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El cómic en decadencia

El cómic en decadencia

Cuando nuestros padres eran pequeños, el cómic era un elemento en constante auge. Bajar al quiosco y comprarte un tebeo por 25 pesetas es una sensación que las generaciones actuales no viven y que, por desgracia, tiene pinta que no van a vivir nunca. Pero ¿en qué momento se ha producido este cambio?

Los quioscos llevan años desapareciendo. En una sociedad que solo busca el título académico y el trabajo que dé dinero, por lo visto, no hay cabida para estos pequeños comercios que, cuando éramos niños, proveían al barrio de periódicos, chuches o cómics. En gran parte, la desaparición del lector de cómic se debe a la propia decadencia de estos puestos, aunque no es ésta la única razón.

Los cómics no han desaparecido como lo han hecho los quioscos; todavía existen dibujantes y puntos de venta de los mismos, pero sí ha desaparecido su base de lectores. Si comparamos la cantidad de lectores del mundo del cómic hace 40 años con la cantidad de lectores de la actualidad, se hace más que evidente esta disminución. Y, ojo, que no hablo del manga, el comic japonés, sino del cómic español; de Mortadelo y Filemón, Astérix y Obélix, Mafalda, etc.

Está claro que el mundo del manga se encuentra en auge mientras que el cómic decae cada vez más, pero ¿por qué? Yo, como lector de cómics, lo tengo claro: los precios y la distribución del cómic han cambiado. Cuando eras pequeño, si bajabas a comprar unas chuches y veías un cómic con un título atractivo, unos personajes irreverentes y un precio razonable, lo comprabas. Sin embargo, si ahora de pequeño entras en una librería (situación que ya prácticamente no se da), donde tienes cientos de opciones, y ves un cómic, con un título atractivo, personajes irreverentes, pero que cuesta 40 euros (como poco), pues es evidente que no te lo llevas, al no tener ese dinero.

Entonces, ¿cómo es que el manga cada vez es más exitoso? Esto también está claro: su distribución y precio son más accesibles. Sin ir más lejos, al entrar al Alcampo, hay stands de cómics por 35 euros y justo al lado, un stand con un manga desde 1,5 a 10 euros. Evidentemente, al observar esto, un adolescente va a comprar lo que puede permitirse, en este caso, el manga.

En definitiva, el fin del cómic, por desgracia, se encuentra próximo, sobre todo teniendo en cuenta el comportamiento de las editoriales a la hora de distribuirlo y venderlo, pero también por culpa de una sociedad que no preserva aquellos elementos significativos de sus ciudades, como los quioscos.

Mario Blanco Jaurena

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