EL IDIOMA QUE SÉ GRACIAS A TI

Querido Julio Cortázar:
No sé si esta carta llegara tarde o si, en algún rincón del tiempo, sigues desordenando palabras y jugando con realidades como solo tú sabes hacerlo. Pero no importa. Quiero escribirte como si fueras a leerme, como si en algún momento de este extraño tablero llamado existencia nuestras líneas pudieran cruzarse.
Te descubrí en un instante en el que necesitaba aprender a mirar el mundo de otra forma. No sé si lo sabías, pero tus palabras tienen la manía de meterse en la piel, hacer cosquillas en el pensamiento y abrir puertas que uno no sabía que existían. Fuiste pona mi más que un escritor; fuiste un cómplice, un maestro en el arte de romper estructuras y demostrar que la literatura no es solo contar historias, sino vivirlas de una forma nueva.
Con Rayuela aprendí que la vida puede leerse en desorden y seguir teniendo sentido.
Can tus cuentos, entendí que la magia se esconde en los rincones más cotidianos, en un axolotl atrapado en un armario o en una autopista que no tiene fin.
Me enseñaste que la realidad y la fantasía no son opuestas, sino amantes que se encuentran en cada página.
Tu escritura me ha acompañado en días luminosos y en noches de dudas. Gracias por cada palabra, cada historia, por cada universo que creaste y que sigue vibrando en quienes te leemos.
Dondequiera que estes, espero que sigas jugando.
Can gratitud y admiración,
Lucía García-Blanco Mansilla
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