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CARTA A ITALO CALVINO

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Estimado Sr. Calvino:

 

Me pongo en contacto con usted para expresarle mi más sincera admiración por su obra El barón rampante. Me ha parecido genial cómo, bajo un aspecto sencillo -el cuento de un niño travieso y respondón, que tras una rabieta se sube a un árbol y se niega a bajar-, ha conseguido plantear todo un sinfín de preguntas acerca de la vida, las normas, la moral o la libertad. Porque eso es lo que personalmente aprecio de un libro: que me haga dudar, que sea una puerta abierta al debate, tanto con los demás como, sobre todo, conmigo mismo. No puede ni imaginar cómo desconfío de aquellos autores de los que solamente puedo sacar una gran, clara y evidente conclusión. No voy a negar que éstos pueden ser también interesantes, sobre todo si vemos cómo influyeron en su tiempo o si los comparamos con otros, pero sigo siendo fan de aquellos que encierran las comparaciones dentro de sí mismos.

Y es que la vida de Cosimo, que usted narra de principio a fin en El barón rampante, es tan irracional, pero a la vez tan lógica, que obliga a reflexionar sobre la vida real: sobre quién soy, quién quiero ser, qué camino (o rama) escoger -la establecida, una más rebelde, ¿es mejor una que otra o no son tan opuestas?-. Yo tengo mi visión. La persona que me recomendó su libro tiene otra muy distinta y supongo que encontraré tantas versiones como lectores hayamos compartido su obra.

Me despido de usted con la firme promesa de volverle a escribir (espero que para felicitarle de nuevo) una vez lea las otras dos obras que conforman la trilogía de Nuestros antepasados, estoy hablando, cómo no, de El vizconde de mediado y El caballero inexistente. Ya las he encontrado en la Biblioteca de la Facultad donde estudio, en la Universidad de Alcalá, y creo que me atreveré con la edición en italiano. Siempre se pierden matices con las traducciones y para un idioma que conozco no estaría mal que lo pusiese en práctica. Vaya, no tenía que habérselo comentado, ahora me siento un poco mal por no haberle escrito en su propia lengua.

Le deseo lo mejor y vuelvo a darle las gracias por hacerme disfrutar a la vez que filosofar y por concederme un poco de su tiempo leyendo estas humildes líneas. Solamente me queda esperar que la carta llegue sin problemas. No sé cómo funcionará la Posta italiana del Más allá, pero como funcione igual que la del Más acá, será mejor contactar con usted por teléfono.

 

Un saludo,

Javier Fernández.

05/06/2009 13:19 Autor: Verónica Sierra Blas. Enlace permanente. Tema: Historias de lectores No hay comentarios. Comentar.

CARTA A ANA MARÍA MATUTE

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Querida Ana María:

  

Soy una estudiante de Historia a la que le gusta mucho la literatura de los siglos XIX y XX. He leído prácticamente toda su obra. Empecé desde niña con sus cuentos y tanta huella dejaron éstos en mí, que seguí leyendo sus novelas. Mi abuela me leía sus cuentos. Los que más me gustaron fueron: «El Saltamontes Verde», «El Polizón del Ulises», «Caballito Loco», «Carnavalito»..., realmente todos me gustaron, porque me hacían soñar, incluso aunque era niña me hacían reflexionar.

De sus novelas (Pequeño Teatro, Los Abel, Primera Memoria, El Tiempo, A la Mitad del Tiempo, La Torre Vigía, Olvidado Rey Gudú...) aprendí lo complicado que es tener esperanza cuando estás sumergida en una Guerra Civil. Aunque nunca he vivido una guerra de cerca, en sus obras es muy fácil penetrar en el interior de los personajes e identificarse con algunos de ellos. Me he sentido en muchos momentos, mientras leía sus novelas, partícipe de ellas, como si estuviera dentro del libro. Esto es, precisamente, lo que me cautivó de toda su obra.

En un momento dado de mi vida, en el que tuve que enfrentarme a una enfermedad, volví a leer sus cuentos, los cuentos que había leído de niña. Uno de ellos, «El Saltamontes Verde», me ayudó a no perder la esperanza, como el niño protagonista, Yungo, el cual no tenía voz y fue a buscarla, y nunca perdió la esperanza de encontrarla. Esto me enseñó que, aunque estuviera enferma, tenía que seguir adelante, como Yungo, y que la felicidad no estaba en el fin que yo buscaba (curarme), sino en aprender de mi enfermedad y ayudar a los demás, ser un testimonio de ánimo para los que me rodean. Y como dijo Benito Pérez Galdós, en su obra Marianela: «¡Adelante, siempre adelante!».

Muchas gracias por todo lo que he aprendido de usted y de su obra y por los momentos tan maravillosos que me han hecho pasar sus cuentos y novelas.

 

Con todo mi cariño,

Mª Carmen.

 

03/05/2009 14:18 Autor: Verónica Sierra Blas. Enlace permanente. Tema: Historias de lectores No hay comentarios. Comentar.

CARTA A VÍCTOR HUGO

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Estimado Víctor Hugo:

Soy una estudiante de Filología Hispánica. Elegí esta carrera porque desde pequeña me han gustado mucho los libros y a lo largo de mi estancia tanto en el instituto como en la universidad he podido leer todo tipo de libros de diversos autores. Sin embargo, mi afición por la lectura se afianzó por completo en mí cuando en 1º de Bachillerato me leí para clase de Historia Los Miserables. Hasta entonces no había leído ningún libro sobre la Historia de Francia y las revoluciones burguesas del siglo XIX. Mi profesora me recomendó que, a partir de la lectura del libro, realizara un trabajo sobre los temas tratados y, gracias a ello, pude tener una visión mucho más cercana y objetiva sobre aquella época.

A partir de esa lectura decidí leer otros libros suyos y, por eso, me compré Han de Islandia, que era totalmente diferente a Los Miserables. Gracias a este libro tuve una visión mejor de la novela de aventuras del romanticismo y me sirvió para leer otras del género.

Al cabo de un tiempo descubrí otro libro suyo sobre la Revolución Francesa que recordaba bastante a Los Miserables. Así que, a pesar de que me costó mucho encontrarlo, decidí hacerme con el Noventa y tres y leérmelo. La verdad es que me gustó muchísimo, porque el reflejo que se hace en él de la etapa del Terror en Francia es bastante detallista y refleja muy bien los dos bandos enfrentados que se establecieron en Francia tras la ejecución de Luis XVI y el odio existente que había en esa sociedad. El final me pareció desgarrador, pues muestra cuál es el resultado que provoca este odio entre personas que están dominadas por un rencor absoluto y que han sufrido una tiranía durísima a lo largo de los siglos. Sin embargo, también me pareció que el toque humano que del libro se desprende nos permite comprender mejor que detrás de toda la política y las ideologías están las personas, que son las que finalmente deciden su futuro y realizan los actos, ya sean buenos o malos.

Por último, sólo decirle he recomendado a compañeras de la universidad que también leyeran todos estos libros y la verdad es que, de momento, a todas les han gustado.

Un saludo,

Raquel Navarro.

27/03/2009 14:22 Autor: Verónica Sierra Blas. Enlace permanente. Tema: Historias de lectores No hay comentarios. Comentar.

CARTA A ALBERTO VÁZQUEZ FIGUEROA

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¡Buenas, Don Alberto Vázquez Figueroa!:

Uno de los últimos libros que leí suyos fue Tuareg, y créame, me hizo ver cómo en algunos pasajes del libro aparecen los obstáculos que, en determinados momentos de la vida, se le presentan a las personas, y cómo éstas deben sobreponerse a ellos, ya que el ser humano, creo yo, está hecho para responder ante el sufrimiento y los grandes retos.

Para el Tuareg es primordial la familia, con quien vive en el desierto, así como lo es para las personas en general. A sus huéspedes los trataba también como si fueran de su familia, tal y como se demuestra cuando se entera de que los franceses han matado a uno de sus huéspedes y él promete vengar su muerte. Y le digo esto para enlazarlo con la otra parte de esta carta que le remito. Porque la familia te ayuda, te aconseja, en fin, lo es todo, pero ¿y los amigos? Los amigos son como los huéspedes para los Tuareg: muchas veces hay que tratarlos como si fueran de la familia, ya que están ahí tanto para lo bueno como para lo malo. Y como el jefe de los Tuareg, que pone en juego su vida para vengarse de los franceses, así habrá que hacer con los verdaderos amigos, estar ahí también, defenderles y protegerles siempre.

Al igual que describe usted cómo el Tuareg tiene que pasar las distintas penurias y adversidades en el desierto y cómo se las ingenia conociendo el terreno para sobreponerse a todo el ejército de los franceses engañándoles y consiguiendo llegar a la ciudad, en la vida hay también retos que hay que ir superando con esfuerzo y tranquilidad… Durante este último lustro es cuando más ha cambiado mi vida, puesto que he tenido que hacer frente al fallecimiento de mi padre hace cinco años por un cáncer fulminante. En estos años me he sobrepuesto a eso y a mucho más. Y en diciembre de 2007 operaron a mi madre de otro cáncer con éxito, pero a primeros de febrero de 2008 la tuvieron que volver a operar de urgencia por otras complicaciones y falleció. Mi madre era la que siempre me acompañaba de un sitio a otro. Aunque la vida es dura (como lo fue en otro sentido la del Tuareg) y todavía me está costando reponerme, me levanto y me digo: «Algunos sueños se han truncado, sí, pero entre otras cosas intentaré conseguir la mayor autonomía posible por mí y para que se sientan orgullosos todos los que me rodean y me apoyan». Y con esto no quisiera parecer una víctima.

Me gustaría darle algunos detalles más. Siempre he sido feliz y lo soy, pero con todo esto me empecé a dar cuenta realmente de mis limitaciones y de las consecuencias que conllevaba no tener a mis padres, como el hecho de que tenga que depender para pequeños detalles de una tercera persona. Y esto me lleva a otro tipo de pensamientos relacionados con la discapacidad, porque cuando estás en la etapa de niño no te das cuenta de estas cosas y en la adolescencia es cuando ya te vas percatando de que no puedes seguir el ritmo de otras personas. Cuando piensa uno en todas esas cosas es cuando se viene un poco abajo y se frustra consigo mismo, como a mí me ha pasado.

Se preguntará usted porque le cuento todo esto, pues bien, me ha parecido interesante relacionar algunos aspectos de su libro con las cosas imprevistas que puede depararle la vida a una persona. Por eso siempre intento tener una sonrisa, pues eso ayuda a sentirse mejor, a intentar hacer cada día más amistades y superarse cada día más y más, ya que la vida no deja de ser una carrera que nunca termina.

Para terminar, y aprovechando para despedirme, le quería dar las más sinceras gracias por darme la oportunidad de escribirle esta carta y mostrarle en ella mis sentimientos, así como por encontrar un hueco, espero, para leerla. Tendría que agradecer tanto que no sabría como pagarlo, pero lo resumo en dos líneas: MI HERMANA, que sin ella habría estado bloqueado durante mucho tiempo, y tanta y tanta gente que por fortuna la tengo ahí. Todos ellos son la razón por la que cada día me levanto con una sonrisa (aunque a veces sea difícil) y vivo y disfruto de cada momento.

Reciba un cordial saludo,

Daniel Archilla.

27/03/2009 14:07 Autor: Verónica Sierra Blas. Enlace permanente. Tema: Historias de lectores No hay comentarios. Comentar.

CARTA A NIETZSCHE

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Querido Nietzsche:

 

Es un poco difícil expresar todo lo que he sentido al terminar de leer tu Anti-Cristo, pero sí te puedo decir, sin miedo a equivocarme, que es una de las obras más impresionantes que he tenido la oportunidad de leer en toda mi vida. Antes de nada quiero decirte que me parece un acto de coraje y de gran determinación escribir una obra como es el Anti-Cristo y que creo que toda la filosofía de vida que está implícita en el libro es ciertamente inigualable en los tiempos modernos. ¿Es adecuado que el hombre siga viviendo una vida que no quiere? ¿Es moral que el hombre reniegue de sus deseos más íntimos? ¿Hasta cuándo seguiremos viviendo en la mentira y en la hipocresía? La religión sólo es una forma de esconder la individualidad del hombre. ¿Es que la vida del ser humano es únicamente un retorno a sí mismo? Desde que nacemos hasta que morimos nos engañan de una forma absurda. Tu forma de pensar en las cosas más íntimas del ser humano es, estoy seguro, la misma que la de muchos hombres, pero lo que te diferencia de ellos es que tú eres capaz de expresar con palabras lo que muchos apenas consiguen sentir. Y es por eso por lo que creo que estás entre aquellos a quienes llamamos genios.  

André Rocha

07/03/2009 14:45 Autor: Verónica Sierra Blas. Enlace permanente. Tema: Historias de lectores No hay comentarios. Comentar.

COMPRAR FRUTA Y LEER

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Ayer por la mañana fui a la frutería, a mi frutería. Es una frutería pequeña, de barrio, de estas fruterías de toda la vida, donde te conocen y siempre te dicen la verdad sobre lo que compras. Nada más abrir la puerta me quedé sorprendida. Mientras trataba de recitar de memoria y en silencio la lista de la compra a la que iba entrando vi, en la pared de la izquierda, un puestecillo de libros. Unos 15 ó 20 libros en una mesita en mi frutería. Le miré al frutero con ojos interrogantes y sin llegarle a preguntar nada me dijo: "son de un señor que vivía aquí arriba, justo aquí, en el segundo, y murió el hombre la semana pasada, estaba solo, y me pidió que repartiera sus libros, que se los regalara a quien quisiera porque le daba pena tirarlos y seguro que podrían servirle a alguien, así que, pues se me ocurrió ponerlos en la frutería y que cada cual los fuera cogiendo según quisiera". Así que compré manzanas, tomates, limones, kiwis, plátanos y mandarinas y me llevé "Bajo las ruedas" de Herman Hesse. De camino a casa, con el libro en la mano, pensé en cómo este señor, cuyo nombre ni conocía, habría ido reuniendo esa pequeña biblioteca personal a lo largo de su vida y cómo ahora ese conjunto a su muerte se estaba dispersando en manos desconocidas que se levantaban una mañana para comprar fruta y acababan el día en el sofá de su casa con un libro nuevo en la mano que había sido propiedad de un señor al que ni siquiera llegaron a conocer. Si los libros hablasen.

25/02/2009 13:33 Autor: Verónica Sierra Blas. Enlace permanente. Tema: Historias de lectores No hay comentarios. Comentar.

CARTA A DON MIGUEL DE UNAMUNO

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Estimado Don Miguel:

 

No crea usted, como don Augusto Pérez en el capítulo XXXI de Niebla, aquél que fue a verlo para consultarle acerca de la decisión de suicidarse, que le escribo esta misiva bajo las mismas circunstancias. No quiso usted salvar a su “pobre ente de ficción” en aquella ocasión; no creo que, aunque quisiera, pudiera hoy disuadirme de tomar cualquier determinación. Mi propósito es otro.

Leí Niebla por primera vez hace más de 20 años, cuando estudiaba Letras. Ahora, coincidiendo con mi estancia en España para estudiar el doctorado, he releído su novela y tanto entonces como ahora, Señor Unamuno, siento la misma sensación: hay algo en su actitud como autor que no termina de convencerme.

Ya en el prólogo mismo, escrito por un personaje de la novela, Víctor Goñi, el gran amigo de Augusto, el lector nota que algo extraño sucede (aunque a no todos les pasa lo mismo; hubo un editor que en la referencia bibliográfica añadió a Goñi como prologuista). Sigo avanzando en el relato y leo que es usted quien escribe el post-prólogo, lo cual no sería nada raro si se considerara que, en general, el autor de una obra puede escribir esa parte del libro, pero aquí me encuentro con que usted se altera por las indiscreciones de su personaje y además refuta sus dichos. Dice que no fue Augusto quien se suicidó, sino usted quien lo mató. Y además, le anticipa al pobre de Víctor que si se fastidia mucho, hará con él lo mismo que con Augusto, es decir, lo dejará morir o lo matará. Demasiada omnipotencia de su parte, Señor Unamuno.

Lo mismo ocurre cuando Augusto va a verlo a Salamanca. A pesar de los ruegos del desgraciado, que al principio quería terminar con su vida, pero ante la inminencia de la muerte pide por su salvación, se equipara usted con Dios, quien según su propia afirmación, cuando no sabe qué hacer con nosotros, los seres humanos, nos mata. Así es que usted le niega el suicidio y decide matarlo. Demasiada soberbia. No se olvide de que, como bien le dice Augusto, los autores no pueden hacer lo que les dé la real gana, tienen que seguir la lógica interna de su propia obra. Asimismo, y esto también lo refiere Augusto, podría ser que fuera usted y no él el ente de ficción, el que no existe en realidad. Tal vez los autores son sólo eso, pretextos para que las historias de ficción lleguen al mundo de los lectores.

Por eso, señor Unamuno, a esta altura de mi propia existencia y a tantos años de su muerte, quería aconsejarle dejar a un lado la soberbia, olvidar la omnipotencia y considerar tal vez la idea de que, si tuviera oportunidad de hacerlo, podría perdonarle la vida a Augusto y darle la oportunidad de vivir, aunque sólo fuera para envejecer junto su fiel perro Orfeo.

Espero no haberlo incomodado. Si me preguntara la razón de esta carta, podría asegurarle que la desconozco, tal vez simplemente sea para no caer también yo, como lectora, bajo la maldición de Augusto, que al final de ese último capítulo, cuando se da cuenta de que ha rogado en vano por su vida, dice con amargura:

 

“Pues bien, mi querido señor creador Don Miguel, también usted se morirá, también usted, y se volverá a la nada de que salió… ¡Dios dejará de soñarle! […], se morirá usted y se morirán todos los que lean mi historia, todos, todos, sin quedar uno!”.

 

Lo saluda respetuosamente,

 

Una lectora.

25/02/2009 13:28 Autor: Verónica Sierra Blas. Enlace permanente. Tema: Historias de lectores No hay comentarios. Comentar.
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