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Leer y reflexionar

ANOTACIONES AL MARGEN

ANOTACIONES AL MARGEN

Es evidente la importancia de las anotaciones al margen en los libros para obtener de ellos informaciones imposibles de obtener en ninguna otra documentación acerca de los usos de la escritura, de las distintas formas de desarrollo o génesis del pensamiento, y sobre todo de los modos de leer, de cómo los lectores construyen los significados de sus lecturas, asumiendo lo escrito como suyo, transformado en idea lo que pasa a formar parte de su mente y de sus reflexiones, acciones, creencias y comportamientos vitales. Es, por tanto, crucial el diálogo que se realiza entre lo que se escribe, lo que al margen se anota, y lo que se lee. Porque lo que el lector anota en esos márgenes construye un nuevo texto, que enriquece al anterior.

Hoy en día vivimos una transformación de los hábitos de lectura, sobre todo a causa de las nuevas tecnologías, como Internet, y especialmente los ebooks en lo que se refiere al mundo editorial, antes sólo de papel. Esto supone un enorme cambio, no es algo intranscendente, puesto que transforma nuestros comportamientos lectores, incorpora nuevas formas de pensar y produce nuevas acciones culturales. Esto me lleva a pensar en que, todas estas transformaciones, pueden suponer ganancias o pérdidas, depende de cómo se interpreten. Sin duda, el libro electrónico y la página digital llevarán a perder la costumbre de anotar nuestras ideas en los libros. O si no se pierde, desde luego tendrá lugar una adaptación de esta práctica a los nuevos formatos electrónicos e informatizados: ¿realizará el lector  anotaciones en un archivo de Word, a través de portátiles u ordenadores? ¿O en formato oral mediante grabaciones en dispositivos como los móviles? ¿O los nuevos dispositivos de lectura acabarán incluyendo, si es que no lo han hecho ya, la opción de que el lector escriba? Incluso, yendo más allá... ¿podrán las notas al margen convertirse en lecturas orales y generar debates y tertulias on line o en vivo? De hecho, esto no está tan alejado de la realidad actual, cuando podemos asistir constantemente a conferencias y debates en torno al mundo del libro y de la lectura, en las que el autor, por ejemplo, presenta su libro y el público dialoga y pregunta sobre el mismo. Quizás evolucionemos a entornos dónde el autor lea en público su obra, presencialmente o a través de la pantalla, y toda la audiencia comente esas "notas al margen" de forma oral, quedando registradas con una grabación en vídeo del evento. Independientemente de todo, esto no compromete las ideas particulares de cada cual, aquellas que una lectura, hecha o no en silencio, les sugiera, realizadas sobre un soporte digital. Ni tampoco descarta la opción de una mezcla de formatos, clásicos-modernos: puede leerse en pantalla y, al tiempo, tener al lado un cuaderno donde anotar o hacer esas anotaciones en otro fichero que pueda abierto al tiempo que el que leemos y donde anotemos todo lo que queramos.

Toda esta reflexión viene a colación de un artículo publicado en el periódico El País el pasado 17 de marzo de 2011, en el que se reflexiona sobre los cambios electrónicos que afectan al mundo de la lectura y del sector editorial, haciendo referencia a las anotaciones que durante años han realizado los grandes intelectuales del planeta, desde Darwin hasta Mandela. Puede consultarse en www.uco.es/servicios/comunicacion/dossier/item/download/71611.

Bárbara Medina de Francisco

SORPRESA EN LA EVOLUCIÓN DE LA LECTURA

Únicamente quiero hacer un pequeño comentario sobre la evolución de la lectura una vez terminada la asignatura. En mi opinión, a medida que han ido pasando los años ha cambiado radicalmente la concepción de la lectura tanto por parte del lector como del escritor. En estos tiempos, se lee por pura diversión, por entrenerse y por involucrase en historias ajenas. Ha pasado a un segundo plano toda aquella lectura más reflexiva y de opinión, o simplemente la basada en hechos políticos o de pensamiento. Ésto ha sido potenciado, fundamentalmente, por la enorme aparición de escritores comerciales, que narrando con bastante menor calidad, han derivado sus trabajos a una concepción más ociosa de la lectura. Ahora hay libros para todo tipo de públicos, de todo tipo de temas y de todo tipo de escritores. El aspecto comercial se agranda por las innumerables versiones en el cine de múltiples novelas y el profundo surgimiento de trilogías y series de novelas de un mismo personaje.

Sorprende el lugar donde se produce la lectura en estos tiempos. Ya no se considera un acto de soledad, en un cuarto a media luz y en profundo silencio; o un acto de relax, en un campo con el píar de los pajaros como compañía. No, ahora montas en transporte público y encuentras lectores por doquier, que unen la lectura al tiempo que tardan en llegar al trabajo, luego en casa se olvidan del libro y lo retoman al día siguiente, a la misma hora y con el mismo ruído. ¿Se pierden las costumbres o disminuye el tiempo el libre para leer? ¿Por qué leer si lo puedo ver en el cine?  Sin embargo, ahora se hacen más libros, proliferan los escritores y los tipos de lectores y la tecnología va haciéndose hueco en este tradicional arte. Realmente, ¿ha mejorado o empeorado la lectura? ¿O simplemente ha evolucionado con el tiempo?

David Sánchez-Talavera Martín.

CAMBIOS EN LA IMPORTANCIA Y CONCEPCIÓN DE LA LECTURA

CAMBIOS EN LA IMPORTANCIA Y CONCEPCIÓN DE LA LECTURA

Es cierto que el carácter de la lectura ha cambiado, en el siglo XIX  los libros eran un bien preciado y el poseer libros daba un cierto prestigio social, las bibliotecas personales crecían y eran reflejo de los propios individuos.

 

Esta situación ha cambiado hoy e incluso en edades adolescentes parece que leer libros te convierte en “el raro”. Que fuera de los círculos de la Universidad muchos tengamos amigos que no leen nada y los intereses de los jóvenes se centren ahora en otras vías refleja que, en cierto modo, se ha perdido ese prestigio que concedía el libro y que conceden en la actualidad, por ejemplo, los coches.

 

Sin embargo, esta pérdida de prestigio de la lectura no significa que la lectura no tenga una función y un poder. El poder de la lectura es que nos llega a hacer independientes, nos hace pensar por nosotros mismos, nos aparta de las redes que nos tienden, es lo que quizá teman quienes “mandan”. Por ello, a pesar de la pérdida del prestigio social que tenía la lectura en el siglo XIX o en otras épocas anteriores, hoy su poder reside en hacernos un poco mas libres.

 

Por tanto, olvidándonos de los porcentajes que nos brindan las encuestas y los estudios sobre los índices de lectura en la época actual, el único consejo posible que puedo escribir en este blog es que hagamos uso de lo que tras muchos años se ha conseguido: el acceso a lectura de toda (casi toda) la población, lo que hace, sin duda, que la lectura tenga hoy más poder que el que haya podido tener nunca.

 

Ignacio Garnacho Gómez.

EL REY RANA

EL REY RANA

¿Quién no conoce el cuento del rey rana? Forma parte de los cuentos de los Hermanos Grimm. Se trata de una princesa que pierde su bola dorada y la rana se la devuelve pidiendo a cambio que pueda jugar, comer y dormir con la princesa. Ella no quiere concederle esta petición y al final se enfada mucho y tira la rana contra la pared. La rana se convierte en un príncipe y los dos se casan. Seguro que hay muchas versiones más, porque antes de que los Hermanos Grimm y otros autores los pusieran por escrito, los cuentos se trasmitían oralmente. En Internet sólo he encontrado la versión de los Hermanos Grimm.

 

El año pasado Walt Disney Pictures hizo una película que en español se titulaba Tiana y el Sapo. Desgraciadamente no he tenido tiempo para ver esta película, pero según el trailer no parece que la historia tenga mucho que ver con la de los Hermanos Grimm. El trailer nos dice que hasta ahora nadie ha sabido que pasó de verdad después de que la princesa besara a la rana. Se puede ver cómo tras el beso la princesa se convierte en una rana. Es decir, que en la película hay por lo menos dos cambios, comparando ésta con la versión del cuento de los Hermanos Grimm.

 

1)     La rana quiere un beso de la princesa.

2)     La princesa se convierte en una rana.

 

La idea de que la rana quiera un beso de la princesa aparece recogida en un libro cuyo contenido no tiene nada que ver con este cuento. En alemán se titula Ungeküsst und doch kein Frosch. Es un poco difícil traducirlo al español, pero podríamos decir que significa algo así como «No ser besado, pero tampoco ser rana». Este libro fue escrito por un cristiano estadounidense, Joshua Harris, y el título original es I kissed dating goodbye, («Le dije adiós a las citas amorosas»). El autor cuenta en este libro que dejó de salir con chicas, en el sentido de que dejó de tener relaciones no serias, para así esperar a encontrar a la mujer de su vida, con la que se casaría en el futuro.

 

Como este autor tuvo bastante éxito con esta obra escribió otro libro que en alemán se titula Frosch trifft Prinzessin («Rana encuentra a princesa»). Fue traducido al inglés como Boy meets girl y en español como Él y ella. Se trata de la continuación del primer libro, y es un compendio de consejos para parejas cristianas. El autor cuenta cómo conoció a su mujer y luego se casó con ella. Probablemente no tenga mucho que ver con el cuento original, aunque no lo sabemos, pues es probable que la rana estuviera enamorada de la princesa cuando todavía era rana. La princesa seguramente no. Supongo que se trata simplemente de la continuación del título del primer libro.

 

De todos modos, a partir de todos estos ejemplos podemos ver cómo los cuentos aparecen, se tranforman, cambian, se leen, se cuentan, etc., en todo el mundo a lo largo de diferentes momentos, es decir, tienen su propia Historia de la lectura.

Gerlinde Mathias

EL PODER DE LA PALABRA III

EL PODER DE LA PALABRA III

Bienvenidos a la cuarta reflexión del poder de la palabra. Hoy he querido recuperar una reflexión que ya me planteé hace tiempo. Mi intención era haceros partícipes de ella por si os apetece comentarla. Además, he querido ampliar la reflexión, porque me ha parecido muy interesante la opinión de Guadalupe sobre los e-book.

Hay quien lee por aburrimiento, quien lee para encontrar, quien lee sin leer, quien lee para evadirse y quien lee por mero placer... Entre otras tantas. Es muy común aquello de recortar trozos de periódico, grabar la escena final de un videojuego o subrayar aquella cita tan famosa de tus libros favoritos. A veces se hace porque uno quiere tenerlo ahí para recordarlo siempre; otras, porque necesitas recordarlo para realizar algún trabajo a posteriori.

Y vosotros… ¿cómo llevais aquello de señalar los libros? Por una parte es muy útil para poder comentar y recordar cosas después. Pero, por otra, es un engorro llevar un lápiz a todas partes y sujetarlo en todo momento (esos viajes en autobús que en vez de subrayar tachas sin querer). También hay veces (en mi caso al menos) que duele "manchar" los libros mediante las anotaciones y el subrayado. Pero no hacerlo facilita el olvido de aquello que quieres recordar.

Actualmente no me importa subrayar los libros. Los hace mucho más personales y únicos. Apuntar cuándo empezaste a leértelo, cuándo lo acabaste, qué te hizo sentir en las últimas páginas, qué te aportó (incluso las palabras que no entediste y luego fuiste a buscar en el diccionario). Un ex-libris (o como se llame). Últimamente estoy siendo muy extremista a la hora de personalizar (por no decir tunnear) los libros.

Y es que los libros tienen una duración determinada, y más hoy en día que son de muy mala calidad y el pegamento acaba por consumirse. Los libros ya no son un artículo de lujo ni algo fabricado con cariño. Están desligados totalmente del valor simbólico del que gozaron en el pasado. Por eso mismo pienso que hoy en día el valor de los libros viene dado por el lector, no por el libro en sí. Muchos pueden tener un mismo libro, pero nadie tendrá TÚ libro. En tu mano está que lo dejes impecable tal y como lo compraste o que lo dejes lleno de críticas de aquel día en que estabas enfadado, de lágrimas de aquel otro día en que te ocurrió "aquello", de recuerdos, de sueños, de experiencias. El e-book facilitará apuntar todas estas cosas sobre los "libros" por así llamarlos, pero de una manera infinitamente menos personal.

Tanto texto para tan poco jeje. ¿Cómo usais los libros vosotros? ¿Intentais tenerlos al terminar tan inmaculados como al principio, o apuntais en ellos todo lo que os recuerda, interesa u os parece importante rememorar?

P. D. Probablemente éste sea el último artículo del blog que escriba. Tengo preparados unos últimos fragmentos sobre el que puede que sea mi libro más importante. La elegancia del Erizo, de Muriel Barbery. No pienso dar argumentos u opinar sobre dichos fragmentos, porque creo que ellos mismos ya prueban de sobra la importancia de la lectura y lo relevante que puede ser un libro en nuestras vidas. Son muchos textos, sí. No pretendo que se lean todos. Pero sí dar una ligera idea del poder de la palabra.

Un saludo y suerte con los exámenes.

Y recordad, que a veces, cuando se regala un libro, se está regalando vida.

Sergio García Polo.

TEXTO 1

Estaba Poseída. Puesto que mi hambre no podía saciarse con el juego de interacciones sociales inconcebibles para mi condición, se saciaría con los libros. Por primera vez, toqué uno en mi vida. Había visto a los mayores de la clase mirar en ellos invisibles rastros, como si una misma fuerza los moviera a todos y, sumiéndose en el silencio, extraer del papel muerto algo que parecía vivo.

Aprendí a leer sin que nadie se enterara. Los demás niños seguían balbuciendo las letras cuando yo hacía tiempo que conocía ya la solidaridad que teje entre sí los signos escritos, sus combinaciones infinitas y los sonidos maravillosos que me habían marcado en ese mismo lugar, el primer día, cuando la maestra pronunciara mi nombre. Nadie lo supo. Leí como una posesa, a escondidas primero, luego, cuando me pareció haber superado el tiempo de aprendizaje normal, a la vista de todos pero cuidándome mucho de disimular el placer y el interés que la lectura me suscitab

La niña frágil se había convertido en un alma hambrienta.

TEXTO 2

La Civilización es la violencia domeñada, la victoria siempre inconclusa sobre la agresividad del primate. Pues primates fuimos y primates somos, por mucha camelia sobre musgo de la que aprendamos a gozar. He ahí la función de la educación. ¿Qué es educar? Proponer sin tregua camelias sobre musgo como derivativos de la pulsión de la especie, porque ésta no cesa jamás y amenaza sin tregua el frágil equilibrio de la supervivencia.

TEXTO 3

Cuando estoy angustiada, me recluyo en el refugio. No hace falta viajar; me basta ir a las esferas de mi memoria literaria. Pues ¿qué contemplación más deliciosa que la de la literatura?

TEXTO 4

Así ocurre con muchos de los momentos felices de nuestra existencia. Liberados de la carga de la decisión y de la intención, avanzando en nuestros mares interiores, asistimos, como a las acciones de otro, a nuestros distintos movimientos admirando sin embargo su involuntaria excelencia. ¿Qué otra razón podría yo tener para escribir esto, este irrisorio diario de una portera que se va haciendo vieja, si la escritura no participara de la misma naturaleza que el arte de la siega? Cuando las líneas se convierten en demiurgo de sí mismas, cuando asisto, como una maravillosa inconsciencia, al nacimiento sobre el papel de frases que escapan a mi voluntad e, inscribiéndose ajenas a ella en el papel, me enseñan lo que no sabía ni creía querer, gozo de este alumbramiento sin dolor, de esta evidencia no concertada, de seguir sin esfuerzo ni certeza, con la felicidad del asombro sincero, una pluma que me guía y me arrastra.

Entonces, accedo, en plena evidencia y textura de mí misma, a un olvido de mi propio ser rayano en el éxtasis, saboreo la feliz quietud de una conciencia espectadora.

TEXTO 5

Yo en cambio pienso que solo se puede hacer una cosa: dar con la tarea para la cual hemos nacido y llevarla a cabo como mejor podamos, con todas nuestras fuerzas, sin buscarle tres pies al gato y sin creer que nuestra naturaleza animal tiene algo de divino. Sólo así tendremos el sentimiento de estar haciendo algo constructivo en el momento en que venga a buscarnos la muerte. La libertad , la decisión, la voluntad, todo eso no son más que quiemras. Creemos que podemos hacer miel sin compartir el destino de las abejas: pero también nosotros no somos sino pobres abejas destinadas a llevar a cabo su tarea para después morir.

TEXTO 6

Ay, ay, ay, me he dicho, ¿quiere esto decir que así es como uno tiene que vivir su vida? ¿Siempre en equilibrio entre la belleza y la muerte, el movimiento y la desaparición?

Quizá estar vivo sea esto: perseguir instantes que mueren.

TEXTO 7

Cuánto te añoro ya… Esta mañana comprendo lo que morir significa: en el momento de desaparecer, quienes mueren para nosotros son los demás pues yo estoy ahí, tumbada sobre la acera algo fría y me trae sin cuidado fallecer; ello no tiene más sentido esta mañana que ayer. Pero ya nunca volveré a ver a los que quiero, y si morir es eso, desde luego es la tragedia que dicen que es.

TEXTO 8

Al contrario, sobre todo no hay que olvidarlo. No hay que olvidar a los viejos de cuerpo podrido, los viejos a dos pasos de uan muerte en la que los jóvenes no quieren pensar (confían a la residencia de ancianos la tarea de llevar a sus padres a la muerte sin alboroto ni preocupaciones=, la inexistente alegría de esas últimas horas que tendrían que disfrutar a fondo pero las pasan en el tedio y la amargura, rumiando los mismos recuerdos una y otra vez. No hay que olvidar que el cuerpo se degrada, que los amigos se mueren, que todos te olvida, que el final es soledad. No hay que olvidar tampoco que esos viejos fueron jóvenes, que el tiempo de una vida es irrisorio, que un día tienes veinte años, y al siguiente  ya son ochenta. Colombre cree que uno “puede darse prisa en olvidar” porque para ella la perspectiva de la vejez está aún tan lejos que es como si nunca fuera a ocurrirle. Yo en cambio hace tiempo que aprendí que la vida se pasa volando, mirando a los adultos a mi alrededor, tan apresurados siempre, tan agobiados porque se les va a cumplir el plazo, tan ávidos del ahora para no pensar en el mañana… Pero si se teme el mañana es porque nos es abe construir el presente, y cuando no se sabe construir el presente, uno se dice a sí mismo que podrá hacerlo mañana y entonces ya está perdido porque el mañana siempre termina por convertirse en hoy, ¿lo entendéis?

De modo que sobre todo no hay que olvidarlo. Hay que vivir con la certeza de que envejeceremos y que no será algo bonito, ni bueno, ni alegre. Y decirse que lo que importa es el ahora: construir, ahora, algo, a toda costa, con todas nuestras fuerzas. Tener siempre en mente la residencia de ancianos para superarse cada día, para hacer que cada día sea imperecedero. Escalar paso a paso cada uno su propio Everest y hacerlo de manera que cada paso sea una pizca de eternidad.

Para eso sirve el futuro: para construir el presente con verdaderos proyectos de seres vivos.

NIHIL NOVI SUB SOLE: ¿TERMINARÁ EL E-BOOK CON EL TRADICIONAL LIBRO IMPRESO?

NIHIL NOVI SUB SOLE: ¿TERMINARÁ EL E-BOOK CON EL TRADICIONAL LIBRO IMPRESO?

 

Tú que deseas que mis libritos estén contigo en todas partes y quieres tenerlos como compañeros de viaje, compra los que el pergamino oprime en pequeñas páginas; deja la biblioteca para los grandes libros grandes, a mí una sola mano me abarca (Marcial, Epigramas, I. 2, siglo I).

 

En estas líneas encontramos el que podría ser el primer anuncio de la Historia del Libro. En ellas es el propio códice el que se dirige a sus lectores hablándoles de las ventajas que pueden encontrar en él (es pequeño, manejable y, al estar realizado en pergamino y no en papiro, considerablemente más barato). Nos situamos en la Roma Imperial y estamos ante una de las mayores revoluciones de la Historia de la Lectura: la invención del codex. Tendremos que esperar catorce siglos para asistir a la otra gran revolución material del libro, cuando a mediados del siglo XV Johannes Gutenberg inventó la imprenta de tipos móviles y en 1456 editó la famosa Biblia de Gutenberg, también conocida como la Biblia de las 42 líneas, llamada así por el número de líneas que aparecían en cada página. Con ella inauguramos lo que conocemos como la Edad de la Imprenta. A partir de ese momento, la imprenta irá abriéndose paso entre la tradición manuscrita y el libro impreso se irá colando poco a poco en las casas del público lector. Los eruditos e intelectuales al principio se mostrarán reacios ante este gran avance, pero con el tiempo descubrirán que la rapidez, la precisión y la difusión que conoce el libro gracias a este invento recompensa con creces el encanto y el prestigio que daban los libros manuscritos. Eso sí, no debemos olvidar que ambos convivieron durante siglos y que, en los primeros años de la imprenta, las ediciones se hacían simulando a los manuscritos (los llamados incunables), que incluso reservaban un espacio para iluminaciones en color y otros detalles finales que debían realizarse a mano.

 

No estoy segura de que la revolución de la que hoy somos protagonistas sea comparable con la sucedida en pleno Renacimiento europeo. El e-book constituye un nuevo soporte de lectura que, como es obvio, nos habla de nuevas prácticas lectoras y de un nuevo público que tiene otras necesidades para las cuales el papel impreso se ha quedado obsoleto. Pero, ¿hasta qué punto podemos afirmar que esto sea cierto? ¿El e-book es fruto de una verdadera necesidad o del marketing empresarial del mundo capitalista? Sin lugar a dudas le falta uno de los rasgos esenciales para que cualquier soporte funcione: el abaratamiento del producto. Si hoy decidiéramos adquirir un e-book nos costaría entre 200 y 600 euros dependiendo de las funciones que eligiéramos (capacidad de memoria, tamaño de la pantalla, posibilidad de leer varios formatos, acceso WIFI, etc.). En España podemos optar a cinco marcas diferentes: Papyre, Jetbook, Cybook de Bokeen, iLiad de IRex y diferentes modelos de la marca Sony. Todos ellos se nos presentan como una de las grandes innovaciones del siglo XXI, que nos permitirán leer desde cualquier parte del mundo con sólo pulsar una tecla. Los grandes comerciales de este producto nos ofrecen una biblioteca de miles de ejemplares en un aparato fácil de manejar por ser ligero y pequeño, en un soporte que nos permite anotar, subrayar y personalizar nuestros textos. Además, garantizan que el invento de la tinta electrónica hace que la lectura sea más cómoda, sin que terminemos con los ojos achicharrados por la luminosidad de la pantalla (lo que nos sucede a los que estamos acostumbrados a trabajar con ese maldito instrumento sin el cual no podríamos sobrevivir: el ordenador). A esto me refiero cuando hablo de necesidades que no lo son tanto… ¿Cuántos libros somos capaces de leer a lo largo de nuestra vida? ¿Para qué queremos tener mil o dos mil libros en formato electrónico, si tenerlos ahí no significa que los vayamos a leer? ¿Y qué es un texto sin su lector?

 

No obstante, parece que todo son ventajas, pero yo, una romántica empedernida que sella, firma y fecha cuidadosamente todos sus libros, me niego a entrar dentro de este fervor tecnológico de muchos coetáneos míos, que piensan que cualquier cosa novedosa, cara, snob y moderna, es mejor que lo que tenemos y por ello debemos ir corriendo a nuestro centro comercial más cercano y comprarlo. Da igual que después lo vayas a usar o que tengas olvidado en un rincón de tu casa, ya lo has comprado y ya puedes presumir de ello.

 

Por otro lado, creo que a los precursores del e-book se les ha olvidado algo esencial que entra dentro de las utilidades del libro impreso y que una fría pantalla en la que bailan letras no te puede ofrecer. A lo largo de la Historia del Libro éste no sólo se ha usado para leer, también ha sido un símbolo de distinción social y de poder. Si en la Edad Media los libros debían permanecer en los monasterios y se realizaban costosos manuscritos que, en muchas ocasiones, eran obras de arte para ser exhibidas más que para ser leídas, en el siglo XVIII un buen burgués debía poseer una biblioteca que mostrar a sus amigos cuando éstos vinieran a su casa, y hoy, y no pretendamos engañarnos, en cualquier despacho de alguien que se pretenda intelectual veremos estanterías llenas y repletas de libros. ¿Qué pasará cuando esos libros se introduzcan en un pendrive o en una tarjeta de memoria? ¿Cómo mostraremos entonces los libros que poseemos y que marcan nuestra existencia? ¿Qué haremos cuándo enseñamos a alguien nuestra casa, tendremos una estancia reservada para el e-book y afirmaremos «Bueno, y aquí es dónde leo»?

 

Marco Tulio Cicerón afirmaba que una casa sin libros era como un cuerpo sin alma, y yo sigo estando de acuerdo con él. Con todo esto no quiero decir que el e-book no pueda ser un instrumento útil que seguramente todos acabaremos usando de una o de otra forma, pero, sin duda, estoy convencida de que por mucho que usemos esta nueva tecnología los verdaderos amantes de la lectura no dejarán de coger ese libro impreso y enfrascarse en su contenido sin tener que preocuparse de que se queda sin batería, porque las palabras impresas permanecen siempre y porque hay algo en los libros viejos que les hace irremediablemente irresistibles.

 

Guadalupe Adámez Castro.

 

EL PODER DE LA PALABRA (II)

EL PODER DE LA PALABRA (II)

Hace mucho tiempo que no escribo en el blog, así que hoy escribiré todo lo que tenía pensado escribir sobre uno de los autores que tenía en mente. Su nombre es Kimitake Hiraoka, que utilizaba el famoso pseudónimo de Yukio Mishima (nieve sobre la isla) en sus escritos. Fue un importante novelista y dramaturgo japonés del siglo XX, que fue propuesto sin éxito tres veces para el Premio Nobel. Lo más recordado de Yukio es su trágico final. Se practicó el Seppuku (harakiri) en noviembre de 1970 después de afirmar delante del ejército su descontento con la situación y el rumbo del país del sol naciente.

Mucho se ha escrito sobre la muerte y la literatura de Mishima y en los sectores más académicos hay momentos en los que se le ha tenido en muy baja estima por tener ideas de derechas. En cualquier caso, no cabe duda de que Mishima ofrece en muchos casos una literatura que invita a la reflexión. Sin más dilación voy dejando pasó a algunos fragmentos de algunas de las obras que tengo por casa que más me han interesado...

Por lo general, uno comienza a dedicarse al arte después de haber vivido. Aunque creo que a mí me sucedió lo contrario, pues tengo la impresión de que me dediqué a la vida después de haber comenzado mi actividad artística. De todos modos, lo normal es ocuparse primero de vivir, para luego entregarse al arte. A modo de ejemplo puedo presentar el caso de dos escritores como Stendhal y Casanova, cuya trayectoria nos podrá aclarar el paso de la vida al arte. Stendhal, insatisfecho consigo mismo porque no agradaba a las mujeres, y por haber fallado repetidas veces en sus intentos de conquistarlas, se dio cuenta de que sólo la literatura podía ayudarle a hacer realidad sus sueños. Por lo contrario, Casanova, tras haber retozado entre las mujeres y de pasar numerosas veces de una a otra gracias a sus dotes naturales, y después de haber gozado hasta la saciedad de las dulzuras de la vida, decidió escribir sus memorias cuando ya no tuvo más que experimentar. Observamos, por tanto que existe un enfrentamiento, una lucha entre el arte y la vida… Por ello, cuando un hombre decide redactar sus memorias, es decir, transformar lo que ha vivido en una narración suficientemente interesante como para legarla a la posteridad, la mayoría de las veces ya es demasiado tarde. Son escasos los ejemplos de hombres que, como Casanova, lograron a tiempo hacer realidad semejante proyecto. Del otro lado están aquellos que, como Stendhal, se sienten decepcionados con la vida y concentran en una novela toda la insatisfacción, la rabia, los sueños y la poesía que son capaces de sentir; pero, incluso en este caso, es necesario poseer un magnífico talento. En efecto, habrá que crear partiendo de la nada y construir un universo entero sobre la única base de la fantasía… En realidad, más que en nuestras experiencias nos basamos en nuestra capacidad receptiva: nuestra vulnerable y delicada sensibilidad descubre la desarmonía de nuestra vida; entonces jugamos en el mundo de las palabras para ver si en él podemos superar el abismo que ha abierto en nosotros tal desarmonía. De este modo, se forman muchos escritores: concentran en la redacción de una novela toda la energía de su voluntad, toda su capacidad de resistencia y toda la fuerza que otros seres humanos utilizan en su intento de mostrarse hombres; en el caso de los escritores, estas cualidades indispensables para vivir se sacrifican en aras de la actividad literaria… ("Lecciones espirituales para jóvenes Samuráis", 1969-1970).

Ciertamente, mientras reescribía esas líneas me he ido dando cuenta de que son demasiadas cosas las que quiero recoger de Mishima y sus obras literarias. Así que he decidido quedarme exclusivamente con dos fragmentos importantes. Más adelante pasaré a comentarlos, pero antes quisiera mostrar, a modo de ejemplo del propio autor, otro fragmento de otra obra suya mucho más temprana que la anterior. Se trata de "Confesiones de una máscara", una novela que siempre se ha tenido por autobiográfica y de la cual podemos extraer pruebas para apoyar la teoría que se ha expuesto en el fragmento anterior.

La ilustración mostraba a un caballero en un blanco corcel y con la espada en lo alto… El caballero miraba con la celada y blandía la temible espada, recortada contra el cielo azul, enfrentándose con la Muerte… Estaba yo convencido de que aquel caballero moriría en el instante siguiente. Si volvía la página, le vería sin la menor duda en el instante de morir. No cabe duda alguna de que existe un recurso por el cual las ilustraciones de un libro pueden ser transformadas en lo que serán "en el instante siguiente". Pero un día mi institutriz abrió aquel libro precisamente por aquella páginas. Y mientras yo dirigía una rápida mirada de soslayo a la ilustración, dijo: "¿Sabe el señorito la historia de este cuadro?". "No, no la sé". "Parece un hombre, pero es una mujer. De veras. Se llamaba Juana de Arco. La historia dice que fue a la guerra vestida de hombre, y que así sirvió a su patria". "¿Una mujer?". Me quedé de una pieza. La persona que yo creía que era "él" resultó ser "ella". Si aquel hermoso caballero era una mujer, ¿no quedaba todo reducido a la nada? (Incluso ahora siento repugnancia, profundamente arraigada y de difícil explicación, por las mujeres vestidas de hombres). Ésa fue la primera "venganza de la realidad" que la vida me deparó, y me pareció una cruel venganza que se cebaba, sobre todo, en las fantasías que acariciaba referentes a la muerte del caballero, de "él". A partir de aquel día hice caso omiso del libro. Ni siquiera lo cogí...

Pese a que en la infancia leía cuantos cuentos de hadas estaban al alcance de mi mano, las princesas jamás me gustaron. Solo me gustaban los príncipes. Y entre éstos los que más me agradaban eran aquéllos que morían asesinados o aquéllos otros a los que su sino había condenado a una muerte violenta. Me enamoraba de todo joven que muriera a mano airada… Me gustaba "El ruiseñor" de Andersen, y me deleitaba con gran cantidad de libros con dibujos. Pero la debilidad que mi corazón sentía por la Muerte, la Noche y la Sangre era innegable. Las visiones de príncipes muertos violentamente me perseguían sin cesar. ¿Quién podía explicarme la razón por la que hallaba tanto placer en aquellas fantasías en las que las ceñidas y reveladoras medias que llevaban los príncipes iban ligadas a una muerte cruel?  ("Confesiones de una máscara", 1949).

Del primer fragmento quisiera decir que es algo que me gustaría escuchar de muchos de los autores que pasan por la Escuela de Escritura de la Facultad. Me parece una sincera opinión sobre el arte de escribir y sobre el arte de vivir, puestos, cómo no, en conexión. Obviamente hacer de la palabra de Mishima ley sería caer en un error y siempre hay que coger todo lo que se lee con pinzas. En cualquier caso, sí que hay siempre una clara relación entre lo que un autor vive y lo que un autor escribe (y esto como siempre lo podemos expandir al resto de las artes). Hay quien opina que el escritor es, ante todo, un ser egocéntrico que, de una manera u otra, ya sea en una obra realista o de fantasía, va a intentar por todos los medios hablar de sí mismo. El trabajo del escritor es realmente muy solitario y eso conlleva en muchos casos tristeza. Es un deporte de riesgo. Y nada más lejos de lo que venía diciéndonos Bécquer sobre la creación poética. Hay muchas personas que se sienten frustradas consigo mismas, porque no saben decir o escribir lo que piensan y sienten. Si esto sucede, es como si tu pensamiento no existiera, porque no sabes expresarlo y de ahí surge la frustración. En la lectura se encuentra muchas veces la solución a muchos de esos problemas. Lástima que leer sea también, en muchos casos, otro gran deporte de riesgo. Y cómo nos gustan a las personas los deportes de riesgo ¿verdad? 

La verdad es que Mishima era otro escritor bastante triste e incomprendido, que se vio obligado a ocultar sus sentimientos detrás de sus obras. Hasta tal punto que su última obra escrita fue acabada minutos antes de morir. Y es que, a veces, cuando se escribe con bolígrafos rojos la tinta corre más de la cuenta y da lugar a pasajes muy memorables para unos y muy insoportables para quien los crea. Porque te acabas ahogando en ellos.

Mishima encontró en la escritura el medio para encontrarse consigo mismo y de ahí que me haya gustado poner algunos de los fragmentos que más me gustaron de su libro "Confesiones de una máscara". Parece ser que la primera literatura que leen los niños en los libros son los dibujos. Bonito ¿no? Mishima ya iba obteniendo muestras de sí mismo cuando miraba la imagen del  caballero y, posteriormente, cuando leía fragmentos sobre héroes que morían de una manera trágica. Probablemente Yukio no se buscaba a sí mismo con cinco años, pero lo que hizo y cómo hizo su vida probablemente le fue dando las respuestas. Existen otros momentos de la vida de Yukio Mishima que él mismo reconoce que fueron "importantes" para él. Tiene lugar así un segundo momento de "inversión", por así decirlo, cuando Mishima ve a un joven pocero que trasporta desperdicios. La visión de su torso desnudo provoca en el adolescente un momento de revelación y melancólico enamoramiento. Más tarde relata un tercer momento de crisis que se produce ante otra imagen, una estampa de San Sebastián, en la que el pequeño Mishima descubre la conexión entre el erotismo, el dolor, el amor y la muerte. Así, leyendo, viviendo y escribiendo, Mishima logró conocerse un poco más. Sin duda, una tarea digna de Odiseo, el héroe que, como su propio nombre indica, se busca a sí mismo.

Personalmente, igual que Mishima cuando era niño, aún no lo sé, pero tengo la ligera sensación de que en estos fragmentos yo también pude verme un poco a través de un espejo un tanto deformado, agrietado y lleno de vaho. Ésta fue la confesión de una máscara tras la cual se ocultaba Mishima en un mundo que no estaba dispuesto a ver bien según qué sentimientos, según qué actos… He aquí una muestra más del "Poder de la palabra".

A la postre, un último fragmento de nuestro japonés:

Todos dicen que la vida es un escenario. Pero la mayoría de las personas no llegan, al parecer, a obsesionarse por esta idea, o al menos no tan pronto como yo. Al finalizar mi infancia estaba firmemente convencido que así era, y que debía interpretar mi papel en ese escenario sin revelar jamás mi auténtica manera de ser. Como esa convicción iba acompañada de una tremenda ingenuidad, de una total falta de experiencia, pese a que existía la constante sombra de duda en mi mente que me hacía sospechar que quizá no estuviera en lo cierto, lo indudable es que todos los hombres enfocaban la vida exactamente como si de una interpretación teatral se tratara. Creía con optimismo que tan pronto como la interpretación hubiera terminado bajaría el telón y el público jamás vería al actor sin maquillaje. Mi presunción de que moriría joven era otro factor que colaboraba a mantener esa creencia. Sin embargo, con el paso del tiempo, ese optimismo, o mejor dicho, ese sueño en vigilia, concluiría en una cruel desilusión ("Confesiones de una máscara", 1949, capítulo III).

EL PODER DE LA PALABRA (I)

No pocas veces la gente olvida el valor real que tiene la lectura en nuestras vidas. La extensión de la lectura silenciosa, como bien sabemos, dio en muchos casos "alas" al mundo interior del escritor. Creo que hay muy pocas actividades que generen ese tipo de intimidad para con uno mismo. Escribir, que no es lo mismo que leer, es otra de ellas. De hecho, escribir es una actividad en la que se intima mucho con uno mismo. Paralelamente a esto puedo señalar la composición musical o la creación de música a través de un instrumento como otro de los caminos hacia la búsqueda de uno mismo. La lectura, la escritura y la música, a mi modo de ver, entrenan, por así decirlo, la sensibilidad de las personas. De alguna manera incrementan el mundo interior de uno mismo y lo hacen crecer. Creo que existe una diferencia fundamental que diferencia estos actividades del acto de ver una buena película. Y es que cuando lees, puedes detener la página, detener tu lectura, cuando escribes y abandonas el boli también dejas de crear. Y cuando tocas música, eres tú quien la genera y en cualquier momento eres dueño y señor del pentagrama. En el cine o la tele no es así. Eres un sujeto pasivo y sumiso que recibe información. A veces mejor, a veces peor.

Muchas veces no entiendo qué clase de animación a la lectura se hace en los colegios. Supongo que es difícil explicar los beneficios de leer y es mucho más sencillo convencer a los chavales de que lean porque así no cometerán faltas de ortografía y consecuentemente no verán sus notas reducidas en los exámenes. Simplemente, espero que toda persona que lea sea plenamente consciente de que leer va mucho más allá de "Desarrolla tu creatividad" y "Enseña a escribir", argumentos usados hasta la saciedad.

No, leer es mucho, mucho más. Siempre he pensado que cuando se lee es como si visitases a alguien. Parto de la teoría de que en el libro está impresa, además de las letras, el alma del escritor. En mayor o en menor medida, pero está ahí, y de alguna manera, inconscientemente, llega al lector. Si esto es así, leer a un autor es escucharlo, comprenderlo, pensarlo. Leer a Eurípides sería tomar contacto con él y recibir sus gritos de dolor sobre la posición de las mujeres en el mundo antiguo. Aunque del pobre hombre ya no quede ni el polvo. Así, cuantos más libros lee una persona, más gente, situaciones y sentimientos ha conocido. Hay mucha gente que no sabe lo que le pasa ni lo que siente, porque no sabe explicarlo. No sabe explicar sus sentimientos, porque nunca los ha visto materializado,s no tiene recursos. En la lectura podemos encontrar respuestas a todas esas preguntas. Podemos encontrar respuestas a lo que sentimos, a lo que necesitamos, no sólo encontramos que "ahora" se escribe con "h" por mucho que nuestros contactos de msn se empeñen en que no es así.

La misma comparación en el mundo de la literatura puede aplicarse al mundo de la música. Tocar a Chopin o Beethoven implica entenderlos un poco más. No siempre completamente, pero sí que se produce una cierta familiarización o conexión. Cuando escribes (cualquier cosa) te reencuentras contigo mismo de alguna manera (nota: escuchar "Reencontrar" del Sueño de Morfeo).

Mi misión a partir de ahora en este blog es la de introducir algunas citas de libros que he leído que demuestran el verdadero poder de la literatura. Que demuestran que el leer es también importante a la hora de conformarse a uno mismo. Son citas muy variadas, algunas tendrán más relación con el tema que otras, pero todas, en general, irán acompañadas de un comentario. Sin más dilación aquí dejo escrito el primer texto.

"La multitud de libros distrae; por consiguiente, como no puedes leer tantos libros como tengas, te ha de bastar tener los que leas". "Pero es que me gusta coger unas veces uno y otras veces otro". "De estómago caprichoso es el probar tan sólo de todo un poco; cosas que cuando combinan mal y chocan entre sí, se corrompen y no alimentan. Así, pues, lee siempre los mejores, y si alguna vez coges otros para distraerte un poco, vuelve a los primeros. Consigue cada día un recurso contra la miseria, contra la muerte, y no menos contra todos los demás azotes; de muchas cosas leídas extrae una para digerirla ese día..." (Séneca, "Cartas a Lucilio").

Alguien me dijo una vez que hay algo mejor que leer: releer. A veces me siento muy culpable, porque me gustaría volver a leer libros que han sido importantes para mí. Sin embargo, me siento culpable porque creo que debería ponerme a leer algo que no haya leído todavía, pues son muchos los libros que pueden darme mayor placer que el que me dispongo a releer. No pienso que esté malgastando el tiempo completamente, pero sí que creo que podría invertirlo de una manera mejor y posponer el releer para otro momento.

Si viajamos al mundo de los videojuegos un buen videojugador podrá abarcar, si se esmera un poco, todas las grandes obras maestras de los videojuegos que hayan salido desde el nacimiento de los mismos. Al fin y al cabo, los videojuegos son un "arte" muy, muy joven. Abarcar toda la música importante de la historia de la humanidad es mucho más complicado, pero creo que es una misión factible; difícil, pero factible.

Sin embargo, la literatura está demasiado lejos de ser alcanzada y sería una tarea imposible proponerse leer todo lo relevante que ha creado la humanidad. Hay tanto que leer y tan poco tiempo... Séneca ya se veía en este dilema a comienzos de nuestra era y ese sentimiento nos ha llegado a nosotros, los lectores, elevado a la décima potencia. Quizá para evitar ese dolor haya que tomarse la lectura de otra manera...

Bueno, podría seguir escribiendo sobre el tema, pero creo que ya es suficiente. Si alguien quiere comentar algo que haga uso del "poder de la palabra".

Un abrazo a todos,

 Sergio García Polo.