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Palabras escritas en un papel

Palabras escritas en un papel

Un buen día de sol iba yo caminando por las calles de Madrid cuando me comencé a fijar en todas las personas que tenían un aparato en su mano. Ese al que la gente llama “teléfono” o “móvil”, ese del que somos incapaces de despegarnos incluso cuando el día está soleado y las calles hablan por sí solas.

Otro día tuve que entrar en el metro y me comencé a fijar en cómo empleaba la gente el tiempo hasta llegar a su destino. De nuevo, la mayor parte se encontraba absorbida por una pantalla, llenándose de estímulos que seguramente no recordarían al día siguiente y que, por lo tanto, no les aportarían nada. En cambio, encontré a un número más reducido de personas con un libro en la mano, y me pregunté si era eso lo que hacía la gente en sus tiempos muertos antes de la invención del móvil.

Curiosa, le pregunté a mi madre si era así como ocurría en aquellos tiempos, y ella me confirmó lo que yo había intuido. La gente antes del móvil leía. Leían antes de irse a dormir, en el metro, esperando a la persona con la que habían quedado e, incluso, en sus tardes libres en casa. La gente leía, no solo para enriquecer su conocimiento, sino para entretenerse, simplemente para disfrutar de las palabras de un texto escrito en un papel. Algo curioso que mi madre me contó fue cómo su madre, mi propia abuela, le solía esconder el libro que se estuviera leyendo en ese momento cuando tenía que estudiar, ya que, si no, ella, en vez de estudiar, se ponía a leer. Y es que algo así puede parecernos incluso irónico en el mundo actual, pero nos demuestra la forma en la que concebían los libros entonces y nos hace reconocer la diferencia con cómo lo hacemos hoy en día.

Dándole vueltas a todo esto, se me vino una gran pregunta a la cabeza: ¿Está la lectura en decadencia?  Las nuevas generaciones no leen tanto como las anteriores e incluso mi madre, que forma parte de esas generaciones pasadas, me admitió que ya no lee ni un cuarto de lo que solía antes de tener un móvil. La realidad es que a la gente se le está olvidando lo que es el leer; cada vez más jóvenes lo ven como algo aburrido, algo que nunca harían durante su tiempo libre, para disfrutar. Pero la lectura es algo único, irremplazable.

Un libro te hace sentir más que una tarde entera viendo videos cortos en el móvil y, lo más importante, te hace estar presente en el momento; parar por unos instantes en una sociedad en la que nos movemos continuamente. Para mí esta es precisamente la razón por la que la lectura nunca desaparecerá, sino que sólo evolucionará hacia los nuevos contextos de la sociedad, como lleva haciéndolo toda la historia. Hoy en día, por ejemplo, una forma en la que ciertos libros se están expandiendo es mediante su publicidad por redes sociales. Estas, pese a que pueden tener aspectos negativos, son una gran forma de difundir información y productos de una manera rápida y sencilla. La llegada de los aparatos electrónicos está suponiendo un gran cambio en nuestra sociedad y en nuestras vidas, por lo que no debemos tener miedo a que la lectura se acabe, sino aprender a adaptarnos a ella en este nuevo mundo.

De esta manera, quizás la inteligencia artificial y la tecnología puedan replicar el conocimiento que obtienes de un libro, pero nunca podrán reemplazar la satisfacción de leer como acto. Porque leer es uno de los actos más elementales del ser humano, es una de las cosas que nos diferencian de otros seres vivos, y que nos ayuda a mantener nuestra humanidad.

Lucía Caramazana de Paz

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