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EL PODER DE LA PALABRA III

EL PODER DE LA PALABRA III

Bienvenidos a la cuarta reflexión del poder de la palabra. Hoy he querido recuperar una reflexión que ya me planteé hace tiempo. Mi intención era haceros partícipes de ella por si os apetece comentarla. Además, he querido ampliar la reflexión, porque me ha parecido muy interesante la opinión de Guadalupe sobre los e-book.

Hay quien lee por aburrimiento, quien lee para encontrar, quien lee sin leer, quien lee para evadirse y quien lee por mero placer... Entre otras tantas. Es muy común aquello de recortar trozos de periódico, grabar la escena final de un videojuego o subrayar aquella cita tan famosa de tus libros favoritos. A veces se hace porque uno quiere tenerlo ahí para recordarlo siempre; otras, porque necesitas recordarlo para realizar algún trabajo a posteriori.

Y vosotros… ¿cómo llevais aquello de señalar los libros? Por una parte es muy útil para poder comentar y recordar cosas después. Pero, por otra, es un engorro llevar un lápiz a todas partes y sujetarlo en todo momento (esos viajes en autobús que en vez de subrayar tachas sin querer). También hay veces (en mi caso al menos) que duele "manchar" los libros mediante las anotaciones y el subrayado. Pero no hacerlo facilita el olvido de aquello que quieres recordar.

Actualmente no me importa subrayar los libros. Los hace mucho más personales y únicos. Apuntar cuándo empezaste a leértelo, cuándo lo acabaste, qué te hizo sentir en las últimas páginas, qué te aportó (incluso las palabras que no entediste y luego fuiste a buscar en el diccionario). Un ex-libris (o como se llame). Últimamente estoy siendo muy extremista a la hora de personalizar (por no decir tunnear) los libros.

Y es que los libros tienen una duración determinada, y más hoy en día que son de muy mala calidad y el pegamento acaba por consumirse. Los libros ya no son un artículo de lujo ni algo fabricado con cariño. Están desligados totalmente del valor simbólico del que gozaron en el pasado. Por eso mismo pienso que hoy en día el valor de los libros viene dado por el lector, no por el libro en sí. Muchos pueden tener un mismo libro, pero nadie tendrá TÚ libro. En tu mano está que lo dejes impecable tal y como lo compraste o que lo dejes lleno de críticas de aquel día en que estabas enfadado, de lágrimas de aquel otro día en que te ocurrió "aquello", de recuerdos, de sueños, de experiencias. El e-book facilitará apuntar todas estas cosas sobre los "libros" por así llamarlos, pero de una manera infinitamente menos personal.

Tanto texto para tan poco jeje. ¿Cómo usais los libros vosotros? ¿Intentais tenerlos al terminar tan inmaculados como al principio, o apuntais en ellos todo lo que os recuerda, interesa u os parece importante rememorar?

P. D. Probablemente éste sea el último artículo del blog que escriba. Tengo preparados unos últimos fragmentos sobre el que puede que sea mi libro más importante. La elegancia del Erizo, de Muriel Barbery. No pienso dar argumentos u opinar sobre dichos fragmentos, porque creo que ellos mismos ya prueban de sobra la importancia de la lectura y lo relevante que puede ser un libro en nuestras vidas. Son muchos textos, sí. No pretendo que se lean todos. Pero sí dar una ligera idea del poder de la palabra.

Un saludo y suerte con los exámenes.

Y recordad, que a veces, cuando se regala un libro, se está regalando vida.

Sergio García Polo.

TEXTO 1

Estaba Poseída. Puesto que mi hambre no podía saciarse con el juego de interacciones sociales inconcebibles para mi condición, se saciaría con los libros. Por primera vez, toqué uno en mi vida. Había visto a los mayores de la clase mirar en ellos invisibles rastros, como si una misma fuerza los moviera a todos y, sumiéndose en el silencio, extraer del papel muerto algo que parecía vivo.

Aprendí a leer sin que nadie se enterara. Los demás niños seguían balbuciendo las letras cuando yo hacía tiempo que conocía ya la solidaridad que teje entre sí los signos escritos, sus combinaciones infinitas y los sonidos maravillosos que me habían marcado en ese mismo lugar, el primer día, cuando la maestra pronunciara mi nombre. Nadie lo supo. Leí como una posesa, a escondidas primero, luego, cuando me pareció haber superado el tiempo de aprendizaje normal, a la vista de todos pero cuidándome mucho de disimular el placer y el interés que la lectura me suscitab

La niña frágil se había convertido en un alma hambrienta.

TEXTO 2

La Civilización es la violencia domeñada, la victoria siempre inconclusa sobre la agresividad del primate. Pues primates fuimos y primates somos, por mucha camelia sobre musgo de la que aprendamos a gozar. He ahí la función de la educación. ¿Qué es educar? Proponer sin tregua camelias sobre musgo como derivativos de la pulsión de la especie, porque ésta no cesa jamás y amenaza sin tregua el frágil equilibrio de la supervivencia.

TEXTO 3

Cuando estoy angustiada, me recluyo en el refugio. No hace falta viajar; me basta ir a las esferas de mi memoria literaria. Pues ¿qué contemplación más deliciosa que la de la literatura?

TEXTO 4

Así ocurre con muchos de los momentos felices de nuestra existencia. Liberados de la carga de la decisión y de la intención, avanzando en nuestros mares interiores, asistimos, como a las acciones de otro, a nuestros distintos movimientos admirando sin embargo su involuntaria excelencia. ¿Qué otra razón podría yo tener para escribir esto, este irrisorio diario de una portera que se va haciendo vieja, si la escritura no participara de la misma naturaleza que el arte de la siega? Cuando las líneas se convierten en demiurgo de sí mismas, cuando asisto, como una maravillosa inconsciencia, al nacimiento sobre el papel de frases que escapan a mi voluntad e, inscribiéndose ajenas a ella en el papel, me enseñan lo que no sabía ni creía querer, gozo de este alumbramiento sin dolor, de esta evidencia no concertada, de seguir sin esfuerzo ni certeza, con la felicidad del asombro sincero, una pluma que me guía y me arrastra.

Entonces, accedo, en plena evidencia y textura de mí misma, a un olvido de mi propio ser rayano en el éxtasis, saboreo la feliz quietud de una conciencia espectadora.

TEXTO 5

Yo en cambio pienso que solo se puede hacer una cosa: dar con la tarea para la cual hemos nacido y llevarla a cabo como mejor podamos, con todas nuestras fuerzas, sin buscarle tres pies al gato y sin creer que nuestra naturaleza animal tiene algo de divino. Sólo así tendremos el sentimiento de estar haciendo algo constructivo en el momento en que venga a buscarnos la muerte. La libertad , la decisión, la voluntad, todo eso no son más que quiemras. Creemos que podemos hacer miel sin compartir el destino de las abejas: pero también nosotros no somos sino pobres abejas destinadas a llevar a cabo su tarea para después morir.

TEXTO 6

Ay, ay, ay, me he dicho, ¿quiere esto decir que así es como uno tiene que vivir su vida? ¿Siempre en equilibrio entre la belleza y la muerte, el movimiento y la desaparición?

Quizá estar vivo sea esto: perseguir instantes que mueren.

TEXTO 7

Cuánto te añoro ya… Esta mañana comprendo lo que morir significa: en el momento de desaparecer, quienes mueren para nosotros son los demás pues yo estoy ahí, tumbada sobre la acera algo fría y me trae sin cuidado fallecer; ello no tiene más sentido esta mañana que ayer. Pero ya nunca volveré a ver a los que quiero, y si morir es eso, desde luego es la tragedia que dicen que es.

TEXTO 8

Al contrario, sobre todo no hay que olvidarlo. No hay que olvidar a los viejos de cuerpo podrido, los viejos a dos pasos de uan muerte en la que los jóvenes no quieren pensar (confían a la residencia de ancianos la tarea de llevar a sus padres a la muerte sin alboroto ni preocupaciones=, la inexistente alegría de esas últimas horas que tendrían que disfrutar a fondo pero las pasan en el tedio y la amargura, rumiando los mismos recuerdos una y otra vez. No hay que olvidar que el cuerpo se degrada, que los amigos se mueren, que todos te olvida, que el final es soledad. No hay que olvidar tampoco que esos viejos fueron jóvenes, que el tiempo de una vida es irrisorio, que un día tienes veinte años, y al siguiente  ya son ochenta. Colombre cree que uno “puede darse prisa en olvidar” porque para ella la perspectiva de la vejez está aún tan lejos que es como si nunca fuera a ocurrirle. Yo en cambio hace tiempo que aprendí que la vida se pasa volando, mirando a los adultos a mi alrededor, tan apresurados siempre, tan agobiados porque se les va a cumplir el plazo, tan ávidos del ahora para no pensar en el mañana… Pero si se teme el mañana es porque nos es abe construir el presente, y cuando no se sabe construir el presente, uno se dice a sí mismo que podrá hacerlo mañana y entonces ya está perdido porque el mañana siempre termina por convertirse en hoy, ¿lo entendéis?

De modo que sobre todo no hay que olvidarlo. Hay que vivir con la certeza de que envejeceremos y que no será algo bonito, ni bueno, ni alegre. Y decirse que lo que importa es el ahora: construir, ahora, algo, a toda costa, con todas nuestras fuerzas. Tener siempre en mente la residencia de ancianos para superarse cada día, para hacer que cada día sea imperecedero. Escalar paso a paso cada uno su propio Everest y hacerlo de manera que cada paso sea una pizca de eternidad.

Para eso sirve el futuro: para construir el presente con verdaderos proyectos de seres vivos.

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