te recordaré. Y ese recuerdo me llevará a difundir estos libros y tu labor generación tras generación. Espero saber transmitir tu pasión por las letras, tu pasión por las historias, tu capacidad de imaginar con nosotros, de crear aventuras, de inventar finales.

Simplemente y para terminar quiero desde aquí hacerle llegar mi gratitud eterna a esa MAESTRA con mayúsculas. Gracias “seño”. Gracias por hacerme entender que la primera palabra que leemos en una hoja es el primer paso para emprender un nuevo viaje. Por poner la primera piedra de las letras en mí y hacerlo de tal forma que, aun habiendo tomado un pequeño rodeo por las ciencias, hoy estoy aquí, preparándome para ser futuro maestro de primaria y humanista. Si es así, es por ti.

Y cómo no, no podría acabar este post sin dar las gracias a "Barco de Vapor" y a la editorial SM por todas estas aventuras que nos han regalado y nos siguen regalando, por apostar por y confiar en los niños como lectores, por brindarles la oportunidad de leer a grandes escritores nacionales y extranjeros, por hacerles entrar en este maravilloso mundo de la lectura.

Yo voy a continuar con este legado, con esta responsabilidad, con este compromiso. Voy a seguir viajando por las páginas de los libros y a invitar a viajar a otros... ¿Cuál será la siguiente parada?

José Corchero García

EL GRAN VALOR DE LOS LIBROS EN LA ERA DIGITAL

EL GRAN VALOR DE LOS LIBROS EN LA ERA DIGITAL

Hoy quiero compartir con vosotros/as esta reflexión que hace Marta Falagán, para la auditoría y asesoría cultural del Grupo Catarsia, sobre el valor de los libros en la era digital, por si lo que ella ha escrito os invita, como me ha pasado a mí, a la reflexión:

"Son tantas y tantas las horas del día que pasamos mirando la pantalla del ordenador, del móvil... No hay desconexión. Oyes las notificaciones mientras te duchas, mientras cocinas, mientras te lavas los dientes. Las oyes, o sientes la vibración en tu bolsillo y con ella la necesidad imperiosa de volver a mirar la pantalla.

En este escenario, casi parece un milagro que alguien sea capaz de dejar a un lado sus cacharritos de luces parpadeantes durante un rato y los sustituya por la simplicidad analógica de un libro en papel. ¿Cómo conseguir desconectar lo suficiente de ese flujo constante de comunicación al que estamos tan atados como para poder sumergirnos en una novela, con toda la calma y la concentración que ello requiere?

En esta pregunta se encuentra quizá la gran aportación de los libros, de la literatura, a nuestro frenético ritmo de vida. Sin negar las bondades que ha traído consigo la era digital, es evidente que en ocasiones nos conduce hacia un consumo masivo de información que no sabemos interpretar ni podemos asimilar; hacia una falta de contexto, de profundidad. Tenemos una cantidad masiva de datos, tweets e imágenes de los que, con frecuencia, resulta imposible sacar nada en claro.

Con los libros sucede justo lo contrario. Cuando abrimos una novela, sabemos que durante los siguientes quince, treinta o cien minutos no va a existir nada más que esa historia que estamos leyendo. Quizá nos vayamos a otro lugar, a otra época. Puede que nos ayude a entender otros contextos y culturas. O lo universal de nuestros anhelos e inquietudes. Tal vez exploraremos nuevas ideas o nuevas formas de contar algo a alguien. En cualquier caso, una cosa es segura: abriremos un paréntesis de calma en el que primará la reflexión, la profundidad en el desarrollo de las ideas y el disfrute del momento presente sobre la inmediatez y el consumo masivo de datos que nos ofrece Internet.

Desde esta perspectiva, quizá los libros sean hoy más necesarios que nunca. Decía la Teniente O’Farrell, personaje de La reina del sur, que con ellos aprendes, te educas, viajas, sueñas, imaginas, vives otras vidas y multiplicas la tuya por mil. Hoy, además, nos ofrecen esa pausa para la reflexión en medio de la vorágine inabarcable que constituye la Red".

Para más información te invito a consultar la página web del Grupo Catarsia: https://grupocatarsia.wordpress.com/2017/02/05/el-gran-valor-de-los-libros-en-la-era-digital/

Sergio Haro Daganzo

CARTA A LALA JANATA BENNUNA

CARTA A LALA JANATA BENNUNA

Estimada Lala Janata Bennuna:

Le escribo esta carta para agradecerle todo lo que ha hecho y conseguido a lo largo de su vida con respecto a los derechos de las mujeres; mujeres que puedan ser libres para decidir qué rumbo escoger en su vida, que no necesiten depender de un tutor varón que las acompañe a todos lados, que puedan cumplir con sus sueños, esos tan sencillos como son conducir, leer, entrar a una cafetería, simplemente vivir, vivir sin complicaciones… Usted nos ha enseñado que por el mero hecho de pertenecer a la más alta burguesía marroquí no quiere decir que deba acostumbrarse a los lujos y no tener la necesidad de estudiar, o que deba de estar sometida a un hombre en su hogar, complaciéndole; nos ha enseñado que una mujer debe tener sus estudios, su vida, su libertad, su felicidad, y que ello no depende más que de sí misma.

Decidió tomar las riendas de su propia vida, obtener su carnet de conducir, viajar. Decidió con quién casarse sin permitir que le fuera impuesto un matrimonio a la fuerza o por conveniencia. Sin embargo, por lo que la admiro realmente es por su gran corazón y por su forma de ver la vida, esa misma que la llevó un día, mientras regresaba de su peregrinación de La Meca, a visitar Palestina, tierra tan deseada por las tres culturas y que en los años 50 le fue arrebatada a su pueblo para ser entregada a otro; un pueblo que venía de ser maltratado, torturado, perseguido, asesinado… Un pueblo que por ello centró su rabia en los verdaderos habitantes de esas tierras, en los palestinos, que tuvieron que huir de su hogar mientras les arrebataban sus pertenencias, violaban a las mujeres, secuestraban a los niños para venderlos al mejor postor…. El dolor de la Nakba, el éxodo y el genocidio del pueblo palestino; un pueblo al que se privó de su país por elección de los opresores europeos, esos mismos que ocuparon años atrás las mismas tierras, y que decidieron que ahora debían ser de otros, sin tener en cuenta los sentimientos de una nación, sin contar con el pueblo… Unos opresores que se repartieron África y Asia sobre un mapa con regla y lápiz...

Usted pudo ver eso con sus ojos y transmitírnoslo mediante sus obras, y cómo no, mediante su gran revista. Fue una mujer valiente al introducirse en un campo, el del periodismo, dominado por los hombres… Esa revista syuya, Shuruq, que mis abuelas, como otras tantas mujeres, leían en casa, puesto que hacerlo en la calle no era algo normal ante los ojos de ese patriarcado dominante de la época que venían de una situación de lucha por recuperar la identidad árabe, una lucha contra el colonialismo europeo del que tanto costó deshacerse. Sé que su manera de ver el mundo, como realmente es, ha hecho que se aleje de la escritura por largos periodos de tiempo, como ocurrió con la ocupación del Líbano por parte de Israel en 1982; pero también sé que usted no se da nunca por vencida y que siempre tiene ganas de mostrar al mundo la cruda realidad, siempre lucha porque no abandonemos el hábito que tanto nos ha costado recuperar, esa lectura por amor, por ocio o por búsqueda de mera compañía. Pero, al fin y al cabo, el leer porque uno quiere leer.

Le estaré eternamente agradecido por su valentía a la hora de adentrarse en la prensa y dar su opinión sin miedo a ser censurada o detenida en una época donde la mujer, desgraciadamente, no era más que un mero objeto para el placer masculino; pero, sobre todo, por su lucha a favor de la alfabetización del pueblo, por la educación de las mujeres y la fundación de escuelas en zonas rurales para fomentar la lectura entre las jóvenes marroquís que se iban liberando de su velos impuestos por sus familias para así seguir los pasos de las protagonistas de sus obras... Gracias, infinitamente gracias. ¡Qué afortunada es la Unión de Escritores Magrebíes al poder contar con usted!

Con mis mejores deseos, se despide atentamente,

Rida Ezzahif Chahinaoui

CARTA A MIGUEL DELIBES

CARTA A MIGUEL DELIBES

Estimado señor Delibes:

El motivo de esta carta es la realización de un ejercicio para la asignatura de Historia de la lectura perteneciente al Grado de Humanidades de la Universidad de Alcalá. Sé que en estos momentos ya no se encuentra entre nosotros y no puede leerla físicamente, pero estoy seguro que le hubiese gustado recibirla y por ello se la escribo, convencido de que, de alguna manera, la leerá.

Le ruego que continúe adelante y no se deje llevar por la primera impresión. Hay veces que se nos presentan oportunidades maravillosas nacidas de acciones interesadas, como es la ocasión. De una obligación he hallado un placer, el de poder dedicarle estas líneas, merecidas y sinceras que, aun llegando tarde, no dejan de ser un homenaje a su persona, no solo como escritor, sino como ser humano con valores y maestro de la vida.

Desde joven yo he sido lector de sus libros. Aunque ahora rayo el medio siglo ya desde mis doce o trece años tuve contacto con su literatura. Curiosamente, el hecho desencadenante poseía la misma naturaleza que el que me ha impulsado a escribirle estas letras, la obligación académica. Primero fue Las ratas, luego El camino. Ambas obras leídas para trabajos de instituto, lo reconozco. Constituían mis pasos iniciales en la literatura adulta, con los libros que nos acompañarán más tarde durante toda la vida, si llegas a amarlos. Yo así lo he hecho.

Usted fue también mi maestro, se lo hago saber, y los maestros nunca mueren, perduran en el tiempo, en sus alumnos y en sus obras. Escribía libros, y sus libros, al leerlos, escribían en mi interior. Al principio con tal suavidad que no me apercibí, en cambio ahora, tras las experiencias vividas, me doy cuenta de que calaron en mí y los rememoro consciente de su sabiduría.

La literatura, la buena, es una amante que el escritor engalana para el lector. A veces es cruel, a veces gratificante, difícil o hermética, ora se ofrece impúdica y exuberante, ora invita a la mesura y a la reflexión. Yo he viajado con la amante que usted me propuso. Algunos la verían con ojos poco favorables, más yo le confieso que siempre la vi hermosa y sabia, con una prosa sencilla en apariencia, que es el disfraz con que se disimula la complejidad de lo natural. Sus novelas son así, naturales, sin artificios, sinceramente humanas. Respeta a su lector y eso se nota, y es de agradecer.

Quiero que sepa que le considero un clásico, con el enorme peso que conlleva la palabra. Su obra habla del hombre con mayúsculas, enfrentado a los temas imperecederos de la literatura: el dominio del hombre por el hombre y la injusticia en Los santos inocentes, el hombre en y frente a la naturaleza en Las ratas, la infancia perdida y el sendero de la vida en El camino, la libertad y la conciencia junto con el amor maternal en El hereje, la tristeza y la lucha con la realidad en La sombra del ciprés es alargada, o el impresionante retrato femenino de Cinco horas con Mario.

Hay libros que al concluir su lectura y cerrarlos sientes el gusto amargo y desolador de la batalla eterna de la existencia, del mundo subyugando a la persona, de la incongruencia entre el exterior y el interior del hombre. Lo he encontrado en su obra y en El Quijote, en el final de su aventura, con Alonso Quijano apaleado y derrotado en su cama. Plasmarlo en un libro está al alcance de pocos escritores, y eso les hace inmortales.

Sin más, le doy las gracias por todo, por haberme divertido y por haberme mejorado. Le pido disculpas por la tardanza y le agradezco que me haya permitido pagar una pequeña parte de mi deuda como lector.

Miguel A. Marazuela Zapata

CARTA A GEORGE R. R. MARTIN

CARTA A GEORGE R. R. MARTIN

Estimado George Raymond Richard Martin:

Mi nombre es José Corchero García, y soy estudiante del Doble Grado en Humanidades y Magisterio de Educación Primeria en la Universidad de Alcalá, situada en la ciudad de Alcalá de Henares, en Madrid (España).

Esta carta es parte de un proyecto de la asignatura Historia de la Lectura, en la cual la profesora nos ha pedido que escribamos a un escritor que nos haya marcado por algún motivo en especial. Y bien, para un servidor, ese escritor ha sido usted.

Si le soy sincero, nunca había leído libros de ese tamaño, ni de ese estilo de narrativa. Para mí la lectura nunca ha sido una de mis pasiones, pero me apasionó la historia que usted narra, ese mundo dividido en reinos, con sus intrigas, con sus conjuras, siempre con sitios que visitar, paisajes que conocer, etc.

Una de las preguntas habituales que suelen hacerte en clase cuando eres pequeño es: "¿A qué época histórica te gustaría viajar?". Pues bien, la mía siempre era la misma, una época de caballeros, con espadas, una especie de Edad Media mejorada, por así decirlo, una Edad Media 2.0, en la cual poder viajar libremente, viviendo el día a día, superándome a mí mismo en cada problema que apareciera en mi camino y poder recorrer todo el mundo conocido.

Es gracioso cómo llegó a mis manos un ejemplar de Canción de hielo y fuego. Era una tarde de verano madrileño, estábamos a unos 40ºC aproximadamente, y vino a visitarme un gran amigo a mi casa y me dijo que tenía que ver una serie, que era algo increíble y que estaba basada en estos libros, poniendo encima de la mesa el primer ejemplar de la colección. Cuando empecé a ver la serie, realmente me quedé sorprendido, no sólo por la interpretación de alguno de los actores, por la gran producción, los escenarios... Sino fundamentalmente por la historia, era una historia que te atrapaba, que te dejaba con ganas de saber más, y así pasó.

Comencé a leer el libro y vi que el formato era muy distinto a lo que conocía, no había capítulos, ¡había personajes! Contaba la historia de cada uno de ellos y al cabo de las horas podías saber con exactitud dónde estaba cada cual, en qué momento se encontraba con otro... Algo simplemente increíble, tan distinto...

Se lo agradeceré eternamente, porque me trasladó a un mundo que adoro, con una historia, un pasado, un presente y un futuro. Un mundo en el que no es el más fuerte el que siempre gana, sino el que sabe cómo mover las fichas en la gran partida de ajedrez que se puede considerar la vida, ese mundo gobernado por el dinero, en mi opinión, referencia clara a la sociedad actual capitalista y gobernada por el gran señor que es el dinero, donde las diferencias entre clases sociales son tan abismales como lo son en King’s Landing entre los que están dentro de la Red Keep y los habitantes de la ciudad. Un mundo de fantasía, donde nada es imposible, ni siquiera regresar de la muerte, donde he podido conocer referencias históricas que nunca olvidaré, una batalla de religiones, guerras familiares, aliados, enemigos, países más o menos desarrollados que son capaces de plantar cara al más grande si juntan sus fuerzas.

Por todo eso y por todas las horas de entretenimiento que he pasado investigando sobre libros relacionados con este gran mundo que ha creado, este mundo que nos está atrapando a millones de personas día a día, que nos traslada a un mundo en el que, como dije antes, la inteligencia prima sobre la fuerza, y el valor y la honestidad son grandes pilares en vez de la codicia y la avaricia del mundo real, le doy las gracias. Gracias, mil gracias por entretenernos, por hacer que soñemos, por tenernos pendientes de la conclusión de esta maravillosa historia, la cual, segurísimo, va a pasar a la Historia de la lectura como un acontecimiento histórico sin igual, algo que nunca se olvidará. Canción de hielo y fuego se ha convertido en algo único para millones de lectores en todo el mundo y todo es gracias a usted.

Para este 2017 me propongo seguir investigando todo este mundo y leer varias de sus obras que tengo pendiente.

Para finalizar, simplemente quiero desearle lo mejor, desearle que todo siga en el buen camino que lleva hasta ahora, que siga haciendo feliz a tantas personas y, como dirían los personajes de su obra, en referencia a los siete dioses: que el Padre sea justo con su trabajo y le proporcione la felicidad que merece; que el Guerrero le dé el valor y coraje suficiente para no dejar nunca de escribir y de soñar; que la Madre le ayude a llevar las posibles críticas y malos comentarios de gente que no valora el trabajo de los demás; que la Vieja le proporcione camino y guía en los momentos más difíciles que puedan aparecer en su vida; y, por último, que el Herrero le dé la fuerza suficiente para concluir esta historia, y ya sea en un tomo, en dos o en los que necesite, la acabe historia tal y como usted la ha soñado.

Muchas gracias por su atención, atentamente.

José Corchero García

CARTA A LAURA GALLEGO

CARTA A LAURA GALLEGO

Estimada Laura:

Me llamo Juan Carlos, y soy estudiante del Doble Grado en Humanidades y Magisterio en Educación Primaria en la Universidad de Alcalá. Nunca me he considerado un lector nato, ya que cuando era pequeño no me gustaba leer, porque básicamente casi me obligaban. Leer cosas que no son de tu agrado no es una de las mejores formas para introducir a nadie en el mundo de la lectura. A medida que avanzaba en mis estudios, esas lecturas obligadas eran cada vez más aburridas, y más obligatorias, y siendo un adolescente ya no fui cogiendo cariño a eso del mundo de los libros. Es gracioso que en las escuelas y en los institutos tengan esa extraña manía de obligar a los alumnos a amar los libros porque sí, por obligación... ¿Quién decide amar a los libros? ¿Los profesores o los alumnos?

Cuando te vas haciendo mayor, la vida la vas entendiendo de otra manera, fijándote en cosas que antes no te fijabas, o descubriendo cosas que antes no te gustaban y empiezan, sin embargo, a gustarte. Eso es lo que me pasó a mí con la lectura hace exactamente un año. Es extraño que en la Universidad no te manden deberes, que no estén tan pendientes de ti como en el colegio o en el instituto, pero que te sigan mandado leer cosas aburridas... Sin embargo, a diferencia de cuando eres pequeño, puedes leer libros que te gusten, que te llamen la atención, esos libros que tú amas.

Todos esos años vacíos sin lecturas bonitas, sin ganas de leer, leyendo solamente los tweets que ponen tus amigos, se llenaron gracias a tus Memorias de Idhún. Me acuerdo perfectamente del día que compré el libro. Gran Vía, jueves después de clase. Mis compañeros y yo fuimos por casualidad a la Casa del Libro y comenté: “Tengo que leer más, voy a ver si veo un libro que me llame la atención, que mi madre me ha dado hoy dinero”. Y en la tercera planta encontré Memorias de Idhún en una edición de bolsillo.

Comencé a leer tu libro ese mismo día. Los viajes eternos de mi casa a la universidad se hacían mágicos con cada palabra del primer libro, La resistencia. Una semana fue lo que tardé en leerlo. Me pareció fantástico, mágico, lleno de aventuras, lleno de amor, lleno de ilusión. Nunca pensé que un libro para lectores de doce a dieciséis años me abriese los ojos para entender cómo leer me daba una imagen del mundo totalmente contraria a la que tenía.

Por eso te escribo esta carta, porque gracias a ese primer libro, a mis veinte años de edad, y a un parón lector de casi media vida, sentí ganas de leer y recuperé la ilusión por lo libros, ilusión que ahora se mantiene intacta cada vez que me regalan uno.

Es gracioso como un chico de veinte años sigue soñando con magia, sigue teniendo ganas de ir a esos mundos inexistentes, trasmitir a las futuras generaciones esa necesidad de leer, de no tener un vacío por dentro, porque cuando no tienes un buen libro que leer, sientes que te falta algo.

Hace un tiempo, se me ha metido en la cabeza querer ser profesor de Lengua en el colegio. No sé exactamente el tipo de maestro que llegaré a ser, pero tengo claramente el tipo de maestro que no me gustaría ser. Me pongo en un Juan Carlos del pasado, de cuando tenía diez años de edad, de esas obligaciones de tener que leer, de esos libros aburridos, y reflexiono sobre la importancia de descubrir nuevos mundos. Tengo la sensación de tener en mis manos la posibilidad de obrar un cambio, es como si tuviese la fórmula mágica de hacer un mundo mejor...

La importancia de que existan personas llenas de magia y de ilusión como tú, hace que otros tengamos ganas de crear algo mágico como Idhún, de que la palabra imposible se vuelva posible, de querer leer más y más para evadirnos de todo lo que nos rodea y encontrar en esa evasión el camino que queremos. No sé a dónde llegaré, si conseguiré mis metas algún día, pero si las consigo sé que le diré a mis alumnos: “Chicos, como lectura de este trimestre, vamos a leer Memorias de Idhún de Laura Gallego”.

Gracias, Laura, por abrirme los ojos a un nuevo mundo lleno de lecturas y por esa magia que, aunque no exista, es necesaria para vivir.

Un saludo,

Juan Carlos Gallardo Fernández

CARTA A TRUMAN CAPOTE

CARTA A TRUMAN CAPOTE

Señor Capote,

Truman, no puedo empezar esta carta de otra manera que no sea un bolero, cuyo autor padece de algo parecido a lo que te pasa a ti, pues su historia está inscrita en la memoria colectiva de las personas que conozco. Hablo de Manzanero en su analogía contigo, señor Capote. Quién no conoce el famoso Contigo aprendí… Quién no conoce la historia del asesinato en Holcomb de una buena familia, los Clutter, con las cabezas destapadas a cariñosos escopetazos. Quería decirte que contigo aprendí… Aprendí la fragilidad entre lo que popularmente se entiende como el bien y el mal. Fragilidad estéril, ya que doy por supuesta la inexistencia de tales conceptos.

Eso que llamo fragilidad, es algo que he ido asimilando y filtrando de alguna manera. Asimilar mi potencial de buen asesino, de la misma manera que pudiera hacer el medio indio Perry Smith. Ambos podemos tener la capacidad de atar cuidadosamente las manos de nuestros instrumentos de liberación que son las víctimas, apoyar sus cabezas en mullidas almohadas blancas para que estén cómodos y sufran lo menos posible cuando llegue el momento de romperlos a balazos... Por eso ya no me considero frágil, sino en perfecto estado de normalidad, porque si el medio indio pudo descargar ciertas tensiones y salir airoso de conciencia, yo también creo ser buen candidato para eso. Ser libre en conciencia como única forma de libertad. Ya no siento la locura rondante a punto de invadirme, ya no me acuerdo de Silvio Rodríguez (Si no creyera… en la locura). Siento poder torturar con cariño y evitar la violación como un triunfo personal y borrar pecaditos como acto de nobleza.

Como te decía antes, contigo aprendí… a que no son psicopatías, sino que son incipientes talentos inscritos en todos nosotros, y si no que vengan a negarlo empíricamente con alguna refutación más allá del informe psiquiátrico de algún médico. Te repito que son pequeñas cajas oscuras, pasiones recónditas de nuestros cerebritos las que nos llaman hacia la muerte ajena, un asunto casi biológico mermado por querer vivir democrática y liberalmente de forma organizativa, vivir en sociedad.

Pasaré a hablarte de un personaje que se encuentra perdido a medio camino entre la realidad y mi fantasiosa descripción. Por motivos evidentes poco tendrá en común con los compañeros y compañeras de clase. Este personaje parece cumplir los requisitos para un pequeño secuestro cariñoso, donde cuidarnos y querernos el uno al otro. No te voy a mentir Truman, sabes que en el fondo soy bueno, todos los somos. Y no somos necesariamente no malos, ya lo dijo el señor Pascual Duarte, el asesino que en el fondo tenía un buen corazón.

Te voy a hablar de Camile, de nuestro encuentro hace dos días. Es un ser andrógino de tez clara, pálida como Sacromonte a las nueve de la tarde en verano. Sentí emociones encontradas desde la diagonal del vagón. Sí, yo estaba en el tren garabateando un trocito de texto con la pierna cruzada llamando desesperadamente su atención. Sin tener aún claro su sexo percibí su intenso olor a ropa limpia. Era su abrigo largo que hacía juego con sus ojos opacos, como sin vida, como la ventana de un baño particular que deja pasar la luz e intuir el interior, pero nada más.

Mis miradas furtivas se iban sucediendo con más frecuencia intentando clasificar al personaje que tenía en la diagonal del vagón. Con el paso de las estaciones fui descubriendo su pelo corto estilo garçon y sus pantalones de pana de señor mayor. En un momento cruzamos la mirada y empecé a balbucear. Me di cuenta de que me había enamorado en el tren de camino a casa, donde me esperaba una vida tranquila con perro, facturas y una cama de matrimonio. Se nos venía encima el final de trayecto, y yo no podía hacer otra cosa más que retorcer las piernas de la forma más atractiva que se me ocurría para llamar sin éxito su atención.

Hasta que llegué a la única solución... Esperar que el destino me ayudara. Quizás un descarrilamiento o la muerte de todos los allí presentes por el estallido de una bomba, por ejemplo. Todos menos Camile y yo. Creo que la desgracia ajena me llenaría de fuerza para contemplar con nostalgia un tiempo pasado mejor (aunque hubieran sido 10 minutos atrás) y así unirme a Camile entre el olor a carne chamuscada y los escombros del tren. Mi deseo era soltar alguna gracia pseudo-intelectual sobre el destino, sobre su pelo afrancesado y conquistar su mente frágil por la desgracia. Pero el final de trayecto llegó de repente, me bajé del tren con los hombros erectos tapándome las orejas del frío alcalaíno.

Señor Capote, habrá podido intuir que Camile es un nombre inventado, ni siquiera me atreví a salir detrás suya y forzar un encontronazo en los torniquetes de salida. Salí corriendo a refugiarme en mi vida tranquila, aburrida, opaca, como sin vida.

Que sepa que todo esto se lo digo a usted como especialista en seres incomprendidos tachados de inmorales por querer desahogar de forma natural ciertas inquietudes hacia la muerte ajena. Piense en el concepto de lo natural, porque lo natural es irse al otro barrio por culpa de un pistoletazo como Larra. Lo normal es morir después de agujerearse uno mismo el paladar con cuidado y sosiego. Espero que se haya dado cuenta de que no busco más que su aprobación para cometer crímenes en el papel donde la vida me parece más real, alejada del mundo de la apariencia que, para mí, nada significa.

Tampoco he buscado la redención del suicida a través de la creación y del posterior asesinato de un personaje con el que me sienta identificado. En definitiva, soy un cobarde, señor Truman.

Un saludo para usted y una inocente carantoña a su queridísimo Charlie, nobleza en forma de bulldog. 

Pedro Verdesoto Chica

CARTA A JOANNE ROWLING

CARTA A JOANNE ROWLING

Querida Joanne Rowling:

Es un placer para mí escribir a una de las autoras más influyentes de todos los tiempos en la novela juvenil. Le escribo para agradecerle que haya creado una historia, en esos siete magníficos libros, que me ha acompañado durante toda mi infancia y hasta el día de hoy, y gracias a la cual he aprendido el significado de la amistad, del amor y del sacrificio. Su obra no solo me ha acompañado a mí, sino a millones de niños (y no tan niños) de todo el mundo. Como bien dijo la profesora McGonagall en Harry Potter y la piedra filosofal: "todos los niños del mundo conocerán su nombre". Y así ha sido, sin duda.

Usted es una de las personas más influyentes en el mundo de la lectura contemporánea, pero no solo para y por sus devotos lectores, sino que su forma de escribir ha influido en que se genere y aumente el número de autores de novela juvenil, como Veronica Roth o Cassandra Clare, quienes han recogido su testigo.

Por otra parte, uno de sus personajes que más me ha marcado ha sido el profesor Severus Snape. No he podido llorar más su muerte... Snape, ese profesor odiado libro tras libro hasta que se aclara el porqué de todos sus actos... El amor... Con él podemos aprender que no se debe juzgar a alguien de buenas a primeras, sino que hay que conocer lo que hay detrás de cada uno, el fondo de cada persona.

También el valor de la amistad es muy importante en su obra, pues usted refleja a la perfección cómo un grupo de amigos, aunque sean muy diferentes entre ellos, pueden llegar a encajar y a formar la combinación perfecta aportando cada uno una cualidad distinta y manteniendo su amistad siempre y ante todo. Referido al tema de la amistad hay una frase, tras su primera aventura junto al troll, que me encanta: “Hay algunas cosas que no se pueden compartir sin terminar unidos, y derrumbar a un troll de tres metros y medio es una de esas cosas”.

Otro de los personajes dignos de admirar en sus libros es Albus Dumbledore, gran director y gran persona que nos enseña a sus lectores a luchar para ser nosotros mismos. Otras dos de mis frases favoritas de su saga las puso usted en boca de este fantástico personaje: “Son nuestras elecciones, Harry, las que muestran lo que somos, mucho más que nuestras habilidades” (Harry Potter y la cámara secreta); “Las consecuencias de nuestras acciones son siempre tan complicadas, tan diversas, que predecir el futuro es realmente muy difícil” (Harry Potter y el prisionero de Azkaban).

A parte de por crear esta historia, este "nuevo mundo", admiro de usted la humanidad que tiene. La historia de cómo conoció a Evanna Lynch es un buen ejemplo de ello. Esta niña de 11 años, enferma de anorexia, que gracias a sus libros y a una carta que le respondió pudo encontrar el ánimo necesario para vencer la enfermedad... Además, sus sueños se hicieron realidad cuando acudió a un casting y fue elegida entre 15.000 personas para encarnar a uno de sus personajes favoritos, Luna Lovegood.

Como futura profesora que quiero ser, el colegio Hogwarts de Magia, refleja la importancia de la escuela y cómo esta marca múltiples experiencias de tu vida con profesores buenos, como McGonagall, con otros no tan buenos, como Dolores Umbridge, y con profesores que tienen una fachada de duros pero que es solo eso, pura fachada, como Snape. En toda escuela tiene que existir un feedback entre los profesores y los familiares de los alumnos, y eso lo cumple usted perfectamente en la relación con Sirius Black.

En cuanto a mi libro favorito, éste es, sin lugar a duda, La piedra filosofal, ya que en él se nota la inocencia y la curiosidad que suelen tener los niños. Además, es en el que los tres protagonistas se conocen y surge ese vínculo que no se romperá nunca, aunque pasen los años. De este libro me encantan las descripciones del callejón Diagon, del colegio… Ellas te permiten adentrarte en ese mundo lleno de magia que usted nos ha regalado. También destaco el personaje de Hagrid y cómo cuida a Harry Potter como si fuera un hijo, como si fuera alguien de su familia, tan generosamente, sin pedir nada a cambio.

Me gustan también mucho los libros cortos de esta saga, como Los cuentos de Beedle el Bardo, Animales fantásticos y dónde encontrarlos y Quidditch a través de los tiempos, ya que aun no siendo novelas, sino en el caso del primero una serie de cuentos, y en los dos últimos una recopilación de definiciones y tecnicismos, sigue logrando llenarnos de magia mediante las anotaciones o los breves comentarios que hace de o a esos tecnicismos, y es por ello que a mí me resultan también fascinantes, aunque si le tengo que sacar una pega es que son demasiado cortos...

Por último, quisiera volver a darle gracias por crear esta historia y llenar mi mundo de magia, por hacerme creer que todo es posible si lo deseas. Gracias por convencernos de que al final todo esfuerzo tiene su recompensa, y que al final siempre los buenos ganan, como Harry ganó a Voldemort. Gracias, de verdad, por recordarnos que “la felicidad se puede hallar hasta en los momentos más oscuros, si uno recuerda encender la luz”. 

Eva Gracia Iglesias

CARTA A ANTONIO MACHADO

 

A Antonio Machado 

Estimado Don Antonio Machado:

Mi nombre es Sergio Haro Daganzo, y soy un estudiante más de 2º curso del Doble Grado en Humanidades y Magisterio de Educación Primaria que se imparte en la Universidad de Alcalá, y que ha decidido escribirle una carta en el marco de una actividad desarrollada para la asignatura de Historia de la lectura.

Usted se educó en la Institución Libre de Enseñanza y conservó gran amor a sus maestros: Giner de los Ríos, el imponderable Cossío, Caso, Sela, Sama, Rubio y Costa. Creo que debe saber que el esfuerzo de la Institución Libre de Enseñanza por la educación integral y por promover, desde la cultura artística hasta las ciencias, un mundo mejor, se personifican y materializan en nuestro Grado.

Comenzaré remarcando la enorme casualidad que supone que esta carta lleve por fecha un 22 de febrero, el mismo día que usted nos abandonó hace 78 años, dejándonos, eso sí, una herencia literaria monumental, que abarca desde su intimismo simbolista y romántico, hasta su contemplación casi taoísta de la existencia, pasando por una poesía de gran compromiso humano.

Usted es una lección de dignidad política, ya que murió, en el exilio, sin renunciar a las ideas políticas republicanas y al respeto de las normas democráticas. Además, usted fue, en cierta medida, visionario de la situación que vivimos hoy: “se miente más que se engaña: y se gasta más saliva de la necesaria... Si nuestros políticos comprendieran bien la intención de esta sentencia ahorrarían las dos terceras partes por lo menos de su llamada actividad política”. Siempre me gustó ver cómo se mostró extremadamente crítico contra los malos políticos, como en su carta a Ortega y Gasset: “Barrer de la arena política a una pandilla de políticos ineptos e inmorales sería siempre una obra santa que debe aconsejarse al pueblo”.

Descubrí su poesía una primavera, hace siete años, con Campos de Castilla. Como un don singular de la condición humana y como expresión de la energía interior de la conciencia, la lengua encarna con usted dimensión que entraña una manera de percibir y expresar el sentido de la belleza profunda. Un caudal de palabras y conceptos que refieren la percepción de lo real, el testimonio de nuestra capacidad de reflexión y el poder de nuestra creatividad.

El Logos de Heráclito, que entendía la palabra como lenguaje y como concepto, o el Logos de san Juan evangelista, en cuya concepción aludía a la Divinidad, finca la visión profunda de la palabra en sus poemas. Pero, no es sino en la "Saeta al Cristo de los gitanos", donde se hunden las raíces de mi admiración hacia su figura y su arte. Con su descripción de la saeta y de la Semana Santa, mostrando su rechazo al culto, tan extendido en su pueblo andaluz, al Cristo dramático de la Pasión, clavado en la cruz y padeciendo una terrible agonía; sustituyéndolo por la imagen del Jesús que anduvo en la mar.

A la popularidad del poema, contribuyó mucho la versión musical que del mismo hizo el cantautor catalán Joan Manuel Serrat. Es por ello que he de decir que, en palabras de Góngora, “en mi aposento otras veces una guitarrilla tomo, que como barbero templo y como bárbaro toco. Con esto engaño las horas, en los días perezosos”.  "La Saeta" es la única pieza musical que siempre interpretaré siguiendo mis latidos, con cada nota, con cada palabra, en cada verso, tu voz y la mía, en cada acorde, en cada rima. Y qué decir de la versión de Camarón aportando la voz desgarrada con jondura.

Acabaré diciendo que han pasado 78 años, pero su legado sigue vivo. Antonio Machado, es usted -cual olmo seco- nuestro poeta nacional, del que más versos se leen y se cantan. Es para España lo que Paul Valéry para Francia. Sobre todo, un claro referente moral, dado su ejemplo cívico y su decidida apuesta por la educación y por la ciencia para regenerar aquella España corrupta de la Restauración. Pidió cultura y trabajo, como hacemos nosotros a día de hoy. Y nos dijo: "aprended a distinguir los valores falsos de los verdaderos y el mérito real de las personas bajo toda suerte de disfraces". Y como acaban sus versos en “A un olmo seco”, así acabaré yo mi carta:

"Antes que el río hasta la mar te empuje

por valles y barrancas,

olmo, quiero anotar en mi cartera

la gracia de tu rama verdecida.

Mi corazón espera

también, hacia la luz y hacia la vida,

otro milagro de la primavera".

 

¡Simplemente gracias!

Sergio Haro Daganzo

P. D. Invito a quienes queráis a escuchar algunos temas del espectáculo audiovisual "Antonio Machado: su voz y su mirada", de Dante Areal y Pablo Guiducci: https://www.youtube.com/watch?v=e-uEKU0K8NU

EL ASTRO DE ORIENTE

EL ASTRO DE ORIENTE

En un pueblo egipcio, donde la pobreza y felicidad iban de la mano, se estaba forjando un mito... Allí nació y creció una de las mujeres más importantes del mundo, no solo por lo que hará con su voz, sino por su implicación en la defensa de los derechos de la mujer, su lucha contra el colonialismo, el sentimiento de unificación… Ella es Fátima Ibrahim (فاطمة إبراهيم البلتاجي), conocida mundialmente como Oum Kalthoum (أم كلثوم),  “El astro de Oriente” o “La señora de la canción árabe”.

Oum Kalthoum vino al mundo en 1898 y se marchó de él un 3 de febrero de 1975, una fecha marcada en el corazón de todos. Se tiende a creer que el mundo árabe es hermético, cerrado, un mundo de misterios donde las mujeres se ocultan bajo un velo negro que, mágicamente, les hace estar calladas y sometidas al hombre, un hombre gordo, moreno y con barba, que siempre va cargado de explosivos… No, señores y señoras, no... Despojémonos de esta errónea concepción de los árabes...

Quiero contaros esta historia, la de una de muchas mujeres árabes que lucharon por el pueblo, una mujer cuyo padre era imán de una mezquita. Con siete años de edad, el padre de Oum Kalthoum la vestía de chico para que la pudiesen dejar entrar en los teatros de la época y mostrara su voz. Así estuvo durante años, hasta que, al cumplir la mayoría de edad, varios compositores famosos quisieron llevarla a El Cairo, capital de Egipto, para que pudiera actuar en los grandes salones de la aristocracia árabe, donde se daban cita personalidades como el Sha de Persia, Farah Pahlaví, Fawzia de Egipto… Cargos destacados desde Irán hasta Marruecos, pasando por grandes protagonistas del colonialismo. Oum Kalthoum denegó la oferta, quiso seguir formándose en sus estudios de literatura francesa, que podía costear gracias a sus actuaciones, para tener algo más a parte de la música, y esperó hasta los veintitrés años para aceptar la invitación de Zakariya Ahmad, un famoso intérprete de laúd. Entonces, sin ella saberlo, empezó una carrera a la eternidad, al recuerdo, al corazón de Egipto, alcanzando la fama total en los años 30 del siglo pasado.

Ella, “El astro de Oriente”, no era una mujer bella, no destacaba por su belleza, sino por su inteligencia, por su voz… No necesitaba nada más. En 1932 ya contaba con numerosas giras que le permitían visitar Jerusalén en Palestina, Bagdad en Iraq o Damasco en Siria, entre otros. Pese a la dificultad del dialecto egipcio, totalmente diferente a los demás dialectos árabes, todo el mundo la escuchaba y la entendía, se sentía su “tarab”, o lo que es lo mismo, su sentimiento, su dolor, su desgarro causado por un amor que la dejó sin un porqué, sola, abandonada. Un alma desgarrada que fue la principal responsable de su éxito, ya que gracias a ella pudo llegar al pueblo.

Su fama cada vez era mayor, sus canciones calaban en el pueblo de tal manera que todos los jueves la gente dejaba de trabajar y lo único que se oía era su voz en la radio en los zocos, en las casas, en los cafés. Le ofrecieron giras, viajes, dinero, matrimonio e incluso aviones y coches, pero jamás quiso nada que ella misma no hubiera sido capaz de ganar con su propio esfuerzo; además, quisieron introducirla en el mundo cinematográfico, como actriz, algo que ella probó, pero que automáticamente rechazó puesto que prefería un contacto más personal con su público, un público que la adoraba e idolatraba hasta el extremo de llegar a compararla con una diosa, algo no admitido por la religión islámica, que considera que solo hay un Dios.

Se situó entre los cuatro grandes del mundo árabe, siendo la única mujer. Consiguió llegar a la cima de la canción de aquel entonces vendiendo miles y miles de discos, siendo la única persona capaz de vender tales cifras en su tiempo. Era una mujer ruda, dura, nunca se cansaba, y eso daba mucho que pensar para los árabes de la época, por lo que decidió contraer matrimonio con su médico personal, con el que nunca tuvo descendencia.

En los años 40, comenzó a destacar una cantante siria, que era todo lo contrario a Oum Kalthoum: Asmahan, una princesa drusa de la aristocracia que huyó de Siria por la división territorial que esta sufría por parte de estados como Francia, Inglaterra o Alemania, que ansiaban poseer tierras árabes en Oriente Medio. Asmahan era bella, de ojos claros, musulmana drusa, siria, cercana a los lujos y a los círculos palaciegos; mientras que Oum Kalthoum era una mujer egipcia, que no destacaba por su belleza, de origen humilde, musulmana y virtuosa que ponía voz a un amor profundo y desgarrado. Entre ambas se desató una enemistad evidente.

Pero esta enemistad acabó en 1944 con el asesinato de Asmahan. Unos dicen que fue la propia Oum Kalthoum quien, con veneno escondido en un anillo, decidió envenenarla en una fiesta, aunque son meras habladurías, puesto que se ha confirmado, hace relativamente poco, que fueron los espías alemanes y británicos quienes decidieron acabar con ella, puesto que se negó a seguir colaborando con los europeos.

Oum Kalthoum siguió después de aquello cantando y llenando los teatros más importantes del mundo, siempre acompañada de su orquesta. Su espectáculo más grandioso fue en el Olympia de París en 1953, lugar al que el propio Charles de Gaulle la invitó en numerosas ocasiones y donde consiguió llenar el recinto y provocar una avalancha en el exterior, ya que muchos inmigrantes árabes se quedaron sin entrada.

En la Segunda Guerra Mundial surgió en Egipto el partido político de los Oficiales Libres, comandado por Gamal Abdel Nasser, que luchaba por la nacionalización del Canal de Suez, por la unión de todos los países árabes, por la recuperación de Palestina tras el robo por parte de Inglaterra, quien a su vez se la entregó a Israel.

Las canciones de Oum Kalthoum reivindicaban el poder de la mujer en la política, la libertad de expresión, de vestimenta, de decisión… La libertad de no depender de nadie... Gracias a ella hubo más libertad e igualdad entre hombres y mujeres, y a día de hoy, su voz sigue siendo de las más escuchadas en el mundo árabe, y sus discos, los más vendidos. Os copio aquí algunas letras de sus canciones, para que quienes no la conozcáis podáis conocerla, y algunos enlaces a las mismas en YOUTUBE, donde podréis encontrar, además, numerosos documentales sobre ella:

1) And I’ve changed little by little. I’ve changed and I couldn’t stop it. And I started forgetting my yearning to you, and hated my weakness and patience towards you. And I chose to stay away, and I learned how to become stubborn, and even abandon you. See? See what cruelty does to you? Esa´al rouhak.

https://www.youtube.com/watch?v=1VVhxBzWjbg

2) Oh you who is more precious than my days. Oh you who is sweeter than my dreams. Take me to your longing take me. Pull me away from the universe. Enta Omri.

https://www.youtube.com/watch?v=YeoF74Vu180

3) You who disparaged love, and badmouthed it over and over and said I don’t know what… The defect is in you or in your lovers… But love, oh my soul… In all the world there is nothing sweeter than love… We become tired, we are defeated, we complain, but we continue to love. Sirt el Hob.

https://www.youtube.com/watch?v=yAxdLMunCgA

Rida Ezzahif Chahinaoui

¿DESTRUIDA, DESAPARECIDA, SALVADA? LA LEYENDA DE LA BIBLIOTECA DE ALEJANDRÍA

¿DESTRUIDA, DESAPARECIDA, SALVADA? LA LEYENDA DE LA BIBLIOTECA DE ALEJANDRÍA

En un pequeño barrio del norte de África, más concretamente en Zamalek, en la poblada ciudad de El Cairo, Egipto, se narran mil historias, cuentos y leyendas que, acompañadas de los olores exóticos tan característicos del mundo árabe, como el jazmín, el incienso y numerosas variedades de especias, hacen disfrutar a niños y mayores. Si algo hace especiales y distintas estas naraciones es, sin duda, la potente voz interminable de “El astro de Oriente”, de "La señora del canto árabe”, de la grandiosa diva Oum Kalthoum.

Recuerdo perfectamente que estábamos en el sagrado mes de Ramadán, en la noche del 27 de agosto, rodeados de un ambiente caluroso y húmedo tan agobiante que apenas dejaba respirar, y que provocaba un cansancio continuo que solo apetecía acostarse en la cama. Sin más. Pero esa noche era especial, era la “Noche del Decreto” o “Leilat al Qadr”, una noche en la que el sagrado libro islámico del Qoran fue revelado al profeta Muhammad por el arcángel Gabriel o Yibril. Esta noche, más que nunca, es nuestra oportunidad para arrepentirnos de los pecados o “harams” cometidos a lo largo del año. Pedimos paz, aprobados, suerte, éxitos, alejarnos del mal… Mientras mi padre me convencía para ir a la mezquita a rezar durante toda la noche con él, como es costumbre, me fijé en una estantería situada en el salón, repleta de libros, libros que probablemente nadie haya leído. Entre ellos encontré uno muy curioso, en árabe, que hablaba del Egipto antiguo. Decidí cogerlo, pero mi padre no hacía más que meterme prisa para que subiéramos al coche y poder llegar, así, puntuales al rezo nocturno en la Mezquita voladora (donde se cuenta que el día del Juicio Final todo aquel que se encuentre en ella ascenderá al Paraíso o "Firdaws").

Mientras íbamos de camino, le pregunté al taxista, conocido de la familia, sobre cuál era su pensamiento respecto al Egipto faraónico, qué era lo que él creía acerca de las pirámides, los faraones o la mismísima Biblioteca de Alejandría… Me miró un tanto entusiasmado y a la vez sorprendido, pero rápidamente me contestó: “Todo es por culpa de los extraterrestres y los genios malignos", me dijo. En el Islam son conocidos como jinns y son entes demoníacos, invisibles, que te vigilan en todo momento para dar constancia de tus actos el día en que fallezcas y debas rendir cuentas ante Dios. No supe qué hacer en ese momento porque, aunque ahora sea una de las cosas más comunes entre los adolescentes, no creo en los aliens o extraterrestres; sin embargo, su respuesta, la de un hombre cincuentón, me resultó tan curiosa que quise indagar más, por lo que le dije que, por favor, siguiera y desarrollara su respuesta.

Elías, el taxista cincuentón, en resumidas palabras me dijo que mirase las pirámides y que, si yo era capaz de creerme que eso es una obra de la humanidad, de nuestros antepasados, hecha por esclavos hebreos y comandada por egipcios, era un iluso. Me dijo que observase muy atentamente los jeroglíficos y los misteriosos seres que aparecen representados en ellos, que me fijase en sus cuerpos zoomorfos, mitad hombres, mitad animales, sirenas, seres con cabezas de chacal o águilas… ¿Acaso es eso normal para nosotros? ¿Te encuentras eso por la calle? Claramente NO.

Esto me dio mucho que pensar... A la semana siguiente decidí ir a la pequeña biblioteca de un amigo de mi padre a ver sus interminables estantes con libros de historia nacional, geografía y religión (obras acerca de las teorías del trono de Iblis, de la existencia de los ángeles, etc.). En estos libros encontré lo que buscaba, y pude observar lo que Elías me comentó… Seres con cabezas de animales, sirenas, glifos, matanzas de niños hebreos que eran lanzados a los cocodrilos para mantenerlos en sus aguas... Pero lo más curioso para mí fueron los cráneos, la forma de las cabezas; cabezas alargadas como si de verdaderos alienígenas se tratara, con un cráneo casi interminable… Entonces, ahí estaba el amigo de mi padre para contarme las historias interminables tan características de los cafés árabes, acerca de nuestros antepasados, historias entre las que destacó la Biblioteca de Alejandría.

Todos sabemos hoy, “a ciencia cierta”, que la biblioteca pereció en el incendio del 391 ordenado por Teodosio el Grande y llevado a cabo por el cristiano Teófilo de Alejandría; sin embargo, una minoría intelectual egipcia considera que esto no fue así, es decir, que la biblioteca no ardió, sino que fue salvada.Todos, o al menos casi todos, conocemos la historia de la Atlántida... Pues algo parecido ocurrió con nuestra célebre biblioteca, según el hombre que me contó la historia, es decir, se cree que los propios habitantes de Alejandría sumergieron la biblioteca en las aguas para evitar que algo tan bello cayese en manos de los cristianos y lo destruyeran, como hicieron con toda la cultura pagana.

Al parecer, antes de sumergir la biblioteca, se tomaron y repartieron las obras más importantes que se encontraban dentro de ella… Unas se vendieron a comerciantes árabes que se dedicaban a ir de ruta en ruta, otras sirvieron como trueque, se exportaron a Roma, a Grecia... Lo más curioso fue lo que vino después... Un sector muy reducido de la sociedad egipcia, y que yo considero surrealista, prefiere creer que los propios extraterrestres que se encontraban en Egipto en aquel entones huyeron con ella a un lugar desconocido donde no se pudiera destruir. La verdad es que me cuesta creer esta última versión, aunque hay películas de ciencia ficción en las que se ve cómo las pirámides son meros OVNI que algún día despegarán...

Desgraciadamente, y por mucho que me duela, la biblioteca ardió, y ahí están las pruebas, no hay más que ir al norte de Egipto, a la ciudad que le da nombre, para comprobar que todas estas historias no son más que cuentos y leyendas que sirven para provocar misterio y duda, pero que se quedan en eso, en meras fantasías. Sin embargo, que estas historias existan creo que ayuda a que sigamos haciéndonos preguntas. Os planteo algunas de las que me he hecho yo: ¿Qué creéis que hubiera sido del mundo si esta biblioteca hubiera permanecido intacta hasta nuestros días? ¿Acaso hubiera cambiado algo? ¿Tendríamos obras de referencia que ahora ni siquiera sabemos de su existencia? ¿Nos veríamos obligados a cambiar nuestra visión sobre la Filosofía, las Matemáticas o la Geometría?

Rida Ezzahif Chahinaoui

HISTÓRICAMENTE NO HA HABIDO UNA REVOLUCIÓN EN LA LECTURA SEMEJANTE A LA DIGITAL

HISTÓRICAMENTE NO HA HABIDO UNA REVOLUCIÓN EN LA LECTURA SEMEJANTE A LA DIGITAL

El desafío y la incertidumbre del porvenir se remiten a la capacidad del texto descuadernado, del libro digital, de superar la tendencia al derrame que lo caracteriza. Así, lo único cierto es la inevitable convivencia de lo analógico y lo digital donde no se sabe cuál de los dos soportes dominará. Roger Chartier, prestigioso experto en historiografía, reclama un profundo cambio de estrategias en el mundo del libro para afrontar la nueva era analógico-digital.

Como argumenta Chartier (Lyon, 1945), en el mundo digital existe una continuidad textual que borra la inmediata diferencia entre géneros, visible en periódicos, revistas, cartas o libros. Como consecuencia, hay una yuxtaposición de fragmentos no necesariamente referidos a la totalidad textual a la cual pertenecían. A partir de ahí, el libro como creación, como identidad intelectual y estética, se desmorona. La antigua percepción de una entidad textual coherente y lógica, incluso cuando no se leen todas sus páginas, es reemplazada por una serie de datos, de fragmentos desvinculados que se pueden organizar, recomponer y asociar. Por ello, las posibilidades son inmensas y el problema es identificar las formas de discontinuidad y las prácticas de la lectura. De ahí la idea de las tablets o e-books de indicarle al lector si está al comienzo, a la mitad o en las últimas páginas del texto. De dar una cierta percepción de totalidad textual, sabiendo que el lector busca o recibe fragmentos derramados.

El libro es el resultado de una construcción histórica. A partir de la invención del códice, que reemplazó a los rollos de papiro, los textos que correspondían a esta unidad eran misceláneos. Entre los siglos XIV y XV, con Dante, con Boccaccio, empieza a haber sólo una obra dentro de un tipo de encuadernación. Es una herencia que tal vez sea hoy desafiada por la tecnología digital. 

Pero, ¿se debe comparar la revolución digital con la invención y la difusión del códice, que sustituyó a los rollos? Aquí, es el soporte de los textos lo que cambia: no se puede hojear un objeto sin hojas, no se puede hacer índices para un libro sin páginas. Todo esto no puede existir sin la invención del códice. La técnica digital revoluciona al mismo tiempo el soporte de lo escrito, las relaciones con los textos y su inscripción y difusión. Por ende, ninguna comparación histórica supone una revolución semejante a la revolución digital, que propone nuevos soportes de lo escrito y nuevos modos de lectura.

Estamos ante una realidad vacilante que obliga, asegura Chartier, a varios cambios, empezando por la propia historiografía. Todo debe ser más exigente, debido a los riesgos indomables de la Red, porque el lector fiscaliza el trabajo. Y a su vez hay que orientarlo y enseñarle a valorar y a moverse en el océano de Internet. Los historiadores tienen mejores herramientas de trabajo gracias al mundo virtual, lo que también es un riesgo porque les obliga a una mayor exigencia en la comprobación de datos, escritura o citas.

Se debe, además, promocionar la crítica como modelo de formación de buenos lectores. La crítica debe ser un juicio de presentación que dé conocimiento de lo que está en la obra. Más que adjetivar y coger el camino fácil, o decir que algo es malo o bueno, con juicios rotundos que pueden resultar más divertidos, se trata de dar elementos de juicio al lector y bases para que comprenda la obra y aprenda a valorarla por sí mismo.

Sergio Haro Daganzo.

BIBLIOTECA DE ALEJANDRÍA

BIBLIOTECA DE ALEJANDRÍA

La legendaria Biblioteca de Alejandría, la más célebre y grandiosa del mundo antiguo, la de Pérgamo, las imperiales Palatina y Octaviana, la Ulpia, fundada por el famoso emperador hispano Trajano, las deslumbrantes bibliotecas bizantinas, como la de Constantino, que seguía existiendo en 1453, o la de Santa Catalina en el monte Sinaí, la biblioteca del emperador Carlomagno, la cordobesa de al-Hakam II (a finales del siglo X), que llegó a tener 100.000 volúmenes, las primeras bibliotecas eclesiásticas y monásticas, como la de Cesarea, fundada por Orígenes en Palestina y destruida por los árabes  en 637, la famosa Escuela de Traductores de Toledo del Rey Sabio y las bibliotecas nobiliarias de finales del siglo XV que anunciaban otra época, la del Renacimiento: en todos esos lugares estuvo depositada durante muchos años la memoria más antigua de la humanidad, aquella que hoy nos permite entender nuestro pasado, "semejantes a una huella en un campo nevado" (Walt Whitman). Los manuscritos que contenían eran copiados a mano y fueron escritos por y para una élite, sin que el pueblo, que aún no había aprendido a leer, tuviera acceso a ellos.

En un cuento de 1941, el escritor argentino Jorge Luis Borges imaginó una "biblioteca universal" en la que estarían reunidos todos los libros producidos por el hombre. En sus interminables anaqueles de forma hexagonal se contenía "todo lo que es dable expresar, en todos los idiomas"; obras que se creían perdidas, volúmenes que explicaban los secretos del universo, tratados que resolvían cualquier problema personal o mundial… Presa de una "extravagante felicidad", los hombres creyeron que con ellos podrían aclarar definitivamente "los misterios básicos de la humanidad".

Sin duda, el modelo de ese sueño literario se encuentra en la célebre Biblioteca de Alejandría. Creada pocos años después de la fundación de la ciudad por Alejandro Magno en 331 a.C., tenía como finalidad compilar todas las obras del ingenio humano, de todas las épocas y todos los países, que debían ser incluidas en una suerte de colección inmortal para la posteridad.

A mediados del siglo III a.C., bajo la dirección del poeta Calímaco de Cirene, se cree que la biblioteca poseía cerca de 490.000 libros, una cifra que dos siglos después había aumentado hasta los 700.000, según Aulo Gelio. Son cifras discutidas, pero dan una idea de la gran pérdida para el conocimiento que supuso la destrucción de la biblioteca alejandrina, la desaparición completa del extraordinario patrimonio literario y científico que bibliotecarios como Demetrio de Falero, Calímaco o Apolonio de Rodas supieron atesorar a lo largo de decenios.

Sin duda, la desaparición de la Biblioteca de Alejandría constituye uno de los más simbólicos desastres culturales de la historia, comparable tan sólo con la quema de libros que siguió a la toma de Constantinopla por los cruzados en 1204 o la que tuvo lugar en 1933 en la Bebelplatz de Berlín a instancias del ministro de propaganda Joseph Goebbels; eso por no hablar del incendio de la biblioteca de Bagdad, en 2003.

Sergio Haro Daganzo.

LA OLVIDOTECA

LA OLVIDOTECA

Hace un par de días que he regresado de Murcia, donde he encontrado algo que creo que es interesante compartir en este blog. El hotel donde me he hospedado, de la cadena Sercotel, tenía un pequeño espacio reservado para sus clientes que consistía en una pequeña biblioteca con libros. Al verla no pude resistir el impulso de ir a ojear qué libros había en ella, pero más que los libros lo que primero me llamó la atención fue un cartel en el que había escrito un nombre, "La Olvidoteca", tras el cual se podía leer la siguiente información: "Una biblioteca llena de aventuras e historias vividas y abandonadas para que otros puedan recuperarlas y disfrutarlas."

Buscando información sobre este tipo de bibliotecas, y preguntando en el mismo hotel, he descubierto que existe una iniciativa de fomento de la lectura que consiste en recuperar todos los libros que la gente olvida en un hotel, voluntaria o involuntariamente. Con ellos se forman estas bibliotecas que otros huéspedes pueden gratuitamente visitar, como si de un servicio más del hotel se tratara. En ellas hay libros en idiomas diferentes y de todo tipo de géneros. Al parecer, esta iniciativa surgió en el seno de un hotel de esa cadena, Sercotel, a la que pertenecía el hotel donde yo estaba: el Gran Hotel Conde Duque de Madrid.

Esta iniciativa me parece realmente interesante, y estoy a favor de que se realice, ya que con ella se fomenta la lectura al destinarse en los hoteles un espacio a los libros, un lugar pensado para ponerlos gratuitamente a disposición de los lectores que allí se den cita. 

Aunque es cierto que muchos de esos libros, como ya he señalado, son libros olvidados por los clientes involuntariamente, tampoco faltan libros que se abandonan a propósito, como revelan las firmas y dedicatorias que tienen, muestra inequívoca de que quienes los compraron y leyeron han querido compartirlos con otras personas de manera desinteresada. 

Esta práctica de "abandonar" los libros en hoteles para que otros los encuentren tiene mucho que ver con el conocido como BookCrossing, que consta de tres reglas básicas, las llamadas "3 eRRes":

1. Read: Lee un buen libro.

2. Register: Registra/anota el libro en la Página Web del BookCrossing para que su inicial propietario sepa (le llega una notificación) que ha llegado a las manos de otro lector. La Página Web permite dejar comentarios, además, sobre la lectura.

3. Release: Libéralo. Dáselo a algún amigo o déjatelo olvidado en algún sitio (una cafetería, un tren, un hotel...). 

Estaréis de acuerdo conmigo en que "La Olvidoteca", dentro del sistema del BookCrossing, es un modo original y divertido de intercambiar libros, compartiendo así nuestro gusto por la lectura con otras personas a las que no conocemos de nada, pero que leen lo mismo que leemos nosotros.

Cristina Fernández Escudero.