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Ensayo nocturno de un humano herido: 3:38 a.m.

Ensayo nocturno de un humano herido: 3:38 a.m.

Todavía no entiendo, no comprendo cómo podemos estar así. El ser humano ha sabido adaptarse al medio y al cambio durante miles de millares de generaciones, nunca estancándose más allá de sus limitaciones tecnológicas y físicas. Supimos vivir y aprovechar la oportunidad que la gracia de lo que hoy llamamos ciencia nos ha otorgado. Aquellas miradas y sonrisas que los afables ancianos que no habían leído un libro me ofrecían cuando era muy pequeño, querían trasmitirme que veían en esa personita, una emergente y efímera oportunidad de vivir, sentir y crear, que con envidia sana les hacía rememorar los últimos recuerdos de los que se acordaban. Me atrevo a afirmar, que esas mismas facciones las han visto todas las generaciones que han pasado por esta nuestra historia, ya que es parte del ser humano ver crecer a las generaciones venideras, y aceptar la realidad de que el “κύκλος” (circulo/ ciclo) se acaba completando, en ese rasgo que la tecnología todavía no ha alcanzado.

Fuimos capaces de en vez de querer ver progresar al siguiente humano y ofrecerle todo el aprendizaje que una persona podía almacenar mental y manualmente, crear un sistema de reproducción de conceptos, a través de grafías, y mediante diferentes soportes. Llegamos a entenderlo, utilizarlo y prosperar como nunca. Realizamos las progresiones que jamás se habían podido hacer, gracias al descubrimiento de la escritura y el desciframiento de la misma llamado lectura pudimos perpetuar los aprendizajes de todos para todos.

Sin embargo, los diferentes tipos de gobernantes a lo largo de la historia han tenido en común que, si querían someter a una población, era más fácil y eficaz el calcinar su identidad, historia escrita y últimos avances como sociedad, mediante algo tan paradójicamente prehistórico como el fuego. La misma herramienta que nos dio cobijo, se ha llevado consigo la biblioteca de Alejandría, centenares de libros “herejes”, la biblioteca de Bagdad, manuscritos nazarís, códices mayas, vidas ilustres y anónimas, vidas y saberes ahora inenarrables.

Tras la última gran democratización del libro en el siglo pasado, por fin, se acercó todo el saber conocido a nuestras palmas de las manos, pero no hemos sabido aprovecharlo, en parte, por las dichosas revoluciones digitales dirigidas a la cultura del “fast food”. En un mundo cada vez más globalizado donde la cultura ya no reina, creemos que por tener un contenido extensivo, somos capaces de sintetizarlo y comprenderlo correctamente. Nos han hecho creer que lo tenemos todo, cuando en realidad, ¿sí lo tenemos? Al parecer sí, sin embargo, es mejor para las élites hacer promoción del ruido aturdidor de masas, que del silencio para la lectura reflexiva.

A día de hoy, no somos capaces de despertar esa capacidad de resiliencia que habita en cada uno de nosotros/as, y, aunque siempre hay excepciones, sigue gobernando El Arte de la Guerra. De esta manera, los diferentes regentes miran con curiosidad cómo estamos siendo quemados lentamente, nosotros/as y nuestros libros.

Es por este motivo es por lo que tenemos que querer salir de la norma monótona impuesta y progresar, sentir, curiosear, preguntar, crear, escribir, pensar, amar, sonreír, y en un futuro, cuando estemos conformes con nuestros actos en vida, mirar con envidia sana y orgullo a las generaciones venideras. Sin embargo, gracias a la oportunidad que poseemos de vivir en este siglo y estar alfabetizados en gran medida, tenemos que inculcar El Arte de la Lectura, sabiendo que ahí comienza el verdadero desarrollo de la Humanidad.

Aarón López Cuevas

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