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Nuestra lectura, nuestra generación, nuestras normas

Nuestra lectura, nuestra generación, nuestras normas

* Fragmento de la actividad académica "Mi biblioteca personal", en el marco de la asignatura Historia de la Lectura. Los alumnos/as debía escoger 50 libros de su biblioteca personal, inventariarlos y reflexionar sobre en qué medida estos hablan de las personas que son.

Toda mi biblioteca se almacena en tres estanterías ubicadas en la pared de mi habitación. Los libros se organizan de la misma manera en la que leemos, de izquierda a derecha. En mi caso, cuando reorganicé la habitación el pasado verano, decidí hacerlo por tipo de libros, creando los siguientes grupos: obras ilustradas, ensayos / textos académicos, teatro, novela y poesía.

Pero estos cincuenta libros no representan toda mi historia lectora. La gran mayoría de mis libros pertenecientes a mi etapa más infantil, además de otros que ya no me interesaban, los he acabado donando a proyectos como el realizado por TuuuLibrería, con la intención de hacer la lectura accesible a todo tipo de públicos. Otros libros que sigo teniendo en posesión, no los he considerado tan representativos como las cinco decenas de ejemplos aquí expuestas. También creo pertinente hablar del papel que han tenido en mi vida los libros de préstamo de bibliotecas municipales y que son imposibles de reunir en un inventario como este.

Entre los libros de la lista encontramos un porcentaje más o menos similar entre los grupos que ya he mencionado. Desde mi punto de vista y hablando con personas de mis círculos cercanos, creo que mi biblioteca destaca sobre las demás debido a la coexistencia en similar proporción de obras ilustradas, teatro, ensayos y novelas. Tal y como lo percibo, entre los grupos jóvenes el género literario más destacado es la novela; pero, aplicado a mí, y esto lo siento desde hace un par de años, la novela – y también el teatro – es una forma de distracción de la realidad. Esta es una actividad necesaria, pero no debe ser la única que se realice en cuanto a la lectura, pues el aprendizaje o la reflexión traída por los textos ensayísticos ha sido una de las maneras en las que mejores conclusiones he sacado y más me han formado como la persona que soy actualmente.

Con todo esto, no quiero colgarme a mí mismo la etiqueta de erudito o cultureta. Más bien lo contrario: reconocer la importancia de los libros más académicos o ensayísticos me parece una forma de asumir la ignorancia en según qué aspecto, pero poniendo un remedio a esta.

Otro aspecto que me gustaría recalcar es el tamaño de los libros. Es un factor clave en mi lectura del día a día, pues considero notoria mi preferencia por la lectura de muchos libros de breves páginas, por lo general, menos de 200, antes que la lectura de un gran libro. Este suceso diría que guarda una gran relación con lo que hemos acordado denominar la “generación de la inmediatez”. No es un secreto que mi generación, la generación Z (nacidos entre 1997 - 2010), nos hemos criado en un mundo en el que, por unas cosas o por otras, las esperas se han ido haciendo cada vez más cortas. Por ejemplo, si se rompía algo en casa y teníamos la capacidad de adquirir algo nuevo, se reemplazaba sin tener que esperar mucho tiempo. Junto a esta novedad del mercado respecto a generaciones pasadas, también es notorio el papel que han jugado las tecnologías como la televisión, con canales que nos dotaban de entretenimiento las veinticuatro horas del día, o las redes sociales con el scroll infinito. Es a esto a lo que achaco que prefiera antes lecturas cortas a establecer un gran compromiso lector con otro libro y que el género del teatro tenga un papel tan fundamental dentro de mis lecturas.

Miguel Ballesteros Villalpando

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