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Entre tinta y pensamientos

Entre tinta y pensamientos

Escribir, poner palabras en un papel. Suena a algo tan simple... Y es que, hoy en día, ¿Quién no sabe escribir? Escribimos para todo, todo el rato, y nos quejamos cuando tenemos que hacerlo. Sin embargo, escribir es mucho más que un acto mecánico, o al menos, así lo veo yo.

Desde pequeña siempre he sido “la escritora” de la familia. Me pasaba el día escribiendo cualquier cosa: cartas a mi familia, mi diario, cómo había sido mi día o en qué estaba pensando. Mis trabajos favoritos siempre eran aquellos en los que había que escribir, y no sé la cantidad de historias y “libros” sin terminar que hay por mi casa. Siempre recordaré cómo mi profesora de primaria, Vivi, me insistía en que se me daba muy bien y que no dejara de hacerlo nunca. Y no lo he hecho; parece absurdo, pero sigo teniendo un diario en el que escribo siempre y que voy cambiando cuando termino.

Siempre he sido muy tímida y una persona a la que le cuesta hablar. Supongo que la escritura para mí era una vía de escape, una forma de poder expresarme sin tapujos y hacerlo con mucha más facilidad que hablando con una persona. Por lo general, la gente que me conoce siempre ha sabido que me gusta escribir. Todos han recibido alguna carta mía, aunque me hace gracia como esto todavía sorprende a alguna amiga que he conocido más tarde, en la universidad; quizá solo conocían a la “Malena divertida”, pero esta también soy yo.

Muchas veces mi madre me preguntaba qué escribía, y la verdad es que lo escribo todo. Por un lado, me gusta tener por escrito el transcurso de mi día a día, pues me da pánico la idea de que se me puedan olvidar los buenos momentos y me encanta releer y recordar por lo que he pasado. Por otro lado, lo que más me gusta escribir es lo que tengo en la cabeza. Esto es algo que recomiendo a todo el mundo, y alguna amiga ha seguido mi consejo. Cuando alguien me dice que lo está pasando mal o que no deja de darle vueltas a algo, mi consejo siempre es que lo escriba. Escribe eso que tienes en la cabeza todo el día y no te deja tranquila, desahógate en el papel y suéltalo todo. Normalmente, cuando termino, cierro mi libreta y no la vuelvo a leer. Me ayuda muchísimo a despejar la mente y aclarar mis ideas. Aun así, de vez en cuando me gusta leer lo que escribí hace unos años, ver las preocupaciones que tenía en ese entonces y cómo me parecen tonterías hoy en día.

Creo que escribir es una cura para el alma. Me ha ayudado tanto, en tantos momentos de la vida, que muchas veces no sé cómo explicárselo a alguien que no lo hace. Mi único objetivo con estas palabras es dar un consejo: escribe. Quizá, si no lo has hecho nunca, te cueste un poco más o te de pereza, pero hazlo. Creo que la escritura es algo fundamental y que nos une a todos. Escríbele una carta a tu madre recordándole lo mucho que la quieres y todo lo que te cuesta decirle en persona, escríbele a tu amiga contándole cómo te hace sentir o qué es lo que te pasa. Por último, escribe para ti, coge una hoja y empieza a escribir, sin pensar, habla contigo misma, y verás cómo aprendes y te conoces mucho más de lo que soñabas.

Malena Benito

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