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A Gloria, que nos enseñó el poder de sentir

A Gloria, que nos enseñó el poder de sentir

* Carta enviada a la Fundación Gloria Fuertes a como parte de la actividad académica "Carta a un autor/a desconocido/a", en el marco de la asignatura Historia de la Lectura. 

Querida Gloria:

Quería escribirle esta carta y así poder expresarle mi más honesta admiración. Sus poemas me acompañan, como si alguien me abrazase el corazón. Siento que sus palabras siguen vivas en cada verso que leo. A ti no te gustaba que te tratasen de usted, así que a partir de ahora intentaré no hacerlo.

Vivimos en un tiempo que asfixia. Se nos empuja a correr, a resistir, a no quebrarnos nunca. Se nos dice que sentir demasiado es una debilidad, que la pasión debe moderarse para no incomodar. Y yo me pregunto: ¿cuándo sobra una emoción?, ¿qué sería del ser humano si dejase de sentir?

El amor mueve al ser humano; sin embargo, silenciamos la ternura para no parecer ingenuos, silenciamos la pasión por miedo a desbordarnos, al igual que silenciamos el dolor para no parecer frágiles. Mientras tanto, el mundo se llena de guerras, de injusticias, de soledades que pasan desapercibidas, y me angustia pensar dónde queda el amor cuando dejamos de acompañarnos, cuando miramos hacia otro lado, cuando nos acostumbramos al sufrimiento ajeno. Como decías en uno de tus poemas: “No disparar donde haya niños. Stop. En el cielo no necesitamos más ángeles. Stop.” Ojalá se haga caso algún día a tus palabras.

Corremos tanto que olvidamos mirar el camino, y en el camino hay vidas enteras desplegándose sin ruido, cada una con su historia. Al ser humano lo acompañan el amor y el dolor. Ambos nos mueven y nos detienen; con ellos empezamos, cambiamos y nos transformamos. No hay amor sin dolor, no hay ser humano sin los dos.

Yo me siento humana a través de la poesía. En ella me escucho; en ella dejo que mi corazón hable sin miedo; en ella me permito amar y sangrar. Agradezco poder seguir sintiendo, seguir emocionándome, seguir creyendo que esa capacidad de conmovernos es lo que nos hace humanos y lo que nadie debería arrebatarnos.

Creo, Gloria, que todos somos poetas. Algunos, quizá, viven con más miedo; otros corren demasiado deprisa para detenerse a sentir. Pero estoy convencida de que, en el fondo, todos albergamos ese lugar donde el mundo nos duele y nos maravilla al mismo tiempo.

Si algo he aprendido de tus poemas, es que sentir es un acto de valentía. Y que, pese a todo, vale la pena seguir haciéndolo.

Tus poemas de amor y desamor me han acompañado en momentos en que no sabía cómo nombrar mis sentimientos, y cada verso tuyo me devuelve algo que creía perdido: la capacidad de sentir con libertad y de escribir desde el alma. Como a usted le pasaba, a mí tampoco me cuesta trabajo escribir; siempre que se hace desde el corazón, parece que las palabras ya estuviesen escritas de antes. Necesitaban ser escritas, solo fluyen.

Me gustaría algún día poder abrirme ante el papel y compartir mis sentimientos con otros, acompañando a las personas con la misma fuerza y cercanía que lo haces tú. Gracias por devolvernos la ilusión de escribir, de emocionarnos y de conectar con lo más profundo de nosotros mismos. Gracias por poner en palabras lo que el corazón no es capaz de decir.

Con el corazón agradecido,

Lucía Checa Hernández.

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