Tras la puerta de Jane Austen: el libro que cambió mi mirada sobre la lectura
Lo único que hacía mi madre era regalarnos libros y libros e intentaba animarnos a leer desde bien pequeños a mis hermanos y a mí. No me gustaba leer, pero cuando no había otra cosa que hacer en casa, era lo que tocaba. Hasta que me regaló aquel libro que cambió mi modo de percibir la lectura.
Tenía 14 años cuando Orgullo y Prejuicio de Jane Austen nubló mi juicio durante tres días seguidos, no dormía y comía rápido para continuar leyendo. No concebía otro objetivo en ese momento que no fuese el de seguir leyendo. Ni siquiera pensaba en acabarlo, pues no era consciente de que ese libro igual que tenía principio, tenía fin.
Me regalaron el libro el 6 de enero de 2021, debido a la festividad de los Reyes Magos. Al desenvolverlo, al observar cómo era físicamente y la carta de Baltasar animándome ardientemente a leer el libro, no pude sino rendirme a su insistente petición. Mientras mis hermanos admiraban asombrados por la ventana la cantidad de nieve que estaba cayendo, yo leía plácidamente en el escritorio de mi habitación observando con extrañeza, pero sin dar importancia a aquel fenómeno meteorológico. Pues en ese momento, aquella lectura me importaba mucho más que Filomena.
Los sentimientos que me despertó la novela al leerla fueron muchos y muy variados. Nunca antes un libro había captado tanto mi atención como para poner los cinco sentidos en él, me intrigaba tanto cada acontecimiento que se narraba que no podía parar. Recuerdo que dependiendo del momento que leyese sentía una cosa u otra, en función de lo que le estuviera pasando a la protagonista. Cuando Elisabeth se enteró de la verdadera razón por la cual el señor Bingley se había alejado de su hermana, yo también me enfadé junto a ella. Cuando Lydia toma malas decisiones en la vida que la obligan a casarse con George Wickham, también me decepcioné como se decepcionó Elisabeth de su hermana pequeña. Asimismo, Elizabeth Bennet consiguió que de alguna manera me enamorase del Señor Darcy y pensara que era el hombre más noble del mundo.
Cuando acabé la novela, no me quedé ahí. Era imposible que todo hubiese acabado ahí. Busqué si había una versión cinematográfica y obligué a mis hermanos a ver la única que encontré disponible en ese momento, Orgullo y prejuicio y zombies. Pero, aun así, no me parecía suficiente. La novela causó en mí tan gran impacto que no podía sino comentarla y hablar de ella a todo el mundo. Esa era mi manera más concreta de mantenerla viva. Puesto que, una vez leída sólo podía mantener mis emociones y sentimientos hacia ella compartiéndolos con los demás. He de decir que, a pesar de que mis hermanos pensaran seguramente que me había vuelto loca, aguantaron mi locura como unos caballeros.
Tras ver que ninguna otra novela posterior me había despertado las ganas de leer como esta, intenté releer la obra unas cuantas veces, pero sin mucho éxito. Ya que no encontraba un momento oportuno como aquellas vacaciones de Navidad en las que pudiera aislarme de todo y de todos en cuatros días y dedicarme sólo a leer.
Se lo recomendé a muchas amigas, les invité a leerla para que pudiéramos hacer una reunión de lectura en la que compartiéramos nuestras impresiones acerca del libro, pero no tuve mucho éxito. Respecto al ejemplar que me regalaron los Reyes Magos, no lo conservo. Se lo regalé a una amiga muy importante para mí, para que pudiese leerlo y en cierto modo experimentar lo mismo que yo experimenté cuando lo leí.
Al leer Orgullo y Prejuicio, descubrí que me gustaban los libros clásicos. Así, empecé a leer Mujercitas de Louisa May Alcott. Leer a dos escritoras me hizo interesarme por los libros que habían sido escrito por mujeres, lo que me llevó a Agatha Christie que, a su vez, me llevó a Sherlock Holmes. Y a partir de ahí, desarrollé un gusto y hábito ante cualquier género literario. En conclusión, se podría decir que fue Jane Austen la que hizo que me empezase a gustar el mundo de la lectura y ya no leyese por pura obligación o para estar a la altura de las conversaciones que surgían en mis círculos cercanos. Sino que, realmente comencé a mirar los libros con otros ojos, ya no como el último recurso ante el aburrimiento en las vacaciones, sino como otra manera de entender el mundo. Como una nueva puerta tanto para el entretenimiento como para el saber.
Gemma Aparicio López
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