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CARTA A MIGUEL DELIBES

CARTA A MIGUEL DELIBES

Querido Miguel Delibes,

Abordo e inicio esta carta con la admiración y la ilusión de poder comunicarme con un escritor nacional tan consagrado como usted, y, presupongo, que con la misma inquietud y nerviosismo que siente cualquier lector al escribir a uno de sus autores favoritos. Soy consciente de que al dirigirme a una Fundación, la Fundación Miguel Delibes, esta carta será una más entre muchas, pero aun así antes de continuar me gustaría presentarme. Mi nombre es Aurora Rivera, y actualmente curso mi segundo año de carrera en la Universidad de Alcalá. Hace un par de semanas se propuso en la asignatura “Historia de la Lectura”, escribir una carta a un escritor o escritora, y fue en ese momento cuando decidí aprovechar la oportunidad y dirigirme a usted, lo que en otras circunstancias nunca me hubiera planteado. Una vez concluidas las presentaciones, es momento de reanudar la carta.

Siempre se ha considerado que su renombre como escritor fue gracias a, entre otras, novelas como “El camino” y “Cinco horas con Mario”, pero en esta ocasión le escribo por otra de sus novelas, “El príncipe destronado”. Considero que dentro de su trayectoria como novelista se trata de una obra bastante desapercibida, y que, de hecho, ni siquiera se encuentra entre sus obras ejemplares, pues en más de una ocasión se ha tachado de ser una novela con una trama excesivamente sencilla y, por tanto, una novela que no estaba a la altura de su excelente prosa. Si bien, aun pudiendo entender la postura anterior, mi opinión difiere. Realmente lo que convierte la obra en una novela preciosa, no es tanto su argumento o su trama, sino el trasfondo de la misma y lo que esta, fruto de una narración tan natural y creíble, insinúa; pues al final, la novela consigue que en ciertos aspectos, e incluso de manera constante, se pueda reconocer la propia infancia. Es decir, esta cándida historia ofrece, a través del personaje de Quico, su inocencia y sus travesuras, y mediante un viaje basado en la introspección y la nostalgia; la posibilidad de trasladarse en el tiempo, e inevitablemente rememorar y analizar momentos entrañables de la infancia.

Aunque han pasado cerca de seis años desde mi lectura de la novela, la recuerdo como una novela muy enriquecedora a nivel personal, así como también reflexiva y adictiva, pues inexplicablemente con el transcurso de la historia surge la necesidad de acompañar y proteger al pequeño Quico en su día a día.  He de reconocer que, puesto que fue una lectura obligatoria durante la etapa de secundaria y dado que lamentablemente no había leído con anterioridad ninguna obra suya, al comienzo de la misma carecía de expectativas, y supongo que por esa misma razón disfruté tanto de la novela. Sin embargo, resulta curioso y llamativo que, aun considerando “El príncipe destronado” una obra excelente y de fácil lectura, no tiendo a invitar a su lectura. ¿Por qué?, puede que inconscientemente, al sentirla como una novela tan significativa e importante en mi trayectoria como lectora, temo que se desvalorice o no se aprecie esa bonita reflexión asociada a ella.

No obstante, pese a mis ganas y mi necesidad de continuar comentando otras de sus novelas, especialmente “El camino”, ha llegado el momento de concluir esta carta. Es por ello que, aunque precipitadamente, me despido de usted, el gran Delibes, con el respeto que merece y sintiéndome muy afortunada de poder escribirle mi honesta opinión sobre su obra “El príncipe destronado”.

Atentamente,

Aurora Rivera.

 

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